Podcast Aviva Nuestros Corazones

Aceptando los hijos como un regalo

Annamarie Sauter: Cuando Jackie Hill Perry quedó embarazada de su primera hija, luchaba con ver a su bebé como un regalo. Ella escuchó al Espíritu Santo hablar a su corazón...

Jackie Hill Perry: «No puedes decir que quieres que Yo tenga toda la gloria en tu vida y luego enojarte por las formas en que escojo hacerlo. Si quieres que sea exaltado y glorificado, entonces permíteme ser el Señor en esa área».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Si tienes niños pequeños cerca, debes saber que este programa tiene contenido para adultos. Jackie Hill Perry sufrió mucho cuando era niña. Ella creció sin un padre, fue abusada y se involucró en relaciones lésbicas mientras estaba en la escuela secundaria. Cuando conoció a Jesucristo, Él inmediatamente transformó su corazón, pero aún ella debía ir a lo largo de un proceso de crecimiento y sanación.

Ayer escuchamos cómo Dios está usando el matrimonio de Jackie con Preston Perry para moldearla a la imágen de Jesús. Nancy y Jackie están aquí para retomar la conversación.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Entonces, Jackie, el Señor está tratando contigo en lo que tiene que ver con el respeto y la honra a tu marido.

Jackie: Sí.

Nancy: Dios está tratando con él, y ustedes dos están cambiando, se están volviendo cada vez más como Jesús. Pero todavía tiene que haber ocasiones cuando... No voy a criticar a Preston, porque podría ser él o tú.

Jackie: Sí.

Nancy: Cuando él hace algo tonto o que no es digno de respeto, cuando piensas en una situación o algo que pudiera ocurrir, ¿cómo puedes, en ese momento –porque cada mujer se enfrenta a esto– mostrar respeto cuando tal vez has sido herida o tal vez él no ha manejado algo de la manera más sabia posible?

Jackie: Creo que esto es algo que todavía estoy aprendiendo, porque creo que no manejo el dolor de manera piadosa. Creo que respondo o reacciono. Por lo regular me encierro en mí misma en lugar de comunicarme. Porque muchas veces, Preston puede lastimarme sin darse cuenta. Él realmente no sabía que lo que hacía estaba mal. Es raro que intencionalmente haga algo así. Pero él es pecador, por lo tanto lo hará.

Entonces, creo que típicamente lo que hago es encerrarme o ir a orar. Cualquiera que sea el caso, conozco mi inclinación, por lo que estoy orando para que Dios me incline a ser amable en la forma en que le respondo a él, sabiendo que él es un ser humano, sabiendo que no es perfecto como Jesús, pero él está lleno del Espíritu Santo, lo que significa que Dios lo confrontará y hará que se arrepienta de cosas como esas.

Entonces, cuando me lastime, me callaré o me comunicaré. Diré: «Cuando hiciste esto, así fue como lo sentí, y así fue como percibí lo que me estabas diciendo, o cómo pensabas de mí», cualquiera que sea el caso. Diez veces de cada diez, él se arrepentirá y se disculpará.

Nancy: Wow.

Jackie: Ni siquiera puedo recordar un momento en el que no lo hiciera, incluso si no tenía la intención de hacerlo, o no lo viera como tal, Él se humilla naturalmente y dice: «Lamento que hayas sentido eso o que mi respuesta te haya hecho esto».

Creo, porque su respuesta siempre ha sido tan llena de gracia... Preston es el primero en arrepentirse en nuestra relación. No soy la primera en humillarme. No soy la primera en hacerlo. Pero creo que su liderazgo en esa área me ha dado una pauta para hacer lo mismo.

Creo que es difícil pensar en cómo Jesús me trata y luego resistirme a algo. No puedo pasar por alto el hecho de que Dios me ha perdonado todos mis pecados. No puedo evitarlo. No puedo borrarlo. No hay forma en que pueda ver lo que Preston me hace, si peca contra mí, y luego decir que solo me voy a vengar . No hay forma de que puedas ver el evangelio y decir eso.

