Reseña del libro “En la quietud de Su Presencia” de Nancy DeMoss Wolgemuth

“¿Cómo lograr una intimidad con Dios más profunda, vibrante y creciente? Escucho que ocurre en otras vidas, pero no en la mía”.

Quizás has recibido preguntas similares …o tal vez te las has hecho tú misma. Nuestra tendencia natural es lanzarnos a la búsqueda de programas o métodos; esperando encontrar, 2, 3…o 10 pasos o fórmulas como solución práctica. Dentro de poco, volvemos al lugar de inicio: poca o ninguna intimidad con el Señor, una tarea más a marcar como “completada” en nuestra larga lista de “cosas por hacer”. Mientras tanto, nuestra vida espiritual sigue árida, desierta.

Como dice Joni Eareckson Tada en el prólogo:

Un tiempo de meditación cuidadosamente estructurado es bueno; pero una vida de creciente devoción por el Salvador es mejor que ‘tres pasos prácticos para conocer más a Dios’;

Para acercarnos más a alguien -a Dios o a cualquier otra persona- debemos estrechar nuestros corazones, aprender a comunicarnos, hallar gozo en el otro, conocerlo a fondo.

Este libro no ofrece métodos ni ‘n’ pasos, sino un llamado a abrazar a Dios con pasión, de atender a Su invitación de cultivar una relación íntima. Si soy Su hija, no estaré satisfecha hasta lograrlo (Jn. 7:37-38). Dios nos creó para tener intimidad con Él, y por eso nada ni nadie puede satisfacernos por completo. Para Jesús era Su prioridad número 1 (Mr.1:35).

Una de las razones de experiencias frustrantes con nuestra vida devocional es que no entendemos su propósito, por eso veamos primero lo que la vida devocional NO ES:

1. Ganar puntos extras con Él;

2. Evitar Su desaprobación;

3. Ganar Su favor;

4. Que me ame más;

5. Hacerme más espiritual;

6. Un amuleto de la buena suerte;

7. Evitarnos castigo;

8. Negociar o hacer trueques con Dios.

¿Cuál es entonces el propósito?

Para nuestra vida interior:

Experimentar una unión y comunión más íntima con Dios;

Purificación de mi corazón con Su Palabra;

Restauración del alma con Su fuente fresca de inagotable gracia y misericordia; e,

Instrucción: sentadas a Sus pies como discípulas ante el Maestro.

Nuestra manera de vivir:

-Sumisión: rindiendo el control de nuestra vida a Él y Su voluntad;

-Dirección: prontas a buscar Su consejo;

-Intercesión por las necesidades de los demás; y,

-Transformación al pasar tiempo en Su presencia.

Anticipando que ahora queremos saber ¿cómo empezar? Nancy nos anima a recordar que se trata de,

-un privilegio;

-cultivar una relación íntima con Dios;

-ser constantes como Jesús (no de manera esporádica);

-nuestra provisión diaria de alimento;

-pagar el precio de levantarnos temprano como nos modeló Jesús; y,

-un tiempo a solas con Dios;

Más adelante, nos habla sobre obstáculos o desafíos a enfrentar; tales como, no tener deseos, llevar una vida ajetreada, hijos pequeños, interrupciones y distracciones; una mente que divaga, o tiempos de sequía espiritual, entre otros; al mismo tiempo que nos brinda ideas y comparte testimonios para ayudarnos a vencerlos.

Al final de cada capítulo encontramos reflexiones de mujeres que la fragancia de sus vidas -fruto dulce y delicioso de encontrarse con Dios - ha profundizado el anhelo de Nancy de conocer más a Dios: Elisabeth Elliott, Kay Arthur, Vonette Bright, Joni Eareckson Tada, entre otras.

Nuestro Padre bueno, busca una relación íntima con cada una de Sus hijas, ¿le dejarás conquistar tu corazón, renunciando a toda distracción para venir a Su encuentro?

 

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Sobre el autor

Isabel Andrickson

Isabel Andrickson

Abogada de profesión y aprendiz de Su Palabra por pasión y convicción; es madre de un adulto joven a quien crio  como madre sola desde que tenía 3 años. Concluyó esa etapa, consciente tanto de las luchas y obstáculos que enfrentan las madres solas, como de los múltiples tropiezos producto de malas decisiones. Ahora anhela orientar a aquellas que recorren ese trayecto para que abracen las verdades de Tito 2, Proverbios 31 y otras enseñanzas de la Palabra sobre nuestro diseño, pues, no son exclusivas para mujeres casadas, sino para todas aquellas que, por Su Gracia, somos llamadas hijas del Padre Bueno.

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