Recuperando el Asombro de la Navidad - Hebreos 2

¿Recuerdas la emoción que sentías al llegar la Navidad cuando eras una niña? Para mí no existía ningún tipo de preocupación o temor; en lugar de eso, solamente esperaba ansiosamente a que mamá sacara las galletas de Navidad y me asombraba mientras contemplaba y pensaba en cómo Santa cabría al bajar por nuestra chimenea. Siempre hacía la cuenta regresiva hasta el 25 de diciembre por ninguna otra razón más que por la emoción del momento.

Cuando éramos niñas, la Navidad era puro gozo ¿cierto? Pero mientras los años se acumulaban, las distracciones también: el juego de la comparación, el estrés de poner decoraciones dignas de Pinterest, las difíciles dinámicas familiares, las presiones de comprar regalos, tomar la foto perfecta para la tarjeta de Navidad y no subir diez libras al llegar a enero. ¿Todas dicen amén?

Estas distracciones me alejaban del verdadero asombro de esta época. El estrés de todo lo relacionado con la Navidad disminuye mi emoción, y las preocupaciones de este mundo pueden reducir también el asombro de nuestro cristianismo con el pasar del tiempo.

Somos personas que nos distraemos con facilidad

«Por tanto, debemos prestar mucha mayor atención a lo que hemos oído, no sea que nos desviemos», dice el autor de Hebreos (Hebreos 2:1). ¡No sea que nos desviemos! Así como la Navidad es emocionante para un niño, la declaración de salvación de una alma recién arrepentida también lo es. Hay gozo, felicidad y asombro. Ver la complejidad de nuestro pecado comparada con la plenitud de la misericordia de Dios, es contemplar la gloria de Dios.

Pero luego, a medida que la vida sigue y las distracciones aumentan, el asombro por nuestra salvación se esfuma como los años que han pasado. Sin embargo, el testimonio de cada creyente es para siempre y es algo por lo que siempre hay que asombrarse.

«¿Qué es el hombre para que de Él te acuerdes, o el hijo del hombre para que te intereses en Él? Lo has hecho un poco inferior a los ángeles; lo has coronado de gloria y honor, y lo has puesto sobre las obras de tus manos; todo lo has sujetado bajo sus pies». (Hebreos 2:6–8)

No es a los ángeles a quienes Dios les entregó este mundo (aunque está gobernado por algunos ángeles caídos por cierto tiempo), y no es con los ángeles con quienes Él planea gobernar en el futuro. Daniel 7:27 dice: 

«Y la soberanía, el dominio y la grandeza de todos los reinos debajo de todo el cielo serán entregados al pueblo de los santos del Altísimo. Su reino será un reino eterno, y todos los dominios le servirán y le obedecerán» 

Hmm, perdón, ¿a nosotros? Si, a nosotros, el pueblo de Dios gobernará con Él un día. Y de hecho, así es como comenzó la humanidad hasta que el pecado entró en el mundo, y la muerte por el pecado (Romanos 5:12), separándonos de Dios y eliminando nuestra habilidad de gobernar junto a Él en santidad.

El propósito de Dios para el hombre (y la mujer) se desmoronó con una mordida cataclísmica

Como puedes ver, en el principio Adán y Eva gobernaban el mundo en perfecta armonía con Dios hasta que lo arruinaron con un acto de desobediencia, sometiendo este mundo al dominio de la serpiente (la cual es llamada Satanás en Apocalipsis 12:9).

Aunque Adán y Eva pudieron haber pedido ayuda y volver al Señor, no lo hicieron. Así, el evento más catastrófico que este mundo alguna vez haya visto jamás, tuvo lugar por una mordida del fruto prohibido.

¿Qué haría Dios al respecto? ¿Gritarles? ¿Volverles la espalda? ¿Destruirlos hacia el olvido? No, en lugar de eso, Él los llamó, «¿Dónde están?» (Génesis 3:9). Y luego los vistió y los llenó de compasión al ofrecerles esperanza a través de Sus palabras dirigidas a la serpiente.

«Pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; Él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el talón». (Génesis 3:15)

Mientras que yo me hubiera marchado lejos de los malagradecidos y egocéntricos portadores de mi imagen, Dios se acercó a ellos (y a nosotros) anunciando a este grupo pequeño un plan de rescate para Su pueblo.