Siempre me da convicción la parábola de los dos deudores. Es como si, bueno, si te han perdonado tanto, tienes que hacerlo... Tienes que perdonar.

Por lo general, así es como hago, porque él me va a lastimar y yo lo voy a lastimar. Lo hacemos todo el tiempo –no tan a menudo como solíamos hacerlo– pero el evangelio elimina nuestra forma de responder.

Nancy: Y si no respondes a la manera del evangelio...

Jackie: Lo cual es frecuente.

Nancy: Si solo te encierras, ¿cómo cambia eso el curso de lo que pasa?

Jackie: ¿En nuestra relación?

Nancy: Sí.

Jackie: Para mí no es sano. Estoy pensativa. Soy egoísta. Estoy maquinando sobre lo peor: «Hizo esto por... tal o cual cosa». Lo más probable es que no esté orando porque si lo estuviera haciendo, entonces Dios diría, «Jackie, detente».

Por lo general, lo que él hará es acercarse a mí y preguntarme por qué estoy encerrada. «¿Qué pasa? Solo háblame». Usualmente soy muy orgullosa y no quiero hablarle. Eso no es bueno. Ni siquiera tengo respuesta para eso. Simplemente no es bueno.

Pero él tiene la manera de ayudarme a salir de ahí. Preston hace una broma o hace algo tonto. Eso me hace reír. Me irrita, pero aligera mi estado de ánimo. Entonces un, «lo siento». Eso será lo que dirá.

Nancy: Entonces, Jackie, parece que no fue mucho después de que te casaste, que estuviste en contacto conmigo y me dijiste que estabas embarazada. ¿Esperabas eso tan temprano en tu matrimonio?

Jackie: Sí. No es raro, pero hay momentos en mi vida en los que ocurre algún tipo de transición en la que el Señor en cierta manera me muestra lo que viene.

Cuando me mudé a Los Ángeles sentí eso. Cuando me mudé a Chicago sentí eso. Con el bebé... nos casamos el 1 de marzo. El 14 de febrero, el día de San Valentín, me senté con Preston y le dije: «He estado orando y siento que Dios nos llamará a quedarnos embarazados muy pronto. Sentí que íbamos a tratar de combatirlo, pero Dios dijo: “No. Quiero a este bebé cuando Yo lo quiera aquí"». Eso no significa que yo no trataría de detenerlo.

Queríamos esperar un año, pero eso no ocurrió. Quedé embarazada probablemente en el cuarto o quinto día de mi luna de miel, y no lo recibí con alegría. Fue una mezcla de miedo e irritación, y todo porque sentía que ponía tanto en juego. «Estoy trabajando en la poesía. Tengo que terminar este álbum. Tengo viajes pendientes». Solo quería pasar tiempo con mi cónyuge y estar libre de niños.

Realmente trabajé para cambiar mi forma de pensar y ver a este bebé como un regalo y no como una maldición, porque creo que la cultura y el mundo realmente han moldeado mi forma de pensar sobre cómo se perciben los niños.

Era como si sintiera que Dios me estaba diciendo, «no puedes decir que quieres que Yo tenga toda la gloria de tu vida y luego enojarte por las formas en que escojo hacerlo. Si quieres que sea exaltado y glorificado, entonces permíteme ser el Señor en esa área».

Así que si Dios me está dando un regalo, otra persona que lleve Su imagen y que por Su gracia, exalte Su nombre y Su evangelio... ¿Por qué debería estar avergonzada de eso?

Nancy: Jackie, veo esto en ti una y otra vez y me encanta cuando enfrentas una circunstancia difícil, y tus emociones te gritan una cosa, y tú las vuelves a llevar a los caminos de Dios. Aconsejas tu corazón con la verdad y dejas que eso cambie lo que piensas, y luego tus emociones se alinean.

Jackie: Sí.

Nancy: Creo que eres un gran ejemplo de eso. Esta es un área muy difícil para muchas mujeres si no concuerda con su horario o cronograma. Entonces, el Señor comenzó a darte... Te vi pasar por eso.

