¡Tenemos dones! ¡Vamos a usarlos!

Me paré frente a una multitud de mujeres y anuncié mis dones. «Tengo el don de enseñanza,», dije.

«Y sabiduría…»

«Tengo don de gentes» (También llamado hospitalidad).

Dejé que el anuncio quedará en el aire por un momento y después dije, «Levanta tu mano si te incomoda que una mujer anuncie sus dones audazmente».

La mayoría de las manos en el auditorio fueron levantadas. Algo sucede cuando una mujer reconoce y actúa conforme a sus dones, que nos hace retorcer. Mi experiencia en el ministerio de mujeres revela que cuando se trata de dones espirituales, dos cosas suceden con frecuencia: Las mujeres 

a) No reconocen sus dones espirituales, o 

b) Están esperando que alguien les dé permiso para usarlos. 

Con menor frecuencia, hay una tercera opción. Las mujeres conocen sus dones, los usan por una temporada, y como nadie parece notarlo, entonces dejan de hacerlo. Independientemente de las razones, hay demasiadas mujeres sentadas en la banca. Las consecuencias de esto son realmente devastadoras. 

CUANDO LA MITAD DEL EQUIPO ESTÁ FUERA DEL JUEGO

Si bien las mujeres constituyen la mitad de la población adulta, también representan una porción significativamente mayor de los asistentes a la iglesia. Investigadores han identificado repetidamente una brecha de género en la asistencia a la iglesia, donde el 40% de asistencia semanal corresponde a las mujeres y sólo el 25% a los hombres. Las razones e implicaciones de esta brecha de género son vastas y variadas, pero la conclusión es que hay más mujeres que hombres dentro de la iglesia. 

Con las mujeres, conformando el grupo demográfico más grande de asistentes a la iglesia, y sin usar sus dones, la iglesia está operando sin la ayuda de más de la mitad de sus miembros. Considera cualquier otro equipo u organización tratando de funcionar con más de la mitad de sus colaboradores fuera del juego:

  • Un equipo deportivo no podría ganar con la mitad de sus jugadores sentados en la banca. 
  • Los congresistas no podrían legislar si la mitad de sus miembros no pueden votar. 
  • Un matrimonio fracasaría si solo una persona invierte en la relación. 

Y la Iglesia dejará de ser todo lo que Dios la ha llamado a ser, siempre y cuando la mitad de nosotras descuidemos nuestros dones dados por Dios. 

¿Qué puedes hacer para inspirar a las mujeres a conocer y usar sus dones en tu iglesia? Aquí hay cuatro pasajes bíblicos para estudiar con las mujeres en tu iglesia:

«En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes» (1 Cor. 12:1)

Ignorar los dones espirituales no es una nueva tendencia. Pablo dedicó mucho de este tema en su primera carta a los Corintios, y aquí lo dice claramente: cuando se trata de los dones espirituales, necesitamos que la iglesia esté bien informada. 

Al considerar el alcance del discipulado en su propia área de influencia, ¿ este es un tema que revisas regularmente?

Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. (1 Cor. 12:4-6)

En mi propia iglesia, tengo la costumbre de mirar a las mujeres a los ojos y preguntarles: «¿Cuál es tu don espiritual?» La mayoría de veces bajan la mirada. Las mujeres no saben cómo responder o evitan preocuparse por compartir su don espiritual para no parecer, de algún modo, orgullosas. Pero la Biblia nunca nos dice que nuestros dones son un secreto.

Pensemos de otra manera. Imagina que es el día después de Navidad y le preguntas a una mujer sobre los regalos que recibió. ¿Se sentiría avergonzada de decírtelo? ¿Sería un indicador de orgullo? ¡No! Lo que ella desenvolvió la mañana de Navidad fue un regalo que le dio alguien que la ama. Ella no ganó esos regalos. Esa es la naturaleza de los regalos.

Los dones espirituales son lo mismo. Nos los da un Dios amoroso para la edificación de su iglesia. Cuando hablamos de los regalos, no nos jactamos de nosotros mismos, nos jactamos de nuestro Dios increíblemente bueno.

Otorgue a las mujeres permiso para hablar abiertamente sobre sus dones teniendo en cuenta este contexto.

