Agradecida por un milagro inesperado

“Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos – dice el Señor- y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.” Isaías 55:8 NTV

La gratitud debe ser algo permanente en cada cristiano. A pesar de eso,como todas sabemos, es una realidad que en ocasiones no nos sentimos muy agradecidas. La Palabra de Dios nos manda a darle gracias a Dios en todo tiempo y por todas las cosas. Efesios 5:20 nos dice “Y den gracias por todo a Dios el Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” (NTV).

Es fácil para nosotras dar gracias por nuestras familias, por la buena salud, por tener un techo y alimentos. Sin embargo hay hechos no muy buenos que Dios orquesta o permite que nos ocurran como enfermedades, tristezas, desencantos, muerte, pérdidas de cosas materiales, etc. Aun así la Palabra de Dios nos manda a dar gracias...

El día 19 de septiembre del 2014 se celebró la primera reunión del Comité Organizador del evento Mujer Verdadera 2015. Esa tarde me trasladé al lugar de la reunión en mi vehículo y lo estacioné junto a los otros diez de las personas que estaban citadas a la misma.

Luego de una hora y media finalizó la reunión y al salir me percaté que me vehículo no estaba. Para mi —triste— sorpresa, en cuestión de segundos nos dimos cuenta que el mismo había sido robado. Inmediatamente, el grupo de personas allí presentes se movilizó, y junto con mi esposo me dirigí al Plan Piloto de la Policía Nacional a poner la denuncia correspondiente como es debido. Allí inició un viaje de investigaciones policiacas, llenado de trámites burocráticos, etc. etc.

Mi reacción, para sorpresa de todos y de mi misma, fue de una profunda tristeza pero acompañada de mucha paz y resignación al reconocer de inmediato la soberanía de Dios en aquel suceso.

Así pasaban los días, los meses, y de hacer llamadas diarias a la Policía, mi esposo paso a hacerlas semanales y luego mensuales. Al transcurrir el tiempo y llegar al año, las llamadas ya fueron escasas porque prácticamente habíamos perdido la esperanza de que el vehículo apareciera, y todos los que conocían del caso, incluyendo la misma Policía opinaban que había mucha probabilidad de que la hubiesen desmantelado para venderla por piezas o haberla llevado para Haití (el país que hace frontera con el nuestro) y venderla allá.

Durante este tiempo, un grupo extenso de personas nos acompañaron en oración pidiéndole a Dios que nos devolviera el vehículo pero no recibíamos respuesta a nuestras oraciones.

Al inicio del año 2015, junto con la organización del evento Mujer Verdadera 2015, a celebrarse a finales de Febrero de ese año, en el cual yo llevaba un gran peso en la parte administrativa del mismo, hubo una serie de sucesos de índole familiar que me causaron una gran pena.

A pesar de que mi vehículo, no había aparecido, y no encontraba una explicación a mi circunstancia familiar, puedo dar testimonio de que fui ricamente bendecida durante este tiempo.

Puedo dar fe y testimonio de que en medio de mi dolor más profundo, la presencia de Dios se hacía más real. Mi tiempo a solas con Él era más extenso y más sustancioso. A través de mis luchas, Él me hablaba, me confortaba a través de Su Palabra. Me susurraba en la oscuridad, mientras estaba despierta con mi almohada cubierta de lágrimas. Cada segundo transcurrido sentía Su gran amor por mí. Tenía la certeza de que Dios había separado este tiempo para trabajar áreas de mi corazón aún necesitadas de mayor santificación.

Aprendí que la pérdida de algo material, como un vehículo, el cual entendía yo era una necesidad, no era algo imprescindible para mi vida y no se comparaba con el dolor que me producía la posible rotura o el enfriamiento de un lazo familiar.

Al pasar el tiempo me llenaba de un gozo inexplicable. Descubrí que este gozo, el cual en mi caso nació del sufrimiento, no me podía ser quitado sino que se enriquecía cada día. Mis circunstancias no lo disminuían. Produjo en mis frutos perecederos, como resistencia, carácter y esperanza. Este tiempo me arrastró hacia Dios de manera que al pensarlo me falta hasta el aliento. Se producía en mí un peso de gloria que sobrepasa toda comparación.

Nunca dejé de confiar en un Dios Todopoderoso que nos consuela y está a nuestro lado mientras pasamos por dolores indescriptibles e inexplicables. Dios, en Su misericordia, me ofrecía Su gracia sostenedora.

Hace dos semanas, después de 1 año y 2 meses del robo, decidimos mi esposo y yo que ya era el tiempo de adquirir un vehículo para mí. Dispusimos de una cantidad de dinero para poder comprarlo de contado y no tener que hacer un financiamiento para pagarlo. Realicé varias llamadas a personas cercanas porque tenía la seguridad, en mi corazón, que Dios podía usar a alguien como un instrumento de Él para la adquisición de un vehículo usado que no me diera problemas, lo cual era mi mayor preocupación...

El lunes 16 de noviembre después de ver un posible vehículo para comprar, le dije a mi esposo, con un profundo suspirar, si Dios me devolviera mi vehículo se me quitaría este pesar cada vez que veo un posible carro para comprar. El martes 17 en horas de la tarde, recibí una llamada de un oficial del departamento de recuperación de vehículos de la Policía Nacional, informándome que habían recuperado un vehículo con las mismas características del que me había sido robado hacia un año y que el mismo estaba en muy buenas condiciones. Me citaron a las 9:00am del Miércoles 18.

Efectivamente, un milagro inesperado llegó a mi vida. Mi vehículo fue recuperado de manera inexplicable. Las personas que lo robaron, lo guardaron durante un año y lo sacaron para venderlo. La persona que lo compró, a un excelente precio, decidió invertirle una suma significativa en repararle todo lo que necesitaba para verse nuevo. A pesar de que le hicieron una llave nueva, le cambiaron el chasis del motor, le hicieron una matrícula y placa nueva, Dios llevo al comprador al lugar donde los policías sospecharon que podía ser el mío robado. Desde el oficial que nos atendió hasta las personas que nos han ayudado con los trámites para entregarme el vehículo, coinciden que es algo inusual que este vehículo haya sido recuperado después de un año de haber sido robado.

El vehículo está en mejores condiciones de cuando me lo robaron ya que le realizaron todo lo que necesitaba y que yo había planificado para hacerlo en diciembre de ese año. Esto ha sido un verdadero e inesperado milagro de parte de un Dios bueno y misericordioso y me confirma que Él está siempre en control de todo en nuestras vidas.

“Bueno es el SEÑOR para los que en Él esperan, para el alma que le busca”. - Lamentaciones 3:25. Agradecida de Dios por este milagro inesperado.

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Sobre el autor

Mayra Beltrán de Ortiz

Mayra Beltrán de Ortiz

Decidida a honrar el diseno de Dios para la mujer. Comprometida a obedecerlo para que a través de mi testimonio otras mujeres puedan alcanzar al igual que yo la libertad, plenitud y abundancia en Cristo. Felizmente Casada hace 37 anos con Federico Ortiz, mamá de Jose Alberto y de Erika, ambos casados con Priscilla y Abel respectivamente y derretida abuela de Noé, Renata y Jaime Alberto.
Miembro de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) donde sirve junto a Federico como líderes de un grupo de parejas, consejeria matrimonial y prematrimonial, mentoría de novios y como consejera bíblica de mujeres.