Alimento para almas atribuladas

En días pasados el texto de Jeremías 31:25 atrajo poderosamente mi atención: “porque yo he de satisfacer al alma cansada y he de saciar a toda alma atribulada (otras traducciones dicen entristecida)”.  Me identifiqué con esa alma cansada y atribulada y le oré esa mañana  al Señor que Él hiciera ambas cosas: satisfacer mi alma cansada  y  saciar mi  alma entristecida. Me di cuenta que como el salmista mi alma tenía sed de Dios:

Oh Dios, tú eres mi Dios; te buscaré con afán.

Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela

cual tierra seca y árida donde no hay agua.

Salmo 63:1

Era domingo y fuimos a adorar a Dios en una pequeña iglesia en las montañas de República Dominicana. El Señor contestó abundantemente mi oración. Las alabanzas, la oración y la predicación de la Palabra llevaron mi corazón a regocijarse en el Señor y como Ana ya no estuve más triste. Mis fuerzas fueron renovadas y no estuve más cansada del alma. Entendí, con más claridad que antes, que la respuesta a mi oración había venido a través del alimento para mi  alma y que este se halla únicamente en los medios de gracia que Dios ha dispuesto para que nos encontremos con Cristo.   Ese alimento está disponible 24/7 y lo que nuestro cansancio y nuestra tristeza muchas veces nos están gritando es que necesitamos más de Cristo, pasar más tiempo con el Señor, en Su Palabra, en oración y alabanza.

Ahora, mi hambre y mi sed por Él, no pueden saciarse de domingo en domingo. Así como el pueblo de Israel necesitaba el maná cada día, así nosotros debemos alimentarnos de Cristo cada día. La gracia de hoy no estará vigente mañana. ¿Qué debo hacer para darle el alimento que mi alma necesita cada día de la semana?

¿Dónde encontrar alimento?

La respuesta está en lo que llamamos mi tiempo con el Señor, devocional personal, tiempo a solas con Dios, tiempo de quietud. Puede adoptar diferentes nombres pero es lo mismo, un tiempo diario, que consistente e intencionalmente sacamos cada día para estar en comunión y a solas con el Amado de nuestras almas. No quiero decir que muchos días no tendrás que luchar con tu propia corrupción para perseverar en hacer el bien, y vencer toda oposición y decidir en contra de ti misma, levantarte, tomar tu Biblia, cuaderno y demás cosas, y decirle: Señor, aquí estoy, Tú conoces mi indisposición, he venido a encontrarme contigo, por favor déjame verte y escucharte en Tu Palabra.  Y decide no salir de ahí hasta que el Señor conteste tu ruego, Él nos escucha y  se compadece como el Padre con su hijo porque conoce nuestra condición.

Hay una incongruencia en quien dice que ama a Cristo y no tiene hambre y sed por Su palabra, y se conforma con oír de Él de domingo en domingo o con una lectura, que no es mala en sí misma, pero que no está diseñada para sustituir la lectura y meditación en la Palabra sino para servir como aperitivo para comenzar a poner nuestras mentes y corazones a tono con las cosas del Señor e ir preparándonos para cuando abramos el Libro con la expectativa de que El nos dirija y nos ministre. Debemos anhelar que nuestro corazón arda así como ardía el corazón de los discípulos camino a Emaús.

Que la Palabra de Cristo more en abundancia en nosotras. Ella es mi alimento en mi aflicción, dice el salmista, si tu ley no hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido. Ella es verdadera comida, y el que bebe de esa agua, no volverá a tener sed jamás. Esa Palabra es el Verbo de Dios, Jesucristo mismo.

Ahora, al igual que con la comida, nuestros paladares se acostumbran a comer comida chatarra, caramelos, dulces y entonces perdemos el gusto por lo que es verdaderamente nutritivo. O nos acercamos a ella como si fuera un libro cualquiera y no como al acercarnos al  Dios vivo para encontrarnos con Él, oír Su voz, como dice John Piper, nos acercamos a una ventana que nos lleva a ver cosas de otro mundo, el mundo real, el mundo que es para siempre. A través de esa ventana brilla una luz que nos cambia para siempre.

Una invitación a pasar a la mesa

Tenemos una invitación a acercarnos confiadamente al trono de la gracia, para hallar gracia y misericordia… ¿y rehusamos esa invitación?

Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana… ¿no quieres encontrarte cada día con ellas?

Él ha prometido que ahí, en Su libro están todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad… ¿y no nos interesan?

Él dice que las Escrituras son las que dan testimonio de quien es Él… ¿y no nos motiva el conocerle más?

Él dice que si le contemplamos como en un espejo somos transformados de gloria en gloria como en la misma imagen … ¿y a  cuál imagen nos estamos asemejando?

Porque en Él existimos , nos movemos y somos, es osado pretender vivir la vida cristiana sin Aquel quien es nuestra vida.

Inicia un plan de lectura de la Palabra

Quiero que reflexiones, ¿cómo es tu tiempo con el Señor cada día? Es bueno que hagas un plan, porque quien no sabe para donde va, no llega a ningún lugar. Hay muchos buenos planes de lectura de la Biblia, material devocional, apégate a uno y sé fiel, dile al Señor que se vuelva real en tu vida, cuéntale de tus caídas y fracasos pero vuelve a levantarte, el Señor ha prometido no dejar caído al justo.  Cada día es un día para perseverar, pongamos un pie delante del otro y avancemos en nuestro diario caminar con el Señor, Él ha prometido estar con nosotras todos los días hasta el fin del mundo.

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Sobre el autor

Patricia de Saladín

Patricia de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo. Actualmente dirige el Ministerio de Mujeres en su iglesia y le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo.  Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy DeMoss Wolgemuth. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo. Además, Dios le ha regalado cuatro nietos: Patricia, Daniel, Samuel y Nazario.