Idelette de Buré: Una dama sobria y honorable.

Un breve resumen

Adentrarnos en la Reforma Protestante es como entrar en una máquina del tiempo que nos transporta a uno de los períodos más interesantes, intensos y polémicos de la historia del cristianismo, y de la humanidad misma. Muchos hombres y mujeres dieron (o estuvieron dispuestos a dar) sus vidas por amor a la verdad contenida en las Escrituras, la cual todo creyente sabe, fue completamente distorsionada por la Iglesia Católica Romana.

Hombres como Martín Lutero quien clavó sus 95 tesis en la Catedral de Wittenberg protestando contra de la venta de indulgencias por parte de la Iglesia Católica para la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. Calvino, Zuinglio, John Knox, y otros, son los personajes claves en la revisión de toda la teología enseñada por la Iglesia de Roma hasta esa época. El pensamiento y trabajo de todos estos reformadores puede resumirse en las «Cinco Solas»:

  • Sola Escritura
  • Solo Cristo
  • Sola gracia
  • Sola fe
  • Solo a Dios la gloria

Como este no es un tratado de teología, insto a cada lectora a que indague, si no lo ha hecho, todos los escritos referentes a la Reforma Protestante, porque gracias a ella podemos gozar de la libertad de escudriñar Las Escrituras, y conocer muchas de las verdades centrales del evangelio que durante siglos la Iglesia de Roma vedó, por lo que la verdad no llegaba al pueblo.

Uno de esos hombres que más ha impactado mi vida es Juan Calvino. Siempre he dicho que cuando llegue al cielo, luego de ver a mi glorioso Señor, y muchos de los personajes bíblicos, preguntaré dónde puedo encontrar a Calvino.  Este personaje es reconocido por creyentes y por escritores seculares, como una figura de importancia capital para el siglo XVI europeo. Debido a sus grandes dotes intelectuales (estudió latín, Lógica, Filosofía, Derecho y Literatura, fue también maestro, orador, apologista, escritor, etc.), podríamos decir que fue un hombre adelantado para su época, y según el escritor español Joan Gomis: «Calvino ha sido llamado uno de los constructores del mundo moderno». Gomis añade: «El conocimiento de su vida y de su obra resulta necesario para quien quiera comprender no pocas realidades de nuestra época».  Así que, querida lectora te exhorto a investigar más acerca de estos hombres que dejaron sus huellas, tanto en el mundo cristiano, como en el secular.

Siempre se ha dicho que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. En el caso de Calvino quien se casó a los 31 años, vemos a un hombre ya formado y de convicciones muy arraigadas.  Por lo que, humanamente hablando, ninguna mujer estaba detrás de él para ayudarlo a ser el hombre que Dios quería que él fuese.  Sin embargo, tenía muy claras las cualidades que anhelaba en la mujer que tomaría por esposa, si Dios le concedía tal don.  A petición de sus amigos decidió conocer varias damas piadosas, tres para ser exacta, pero ninguna llenó sus expectativas.

Idelette de Bure

Estrasburgo para los años 1530 se había convertido en una ciudad de refugio para aquellos creyentes perseguidos por la Iglesia de Roma.  A esta ciudad llegó John Storder de Lieja, Bélgica, Holanda, con su esposa Idelette de Guelderland, por la causa del evangelio.  Ellos eran del grupo de los anabaptistas (otra corriente dentro del protestantismo que significa «bautizar de nuevo»), pero que estaban fascinados con las prédicas de Juan Calvino.  Luego ambos aceptaron la fe reformada. Calvino se hizo amigo de la pareja y visitaba la casa con frecuencia.  Al tiempo, John cayó enfermo a causa de la peste y murió.  Calvino no solo fue testigo de la relación armoniosa de ambos, sino también del esmero con que Idelette le cuidó, y a la vez de la fortaleza con que enfrentó la enfermedad de su esposo, lo mismo que el cuidado de sus dos hijos.