Jackie: Fue difícil. Escuché mucho Aviva Nuestros Corazones, mucho de Voddie Baucham, el programa donde hablan sobre los niños, y luego llegó un punto en el que dije, «está bien. Voy a estar bien con esto, Dios».

Creo que tuve otra lucha cuando descubrí que sería una niña.

Nancy: Cuéntanos sobre ese día.

Jackie: Sentí que iba a ser una niña y yo quería un niño.

Nancy: ¿Por qué querías un niño?

Jackie: Pensé que sería más fácil. Sabía que con una niña probablemente tendría que ajustarme porque, de alguna manera, siempre me he sentido más cómoda alrededor de los varones que de las mujeres. Así que no quería criar a una niña.

Cuando fuimos al médico y nos mostraron el pequeño ultrasonido, fue como, «sí, es una niña». Fui a casa esa noche y lloré. Lloré porque tenía miedo. Dije: «Dios, ni siquiera sé cómo ser mujer. Estoy aprendiendo a ser mujer y ahora me estás dando una mujer a quien criar».

Me aterrorizaba la idea de que ella se convirtiera en todo lo que soy, bueno y malo. Simplemente sentía presión y peso. Pero el Señor me alentó realmente a saber que Él me ayudaría incluso en esto.

Ahora siento que es un honor. Estoy feliz de poder criar a una mujer que conocerá la verdad en esta cultura. Tengo miedo, porque la trayectoria hacia donde nos estamos moviendo es una locura para mí. Pero al mismo tiempo, es como si Dios fuera misericordioso porque Él le ha permitido criarse en un hogar centrado en el evangelio, que ni Preston ni yo tuvimos.

Ella tendrá un papá. Ella tendrá una madre. Ella tendrá el evangelio. Ella tendrá una comunidad de creyentes a su alrededor con la verdad, en esta cultura. Eso fue difícil para mí. Realmente difícil.

Incluso ahora veo rasgos de liderazgo en ella. Ella es una bebé, pero es muy positiva y obstinada. Sé que son rasgos de un bebé, pero realmente siento que ella es una mezcla de Preston y yo, y es nuestra hija. Voy a tener que refinarla, pero es como, «Dios, si le has dado a esta niña liderazgo e intensidad para Tu evangelio, quiero ser fiel guiándola en el evangelio tan bien como pueda hacerlo...» Lo puse en Instagram una vez: «Quiero que sea una mujer con una espada en la boca». Solo quiero que sea eso.

Nancy: Si conozco algo sobre ti, sobre Preston y Dios, creo que eso va a suceder.

Jackie: Creo que sí, también.

Nancy: ¿Cómo te ha cambiado la maternidad?

Jackie: Me ha suavizado mucho. Me ha hecho tierna, gentil. No me considero una persona gentil, tierna, pero creo que soy una persona mucho más amable de lo que era. Me hizo sensible a las necesidades de las personas. Tengo ganas de servirla y de servir a Preston. Le ha dado muerte a tantas de mis propias libertades y ahora estoy más atenta a lo que la gente necesita.

No sé si eso tiene sentido. Es como, «¿necesitas agua?» No soy una de esas personas. La hospitalidad no es mi don, pero creo que servirles, es como si estuviera pendiente de otras personas de una manera en la que nunca estuve.

También me hizo necesitar a Dios porque siento que tengo menos tiempo para reunirme con Él tanto como lo hacía antes. Estar con ella y Preston y tener una agenda tan ocupada, es como si tuviera que ajustarme constantemente para atenderlos y servirles.

Necesito a Dios para mantener mi corazón enfocado en donde quiero ver a mi familia y verlos como prioridad sobre todas las otras cosas que tengo. Si no me conocen en mi hogar, si no ven una mamá y esposa, todo lo demás no importa. Así que creo que necesito a Dios incluso para mantener eso en la medida en que más puertas y más plataformas se abran para mí.

Así que me ha cambiado mucho. No soy la misma persona.

