Un versículo a la vez, mi travesía por Filipenses

En la conferencia Mujer Verdadera’14 miles de mujeres nos sentamos en absoluto silencio mientras Nancy DeMoss Wolgemuth pasó más de treinta minutos citando de memoria una colección de pasajes de todas las Escrituras, bellamente ordenados. El poder de la Palabra Viva podía palparse en el lugar y supe que Dios quería que yo también memorizara porciones completas de las Escrituras. Decidí comenzar con lo que había avivado esa convicción en mí –los mismos versículos que Nancy citó.  Estaban disponibles en el sitio de Revive Our Hearts, de manera que puse manos a la obra teniendo en mente la Semana Santa como meta tentativa para terminar de memorizarlo.

Salida en falso e intentándolo de nuevo

Para finales de enero ya me había rendido.  Parecía una tarea demasiado grande. Entonces, en la primavera, escuché un programa de Revive Our Hearts con Janet Pope.  Mientras la escuchaba hablar sobre memorizar libros enteros de la Biblia, mi corazón prestó atención. Sabía que Dios quería que yo hiciera esto… pero tenía temor pensando que fallaría otra vez.

Luego, en Revive’15 en septiembre, en la mesa de liquidación de la librería encontré una copia del libro de Janet Pope, Su Palabra en Mi Corazón (Disponible en inglés His Word in My Heart). Lo compré, pero no comencé a leerlo de inmediato.  Durante ese tiempo estábamos trabajando en el plan para el nuevo ministerio de mujeres que comenzaría en nuestra iglesia en el nuevo año.  Cuando finalmente completamos el programa, el tema para marzo era… –¡adivinaste! - memorización de las Escrituras.

Al mirar la palabra “memorización” sabía que finalmente había llegado el tiempo de obedecer en aquello a lo que Dios me había estado moviendo durante todo un año. Saqué del estante el libro de Janet, lo leí y me dispuse a memorizar Filipenses como nueva meta, para citarlo en el evento de mujeres en marzo.

Encontrando el tiempo

Mi método era simple.  Compré un juego de tarjetas que tenían una pasta bonita, con un aro en un rincón, y una liga con que podía ir marcando dónde iba en mi memorización.  Escribía un versículo o un pasaje en cada tarjeta, llenando varias tarjetas a la vez.  Y comencé simplemente repitiendo la primera tarjeta una y otra vez.

Antes de comenzar, parecía imposible que pudiera sacar el tiempo para la tarea gigantesca que me había propuesto. Soy esposa de pastor y educo a mis seis hijos en casa.  En mi agenda no cuento con tiempo para nada más; y memorizar todo un libro de la Biblia parecía que me iba a tomar una cantidad de tiempo que no tenía.

Sin embargo, me animó mucho el darme cuenta que en realidad es muy fácil integrar la memorización de las Escrituras a los momentos ordinarios durante el día.  Cargaba mis tarjetas conmigo por toda la casa. Mientras esperaba a que mi hijito del kínder llenara su tarea de matemáticas, me volvía a la tarjeta de turno y continuaba memorizando.

Cada vez que contaba con algunos minutos mientras iba de un lado para otro, esperando que uno de mis hijos terminara sus prácticas, o sentada en una larga línea en el restaurante de comida rápida para llevar, sacaba la aplicación de mi Biblia, abría Filipenses y repetía mis versículos.  Los recitaba en la regadera, en mi rutina y mientras conducía el auto. Esta vez, por la gracia de Dios no me rendí; y un versículo a la vez, pude avanzar y terminar el libro.

De la cabeza al corazón

Rogaba a Dios que mientras memorizaba, Él me llevara a guardarlos en mi corazón, y, generosamente, Él contestó esa oración. Aunque Filipenses había sido mi libro favorito de la Biblia por mucho tiempo y lo había leído incontables veces, comencé a ver cosas que no había notado antes. Una bendición enorme que trae consigo la memorización es que te ves forzada a poner atención a cada una de las palabras. ¡No te puedes saltar nada!  Meditar en estas frases “recién descubiertas” arrojó una nueva luz a pasajes conocidos por años. Filipenses cobró vida para mí, de una manera fresca.

