Una bendición para el año nuevo: Hebreos 13

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Escrito por Colleen Chao

Al final de Hebreos hay dos pequeños versículos que a lo largo del tiempo han marcado un hermoso camino en mi corazón, sus verdades me llevan a una imagen que me deja sin aliento de mi Dios y Su bondad para conmigo.

«Y el Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas mediante la sangre del pacto eterno, los haga aptos en toda obra buena para hacer Su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén». (Heb. 13:20–21)

A medida que se acerca el nuevo año, podemos saber que ninguna de nosotras tiene idea de lo que nos espera. Muchos de nuestros días se desarrollarán de manera muy diferente a como quizá ya lo tenemos planeado, y recordaremos lo poco que realmente controlamos en esta vida. Pero para las hijas de Dios hay preciosas promesas que no solo dan sentido a las interrupciones y los dolores de la vida, sino que también nos llenan de mayor gozo y propósito de lo que podemos siquiera empezar a imaginar.

Entonces, mientras miramos hacia lo desconocido que tenemos delante de nosotras, aquí hay algunas cosas con las que podemos contar de acuerdo con Hebreos 13:20–21:

Dios es un Dios de paz.

No somos naturalmente personas pacíficas. Nacemos en medio de la confusión, todo tipo de ansiedad, ira y ensimismamiento. Pero con Dios, podemos experimentar el verdadero shalom: un bienestar tanto del cuerpo como del alma. Efesios 2:14 dice: «Él mismo es nuestra paz».

Dios, oramos para que podamos caminar en el gozo de Tu presencia que es la paz perfecta para nuestras almas atribuladas.

Dios cumple Sus promesas.

Dios nos hizo promesas descomunales y luego las firmó con la sangre de Su único Hijo. ¿Podemos realmente seguir dudando de la bondad de Dios para con nosotras cuando pagó el precio más alto para cumplir esas promesas inmerecidas?

Estamos muy agradecidas, Dios, porque siempre cumples Tus promesas y porque pagaste el precio más alto para cumplirlas.

Jesús es nuestro Gran Pastor, a quien Dios resucitó de entre los muertos.

Esto significa que Jesús tiene la autoridad y el poder para protegernos perfectamente, proveernos y guiarnos. Isaías 40:11 dice: «Como pastor apacentará Su rebaño, en Su brazo recogerá los corderos, y en Su seno los llevará; guiará con cuidado a las recién paridas».

Jesús, te pedimos que nos guíes hacia el amanecer de un nuevo día y que nos des corazones gozosos de seguirte.

Dios nos da todo lo que necesitamos.

Dios no es egoísta, ni injusto, ni está lleno de expectativas poco realistas. ¿Alguna vez alguien te encargó una tarea para la que no estabas completamente equipada? ¿Y luego tal vez perdieron la paciencia por tu incompetencia cuando pediste ayuda u orientación más específica? Dios no es nada parecido a eso. Él nos prepara maravillosamente para lo que nos llama a hacer dándonos todo lo que necesitamos (¡y más!) para hacerlo. Él siempre nos da de más.

Gracias, Dios, porque no importa lo que suceda hoy, Tú estás conmigo, proveyendo todo lo que necesito para hacer Tu voluntad, ya sea para lavar otra tanda de platos, para perdonar a una persona difícil en mi vida o para sufrir con esperanza.

Dios está complacido con nosotras.

Debido a que Dios nos ve a través de Jesús, nuestra posición es segura, permanente e indestructible. Es posible que hoy caigamos de cabeza diez veces, nos sintamos como un completo fracaso y suframos la profunda decepción de los demás, pero debido a que estamos en Cristo; Dios se deleita en nosotras y en nuestros actos más pequeños de obediencia.

Oh Señor, nuestros corazones se llenan de gozo al saber que te complaces en nosotras y en nuestros esfuerzos quebrantados para Tu reino. No importa cómo nos sintamos o fracasemos hoy, creemos que somos Tus amadas hijas.

Jesús recibe toda la gloria.

Todo este amor generoso, Su bondad y provisión, no tienen como resultado que obtengamos un gran título, un lugar en la historia o la alabanza de las masas. Todo crece en gloria para Jesús y en que Su nombre sea conocido. Este es el motivo para el que están hechos nuestros corazones

¡Jesús, te alabamos! Decimos: «¡Eres más grande que todos los demás! ¡Tu nombre es como ningún otro nombre!» ¡Te amamos y queremos vivir para Ti porque eres tan bueno! ¡Somos más felices cuando Tú eres glorificado!

Y todo el pueblo de Dios dice: «¡Amén!» 

A medida que entramos en un nuevo año, pueda esta bendición llena de poder formar nuestros corazones, nuestras oraciones, nuestras alabanzas y nuestras ambiciones. ¡Que nuestro viaje juntas a través de Hebreos este último mes culmine en una gran alabanza al Único que es digno!

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