El Facebook de Dios

Les conté, en otra anécdota, que encontré de nuevo, a un amigo a quien le había perdido la pista hacía muchos años y que él, ahora es un gran escritor.  https://www.avivanuestroscorazones.com/mujer-verdadera/blog/de-letras-libros-y-conversaciones/

Pues esta vez, sí pudimos encontrarnos y un día lo acompañé a varios lugares, y en el recorrido pude observar a tres personas en especial.

La primera fue, un vendedor de libros usados, su nombre es Juan, quien está al acecho de joyas literarias, que subastan sus dueños o herederos de libros, él tiene un talento extraordinario para rescatarlos y los lleva a su librería con el orgullo, de un minero, que encuentra “La gran gema”.

Además, conoce acerca de sus autores, y a los que admira, si están vivos y si tienen cuenta de Facebook los sigue y está pendiente de todo lo que publican.

Cuando entramos a su librería, Juan de inmediato reconoció al novelista y ¡lo atendió como a un huésped de honor!  Le ofreció café tantas veces que creo que mi amigo no debió haber dormido en toda la noche.  

El librero sabía todo lo que se puede saber, acerca de él, había leído sus libros y también, todo lo que ha publicado en su perfil.  Hasta le preguntaba acerca de su hija, como si ya fuera de la familia y le manifestaba su admiración por el parecido.

Mi amigo, algo tímido, se sintió un poco incómodo, pero ante tal entusiasmo, fue amable y se quedó mucho más tiempo del que había previsto.  

La segunda persona, fue otro vendedor, esta vez, en la librería de, Eafit, una universidad muy importante.  

Yo me acerqué a preguntarle por el libro de mi amigo y el joven me atendió, muy cortés, reconoció el nombre del autor, además, me dijo el costo y me lo trajo de inmediato.

El vendedor, sabía todo acerca del libro, pero no notó algo muy importante, “el autor del libro, estaba detrás de mí”, pero como él no lo había visto nunca, por eso, no se dio cuenta.  

Mi amigo, no dijo nada, solo se quedó callado, pues no es a él a quien corresponde presentarse.

Yo, la verdad, sí quería presentárselo y decirle a ese vendedor, mire, él es el autor de ese libro.  Darle la oportunidad de que lo conociera personalmente y además para que aprovechara y le hiciera todas las preguntas que le han surgido en la lectura de sus novelas. Pero no me sentía autorizada para hacerlo.

La tercera persona, fue una mujer, no la vi personalmente, solo vi su nombre escrito.  Ella conocía al novelista y tenía el privilegio de su amistad.

Él le había autografiado todos sus libros.  Pero ella los leyó y pasó a cambiarlos por algo de dinero, tal vez, porque no entendió bien, algo que él escribió: "Sólo las lecturas subsecuentes, empiezan a entregarnos los frutos más preciosos que los textos contienen."

Cuando le contaron al novelista, la anécdota de los libros autografiados, él tampoco dijo nada, pero me atrevo a decir, que fue como una “lanza en su corazón”.

Esas tres personas nos dan una idea de la manera como nos relacionamos con Dios y sus libros contenidos en la Biblia.  

Unos son los que, no solo, leen Su Palabra, sino que se interesan tanto por Quien la inspiró, que le envían una solicitud para que los añada entre sus contactos en el libro de la vida ¡y lo reciben en su corazón como quien encuentra “La perla de gran valor”!

Y cuando leen la Biblia, lo están buscando a Él, indagan qué nueva inspiración les trae, como se hace cuando se revisan las redes sociales. No es gratuito que una Biblia se llame Dios habla hoy, un título muy adecuado.

De eso se trata nuestra búsqueda diaria de Dios. Cuando leemos textos de la Biblia, cada día, podemos conocerlo un poco más, y cuando contemplamos las maravillas de la creación, es como ver las fotos que Él publica, y hasta podemos darles “compartir” y “me gusta”, ese es el Facebook de Dios y así cuando Él se manifieste, Lo sabremos reconocer al instante y Lo ¡recibiremos como a un huésped de honor!, Le podemos contar cuánto admiramos y amamos a Su Hijo Jesús y tal vez, al hacerlo, Él quiera quedarse un poco más con nosotros.

Otros, son como, aquel vendedor en la universidad, que conocen la existencia de la Biblia, saben dónde encontrarla y tal vez la han leído, pero no sabrían reconocer a Quien la inspiró cuando Él se manifiesta y merecen la oportunidad de que, quienes tenemos Su compañía, les digamos, ¡les presento, al Dios vivo, al que está con nosotros! Para que ellos también puedan acercarse y conocerlo. Dios, no solo, nos autoriza, sino que Él nos envió.

Pero en otras oportunidades, somos como aquella mujer que les cuento, pues muchas veces, quienes Lo hemos conocido, después de haber leído la Biblia y haber tenido el privilegio de Su amistad, lo cambiamos por cualquier ídolo que entra a nuestro corazón y ocupa Su lugar.

Tal vez no subastemos la Biblia, pero desconocemos lo que está escrito en ella, a pesar de saber, que nuestros nombres fueron escritos en el Libro de la vida.

Y cuando negamos a nuestro Amigo, al Único Fiel y Verdadero, es como si de nuevo Le estuviéramos atravesando una lanza en Su costado, pero Él calla.  

Hay una canción que me encanta que dice: Puede un hombre olvidar y dejar de sentir la presencia de Su amigo fiel.

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Sobre el autor

Marcela Sosa

Marcela Sosa

Marcela Sosa, es una mujer apasionada por Cristo.  Al beber “agua viva”, quiere contar a las personas, que encuentra en su camino, las maravillas de Dios. Tiene tres hijos y cuatro nietos. Graduada en Comunicación Social-Periodismo de la “Universidad de Antioquia” en Colombia su país natal. Es Bloguera, contadora de cuentos y tomadora de café.  elblogdemarcelasosa.blogspot.com

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