Cuando él y yo vemos las cosas diferentes

Mi esposo fue lo suficientemente bueno al llevar recientemente a nuestro hijo de sexto grado a comprar zapatos para correr. Pero los zapatos con los que llegaron a la casa no eran zapatos que yo hubiera comprado.

Se veían geniales; eran brillantes y divertidos. Pero también eran veinte dólares más de lo que hubiera pagado. Y tampoco se veían muy propicios para correr, que era todo el objetivo de comprar zapatos nuevos.

Sospecho que el proceso de selección estuvo muy influenciado por el entusiasmo de mi hijo sobre el color de los zapatos y del deseo de su papá de salir de la tienda rápidamente. Ninguno de estos, en mi opinión, fueron buenas razones para comprar estos zapatos en particular.

"Los voy a regresar", dije.

"¿Qué?", ​​Dijo mi esposo. "Entonces, ¿por qué me pediste que lo llevara de compras en primer lugar?" Luego enumeré todas las razones por las que los zapatos eran una mala opción. Aparentemente no habían visto la forma en que la suela de los zapatos para correr tiende a ceder bajo la presión de un niño de doce años corriendo. Y tal vez él no era consciente de que nuestro hijo afirmaría que cualquier zapato se sentía favorable si era del color correcto. Estaba bastante segura de que estos zapatos no durarían toda la temporada. Tendría que reemplazarlos en un mes.

Sin embargo, ninguna de estas razones convenció a mi marido sobre mi punto de vista. Simplemente siguió expresando su frustración por el viaje de compras desperdiciado.

Cuando no estamos de acuerdo

La cabeza de Ken tiende a estar libre de todas las preocupaciones e inquietudes que llenan la mía. Él no se preocupa por las posibilidades de la manera en la que yo lo hago ni extrapola al futuro. Él simplemente da un paseo por el espacio sideral y compra zapatos sin siquiera considerar que el niño que se los está probando pudiera estar pretendiendo que le quedan bien. Loco, ¿verdad?

A menudo siento que la perspectiva clara de Ken necesita nublarse con unas pocas de mis preocupaciones. No pienso en esto como tomar el control, sino a ayudarlo a ver todos los ángulos que se está perdiendo de vista.

Si me preguntas, diría que Ken es el líder en nuestra casa. Sé que así es como la Biblia dice que debería ser (Ef. 5:23), y realmente quiero que nuestro matrimonio refleje el plan de Dios. Pero si soy sincera, hay momentos en que no lo trato como el líder. Importuno, persisto, socavo y controlo.

Mientras que no está mal compartir mis opiniones y preocupaciones con mi esposo, está mal contender continuamente por mi punto de vista. Si yo no trataría a un líder en la iglesia, el trabajo o la comunidad de esta manera. No debería tratar a mi esposo de esta manera tampoco.

La sumisión no es sumisión a menos que no estemos de acuerdo sobre cómo proceder. Cuando estamos de acuerdo, es fácil dejar a mi esposo guiar. Cuando no estamos de acuerdo, la sumisión permite que mi esposo nos guíe en una dirección que yo no elegiría. Esta es una elección, pero también es una declaración de confianza.

Cuando me someto a mi esposo en lugar de contender por lograr mi deseo, demuestro que confío más en el punto de vista de Dios que en el mío. Dios dice que las esposas deben someterse a los maridos. Él dijo que esto haría un matrimonio feliz.

¡Sorprendentemente, mi experiencia confirma que esto es cierto! Cuando permito que mi esposo lidere, a menudo me sorprenden la paz y gozo que vienen como resultado. Lo he intentado de la otra forma también. Así que también puedo dar fe de que cuando trato de controlar a mi esposo en lugar de someterme a él, solo hago que todos se sientan miserables (incluida yo misma).

Permítanme acotar que se deben hacer excepciones cuando un esposo es abusivo. No celebramos los caminos de Dios cuando nos sometemos al abuso, ya sea en el matrimonio u otras situaciones. Ese es un extremo. El otro extremo de fallar en celebrar los caminos de Dios es cuando me niego a someterme a algo tan insignificante como un par de zapatos.

