Cómo ser libre de la culpa

¿Alguna vez ha estado acostada en su cama pensando en todas las cosas que hiciste mal a lo largo del día? Todos duermen tranquilamente, pero tú estás despierta haciendo un recuento de tus pecados: las veces que gritaste con enojo a tus hijos, las ocasiones en que dejaste que tus emociones se apoderaran de tu dominio propio y los momentos en los que fuiste indulgente y procrastinaste en lugar de trabajar.

He estado en ese lugar muchas veces, momentos en los que la luz no solo está apagada en la habitación, sino también en mi alma. Abrumada por el pecado delante de mí y aplastada por la culpa. Como si me estuviera ahogando en un mar de «si tan sólo»; si tan solo hubiera tratado a los niños de una mejor manera; si tan solo fuera más piadosa; si tan solo fuera más intencional en cultivar mi relación con el Señor; si tan solo me levantara más temprano; si tan solo fuera mejor...

¿Alguna vez te has sentido así? ¿Te has sentido tan culpable que te has quedado sin esperanza? En el fondo, sientes que Dios está decepcionado de ti y sabes que sin importar cuánto te esfuerces, no podrás llenar el estándar. Quieres ser una buena esposa, una buena madre, una buena amiga; pero tu pecado siempre está delante de ti.

Esta lucha con la culpa no es exclusiva de las mujeres, es la realidad del corazón redimido que anhela complacer a Dios, pero se encuentra en la horrible tensión que produce el pecado. Una de esas noches oscuras, encontré esperanza en esta confesión del apóstol Pablo.

Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo la ley de que el mal está presente en mí. Porque en el hombre interior me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte? 
Romanos 7:21-24

Mi alma lucha esa misma batalla. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¿Quién puede salvarme de la culpa que plaga mi alegría? ¿Dónde encontraré la esperanza que necesito para continuar sirviendo a Dios? Pablo nos señala la solución de nuestro conflicto:

¡Gracias a Dios por Jesucristo nuestro Señor! Romanos 7:25a

La solución al problema de la culpa se encuentra en el lugar donde colocamos nuestra esperanza. Si nos miramos a nosotras mismas, solo encontraremos frustración e impotencia. Pero si miramos a Cristo y consideramos su obra en nuestro lugar, encontraremos esperanza. ¡La esperanza que necesitamos se encuentra en Cristo! Su obra perfecta en nuestro lugar nos llevó de la muerte a la vida y cambió nuestro destino eterno para siempre, pero no podemos olvidar que Él también nos salvó de la fatiga de tratar todos los días de cumplir con el estándar de Dios. Nos liberó del peligro de tratar de ser nuestros propios salvadores funcionales y de presentar «obras de justicia» que sean «dignas» del favor de Dios.

Jesús fue el único que cumplió con el estándar de justicia de Dios. Siendo el justo, tomó el lugar de los injustos. Él tomó nuestra culpa y nos dio su justicia perfecta. ¡Qué glorioso intercambio! Por su obra en nuestro lugar podemos declarar: «Jesús es mi justicia». Por gracia por medio de la fe, Dios nos ve como justos. Ya no somos «culpables».

Entonces, cuando la culpa quiera apoderarse de mi esperanza mientras pongo mi cabeza en la almohada, puedo declarar con Pablo:

Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús. Romanos 8:1

Soy libre de la trampa del desempeño. Soy libre del engaño de la comparación. Soy libre de la trampa de la aprobación de la gente. ¡Soy libre de culpa! Y si peco, soy libre de correr a Dios cuando sienta convicción de pecado porque sé que tengo un Abogado ante el Padre, Jesucristo el justo. Soy libre de celebrar que la ira de Dios no pesa sobre mis hombros porque mi Salvador la cargó en la cruz.

Soy libre de celebrar que Cristo es mi justicia, y no hay ninguna condenación para mí. Ese es el presente que el Evangelio me invita a abrir todos los días, y la etiqueta dice: «La culpa ya no define quién eres; tu identidad está en la obra de Cristo a tu favor». ¡Jesús es tu justicia! ¡Que esa sea tu esperanza!

Reflexiona:

  • ¿Cuál es tu reacción cuando la culpa invade tu corazón? ¿Tratas de encontrar esperanza mirándote a ti misma o a Jesús?
  • ¿Cuál es la diferencia entre culpabilidad y convicción? Cuando pecas, ¿te sientes incapaz de presentarte ante Dios o corres al trono de Dios confiando en que Él te ve con la justicia de Cristo?
  • La próxima vez que te sientas despojada de tu esperanza por la culpa, ¿cómo puedes responder con la palabra de Dios? ¿Cómo luciría esto de manera práctica?

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Sobre el autor

Betsy Gómez

Betsy Gómez

Hija y sierva de Dios por gracia, esposa de Moisés, madre de Josué y Samuel, portadora de un ferviente anhelo por llevar el evangelio a las siguientes generaciones. Forma parte del ministerio para mujeres Aviva Nuestros Corazones, administrando los blogs Mujer Verdadera y Joven Verdadera. Además supervisa el área de Media. Actualmente está cursando un M.A. en Ministerio a Mujeres en el Southeastern Baptist Theological Seminary. Escribe en Aviva Nuestros Corazones, en su blog personal y contribuye en Coalición por el Evangelio.

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