La sumisión me hace sentir inferior

Recientemente la esposa de un nuevo ministro me dijo “la sumisión me hace sentir inferior, insignificante y siento como que se aprovechan de mí”. Ella creció en un hogar donde no se modeló ni la masculinidad ni la feminidad bíblica, pero ahora tenía la oportunidad de vivirla en el laboratorio de su propia vida.

Es fácil sentir empatía por esta joven esposa, ¿no? Quizás es allí mismo donde te encuentras. Recuerdo haber tenido esos mismos sentimientos cuando George y yo empezamos este peregrinaje juntos. Sentía que era muy injusto que Dios me llamara a mí a seguir, obedecer y someterme. Y como ninguno de nuestros esposos es absolutamente perfecto, y muchos ni siquiera tienen idea de lo que implica la masculinidad bíblica, eso hace de la sumisión una pastilla difícil de tragar. A veces los sentimientos de desilusión e ira pueden ser abrumadores. Pero no podemos darnos el lujo de vivir nuestras vidas basadas en nuestros sentimientos, pues son inconstantes y pueden llegar a ser peligrosos —llevándonos a tomar decisiones muy pobres.

La Palabra de Dios está llena de historias de mujeres que hicieron increíbles elecciones de fe, aun en medio de sentimientos encontrados. ¿Te imaginas como se habrá sentido aquella pequeña joven judía cuando descubrió que estaba embarazada por obra del Espíritu de Dios? Debe haber sufrido momentos de gran humillación al tener que soportar las miradas de condenación de los ciudadanos rectos de Nazaret.

Y no olvidemos a Sarah, nuestro modelo de sumisión. ¿Qué habrá sentido cuando Abraham arriesgó su honor para proteger su propia vida? Seguramente se sintió inferior, insignificante y quizás hasta que se estaban aprovechando de ella. Pero eligió obrar movida por la fe y por su confianza en Dios, en lugar de llevarse de sus sentimientos. Nosotras nos vemos retadas a hacer lo mismo

La forma como Dios moldea a Sus hijos y los conforma a Su imagen es asombrosa, ¿no es cierto? Su deseo es que seamos humildes y nos quebrantemos delante de Él. Para llevarlo a cabo en nuestras vidas, nos coloca en relaciones que facilitan ese moldeamiento. Para muchas de nosotras, en nuestros matrimonios. Para otras, quizás esto ocurre en el contexto de un lugar de trabajo difícil —un jefe o supervisor muy estricto o exigente. Para otras, quizás ocurre en el contexto de una enfermedad, o en una relación con un padre demasiado duro o con un hijo rebelde. Pero detrás de la escena, es Su mano la que está obrando para darle forma a nuestro carácter y para hacer que rindamos nuestra voluntad

Durante un tiempo particularmente difícil de mi vida, me sentía amargada y entendía que abusaban de mí. Pero en ese mismo tiempo, cayó en mis manos una copia del libro “Quebrantamiento” de Nancy Leigh DeMoss. Allí contrasta las características de las personas orgullosas con las características de las que han sido quebrantadas. Mientras leía, mi corazón fue expuesto:

  • Las personas orgullosas reclaman derechos y tienen un espíritu demandante … Las personas quebrantadas ceden sus derechos y tienen un espíritu manso.
  • Las personas orgullosas se vuelven amargadas y resentidas cuando son víctimas de algún daño; experimentan ‘pataletas’ emocionales; mantienen a los demás cautivos y se ofenden muy fácilmente… Las personas quebrantadas son rápidas en perdonar a aquellos que le han herido.

Debajo de los sentimientos de amargura e ira hacia mi esposo y hacia Dios, estaba un corazón orgulloso que entendía que se merecía una mejor suerte. Hoy, cuando esos sentimientos vuelven a surgir (y lo hacen de vez en cuando), me recuerdo que debo pasarlos por el filtro del orgullo y del quebrantamiento. En muchas ocasiones descubro que el Señor tiene más trabajo que hacer en mi corazón —y solo puedo mirar hacia adelante a aquel día cuando mi proceso de quebrantamiento y moldeamiento sea completado. Dejanos tus comentarios ¡Queremos escuchar de ti!

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Sobre el autor

Karen Waddles

Karen Waddles

Karen es asistente de publicación en Moody Publishers, es una conferencista, y contribuyente como escritora en los libros "Nuestras voces: asuntos que enfrentan las mujeres negras en los Estados Unidos" y "Estudio bíblico de color". Ella y su esposo, George, quien ha sido pastor por 35 años, tienen cuatro hijos adultos y nueve nietos. Su gozo más grande es ver a la mujer experimentar el fruto de las bendiciones de Dios cuando aplican los principios bíblicos de la feminidad a sus vidas

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