Cuidado Único

La mañana siguiente, los zapatos permanecían en su caja en el mostrador de la cocina. Mi hijo, quien seguía levantando la tapa para admirarlos, comenzó a suplicarme que cambiara de opinión. ¡Él adoraba esos zapatos! Papi los había comprado. ¿Por qué no podía él - por favor -  quedarse con ellos?

Podía sentir mis talones hundiéndose en el tapete de la cocina. Todas las razones para regresar los zapatos comenzaron a dar vueltas en mi cabeza. Pero justo cuando estaba por aniquilar e insistir en hacer esto a mi manera, sentí el Espíritu de Dios impactando mi corazón, "¿Cómo lo sabes? ¿Puedes ver el futuro? ¿Puedes estar segura de que estos zapatos se van a desmoronar?”

De pronto, reconocí mi falta de confianza en Dios. El Señor no me había pedido que calculara el riesgo de dejar que mi esposo lidere. Dios me pidió que me sometiera a mi esposo y confiara en Él con nuestro futuro - incluso el futuro de algo tan pequeño como unos zapatos para correr.

Dios guardó las sandalias de los Israelitas de desgastarse durante los cuarenta años que Él los guio en el desierto, ¿verdad?  (Deut. 29:5). Si Dios pudo proteger los zapatos de un millón de personas, seguramente yo podría confiarle un par de zapatos por un par de meses.

Dos Sorpresas

Dos cosas me sorprendieron cuando le dije a mi hijo que podía ponerse los zapatos y usarlos. Primero fue la ternura en su expresión cuando me abrazó y dijo gracias. Él había escuchado mis preocupaciones. Él sabía que era difícil para mí. (Es ridículo, realmente, cuán difícil fue.) Pero él vio que estaba tratando de obedecer a Dios y dejar que su padre liderara. Eso es bueno que un niño lo vea.

Mi segunda sorpresa fue la sensación inmediata de libertad y gozo. ¿Por qué me había cargado a mí misma con intentar controlar la situación basada en mi perspectiva limitada? Se sintió tan bien decir: "Cariño, tus zapatos se ven geniales. ¡Estoy tan contenta de que te gusten!" Y fue divertido mandar un mensaje con una foto a mi esposo de los pies brillantemente vestidos a punto de salir por la puerta – junto con un emoticono sonriente y una disculpa.

Someterse consistentemente en cosas pequeñas (como cuáles zapatos comprar) ayuda a mi corazón a resolver los asuntos más importantes. Mientras aprendo a confiar en Dios al someterme en el matrimonio, intercambio la preocupación y el estrés por la libertad y el gozo.

  • ¿Eres una esposa que deja al líder liderar o constantemente contiendes por tu propio punto de vista? ¿Cómo respondería tu esposo esta pregunta?
  • Someterse cuando no estás de acuerdo es una declaración de confianza – no en tu esposo, pero en Dios.
  • ¿Cuál es una manera en la que confiarás en Dios al aplazar a tu esposo?
  • ¿Cuál es una cosa con la que has estado persistiendo e importunando a alguien (ya sea a tu esposo u otro líder)?
  • ¿Cómo te está redarguyendo Dios a dejar tu carga de control?

Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús. (Fil. 4:6–7).

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Sobre el autor

Shannon Popkin

Shannon Popkin

Shannon Popkin es una conferencista y escritora de Grand Rapids, Michigan, quien disfruta combiner su amor por el humor y el contar historias con la pasión por la Palabra de Dios. Su primer libro Control Girl: Lessons on Surrendering Your Burden of Control From 7 Women of the Bible (solo disponible en inglés) fue publicado por Kregel Publications en el año 2016. En su blog, Shannon comparte "Cortos párrafos" de la vida diaria como esposa y madre—historias que ganan significado cuando están respaldadas con la Única Historia Verdadera de Dios.

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