Cuando tomamos conciencia -Parte 2-

Consideré mis caminos, y volví mis pasos a tus testimonios.

Salmo 119:59

La semana pasada les compartí como he ido saliendo de la inconsciencia de una condición que me acompañaba y la cual traté de ignorar.

Tomar conciencia me ha ayudado a estar alerta, a atender la necesidad de acatar las recomendaciones médicas, pero también a reflexionar en las similitudes con nuestra lucha contra el pecado desde el momento que somos conscientes de nuestra bancarrota espiritual; veamos,

1. Aquel día que se empeoró el dolor, si no hubiera llamado a una hermana de la congregación, nadie se habría percatado de lo que ocurría y otro día hubiera transcurrido sin ir al médico; igualmente, si no tenemos alguien a quien rendir cuentas, o si nos escondemos de la familia de la fe evitando confesar nuestro pecado, no seremos “sanadas” (confrontadas, disciplinadas y restauradas) (Santiago 5:16).

2. Así como fue necesario realizarme un estudio interno de mi cuerpo mediante la resonancia magnética que consiste en la formación de imágenes que representan cortes del cuerpo en cualquier dirección, es imprescindible que la espada del Espíritu que es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos, penetre hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, con todo su poder para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12) para recibir el verdadero diagnóstico de nuestra condición espiritual, y por ende, del tratamiento que traerá una cura a nuestro mal.

3. Entre las recomendaciones del médico se encuentra el perder peso para no hacer más presión a la zona afectada,  de igual manera ocurre con el mandato de Hebreos 12:1 donde se nos ordena despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia para continuar con paciencia la carrera que tenemos por delante.

4. Por el momento, la única manera de llevar a cabo la recomendación anterior, es cambiando mi régimen alimenticio. Así mismo hay un tipo de alimento espiritual que nos permite ejercitar los sentidos para discernir el bien y el mal, y éste consiste en ingerir el “alimento sólido” de la Palabra (Hebreos 5:14) el cual influye en que lo carnal -las obras de la carne- muera en nosotras (Romanos 8:13).

¿Rindo cuentas a alguien o me excuso en que solo es necesario confesarle a Dios mis pecados?

¿Rehúyo exponerme ante Su Palabra para que me escudriñe en lo más profundo?

¿Si subo a una balanza espiritual, la pantalla indicaría que has ganado o perdido peso?

¿Y la ingesta de alimento espiritual, sigo en la leche o ya he pasado a alimento sólido?

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.