Nancy: Dios te la dio para ayudarte a convertirte en una mujer verdadera. ¿Cierto?

Jackie: Sí, creo que es muy extraño, especialmente mis amigos. Cuando me ven ser madre siempre dicen: «Jackie, tú eres como... una madre, madre».

Esto es muy contrario a lo que yo era hace diez años, muy contrario. Así que creo que ella es una gracia para mí, una gracia para Preston. Creo que Dios me la ha dado a mí. Creo que mi esposo y ella han desarrollado una especie de feminidad en mí de maneras que creo que la soltería no hubiese podido hacer. Eso no quiere decir que Él no lo hará por otras personas, pero creo que, específicamente yo la necesitaba.

Nancy: Te escuché hablar en una conferencia hace poco, y hablabas de tu visión y tus deseos para tu hija, para Edén.

Jackie: Sí.

Nancy: ¿Puedes hablarnos un poco de eso?

Jackie:Solo quiero que sea una mujer piadosa en el sentido de que, si está llamada a la soltería, quiero que esté dispuesta a servir a Dios al máximo. La quiero sirviendo a mujeres en su iglesia, sirviendo a mujeres en su lugar de trabajo, equipándolas para amar a Jesús, amar a sus esposos, respetar la autoridad, la policía. En un sentido de que quiero que ella viva su soltería para la gloria de Dios, que esté exhausta con gozo.

Si eso implica ser una misionera, que lo haga. Si eso significa ser una maestra, que lo haga. Si eso significa estar en la política, que lo haga para la gloria de Dios. Si ella es esposa, quiero que ame y honre a su esposo, y espero que pueda ser un ejemplo para ella.

No quiero que ella vea a sus hijos como un inconveniente. No sé cómo será tener hijos en el 2027. No sé cómo será, pero solo quiero que ella sea contraria a la cultura. Solo puedo suponer que en el momento en que ella tenga veinte o veinticinco años, las cosas de las que hablamos serán aún más contraculturales. Me encantaría que ella hiciera eso.

Quiero que parezca una contradicción para que la gente vea el evangelio. El evangelio es insensatez, es locura para los que perecen. Quiero que viva de tal manera que la gente diga: «¿Por qué vives así? ¿Cuál es tu esperanza?» ¡Jesús!

No quiero que diga simplemente, «oh, mi madre me enseñó esto». ¡No! Quiero que diga: «Las Escrituras le enseñaron esto a mi madre, y las Escrituras son la voz, la Palabra de Dios». Quiero que ella sea ese tipo de mujer.

Nancy: Cuando piensas en criar una hija o hijos en esta cultura, mencionaste que creciste expuesta a muchas cosas que probablemente desearías no haber vivido, saboreando el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Jackie: Sí.

Nancy: ¿Cómo ustedes, como padres, procesan eso ahora, pensando en que sus hijos crecerán? Cuánto protegerlos de las cosas del mundo para aislarlos o preservarlos, y sin embargo, saben que van a estar expuestos a esas cosas. ¿Qué piensas sobre eso? Sé que tus hijos, tu hija todavía no está ahí.

Jackie: Sí.

Nancy: Pero si estuvieras hablando con padres y sus adolescentes están siendo expuestos a muchas de las cosas por las que pasaste en el pasado, los padres cristianos, quieren decir, «¡no veas nada de esto!» O si lo ven, ¿cómo lo manejan? Háblales a algunos de los padres que están luchando con esos problemas.

Jackie: Creo que soy un poco prematura en esta área, pero cuando lo pienso, quiero proteger a Eden tanto como pueda, porque creo que como padres es sabio hacerlo. Una cosa que quiero es equiparla de tal manera que si ella se expone a algo, sepa cómo pensar de manera bíblica.

De manera que si ella tiene un pensamiento o una idea, o si se encuentra con un programa de televisión o una revista, podamos tener una conversación y preguntarle:

Quiero que ella pueda procesarlo de una manera bíblica porque la verdad es que vive en el mundo y el mundo está loco, y el enemigo es astuto. La forma en que escucho que él entra a los hogares es una locura, pero creo en la fidelidad de Dios al mismo tiempo.

