Katharina Von Bora Lutero | Un matrimonio ejemplar

A Katharina von Bora Lutero, esposa del líder protestante del movimiento de la Reforma, Martín Lutero, se le considera una participante crucial en dicho movimiento debido a su labor –junto con su esposo- al definir una vida familiar protestante, proveyendo un valioso ejemplo de matrimonio dentro del clero.

Una refugiada desesperada

Aunque su herencia real no puede ser probada históricamente, se cree que es de ascendencia noble de los aristócratas Saxon, nacida alrededor de 1499.

La educación formal de Katharina comenzó cuando su padre la envió a al claustro Benedictino, siendo muy pequeña, en 1504. Ella se mudó al convento Cisterciense cuatro años después y se hizo monja a los dieciséis. Insatisfecha con su vida, sentía curiosidad por el nuevo movimiento de Reforma Protestante, y poco después, junto con otras once monjas conspiró para huir en secreto –una acción peligrosa, castigada con la muerte.  Katharina contactó a Martín Lutero, rogando por su ayuda.

La noche antes de la Pascua en 1523, Martín envió ayuda a las monjas - por medio de un comerciante que regularmente llevaba el pescado al monasterio-  para que escaparan dentro de algunos barriles de pescado en su carreta con cubierta. Martín pidió a los padres y familiares de las mujeres que le ayudaran escondiendo a las prófugas, pero se negaron. Dar refugio a las monjas desertoras era un crimen bajo el Derecho Canónico.

Durante dos años, Martín pudo proveer a las refugiadas hogares, matrimonios o empleo –excepto a Katharina.  Martin trató de casar a Katharina con dos pretendientes, pero ninguno de los arreglos funcionó.

En la tarea asignada por Dios

Katharina, que se convirtió a la edad de veinticuatro, creció de manera constante en su estudio de la Biblia. En una ocasión le confió a Nicholas von Amsdorf (amigo de Martín y compañero en la Reforma Protestante) que ella estaría dispuesta a casarse solamente con Martin o con él mismo. Philipp Melanchton, otro amigo íntimo de Martín creía que el matrimonio con una refugiada de la abadía podría resultar en un escándalo que incluso dañara la causa de la incipiente, pero el padre de Martín y otros se mostraron más optimistas y lo animaron.

Martín, un “solterón confirmado” luchó contra el matrimonio, pero finalmente decidió que su matrimonio “complacería a su padre, enfurecería al Papa, causaría la risa de los ángeles y haría llorar a los demonios”. En 1525, el antiguo monje, y la ex-monja celebraron su boda –¡al día siguiente en que Martin se lo propuso! Katharina tenía veintiséis años y Martin, cuarenta y uno.

Katharina consideraba su matrimonio como una tarea asignada por Dios. Aunque no se casó por amor, se convirtió en un matrimonio afectuoso, feliz, una poderosa historia de amor. La pareja se esforzó en establecer un buen ejemplo de fortaleza marital para los demás reformadores.

Se alojaron en lo que solía ser un dormitorio para frailes en Wittenberg –un regalo de bodas. La nueva vida de Katharina consistía en dirigir y administrar las vastas propiedades del antiguo monasterio, transformado en una casa de hospedaje medieval habitada con visitantes y estudiantes internos que buscaban audiencia con su esposo. Sus tareas también incluían jardinería, cocina, cría y venta de ganado y el funcionamiento de un pequeño negocio para ayudar a la provisión de una familia en crecimiento.  Cuando la enfermedad barrió con el pueblo, Katharina también puso en operación un hospital y ministró junto con las enfermeras.

Lutero llamaba a su esposa “la jefa de Zulsdorf” (haciendo referencia al nombre de su granja), y también “la estrella de la mañana de Wittenberg” por su costumbre de levantarse antes del amanecer para poder cumplir con sus muchas responsabilidades.

“Mi encantadora Kate”

Ambos, Martín y Katharina tenían una personalidad fuerte.  A ella se le describe como “enérgica” y Martín, en ocasiones, la consideraba un poco orgullosa, pero muchas historias describen los intentos de Katharina por enseñar modales a Martín, que venía de una familia campesina. Como muchas parejas, batallaban por las finanzas. Martin en una ocasión bromeó llamando a Katharina “Señor” porque descubrió que, en un buen matrimonio, los esposos necesitaban tomar en cuenta los deseos de sus esposas.

Pero Martín reservaba otros nombres para llamar a su adorada esposa, incluyendo “Amada”, “Mi amor verdadero” y con frecuencia “Mi encantadora Kate”. Amaba su iniciativa, su dedicación hasta el último detalle, y su fidelidad a Cristo.  Ellos representaban, para las familias pastorales de sus días, un ejemplo a seguir.

La familia Lutero experimentó mucho gozo y aflicciones en la vida familiar. A Katharina le nacieron seis hijos y crió cuatro huérfanos.  Dos de sus hijos murieron y Katharina también sufrió de un aborto espontáneo. Los registros dicen que fueron padres amorosos que consintieron a sus hijos con diligencia y disciplina.

Una compañera confiable

Se dice que la labor de Katharina como esposa de Lutero corría en paralelo con las enseñanzas que Martín impartía sobre el matrimonio y su impacto sobre la Reforma Protestante. Fue una mujer conocida por su sabiduría, respeto por su esposo, a quien formalmente llamaba “Señor Doctor.” Martín también respetaba a su “Katie” no solo por sus deberes en la finca sino también por su gran sabiduría.  Katharina dirigía remodelaciones en los edificios para acomodar sus operaciones crecientes.  Martín confiaba en el juicio de su compañera y ocasionalmente la consultaba sobre asuntos de la iglesia o para lidiar con sus casas de publicaciones.  En una ocasión ella formó parte de un comité para la contratación de un nuevo pastor, algo inaudito en sus días. Ella fue la única heredera de Martín, lo cual era también algo insólito a principios de los 1500.

El legado de Katharina a la Iglesia

Después de que Martín muriera en 1546, Katharina estaba desolada. Escribió “Dios sabe que cuando pienso en haberlo perdido, no puedo hablar, ni escribir de todos mis sufrimientos”. Sin el salario de su esposo, también sufrió penalidades financieras, aunque fuera dueña de terrenos y propiedades, y el monasterio antiguo (ahora llamada Casa de Lutero).

Ella no quería vender ni dejar la vieja abadía, pero en dos ocasiones fue forzada a salir debido al estallido de dos guerras.  Finalmente, en 1547 ella regresó a Wittenberg, solo para encontrar que sus tierras y edificios estaban en condiciones deplorables y sus recursos devastados.  Aun así, se negó a vender la tierra y los edificios, y –aunque cuidada por varios hombres generosos- vivió en relativa pobreza en Wittenberg.

Con el brote de la Peste Negra, ella huyó a Torgau donde fue seriamente lastimada en un accidente con su carroza y caballos, muriendo tres meses después en 1552.  Tenía cincuenta y tres años.  Después de su muerte, la vieja abadía fue vendida de vuelta a la Universidad, por los hijos de Lutero.

En una ocasión Martín dio testimonio “No hay compañía, comunión ni relación mejor ni más encantadora, amigable y amorosa que la de un buen matrimonio.” Más allá de su extraordinaria historia de amor, el mayor legado de Katharina fue la fortaleza de su fidelidad marital y el ejemplo piadoso para la iglesia.

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