«A fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él» (1 Cor. 12:25-26)

Hay otra razón aún más devastadora del porqué las mujeres no están usando sus dones: envidia espiritual. Nuestra tendencia pecaminosa a compararnos con otros entra sutilmente a nuestra iglesia y nos deja paralizadas. Lo he visto de esta manera con frecuencia en mi propio corazón:

  • A una amiga le piden que sea conferencista en un evento para mujeres. Ella hace una excelente presentación y hay una respuesta impactante por parte del público.
  • A alguien se le da la oportunidad de escribir un estudio bíblico para una editorial reconocida.
  • Una familia se muda a otro lugar, siguiendo el llamado de Dios a las misiones, y el Señor los forma como parte de un gran avivamiento.
  • Una hermana tiene el don de la oración intercesora. Cuando ella ora, cosas suceden.
  • Dios claramente interviene en el matrimonio de alguien, o con su hijo, o con su salud, mientras nosotras seguimos orando para que suceda lo mismo en nuestras vidas. 

Nosotras sabemos que todas estas cosas son buenas —cosas que edifican el reino de Dios—y aún así, muy en el fondo, a menudo sentimos algo más que emoción, gozo y la necesidad de celebrar. Nosotras sentimos algo muy parecido a la envidia. El orgullo a menudo levanta su horrible cabeza en mi vida cuando Dios está evidentemente usando y trabajando en la vida de otros. Soy muy consciente de eso, y aún… Me sigo sintiendo un poco celosa cuando la mano de Dios reposa sobre los hombros de alguien más. Es demasiado fácil entrar en el juego de comparar nuestros dones. 

Lo que activa la alarma para mí es el recordatorio de que somos miembros de un solo cuerpo. Al igual que mi cuerpo físico, cuando mi ojo izquierdo funciona bien, el resto de mí está mejor; cuando mi mano sufre calambres y pierde función, el resto de mí, lucha.

Así es con la Iglesia. Mis regalos te pertenecen, tus regalos me pertenecen. En lugar de estar celosos el uno del otro o comparar los dones del otro, la palabra de Dios nos recuerda defendernos mutuamente por la salud colectiva de la novia de Cristo

«Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos» (Romanos 12:6)

Más que hablar de los dones espirituales, necesitamos ocuparnos haciendo uso de ellos. 

«Entonces dijo a sus discípulos: la mies es mucha, pero los obreros pocos. Por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies». (Mateo 9:35-38)

¡Así que iglesia, manos a la obra!

Todo creyente es necesario. Cada don es valioso. Cada acto de servicio cuenta para el propósito de edificar el reino de Dios. 

¡Nosotros tenemos dones, ayudemos a que otras mujeres los usen!

EMPECEMOS LA OLA

Mi momento favorito durante el juego de béisbol es cuando las barras del estadio hacen «la ola». Una sección se encuentra con las manos en el aire, lo que inspira a la sección a su lado a hacer lo mismo. La tendencia continúa hasta que «la ola» ha rodeado el estadio y todos aplauden.

Les pido a ustedes, maestras que sirven en el ministerio de mujeres, que se paren y hagan «la ola» conmigo. Miremos a las mujeres a los ojos y desafiémoslas a conocer y usar sus dones espirituales. Vamos a animar en voz alta cuando las mujeres usan sus dones para el bien de la iglesia. Vamos a empujar a aquellos que son renuentes a celebrar sus propios regalos para que lo hagan de todos modos, dando a Dios cada gramo de gloria como el dador de regalos.

Empieza con nosotras.

¿Cuáles son tus dones dados por Dios? ¿Cómo puedes usarlos para darle gloria? Cuéntanos sobre esto en un comentario a continuación.

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Sobre el autor

Erin Davis

Erin Davis

Erin ama a las mujeres jóvenes. Fundó Ministerios Graffiti en respuesta a su exposición a las niñas adolescentes que luchan en las áreas de la identidad, la autoestima, y la verdadera belleza. Erin es la autora de varios libros que aplican la verdad de Dios a grandes temas como la belleza, la pureza y la maternidad. Erin y Jason son padres de dos niños adorables, Eli and Noble.

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