Entonces, como madre, lo que haré es tratar de protegerla lo más que pueda. Trataré de equiparla para que lo maneje de manera bíblica y piadosa. Incluso intentaré asegurarme de que ella sepa que puede ser honesta con nosotros sin vergüenza. Quiero que ella sepa que puede hablar con nosotros. Que incluso su familia es una comunidad. No quiero que ella tenga el hábito de aislarse o esconderse porque el enemigo también causa estragos en eso.

Pero también oro por el discernimiento. Creo que Dios tiene gracia con los padres al hacer que estén atentos a las cosas de una manera en la que probablemente ellos no lo hubieran estado. Mi amiga, Melody Fabián, quien me discipula en el área de la maternidad y aspectos relacionados, es muy cuidadosa con los dibujos animados que miran sus hijas en los hogares a los que van. No permite que pasen la noche fuera y cosas así.

Creo que el entorno es importante y la familia también. Creo que todo lo que podemos hacer es preparar a nuestros hijos para que manejen estas cosas de una manera centrada en el evangelio. Creo que eso es mejor que mantenerlos en un armario y no equiparlos para la guerra. Es una guerra. Entrénalos en cómo manejarlo, de una manera sabia, por supuesto.

Nancy: Así es. Ahora quiero que cambiemos un poco el tema y quiero que le hables a una mujer joven que está luchando con la atracción por el mismo sexo. Incluso una creyente que no se siente bien con esto, que no quiere actuar en consecuencia, pero tampoco siente que pueda hablar con nadie o ser honesta al respecto.

Sé que no puedes ver los rostros de quienes nos escuchan en este momento, y no sé si sería mucho pedirte que en cuestión de minutos nos digas, ¿cuáles son algunas de las primeras cosas que le dirías para equiparla con la verdad?

Jackie: Le diría que ella es humana, que no es extraño sentir afectos desordenados. Cuando miras Génesis 3, cuando ves la historia de Eva, creo que ella sintió un afecto genuino por ese árbol. Como sentir... un deseo de hacerse sabia. Ese es un sentimiento. Ese es un afecto. Así que creo que eso es parte de ser un ser humano. Y así, no pensar que es extraño, eso existe.

Pero, saber que puedes ser honesta con Dios ante todo. Creo que necesitamos ser abiertas con el Señor. «Dios, así es como me siento. Así es como estoy pensando. Necesito que me ayudes».

Así que creo que conociendo que eres humana. Puedes ser honesta con Dios. Se lo confiesas, y debes confesarlo, es necesario confesarlo a alguien que sea sabio y pueda aconsejarte acerca de esto porque, aunque tenemos a Dios que es grande, Él es nuestro gran Sumo Sacerdote, nos ha enviado a otras personas. Él nos ha enviado a un cuerpo.

Creo que el enemigo solo hace estragos con los secretos. Él realmente hace algo con eso. Así que confiésalo, no solo para que alguien lo sepa, sino también para tu propia seguridad, para tu propia protección, para tu propio corazón, porque no deseas adquirir el hábito de mantener todas estas cosas en tu interior.

Pero también le haría saber que no permita que la cultura conforme su identidad. Creo que muchas de las conversaciones que tengo con las personas, aunque sean creyentes, si se sienten de cierta manera, si sienten sentimientos homosexuales, la cultura considerará que: «Si te sientes así, entonces ese quien eres...»

Pero la Escritura dice: «Tú eres quien eres debido a lo que Cristo ha hecho». Y ten fe en eso. Así que, si eres creyente en el Señor Jesucristo, y lo sabes porque caminas por el fruto del Espíritu, te arrepientes y crees en Él, y te sometes a Él como Señor, tu identidad es ser Su hija, eres una nueva criatura en Cristo.

