La vida de este lado de la eternidad

Hace un año y medio, Dios nos movió a traer a mi suegra a vivir sus últimos años  con nosotros, pues mi esposo quería honrarla de esa manera. Ella padecía Alzheimer por lo que su llegada ocasionó un gran cambio en nuestro hogar. Nuestra única hija se había casado y mi esposo y yo estábamos solos en la casa. Fue un año de adaptaciones en nuestra cotidianidad, pero al mismo tiempo una etapa que trajo gran satisfacción y crecimiento a nuestras vidas.

En ese tiempo, Dios nos mostró que la vida no se trata de nosotros, sino de hacer Su voluntad y servir Sus propósitos en cada etapa de nuestra existencia.

“…y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Co 5:15). 

Dios  es fiel y nunca se cansa de enseñarnos. Mientras mi suegra estaba en coma, en la antesala de la muerte, yo me encontraba en Estados Unidos acompañando a nuestra hija en  espera del nacimiento de su segundo hijo.  Nada espectacular. Simplemente la vida de este lado del cielo ocurriendo delante de nuestros propios ojos. Unos meses de alzas y bajas: el lanzamiento del ministerio Aviva Nuestros Corazones y los esfuerzos relativos al mismo, la enfermedad de mi suegra, la graduación de mi yerno de su grado de Maestría en Teología, la ansiosa espera de nuestro nieto, Noah, que había pasado de su fecha de término, la melancolía de mi esposo que se encontraba solo mientras yo estaba lejos haciendo lo que Dios me había puesto delante; y, las diversas presiones diarias que Dios orquesta en nuestras vidas para probarnos y santificarnos.

“El amor de Dios no es un amor apapachador; es un amor perfeccionador. Su amor es uno que refina. El amor de Dios usa las cosas que nos suceden para humillarnos y para hacer en nosotros lo que Él desea hacer.” ~J.MacDonald 

Y en medio de la cotidianidad es aleccionador ver también la brevedad de la vida, esperar la llegada de Noah al mundo y la entrada de mi suegra al siguiente. Ciertamente la vida ocurre entre paréntesis. Somos,  como bien dice Su Palabra, la hierba del campo, que hoy es y mañana no está. Quiera el Señor enseñarme a vivir como Él desea, todos los días que Él ha contado para mí, durante mi corto paso por esta tierra.

“He aquí, Tú has hecho mis días muy breves, y mi existencia es como nada delante de Ti; ciertamente todo hombre, aun en la plenitud de su vigor, es sólo un soplo… Sí, como una sombra anda el hombre; ciertamente en vano se afana” (Sal 39:5-6).

“Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Sal 90:12). 

Dios me ha enseñado que la vida cristiana no se trata, necesariamente, de grandes hazañas para Él, ni de grandes ministerios, ni de heroísmos, tampoco de sufrir necesariamente grandes martirios. Sino de una mezcla de momentos felices, tristes, y neutrales; de tiempos de dificultad y pruebas; y otros, de gratas experiencias; de seguirlo a Él, día tras día, de estar atentos a Su dirección, y con humildad obedecerle, gozosa y confiadamente, en las circunstancias pequeñas y grandes que Él orquesta para nosotros. La vida cristiana es acerca de amarle a Él y a aquellos que ha colocado soberanamente en nuestras vidas. De eso se trata, de una vida ordinaria, sostenida solamente por Su gracia.

Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo: tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de derribar, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de lamentarse, y tiempo de bailar; tiempo de lanzar piedras, y tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de rechazar el abrazo; tiempo de buscar, y tiempo de dar por perdido; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de rasgar, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de odiar; tiempo de guerra, y tiempo de paz… El ha hecho todo apropiado a su tiempo. (Ecles. 3:1-8,11a)

Para reflexionar: ¿Y a ti… qué te ha enseñado Dios sobre la vida en estos últimos tiempos?

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com

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Sobre el autor

Laura González de Chávez

Laura González de Chávez

Laura vive en Oklahoma City, Estados Unidos. Es esposa de Fausto. Su pasión es discipular a las mujeres de todas las edades con el fundamento sólido de la Palabra de Dios y ayudarlas a vivir de acuerdo a la fe que han abrazado. Laura es consejera bíblica en su iglesia y mentora de muchas mujeres jóvenes. Actualmente dirige el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, una labor que le ha ayudado a alcanzar a las mujeres de su generación con el mensaje del Evangelio y de la feminidad bíblica. También produce, junto a su esposo, el programa radial semanal "Un Hogar Sobre la Roca", que busca contribuir a redimir el diseño de Dios para la familia. Laura tiene una hija, Sarah, casada con Jonathan, y cuatro hermosos nietos, Zoë, Noah, Joy y Levi.