Pude ver cuántas veces el versículo en que me encontraba trabajando, aplicaba específicamente a las circunstancias de ese día en particular.

**En los días en que memoricé el pasaje del capítulo 2 sobre la humildad de Cristo necesitaba aprender de forma diferente cómo ser una sierva humilde en el ministerio.
**Los días que trabajé en 4:4-7 y luego 8-9 vinieron justo después de que nuestra camioneta había quedado destrozada. Los versículos sobre la paz de Dios que sobrepasa el entendimiento se volvieron realidad en mi corazón cuando Su paz hizo guardia allí.
**Las hermosas palabras de gratitud de Pablo por los filipenses en el capítulo 1 cobraron nuevo significado para mí, como esposa de pastor, al darme cuenta que podía orar con estas palabras por las mujeres de mi iglesia y del ministerio.

Finalmente terminé los últimos dos versículos pocos días antes del evento de marzo.  Me había tomado cinco meses memorizar todo el libro de Filipenses, y con la ayuda de Dios, esa noche me paré frente a aquellas mujeres y comencé a citarlo. ¿Me equivoqué algunas veces? ¡Sí! pero el Espíritu estuvo presente.

Al terminar, comencé a enseñar sobre la importancia de memorizar la Palabra de Dios y los beneficios que esta disciplina trae consigo.  Espero que esas mujeres hayan podido ver que la memorización no es algo solamente para las cristianas “aplicadas.” No soy una de ésas; soy solamente una mujer ordinaria cuyo corazón ha sido movido por la Palabra de Dios que se ha quedado guardada allí.

Corazones bien abastecidos

Mujeres, se nos conoce porque nos preparamos bien.  Si ocurriera algún tipo de catástrofe y un grupo de nosotras quedáramos varadas sin ayuda, probablemente sobreviviríamos un buen tiempo tan solo con el contenido de nuestros bolsos.  Salimos de casa bien abastecidas y listas para cualquier cosa.  De igual manera necesitamos pasar mucho tiempo abasteciendo nuestros corazones.

No siempre vamos a tener una Biblia y una concordancia a la mano cuando necesitamos consuelo, guía o poder para resistir la tentación; o, cuando otra mujer se nos acerque pidiendo ayuda de las Escrituras.  Pero si estamos abasteciendo nuestros corazones con la Palabra de Dios, entonces Él la usará perfectamente cuando más lo necesitemos.

Proverbios 22:17-19 dice: Inclina tu oído y oye las palabras de los sabios, y aplica tu corazón a mi conocimiento; porque te será agradable si las guardas dentro de ti, para que estén listas en tus labios.  Para que tu confianza esté en el SEÑOR, te he instruido hoy a ti también.

Me siento muy agradecida por el testimonio y ejemplo de Nancy y Janet a quienes Dios usó para llamarme a memorizar Su Palabra; a guardarla dentro de mí; tenerla lista en mis labios. He sido bendecida por la obra del Señor en mí, mientras memorizaba Filipenses y me siento emocionada anticipando lo que Él hará conforme avance hacia otros libros.

¿Has memorizado una gran porción de las Escrituras, todo un capítulo o un libro completo? ¿Cómo lo usó Dios en tu vida? ¿Cuáles beneficios has visto en tu vida o ministerio como fruto de memorizar las Escrituras?  Si nunca has memorizado porciones extensas de la Biblia ¿Qué te impide comenzar hoy?

No me cabe duda de que Dios te ayudará y bendecirá conforme guardas Su Palabra en tu corazón.

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Sobre el autor

Mónica Hall

Mónica Hall

Mónica es esposa de pastor y educa a sus seis hijos en casa. De pequeña, confió en Cristo como su Salvador y cada día aprende más de Su amor y bondad. Sirve en su iglesia dando clases a los pequeños y en estudios bíblicos de damas; tiene un deseo ferviente de ver que las mujeres experimenten la gracia de Cristo y descubran la vida abundante que Él da. Ella ha sido profundamente bendecida por Revive Our Hearts y ama llevar a otras mujeres el mensaje de feminidad bíblica y avivamiento.

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