Estos sentimientos no te identifican, solo existen pero como eres Su hija, sabes que tienes la capacidad y el poder sobrenatural para huir y caminar libre de ellos. No tienes que someterte a ellos. Aunque son tan reales cuando llegan, sé por experiencia que no tienes que hacerlo porque no te hará feliz. No harán nada por ti, sino que te esclavizarán a tus afectos y a tu cuerpo. Pero Cristo nos ha llamado a ser esclavos de la justicia.

Así que pienso que debes hacer todo eso, y también debes empaparte de la Palabra. Necesitamos la Palabra en nuestras mentes. Necesitamos la adoración. Necesitamos la oración. Necesitamos estas cosas que nos ayudarán a desengancharnos de las mentiras. Literalmente le diría todo eso.

Nancy: Entonces, si eres esa persona en la iglesia, a la cual una mujer joven se acerca y le dice: «Necesito caminar en la luz. Necesito ser honesta sobre esta lucha con alguien», y te dice que está luchando contra la atracción por el mismo sexo. ¿Cómo empiezas esa conversación? ¿Cuáles son algunas de las cosas que debes hacer o no hacer cuando alguien viene a ti con esa lucha?

Jackie: También le pregunto muchas cosas: «¿Por cuánto tiempo lo has sentido? ¿Hay algo que lo desencadena?» A veces puedes sentir esto si estás cerca de alguien o si has observado algo determinado o si has escuchado algo o estás emocionalmente pasando por algo.

Entonces, sí es necesario que identifiquemos el detonante. «¿Qué haces al respecto? ¿Lo dejas pasar? ¿Llamas a alguien? ¿Ves algo?»

Les pregunto: «¿Cuánto tiempo pasas con Dios?» Me he dado cuenta de que las personas que tienen pensamientos así a menudo, indican mucha falta de oración y falta de Palabra. Eso es lo que parece cuando les hablo. Es como, «bueno... Simplemente la leo y luego me ocupo de mi día».

¿Pero ella es tu comida, tu bebida? ¿Te sientas con Dios? Creo que cuando te sientas con Dios, no significa que los pensamientos no lleguen, pero no tienen tanto control sobre tu paz o tu gozo cuando te sientas con el Señor.

Así que hago preguntas antes de responder. Y ese ha sido el consejo que le doy a la gente también. Cuando las personas confiesan el pecado, no podemos simplemente enseñarles de inmediato o reprenderlas.

«Bueno, sabes que 1 Corintios 6:9–10 dice que estos no heredarán el reino de Dios». No sé si eso sea útil si primero no las ayudaste a procesar sus propias emociones y luego las diriges a las Escrituras porque el «por qué» muchas veces puede ser otra cosa diferente a lo que realmente nos damos cuenta.

Así que hago muchas preguntas tratando de acoplar por medio del Espíritu Santo. «Dios, ayúdame de verdad, dame sabiduría sobre cómo responder». A veces solo necesito escuchar. A veces solo necesito orar. Otras veces podría identificar algunos hábitos pecaminosos que se manifiestan de alguna manera en esto. Como, «¿qué ves en la noche? Bien, probablemente es por eso que estás lidiando con esto. Vamos a cortar eso y veremos qué pasa en una semana».

Nancy: Y, por supuesto, eso sería en el caso de alguien que esté luchando con esto y tal vez quiera salir o siente convicción de pecado por ello.

Jackie: Sí.

Nancy: He tenido varios amigos cuyos hijos adultos jóvenes han acudido a ellos y les han dicho: «Soy gay». En este punto, por lo menos por lo que sus padres perciben, no están arrepentidos ni están molestos con eso, ni luchan con eso. ¿Qué palabra de aliento tendrías para esos padres?

Jackie: Una de las Escrituras con la que me encanta animar a la gente es 2 Corintios 4:3-4, y dice: «Y si todavía nuestro evangelio está velado, para los que se pierden está velado, en los cuales el dios de este mundo ha cegado el entendimiento de los incrédulos, para que no vean el resplandor del evangelio de la gloria de Cristo, que es la imagen de Dios».

Luego, el versículo 6: «Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo».

