Entona los cantos de la Navidad: ¿Qué niño es este?

Cuando era pequeña, tomé clases de piano durante algunos años. Y por supuesto, al igual que la mayoría de los niños que toman clases de piano, soñaba con ser una gran pianista, ¡pero no me gustaba practicar! Quería sentarme frente al piano y tocar cada pieza a la perfección a la primera. Me frustraba no ser una pianista prodigio, aunque había dos piezas que no me molestaba practicar. Una de ellas era «Arkansas Traveler». Esta pieza tenía la melodía de una canción infantil y yo tocaba tanto esa canción que mis hermanos casi se mudan de la casa.

La otra era «Greensleeves» y me encantaba tocarla. Aún hasta el día de hoy, me atrae la vibración celta de aquella melodía. Pero, luego de que mi madre me explicara que también tenía la misma melodía de un villancico navideño llamado «¿Qué niño es este?», me gustó mucho más. Recuerdo que pensé: «Oh, ahora entiendo por qué me parecía tan conocida».

Después de eso, «Greensleeves» se convirtió en algo más que solo mi segunda pieza favorita para tocar, también se convirtió en mi villancico navideño favorito. Cada vez que lo tocaba, cantaba entusiasmada, «Que niño es este, nana na na na nana na na na nana naaaaaaa naaaaaaaa. Este es na na na na» porque no sabía la letra de la canción de memoria. Aún así, era mi villancico favorito.

Este es Cristo el Rey

«Greensleeves» es una canción popular inglesa compuesta alrededor del año 1580. La canción original es una balada romántica que trata sobre una joven y su novio. Luego, en 1865, William Chatterton Dix, encargado de una compañía de seguros en Escocia, escribió la letra de «¿Qué niño es este?» después de estar postrado en cama debido a una enfermedad severa y la acopló a la melodía de «Greensleeves».

La primera estrofa dice:

¿Qué niño es este que ahora duerme

en brazos de María?

¿A quién los ángeles alaban

y pastores guardan vigilia?

Este es Jesús, el Rey,

a quien los cielos gloria dan.

Load en alta voz

al niño, el bebé de María.

El himno comienza con una pregunta retórica que prepara el escenario para la más notable, pero al mismo tiempo inadvertida introducción a lo mejor que le ha sucedido a la humanidad: la venida del Hijo de Dios. Es una muy buena pregunta. ¿Qué niño es este, que una multitud de ángeles anuncia su venida a pastores desprevenidos? Es Cristo el Rey, así que dense prisa, no tarden en dar alabanza (o loor) al hermoso niño de María.

Dos cosas resaltan para mí al inicio de esta canción: la prontitud con la que se proclama a Cristo como Rey, y la urgencia con la que nos suplica que lo adoremos. «De prisa», dice el coro, traigan alabanza. La idea es moverse rápidamente o trabajar fervientemente. Lo que sea que estés haciendo, no desperdicies otro minuto sin alabar al Rey de reyes. Sé cómo los pastores que se regocijaron con la noticia de un Salvador, que dejaron todo y corrieron hacia Él. Pero, ¿qué de sus amigos, su sustento y sus responsabilidades? Eso no importaba. Había un pequeño Cordero en el establo, y Él era mucho más importante.

Load, load al Verbo hecho carne

No estoy segura si antes había notado que la segunda estrofa también inicia con una pregunta.

¿Por qué Él yace en un modesto portal

donde el buey y la mula se alimentan?

Buenos cristianos, tened temor, aquí para los pecadores

el Verbo silencioso está suplicando.

Clavos y lanza lo traspasarán,

llevará la Cruz por mí, por ti;

¡Salve!, ¡Salve! al Verbo encarnado,

El Niño, el Hijo de María.

Si este niño realmente es Cristo el Rey, el Salvador enviado para aplastar a la serpiente y reconciliar a la humanidad, ¿por qué nació en un establo? ¿Por qué no nació en el mejor lugar entre ricos y nobles con cada sirviente esperando a hacer lo que Él les ordenara? Aquí hay una respuesta: la misión de Cristo desde el inicio hasta el final requería de humildad. Pero quizás sea mejor expandir más esta pregunta. ¿Por qué estaba Cristo en un pesebre rodeado de animales? 

