Preparando una morada

Nuestros días están llenos de actividades que pueden clasificarse de triviales, aquellos actos que convertimos en parte de nuestro diario vivir y que a veces son hechos de manera mecánica. Sin temor a equivocarme diría que automatizamos muchas de ellas:

· El beso de buenos días o de despedida
· La forma en que ponemos la mesa
· El tipo de alimento que servimos
· Las oraciones con los niños
· El orden de las habitaciones
· Las meriendas que preparamos
· La forma como nos vestimos
· Las palabras o expresiones de cariño que usamos con los nuestros

Así podríamos añadir un sinnúmero de  eventos que son encasillados como ordinarios, pero ¿te has puesto a pensar que no necesariamente tiene que ser así?

Leyendo en Juan 14:2, me llamó la atención algo que el Señor Jesús le dijo a Sus discípulos:

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.”

Él dice que preparará para nosotros un lugar ¿Cómo? Me da la impresión de que Él quiere tomarse Su tiempo para que cuando llegue a mi nuevo hogar encuentre un espacio que fue organizado pensando específicamente en mí, con detalles para agradarme ¡Wao! ¡Qué maravilloso nuestro Señor, qué gesto de amor para conmigo! Creo que esto encierra una lección para nosotras de cómo también deberíamos cuidar los pormenores en nuestros hogares y hacer de aquello secular algo más especial para que  los nuestros  se sepan y se sientan privilegiados.

Una flor en un rincón, una mesa cuidadosamente puesta, alimentos variados y balanceados, notas de aliento y de amor, palabras escogidas para los míos, oraciones bien pensadas, son algunas de las cosas que pudiéramos  ir ajustando y mejorando en nuestras casas.

Nos tomará un poco más el hacer estas cosas, eso es cierto: tendremos que gastar más energía, usar más de nuestro intelecto, nos exigirá más tiempo, pero creo que le daremos más gloria a Dios también, porque estaremos buscando un camino más excelente para servirle, y ¿no es eso lo que más anhela un creyente? Dice la Palabra, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Colosenses 3:23, esto incluye el transitar del día a día. Imagínate cuán diferente haríamos todo si tuviéramos más presente esta verdad.

Necesitamos buscar ese espacio para tener un tiempo agradable en la mesa, por lo menos una vez al día con los nuestros.  Que ellos sepan que son importantes para nosotros, que no vean diferencia entre mi trato con una visita y el trato que les ofrecemos a ellos (¡a menos que sea que ellos son tratados mejor!) Nuestro Señor Jesús nos dejó ejemplo claro de  amor y cuidado al prójimo, cuidaba de las necesidades físicas y espirituales de los que estaban a Su alrededor y nosotras debemos imitarle, el Evangelio debe ser vivido por cada una de nosotras y ésta es una forma práctica de llevarlo a cabo.  Si estudias la vida del Señor te darás cuenta de que siempre estaba más preocupado por el bienestar de los demás que el Suyo propio y nosotras ¿de qué o quién nos preocupamos más? Examinemos nuestro diario andar, hagamos listas, veamos qué podemos mejorar y busquemos formas prácticas de mostrar amor a los nuestros, recordemos que aun estas cosas pueden  ser un mensaje poderoso para atraer a los nuestros a los pies del Señor.

¿Te animas a hacer un inventario? Que Dios nos ayude a mostrarlo a Él en cada área de nuestras vidas y que en cada hogar nuestro se respire el delicioso aroma del Evangelio vivido a plenitud.

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Sobre el autor

Rafaela Luciano de Viñas

Rafaela Luciano de Viñas

Está casada con Mario Viñas con quien tiene tres hijos: Mariela, Claudia y Mario Rafael. Es mercadóloga de profesión. Esposa y madre a tiempo completo, labores que entiende son un privilegio y hermoso regalo de Dios. Le encantan las artes manuales, pasión que comparte con sus pequeñas. Disfruta la lectura sobre temas de paternidad y familia cristiana, en su interés por servir mejor al Señor en el ministerio de su hogar.

Es miembro de la Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo desde 1989, donde  junto a su esposo sirve en diferentes ministerios. Es su anhelo seguir creciendo en el conocimiento del Señor y   poder traspasar su fe a las siguientes generaciones.

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