Las respuestas inesperadas de Dios

Escrito por Jon Bloom.

En Juan 16:23-24 Jesús nos hace una promesa amplia, impresionante, gloriosa:

«En aquel día no me preguntaréis nada. En verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre, os lo dará en mi nombre. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo.»

Por eso pedimos al Padre por aquellas cosas que anhelamos pues queremos el gozo abundante que Él nos ofrece. Y no pedimos cosas triviales de la carne, porque sabemos que el Apóstol Santiago dice: «Pedís y no recibís, porque pedís con malos propósitos, para gastarlo en vuestros placeres.» No; oramos por una fe más grande, amor, santidad, sabiduría, discernimiento, por experimentar la gracia de Dios, audacia y gozo en Dios, a la vez que oramos por menos satisfacción en las cosas terrenales.

Respuestas inesperadas

Tales anhelos y oraciones son sinceros, y Dios se complace en responderlos. Pero no nos conocemos bien, ni la profundidad ni lo dominante de nuestro pecado; tampoco lo que realmente se requiere para recibir lo que pedimos. No podemos evitar imaginarnos ideas románticas e irreales, así como hacernos expectativas de lo que serán las respuestas de Dios a nuestras oraciones.

Por lo tanto, con frecuencia no estamos preparados para las respuestas de Dios. A menudo, Sus respuestas al principio no lucen como tales. Sino como problemas. Se ven como dificultades. Aparentan ser pérdida, desilusión, aflicción, conflicto, tristeza y egoísmo aumentado. Causan profundas luchas del alma y exponen pecados, dudas y temores. No son lo que esperamos, y con frecuencia no vemos cómo se relacionan con nuestras oraciones.

¿Qué debemos esperar?

Si pedimos a Dios amarlo más profundamente ¿qué podemos esperar? Respuestas que nos hacen más conscientes de nuestra depravación pecaminosa, porque aquellos a quienes mucho se les perdona, mucho aman, pero a los que poco se les perdona, poco aman. (Lc. 7:47)

Si le pedimos a Dios que nos ayude a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mar. 12:31) ¿qué podemos esperar recibir? Respuestas que nos obliguen a prestar atención inesperada a un vecino, a quien muy probablemente no pondríamos en esa categoría (Luc. 10:29), que nos incomoda e irrita.

Si pedimos estar más cerca de Dios, porque creemos que esa cercanía es buena (Sal. 73:28), ¿qué podemos esperar recibir? Respuestas que rompan nuestro corazón, porque Dios está cercano a los quebrantados de corazón (Sal. 34:18).

Si pedimos a Dios que nos haga sacrificios vivos (Rom.12:1) ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que quebranten y humillen nuestro corazón, porque el sacrificio que agrada a Dios es el espíritu quebrantado (Sal. 51:17).

Si pedimos a Dios una experiencia más profunda de Su gracia, ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que se opongan a nuestro orgullo y humillen nuestro corazón (Sant. 4:6)

Si pedimos a Dios que venga Su Reino (Mat. 6:10) en nuestra propia vida y en el mundo a nuestro alrededor, ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que revelen nuestra profunda pobreza espiritual, porque el reino es dado a los pobres en espíritu (Mat. 5:3)

Si pedimos a Dios que nos satisfaga con Él mismo para que no nos sintamos satisfechos tan fácilmente con los charcos de lodo del mundo, ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que nos lleven a estar cada vez más conscientes de la maldad, el sufrimiento y las injusticias del mundo, porque aquellos que tienen hambre y sed de justicia serán saciados (Mat. 5:6).

Si pedimos a Dios mayor discernimiento y sabiduría, ¿qué podemos esperar recibir? Una oleada ininterrumpida de respuestas confusas, muy complejas, difíciles de entender y resolver, porque la capacidad de discernimiento se forja con la práctica constante de distinguir lo bueno de lo malo (Hech. 5:14)

Si pedimos a Dios que «aumente nuestra fe» (Luc. 17:5) ¿qué debemos esperar recibir? Encontrarnos repetidamente ante situaciones donde descubramos que nuestra percepción no es digna de que pongamos en ella nuestra confianza, y así nos veamos forzados a confiar en las promesas de Cristo, «Porque por fe andamos, no por vista»  (2ª Cor. 5:7).

Si pedimos a Dios que nos ayude a «andar como es digno del Señor» (Col. 1:10), ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que demanden más humildad, bondad, paciencia y amor para soportarnos unos a otros (Ef. 4:2) de lo que jamás hubiéramos imaginado que fuera posible. Respuestas que pueden tratarse de destitución y malos tratos, que es la porción común de muchos santos a lo largo de la historia «de los cuales el mundo no era digno» (Heb. 11:38).

Si pedimos a Dios que nos ayude a dejar de servir al dinero, para que servirle mejor a Él, incondicionalmente, ¿qué debemos esperar recibir? Una incómoda cantidad de oportunidades de dar dinero, gastos que disminuyen las reservas que hemos estado acumulando, quizá la pérdida del trabajo; respuestas que nos empujan a menospreciar (ignorar, soltar, alejarnos de) el dinero y aferrarnos a Dios (Luc. 16:13).

Si pedimos que nuestro gozo sea completo (Juan 16:24) para experimentar felicidad en Dios, ¿qué debemos esperar recibir? Respuestas que hagan que los gozos terrenales que alguna vez creímos que eran ganancia, se vuelvan vacíos, huecos y los consideremos como pérdida y nos empujen a buscar el incomparable valor de conocer a Cristo Jesús (Fil. 3:8).

Espera lo inesperado

Cuando Dios empieza a responder nuestras oraciones, con frecuencia Sus respuestas nos desorientan. Las circunstancias pueden tomar un rumbo inesperado, la salud puede deteriorarse, surge una dinámica relacional que se torna dolorosa, pueden ocurrir dificultades financieras; y podrían surgir luchas emocionales y espirituales que no parecen estar relacionadas.  Podemos sentir que estamos yendo hacia atrás porque al parecer no nos estamos moviendo claramente hacia adelante.  Clamamos en medio de la confusión y exasperación (Sal. 13:1; Job 30:20) cuando lo que realmente está sucediendo es que Dios está respondiendo nuestras oraciones. Pero esperábamos que la respuesta se viera y se sintiera diferente.

Al ser verdad esto, nos podemos sentir tentados a ni siquiera pedirle a Dios por esas cosas. Digo, ¿quién quiere respuestas desagradables a oraciones por gozo?

 

 

No nos dejemos engañar con esta forma de pensar corta de vista. Recordemos la promesa de Jesús: «Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo» (Juan 16:24). Si el camino al gozo completo en ocasiones es difícil, y Jesús nos dice que es así (Juan 16:33; Mat. 7:14), ¡Esa no es razón para no tomarlo! ¿Qué quieres? ¿Gozos huecos, poco consistentes, sin profundidad? ¡No! ¡Persigue el gozo completo! Y recuerda lo que nos dice el escritor de Hebreos:

«Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza; sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, les da después fruto apacible de justicia.» (Heb. 12:11

Cuando esperes respuesta de Dios a tus oraciones, espera lo inesperado.

Muchos de los regalos más grandes y gozos más profundos que Dios nos da, vienen envueltos en paquetes dolorosos.

[Artículo de John Bloom publicado originalmente en Desiring God el 11 de julio de 2014]

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