Creo que cuando miras este texto, ves que hay un problema, que alguien no puede ver el evangelio, no puede ver a Cristo porque está ciego. ¿Sabes de qué estoy hablando? El enemigo de este mundo ha cegado sus mentes. Ellos no pueden ver. Así que si no pueden ver, no puedo ayudarles a ver. Pero en el versículo seis, dice que nosotros vemos solo porque Dios nos ha dado la luz para ver.

Entonces, creo que lo que esto hace, para un padre o un amigo, es aliviar el peso de sentir que tienes que cambiarlos, como si tu trabajo fuera hacerlos cristianos. No es tu trabajo hacerles ver. Es imposible que hagas eso. Esa es una cosa sobrenatural.

Así que creo que este versículo dice algo como: «Hombre, confía en el Dios que te ha dado la luz para que Él haga lo mismo». Debes creer que Dios salvará a quien quiere salvar y que es más que capaz de hacerlo. Incluso si externamente ves que están rechazando a Dios, internamente podría haber alguna convicción. Puede que haya alguna lucha en su interior que no conozcas.

Entonces, uno: Confía en que Dios puede hacerlo. Siéntate, siéntate delante de Él, ora, y deja que Él haga el trabajo. También, ora por sabiduría.

Creo que los padres no saben qué hacer en estas circunstancias. Creo que Dios conoce a tus hijos mejor que tú porque Él es Dios. Así que creo que necesitamos Su sabiduría para saber cómo manejar estas situaciones.

Podemos leer libros. Podemos hablar con personas que solían ser homosexuales. Podemos hablar con los profesores. Pero necesitamos un tipo de sabiduría del Espíritu Santo para manejar estas situaciones. Creo que debes estar dispuesta a sentarte con la carga de que no quieren escucharte, no estar bien hasta el punto de la pasividad, pero estar bien en confiar en que Dios hará el trabajo.

Y entablar conversaciones. «¿Por qué te sientes como te sientes? ¿Cuándo empezaste a hacer eso?» Habla con ellos. Procesa con ellos e incluso ora, «Dios, ¿hay formas en que mi comportamiento no esté exaltando Tu carácter de tal manera que sea poco atractivo?» ¿Sabes lo que estoy diciendo?

Nancy: Sí.

Jackie: «¿Cómo podría vivir de tal manera que el evangelio sea bello para ellos, donde vean que Tú, Dios eres mejor?»

Creo que esas son buenas herramientas. Creo que esta es una situación con la que todos vamos a lidiar. Hay un libro llamado, «Messy Grace» (Gracia desordenada, disponible solo en inglés), de Caleb Kaltenbach que acabo de leer. Él es un pastor en California y sus padres son homosexuales, por lo que entendió esa tensión mejor que la mayoría de las personas.

Nancy: Así es.

Jackie: Así que buscaría libros como ese. Y también la serie de programas de Aviva Nuestros Corazones con Christopher Yuan y la serie con Rosaria Butterfield.

Annamarie: Esta es Jackie Hill Perry en una conversación con Nancy DeMoss de Wolgemuth, sobre la belleza de una vida transformada—y es bella aún cuando el proceso es complicado y difícil. Escucha las series de programas que Jackie mencionó, en AvivaNuestrosCorazones.com. En la sección de recursos encontrarás programas por fecha, tema, título de la serie. Te recomendamos de manera especial las series que grabamos con Christopher Yuan y con Rosaria Butterfield.

Jackie Hill Perry dice: «Si Dios puede salvarte a ti, seguramente puede salvar a aquellos que crees que están fuera del alcance de Su gracia».

Jackie: Creo que debemos comenzar a ver que la conversión es un milagro, sin importar quién sea. Es un milagro. Tenemos que tener fe con estas personas. Creo que debemos orar con una fe loca y creer que Dios puede cambiar las almas. Eso es lo que dijo que haría. Él va a salvar a las personas, Él salva a pecadores.

Annamarie: Escucha más, en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Llamándote a un avivamiento genuino y a abrazar tu diseño como mujer, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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