Idelette no solo quedó viuda con dos hijos que mantener, sino que fue también exiliada.  Dos años más tarde Calvino e Idelette se casaron.  La nueva pareja se instaló en la casa de Calvino, la cual era un centro que alojaba huéspedes estudiantes, donde todo el que necesitaba refugio allí, era bienvenido, y donde un ama de llaves con carácter insoportable les sirvió durante un tiempo, sumándose a todo esto, el trabajo que recaía sobre su esposo, que podríamos llamar titánico.  Idelette y Calvino no gozaban de muy buena salud, lo que hubiera desestabilizado a cualquier pareja, pero no a ellos.  De la boca de Idelette nunca salió una queja. Calvino decía de ella que era «una mujer de raras cualidades» y «la fiel ayudante de mi ministerio».  Un amigo de la familia la describía como «una dama sobria y honorable».

La vida en esos tiempos era difícil: epidemias, falta de medicamentos, revueltas sociales y políticas, persecuciones religiosas, etc.  Tampoco se contaba con las facilidades de las que hoy gozamos para llevar a cabo las tareas domésticas. Pero esta dama «sobria y honorable» estuvo siempre a la altura de lo que se le requería.

Sin embargo, en la Providencia divina llegaron más aflicciones a esta piadosa familia.  En 1542 nació el primer hijo de la pareja, Jaime, quien solo sobrevivió dos semanas. A esta gran pérdida, la respuesta fue: «El Señor nos ha afligido con una seria y honda herida…Pero Él mismo conoce lo que conviene a Sus hijos». Tuvieron después una hija y un hijo, los cuales murieron también al nacer.  La salud de Idelette fue deteriorándose cada vez más, pero esto no impidió que, aunque de forma lenta, cumpliera con sus deberes hogareños y para con el prójimo.  Seguía recibiendo huéspedes, visitaba enfermos y hacía de su hogar un lugar donde se respiraba paz y armonía.

Para el año 1548 Idelette cayó en cama.  Según se cree padecía de tuberculosis, pues tenía una tos persistente.  Cada día se debilitaba, lo cual hacía necesario que la ayudaran a levantarse de su cama.  Esta noble mujer pacientemente esperaba su muerte…Aún en este estado no se quejaba y estimulaba a su marido a seguir la obra que el Señor le había encomendado.  Antes de morir, en medio de su fatiga, dio testimonio de la esperanza que albergaba en su corazón. El 29 de marzo, día en que murió, algunas de sus últimas palabras fueron: «¡Oh gloriosa resurrección!, ¡Oh Dios de Abraham y de todos nuestros padres, en Ti han confiado los fieles en las edades pasadas y ninguno ha confiado en vano! ¡Yo también esperaré!».  Ya sin fuerza alguna pidió: «Oremos, oremos, orad todos por mí». Calvino le susurró al oído palabras del amor de Cristo, y finalmente partió de este mundo con esa calma que también le caracterizó en vida.

A pocas semanas de morir, Calvino le escribió a un amigo lo siguiente: «Verdaderamente mi duelo no es común.  He perdido a la mejor compañera de mi vida, una que, si le hubiera sido ordenado, habría compartido voluntariamente no solo mi pobreza, sino hasta mi muerte.  Durante su vida fue ayuda fiel de mi ministerio.  Por parte de ella no he tenido el menor estorbo. Nunca me causó problemas durante toda su enfermedad; estaba más ansiosa por sus hijos que por sí misma».

Ante estas palabras de Calvino no podemos más que pensar en cómo este se levanta para darle el tributo más honorable y hermoso que se le pueda dar a una esposa: «…Y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú la sobrepasaste a todas» (Prov.31:28-29).

Lo que sustentaba un carácter tan noble

¿Qué hacía que Idelette tuviera un carácter tan hermoso el cual es digno de imitar por nosotras las mujeres de este siglo XXI? ¿Por qué ella modeló una feminidad reconocida por otros como «sobria y honorable»?  Creo que el mismo Calvino quien la definió adecuadamente nos da la idea.