Porque el amor de Dios va más allá de nuestro entendimiento. 

La Palabra de Dios que hizo que el mundo existiera, esa voz que retumba como mil tormentas, eligió humillarse a Sí mismo naciendo como un bebé para nuestro bien. Para la mente humana esto no tiene sentido. Sin embargo, la carne cubría la supremacía de Cristo; allí yacía Él, sometido humildemente a la voluntad del Padre. Una voluntad que escaló de un comienzo miserable a un final mortificante. Una voluntad que llevó a ese pequeño Cordero del pesebre hasta la cruz.

Mientras las espinas destrozaban la cabeza de Cristo y los clavos traspasaban Su piel, el Cordero de Dios permaneció en silencio. «Fue oprimido y afligido, pero no abrió Su boca» (Isaías 53:7), a excepción de aquellas palabras misericordiosas que habló en amor y no en ira.

«Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». -Lucas 23:34

No hay nada más injusto que el justo Hijo de Dios muriera por las obras injustas de los hombres, sin embargo, Dios lo permitió, lo planeó para nuestra salvación. Y Jesús voluntariamente abrazó la idea de sufrir por nuestro bien.

Load al que venció, load al Rey. Recíbelo, glorifícalo y aclámalo «como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Juan 1:14), El niño de María.

Regocíjense, Cristo ha nacido

Pero no te detengas ahí. Cristo es digno de más, dice la tercera estrofa.

Así le llevan oro, incienso y mirra

venid rey mortal, a contemplarle.

El Rey de reyes nos trae la salvación

que los corazones en amor le entronen.

Elevad, elevad, la canción a lo alto

la virgen le canta una canción de cuna.

Alegría, Alegría, pues Cristo ha nacido

el Niño, ¡El hijo de María!

Usualmente, la realeza no se mezcla con la gente común, es degradante. Sin embargo, este Rey de reyes invita a todos; desde el vagabundo que vive en el gueto y los niños que juegan en las calles, hasta la élite que vive en mansiones, a que vengan y tengan una relación con Él. El evangelio no discrimina. Jesús es las buenas nuevas que todo hombre, mujer y niño está buscando, si tan solo corazones amorosos le dieran Su lugar que merece en el trono.

Si tan solamente siguiéramos a la estrella de la mañana (Apocalipsis 22:16) así como lo hicieron los magos. Si tan solo no nos resistiéramos al camino. Si tan solo ofreciéramos nuestros tesoros terrenales a cambio de los celestiales. Si tan solo pudiéramos venir, voluntariamente, con adoración y acción de gracias en nuestros corazones, y con nuestros ojos llenos de asombro por lo que Dios ha hecho por nosotras.

«Regocíjense, Cristo ha nacido» no solamente es una frase pegajosa de un villancico navideño, es un llamado a la acción en respuesta a la realidad. Jesucristo, Dios mismo, voluntariamente dejó Su gloria en el cielo por los confines de la humanidad sabiendo perfectamente cómo terminaría. Cristo tenía todo el derecho de invadir la tierra con legiones de ángeles dispuestos a obedecer Sus órdenes; pero en lugar de eso, Él escogió ocupar el lugar más pequeño en las peores circunstancias siendo un bebé vulnerable.

Él es el Rey resucitado, el que venció la muerte. Él es el Salvador que nació en un mundo bullicioso y pecaminoso. Él es la esperanza y salvación. Él es el Verbo hecho carne, y el único y verdadero Dios. Él es el verdadero significado de la Navidad. Regocíjate, regocíjate de que Cristo haya nacido para llevar el reproche de cada escarnio. 

No importa lo que esta Navidad traiga para ti, oro para que te des prisa. ¡Date prisa para adorar a Cristo! ¡Al hermoso niño de María!

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Sobre el autor

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery es esposa de granjero y madre de cuatro hijos. Cuando no está sirviendo una comida, viajando en un tractor con su esposo o llevando a los niños a practicar, la encontrará escapando de la locura escribiendo devocionales en Deeper Devos, donde les da a los lectores una una mirada práctica y más profunda a la Palabra de Dios. Sus cosas favoritas en el mundo (sin contar a su Salvador, esposo e hijos) incluyen decorar de casa, comprar libros nuevos y salir a correr. Stacey y su familia residen en los campos de maíz de Indiana.

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