Una simple decisión: Ora más

“Todo cambio significativo en la vida comienza con una sola decisión.”

No hace mucho un amigo me hizo ese comentario como cualquier otra frase dicha a la ligera. Continuó diciendo algo más, pero ya había dejado de escucharlo. Es como la última vez que chocaste de frente con una puerta de vidrio corrediza (sí; te ha sucedido esto, ¿verdad?) mi cerebro se detuvo abruptamente. “¿Cambio de vida?” …yo voto por eso. “¿Una sola decisión?” … también lo puedo hacer.

De hecho, esas palabras las escuché en el año 2012, en ese tiempo mi vida se encontraba en medio de una seria aflicción. Mi esposa enfrentaba cáncer de ovario en etapa IV y mi papel privilegiado era cuidar de ella a tiempo completo. Pero se trataba de un territorio arriesgado y completamente nuevo para un hombre pecador y quebrantado. Me había chocado de frente contra esa puerta invisible.

En esos días supe algo con certeza: lo que iba a enfrentar iba a presionarme más allá de mis capacidades. Esto era mucho más desafiante que cualquier cosa con la que hubiera lidiado antes. De manera que tomé una sola decisión –decidí orar más.

Aquí la palabra clave es “más.” Al crecer en un hogar cristiano donde la oración se practicaba con regularidad, había desarrollado el hábito bastante consistente de acercarme de rodillas al trono de la gracia como muchas veces había visto a mi papá hacerlo. Pero al enfrentar la inquietante posibilidad de pastorear a mi esposa en esta travesía arriesgada, me quedaba claro que “bastante consistente” no iba a ser suficiente.

El ejemplo de Nehemías

Sucedió que cuando tomé esta decisión, estaba en el proceso de enseñar el libro de Nehemías, del Antiguo Testamento. Probablemente recuerdes la historia de este cautivo hebreo que servía en la corte del rey pagano Artajerjes. Nehemías se acercó al rey para solicitar un permiso para ausentarse a fin de coordinar la reconstrucción de los muros que rodeaban a Jerusalén los cuales se encontraban destruidos. De hecho, antes de acercarse al rey, él tomó una decisión –oró.

Tal como yo enfrentaba un desafío mucho mayor que todo lo que había conocido, Nehemías se dio cuenta que no tenía ni las habilidades ni la experiencia para hablarle al rey, mucho menos para pedirle algunos días fuera de sus labores ni mencionar la tarea real de reconstruir el muro.

¿Qué hizo Nehemías? “me senté y lloré, e hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo.”  (Neh. 1:4)  

¿No te encanta este cuadro? Confrontado con las noticias de que su amada ciudad estaba en ruinas, Nehemías “se sentó” y oró. No esperó al servicio de adoración del domingo (o sábado en la noche) ni puso en alerta a su grupo pequeño, ni siquiera recurrió al marcado rápido para localizar a sus amigos más cercanos. Se sentó. Ahí mismo. En ese momento. Nehemías oró.

¿Era Nehemías ya un hombre de oración? Probablemente. Él y su gente habían sido capturados por los babilonios y arrastrados cientos de millas desde su tierra, como esclavos. Con imágenes históricas de los hebreos esclavizados en Egipto, seguramente Nehemías debió haber orado. Pero esta vez, según se registra, se puso a hacerlo en serio. Decidió orar más. Indudablemente más de lo que había orado antes.

Una de mis partes favoritas de esta historia es que no hay registro que nos diga que ya Nehemías era un líder. Su decisión de orar más no fue la estrategia que se le ocurrió hacer frente a un montón de gente, para llamar la atención. No había nadie a quien impresionar. Después de todo, Nehemías servía en las cortes del rey probando el vino. En serio. Eso significa que el temeroso monarca sospechaba que alguien podría intentar desaparecerlo añadiendo alguna sustancia a su bebida, por lo cual tenía a un detector de veneno de tiempo completo. Nuestro amigo Nehemías era el siervo a cargo de esta labor. El último en la escala jerárquica.

Pero Dios llamó a este conejillo de indias para levantarlo y guiar a su gente en un tremendo proyecto de construcción. Esta tarea se encontraba más allá de sus capacidades, y él lo sabía. Por lo cual decidió orar. Probablemente oró más de lo que nunca antes había orado.

Una decisión con muchas recompensas

Esta es mi historia. Hace casi cinco años, debido a las noticias de que mi esposa estaba enferma de muerte, tomé la misma decisión… orar más. Mucho más. Y puedo decir sin temor a equivocarme que, así como un tsunami arrasa toda la costa, nada ha vuelto a ser igual desde entonces.

Al llamarme a pasar más tiempo intencional en Su presencia, el Señor sabía exactamente lo que estaba haciendo. Los cambios que se sucedieron en mi vida a partir de esa decisión son demasiado numerosos como para registrarlos aquí, pero el resultado de la misma me ha traído una recompensa –un gozo-como nunca pude haberlo imaginado. De hecho, justo en medio de la tormenta, Dios me trajo a una amiga –una mujer llamada Nancy Leigh DeMoss- a quien también le encantaba orar. Espléndido regalo. Misericordia inagotable. Dulce gracia.

Desde que tomé la decisión de orar más, con muy pocas excepciones, he comenzado cada día de rodillas. Como dije, esto es algo que mi propio padre hizo fielmente, y yo había hecho de vez en cuando. Pero eso no era suficiente. De manera que hice una sola decisión que cambió todo. Iba a orar más. Nada extraordinario. Solo una decisión ordinaria.

También determiné no avergonzarme de preguntar a amigos, miembros de la familia y completos extraños cómo podía orar por ellos. Y así, he tenido el privilegio de llevar al trono de los cielos, a mis aliados de toda la vida, a mis hijas, al joven de entregas de UPS y al conductor de automóviles en alquiler.

De nuevo, mi compañero en esta nueva aventura, ha sido el buen Nehemías. Una vez que llegó a su ciudad natal, lo imagino a solas, en el silencio de la noche, cabalgando entre las ruinas de su amada Jerusalén, clamando a Dios, “Señor, esta ciudad es un desastre. Por favor dame sabiduría y fortaleza para dirigir y reconstruir. Yo soy Tu hombre.”

¿Puedes imaginar este pensamiento en su mente mientras evaluaba las ruinas? Tengo que orar acerca de esto. Y eso hizo. Una necesidad. Una decisión. Una oración. Y el Padre Celestial de Nehemías escuchó. Y contestó. El resultado fue un hombre fortalecido, un equipo de construcción fiel, y a pesar de la resistencia que amenazaba sus vidas, un muro recién remodelado.

No me es posible saber en qué trecho de tu peregrinaje espiritual te encuentras. Pero te aseguro que cuando tomes la decisión de orar más, también experimentarás lo mismo. Tendrás nuevas fuerzas. Una nueva valentía. Confianza en la dirección de tu Buen Pastor. ¿Puedes pensar en alguna razón por lo cual no lo podrías hacer? Yo tampoco.

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