Habría un descendiente de la mujer que aplastaría la cabeza de Satanás para enmendar las cosas. Él restauraría la santidad del hombre y su habilidad de gobernar junto a Dios. No todo estaba perdido. 

Un descendiente de la mujer enmendaría las cosas nuevamente

¿Pero quién? ¿Cómo? ¿Cuándo? Todas estas son preguntas que no me cabe duda que Adán y Eva se hicieron frecuentemente, sin embargo, nosotros tenemos las respuestas. Dios mismo, en la persona de Jesucristo, nacido de una virgen, irrumpiendo en la noche con Su llanto de bebé. Porque solo Él tendría el poder sobre el pecado y la muerte.

Hebreos 2:14–15 dice: 

«Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida». 

¡Oh, el asombro de la Navidad! No es solamente el nacimiento de un Salvador; es el cumplimiento de una promesa que Dios hizo a dos personas quebrantadas de corazón en un jardín. Una promesa que Dios nunca ignoraría, aunque miles de años hubieran pasado con los habitantes de la tierra todavía tambaleándose bajo las consecuencias de la decisión catastrófica de Adán y Eva.

Aún cuando generación tras generación ha blasfemado el nombre de Dios (y todavía lo hace hoy en día), el hilo de esperanza y bendición a través de un Redentor ha persistido paralelamente con la infidelidad del hombre. ¿Por qué? Para que Dios pudiese derramar su compasión sobre los portadores de Su imagen en lugar de derramar la condenación que realmente merecemos.

Y allí yace el asombro de la Navidad, en que Dios vino a pesar de ello

Que Dios viniera a pesar de ello, que Dios mismo se vistiera de carne y sangre para que «probara la muerte por todos» (Hebreos 2:9) librándonos del poder del mal y la fortaleza del pecado, eso es una maravilla.

Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote en las cosas que a Dios atañen, para hacer propiciación por los pecados del pueblo. (Hebreos 2:17) 

Y como si eso no fuera suficiente, Cristo también vino para simpatizar con nosotros en nuestras debilidades y ayudarnos en momentos de tentación (Hebreos 2:13), y para ser nuestro hermano (Hebreos 2:11) y ejemplificar lo que es caminar por fe (Hebreos 2:13).

La magnitud de lo que Dios hizo por nosotros es excepcional

Él hizo todo por las personas que casi todo el tiempo actúan como si realmente no les importara. Personas que desde el principio se han alejado de Él una y otra vez, y que hoy en día han hecho de la Navidad más sobre alboroto y festividades que sobre la fidelidad de Dios y la venida del Único que puede salvarnos.

La Navidad no es solamente una linda historia, sino la revelación de la promesa de Dios a Eva, y luego a Noé, Abraham, Judá, Moisés, David, Samuel, Isaías, y Daniel (solamente por mencionar algunos). Es el momento que muchos santos del Antiguo Testamento anhelaban ver y el inicio terrenal de nuestro cristianismo.

Todo cambió con el nacimiento, muerte, resurrección y ascenso de Cristo. ¿Por qué? Para que un día nuevamente reinemos con Cristo. ¡Es prácticamente increíble! Es por eso que Dios nos dice que creamos, recordemos, celebremos y adoremos.

Recuperar el asombro por la Navidad, por lo tanto, no se trata de recalcular nuestro tiempo o traer memorias perdidas o recuperar nuestras tradiciones favoritas. Se trata sobre el recuento de nuestro cristianismo. Es un verdadero asombro que Dios vino, es un verdadero asombro que Dios les dio a Adán y Eva una promesa llena de esperanza y es un verdadero asombro que aún lo estemos celebrando hoy.

Recobrar el asombro de la Navidad es volver al asombro de Cristo. A pesar de todos los años con todo el pecado y rechazo a la voluntad de Dios, un Salvador aún vino al adormilado pueblo de Belén. ¡Eso es un asombro!

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Sobre el autor

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery

Stacey Salsbery es esposa de granjero y madre de cuatro hijos. Cuando no está sirviendo una comida, viajando en un tractor con su esposo o llevando a los niños a practicar, la encontrará escapando de la locura escribiendo devocionales en Deeper Devos, donde les da a los lectores una una mirada práctica y más profunda a la Palabra de Dios. Sus cosas favoritas en el mundo (sin contar a su Salvador, esposo e hijos) incluyen decorar de casa, comprar libros nuevos y salir a correr. Stacey y su familia residen en los campos de maíz de Indiana.

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