¿Muestra tu hogar a Cristo?

Dios pretende que Sus verdades sean transmitidas de una generación a otra, y el mejor lugar para que suceda es nuestro hogar. La verdad de la existencia y el carácter de Dios deben ser claramente enseñados a nuestros hijos y nietos en el diario vivir.

Esta enseñanza requiere tiempo y palabras, tanto planificadas como espontáneas. Como mujeres cristianas, debemos guardar nuestros corazones y hogares de tal manera que les demos la atención necesaria a estas verdades eternas:

“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón;  y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deut. 6:6-7)

¿Cómo puede grabarse algo en nuestro corazón? A través de la exposición repetida en el tiempo. ¿Dónde habita tu corazón? ¿En Facebook? ¿Pinterest? ¿Instagram?, ¿o en la Palabra de Dios? ¿Habitas en Sus verdades eternas cada día, al menos tanto como lo haces en el medio cibernético?

“Sino que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:2).

Jesús dice: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). ¿Cuál es la abundancia de tu corazón? ¿Experimentan otros más de Dios por tu presencia en el hogar? El Salmo 34:11 dice, “Venid, hijos, escuchadme; os enseñaré el temor del Señor”.

Debemos aprovechar cualquier oportunidad disponible –cuando nos sentamos, cuando nos movemos durante el día, cuando vamos a dormir, y cuando nos levantamos en la mañana. Nuestros hijos necesitan escuchar de nosotras acerca de todo camino de bien, para que la sabiduría “entre en sus corazones y el conocimiento se vuelva grato a sus almas” (Prov. 2:10).

Cada hogar tiene su atmósfera característica. ¿Cómo se siente el tuyo? ¿Hay paz, comodidad y belleza allí? ¿Es la comunicación clara y amable? ¿Cuáles memorias se están formando en medio de las circunstancias diarias de la vida –las llaves perdidas, la leche derramada, la cama mojada, el ego lastimado, los sentimientos heridos?

Alguien necesita tener la visión de crear una atmosfera donde la fe y la obediencia puedan ser alimentadas. Una visión para desarrollar un ambiente en donde el amor y la seguridad estén siempre accesibles, donde los miembros de la familia puedan descollar, se puedan construir los recuerdos, se calmen los miedos, se formen las convicciones, y se llenen las necesidades en una forma que es imposible en cualquier otro lugar que no sea el hogar.

Habita en Sus verdades eternas cada día al menos tanto como lo haces en los medios cibernéticos.

Si estás casada, y tu esposo quiere dirigir la enseñanza de la Palabra y los caminos de Dios a su familia, ¡eso es fabuloso! Apóyalo de todas las formas posibles. Cuando nuestros hijos eran pequeños, mi esposo Ray recibió con agrado mi ayuda amable al decirle cómo mantener la atención de los niños durante el tiempo de familia, de formas adecuadas para su edad.

Tal vez eres soltera, o tu esposo no es creyente, o viaja mucho –no te desanimes. Piensa en Timoteo, el protegido de Pablo, quien aprendió de su madre y de su abuela (2 Tim. 1:5; 3:15).

Yo crecí en un hogar en donde mi padre no fue cristiano hasta más tarde en su vida. Mi madre me enseñó de Jesús, y le estaré agradecida por siempre.

Pide al Señor fervientemente que te muestre cómo obedecer Sus mandamientos, y Él lo hará. Tal vez puedas compartir la Palabra de Dios alrededor de unos panqueques una mañana por semana. ¿Y qué tal una “Fiesta de media noche” de manzana, pedazos de guineo, queso, y galletas integrales de trigo compartidas a la luz de las velas o con un foco en la cama de uno de los niños mientras lees y oran juntos? Sé creativa.

“Por tanto, cuídate y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, y no se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; sino que las hagas saber a tus hijos y a tus nietos.” Deut. 4:9

Piensa acerca de las diferentes relaciones en tu casa o apartamento. ¿Cómo puedes usar tu hogar para mostrar a Dios a aquellos que te rodean? ¿Qué puedes hacer para entrenar la siguiente generación para los años venideros?

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Este artículo procede del Ministerio Aviva Nuestros Corazones ® www.avivanuestroscorazones.com 

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