Descifrando el código del discipulado

Muchas de nosotras anhelamos mayor intimidad en nuestras relaciones cristianas. Nos integramos a la iglesia buscando amistad y comunión, pero encontramos que aun allí es fácil sentirse sola. Ser un miembro del cuerpo de Cristo, que pueda crecer saludablemente cada día, implica algo más que participar en los cultos dominicales: debemos cavar más profundo las unas con las otras de manera esquema regular y durante un período de tiempo prolongado.

Jesús nos enseña esto a través de Su Palabra y nos da un ejemplo de cómo hacerlo:

"Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones……enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.  (Mateo 28:19–20).

Jesús quiere que Sus seguidores sean parte de una gran línea de discípulos. Él ordena el discipulado como un estilo de vida, de manera que podamos traspasar a otras la plenitud de nuestras vidas en Él. Esas personas, a su vez, pueden pasar la antorcha a otros “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Piensa en tu vida dentro de treinta años. ¿Qué edad tendrás? Yo tendré noventa y  tres años, si es la voluntad de Dios. Tengo muchos deseos de dejar un legado a una generación de mujeres, hijos y nietos que amen a Cristo con todo su corazón, que den testimonio de la satisfacción gozosa de una vida entregada por completo a Dios.

El Salmo 78:1-7 desafía a una generación a dar a conocer “a la generación venidera las alabanzas del Señor, Su poder y las maravillas que hizo…..para que la generación venidera lo supiera, aun los hijos que habían de nacer; y estos se levantarán y lo contarán a sus hijos, para que ellos pusieran su confianza en Dios”.

Esta es una especie de mayordomía generacional, la cual nos es dada por Dios. Cuando discipulamos mujeres, las generaciones venideras reciben las bendiciones de nuestros esfuerzos. Un glaciar parece estar logrando poco a simple vista pero puede dejar atrás cañones y lagos. Disponte a ser parte de un glaciar. Tu vida importa, e importará por años, a medida que vayas dejando generaciones que “pusieron su confianza en Dios”.

El primer paso en el discipulado es ser una discípula tú misma. “Discipular” no es sólo un verbo, es también un sustantivo. Tú eres primero un discípulo de Cristo. El apóstol Pablo dijo: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo” (1 Cor. 11:1). Ora al Señor para que te muestre alguna persona cristiana a imitar.

¿En cuál de las hermanas en Cristo con quienes te relacionas puedes ver la radiante belleza de Jesús desbordada en la vida de otros? (Refiérete a Filipenses 3:17). Invítala a tomar un té. Cuéntale el deseo de tu corazón. Pregúntale si puede reunirse contigo. Si no le es posible, sigue buscando hasta que Dios cumpla ese anhelo. La primera vez que le pedí a una hermana en Cristo que me discipulara no le fue posible. Discipulado significa tomar riesgos relacionales. Dios te llevará a la hermana idónea para que te apoye en el proceso de discipulado.

Pídele a Dios que te llene de tal manera que puedas y tengas que transmitir lo que has recibido de Él a las mujeres que te rodean a lo largo de toda tu vida.

El segundo paso es identificar aquellas mujeres hacia quienes Dios te está dirigiendo para que seas instrumento en Sus manos y puedas influenciarlas para Él. Discipulado es dar a otros intencionalmente lo que Jesús te ha dado. Pídele a Dios que te llene a tal grado que tengas algo que pasar a otras. ¿Conoces a Jesús? ¿Lo amas? Alguien necesita escuchar eso y ver de cerca lo que eso significa.

El discipulado no se trata de que cristianos de primera clase llevando a cristianos de segunda clase a su nivel. Ser un discípulo y discipular a otros significa mirar a Jesús con tanta intensidad, pasión y gozo, que reflejes Su belleza en tu vida cotidiana. Jesús se vuelve más emocionante, precioso y satisfactorio que cualquier otra persona o cosa. La manera más importante como puedes discipular a otros es disfrutando la presencia de Cristo en tu vida, de forma tan irresistible, que tu gozo se vuelva contagioso.

¿Alguna vez has deseado ser discipulada? ¿Estas discipulando a otras? ¿Cómo te ha dirigido Dios en ese sentido?

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com 

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