  • Era la mejor compañera de su vida.  Ella cumplió con su rol de ayuda idónea. Ayudó, asistió, estimuló, creó la paz…no causó estorbo.  Edificó no destruyó.  Ella vivió para lo que Dios la creó.
  • Se comprometió a vivir junto con su esposo eso que declaramos al casarnos: Que seremos fieles el uno al otro, en salud o enfermedad, en pobreza o riqueza, en el bien o en la adversidad, hasta que la muerte nos separe. Era una mujer fiel a sus convicciones aún hasta el punto de dar su vida por ello.
  • Modeló el amor según nos lo describe 1ª Corintios 13: Supo lo que fue sufrir; fue benigna, hizo el bien a todo aquel con quien tuvo contacto; no envidió, pues estaba contenta con su porción; no se jactó pues vivió a la sombra de su marido;  no se envaneció, aun estando casada con el hombre más importante de toda Ginebra; nunca hizo lo indebido, lo cual testificaron de ella quienes la conocieron; no buscó lo suyo, ni aún siquiera en su enfermedad y lecho de muerte; no se irritó, aun teniendo muchas razones para ello, pues tanto Calvino como ella sufrieron muchos insultos e improperios; no guardó rencor; no se gozó en la injusticia.  Toda su vida se basó en el gozo de la verdad. Sufrió, creyó, esperó y soportó.
  • Fue hospitalaria.  Su casa nunca dejó de albergar estudiantes, forasteros…aun siendo ella y Calvino personas con muchas dolencias y enfermedades.
  • Era una mujer de gran fe y se aferró a la soberanía de un Dios bueno, que como decían ellos: «Él sabía mejor lo que convenía a Sus hijos». Lo demostró en su exilio, viudez, en la pérdida de tres hijos, en su enfermedad y en su lecho de muerte.
  • Conocía al Dios de las Escrituras.  En sus últimos momentos apeló al Dios del Pacto, quien dijo que: «Ciertamente el bien y la misericordia le seguirían todos los días de su vida, y en la casa de Jehová moraría por largos días».

Podríamos seguir diciendo más cosas de esta hermosa y noble mujer, pero dado que no podemos extendernos, creemos que lo expuesto es más que suficiente para que reflexionemos. Esta mujer, al igual que muchas de su época y de otras épocas, no iba tras trivialidades.  Sabía lo que había en juego: Defender la verdad aún a costa de dar la vida. Conocía lo que era vivir como peregrina y por eso no estimó ninguna cosa a la que aferrarse.  Cristo y Su Palabra eran lo único sólido y verdadero.  Porque los reformadores, sus esposas, y todos los que se involucraron en este movimiento, tomaron bien en serio a Dios y a las Escrituras, hicieron un impacto en su generación y en las venideras, en una de las cuales estamos tú y yo. 

¿Qué estaríamos dispuestas a hacer para que en esta generación en que nos ha tocado vivir, Dios haga algo similar a lo que hizo en aquellos días?

Creo que deberíamos comprometernos con el avance del reino de Dios viviendo vidas que sean de grato olor a Jesucristo; vivir y modelar nuestra feminidad porque a través de ella daremos a conocer los atributos del Dios a quién servimos; dejar de claudicar entre dos pensamientos; no coquetear con un mundo que sabemos va rumbo a la destrucción, y vivir a la luz de lo que esta mujer vivió: Cristo y solo Cristo.

«Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.  Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.  Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con El en gloria» (Col.3:1-4).

Ella vivió buscando lo de arriba y para esa gloria venidera. ¿Lo haremos también nosotras? Quiera el Señor que así sea. Amén.

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Sobre el autor

Margarita de Michelén

Margarita de Michelén

Mejor conocida por Maggie, recibió por la gracia de Dios a Jesucristo como su Señor y Salvador en el año 1980. Está casada con Eric Michelén desde 1981. Ambos desde su juventud han servido en Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Eric fungió como Diácono por mas de 35 años. Fue maestro de Escuela Dominical y Líder de grupo de parejas. Desde el 2017 forma parte del Cuerpo de Pastores de la Iglesia.

Maggie, en Cuido de Cuna, maestra de Escuela Dominical, Estudios para damas, y parte del Ministerio de Mujeres. Es apasionada con el estudio y enseñanza de Las Escrituras, y de literatura cristiana. Sirve como voluntaria en el Ministerio Aviva Nuestros Corazones y está comprometida de todo corazón con proclamar la libertad, plenitud y abundancia en Cristo, y la Feminidad Bíblica.

Ambos son padres de cuatro hijos: Patricia, Elisa, Eric Yamil y Yamil Elías. Tres de ellos les han coronado con 7 nietos: Gianmarco, Rodrigo, Gianluca, Kalil, Gianpiero, Andrés y Lucía Amalia.

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