Jesús, tu Abogado e Intercesor

"¿Se están preparando los niños africanos para ir a la cama?" es la pregunta acostumbrada de mi hija Kody, sonriendo mientras piensa en las personas alrededor del mundo que se encuentran en pijamas mientras ella almuerza.

"Sí"; yo respondo. "Y cuando estés preparándote para ir a la cama esta noche, ellos estarán iniciando un nuevo día”.

Discutir sobre lo que están haciendo las personas alrededor del mundo en este momento ha sido uno de los temas favoritos de nuestro hogar durante meses.

¿Te has detenido a pensar lo que Jesús hace en este momento? He hecho esta pregunta a varias personas últimamente y sus expresiones varían desde sorprendidos, a pensativos y hasta perplejos.  

¿Qué está haciendo Jesús ahora?

A nuestro favor

La Biblia nos dice que Jesús se levantó de entre los muertos, ascendió al cielo donde está sentado a la diestra de Dios. La “diestra de Dios” indica un lugar de autoridad y poder. Y desde ese lugar exaltado nuestro Salvador actúa a nuestro favor.

Cristo Jesús es el que murió, sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. (Ro. 8:34).

Interceder no es una palabra que usemos a menudo. Significa orar por alguien, ponerse de pie por otra persona. Implica un sentido de rogar o suplicar a nombre de otro.

Jesús intercede por nosotras. Él ora a Su Padre…acerca de nosotras. Dios el Hijo habla con el Padre…sobre nosotras. Jesús se levanta…por nosotras…Él suplica…por nosotras. ¿Pensar esto te lleva a hacer una pausa y reflexionar? No siento que puedo captar por completo lo que significa. Pero es lo que Palabra dice.

Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos. (Heb. 7:25).

Sabemos que nuestro pecado nos ha separado de Dios. Y que Jesús cargó el peso del castigo de nuestro pecado. Sabemos que Él fue separado del Padre mientras colgaba en la cruz por nosotros. Además, conocemos, que Él murió por nosotros. Y ahora también vive por nosotros.  Ha regresado al lado de Su Padre, a Su Trono en el cielo, y todavía piensa en nosotros. Busca nuestro bien. Le habla a Dios sobre nosotros.  

Porque Cristo no entró en un lugar santo hecho por manos, una representación del verdadero, sino en el cielo mismo, para presentarse ahora en la presencia de Dios por nosotros (Heb. 9:24).

Cuando caemos

Como creyentes en nuestro Señor Jesús, somos llamados a vivir vidas santas. Pero fallamos. Yo fallo. Día tras día fallo en ser santa como Dios es santo. Y por cada ocasión que fallo, mi Salvador intercede por mí.

Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo (1ª Juan 2:1).

Palabras airadas salen de mi corazón inflamadas por el egoísmo. Y cuando encuentran el blanco, hieren a aquellos a quienes estoy llamada a amar más que mi propia vida.

Y fallo. ¿Qué Le dice Jesús al Padre en mi defensa? ¿Le menciona cómo recordé leer mi Biblia esta mañana? ¿Él revisa las últimas semanas buscando una palabra amable que yo haya dicho para levantarse en mi defensa?

No. Gracias a Dios, no ese so lo que Él hace. Jesús no usa mis propias acciones para defenderme. Él usa las Suyas. Él no habla de lo que he hecho bien. Jesús le recuerda a Dios todo lo que Él mismo ha hecho bien.

Jesús se mantuvo quieto cuando los hombres airados levantaron falsas acusaciones contra Él. Las mentiras llenaron el aire, pero ninguna verdad se alejó de los Suyos. En la presencia de Pilato, el único hombre que podía impedir que fuera a la cruz, Jesús rechazó defender Su inocencia.  Sorprendido de Su silencio, Pilato no podía entender. No veía el propósito. No conocía el plan.

Jesús se quedó en silencio ante Sus acusadores para poder callar a nuestro acusador para siempre (Ap. 2:10). Él no quiso hablarle a Pilato de Su vida perfecta para hablarle a Dios de la vida perfecta que vivió a mi favor.  No defendió mi inocencia para morir y llevar el castigo por mi pecado. Ahora ante Dios, Él suplica por mi inocencia. Y estoy " santos y sin mancha delante de Él" (Ef. 1:4) porque mi Salvador intercede por mí.

Nosotros amamos, porque Él nos amó primero (1ª Juan 4:19).

Su amor es tan maravilloso. Vive por nosotros. Murió por nosotros. Intercede por nosotros para siempre. ¿No hace que tu corazón gloriosamente perdonado rebose de amor?

…a quien, sin haberle visto, le amáis, y a quien ahora no veis, pero creéis en El, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria, obteniendo, como resultado de vuestra fe, la salvación de vuestras almas (1ª Pedro 1:8–9).

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Sobre el autor

Jamie Gross

Jamie Gross

Jamie Gross se siente bendecida de estar casada con Dustin. Juntos crían ganado y niños en su rancho en el oeste de Kansas. Mientras educa en casa a sus tres hijas, Jamie disfruta las 3 Rs (por las iniciales en inglés): leer, escribir y ¡montar caballos! La seguridad de que Dios es bueno y que todo lo que Él hace es bueno (Salmo 119:68) le da paz para cada nuevo día. Jamie es una columnist para la revista Homeschool Enrichment donde escribe sobre la bendición de leer con nuestros hijos.

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