Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿Eres un instrumento a través del cual Dios muestra Su gracia a otros?

Nancy: Dios no solo quiere que seamos recipientes de Su gracia. Él quiere que seamos canales de Su gracia, para que a medida que Él derrama Su gracia en nuestras vidas –Su gracia salvadora, Su gracia santificadora, Su gracia en medio del sufrimiento– no la mantengamos dentro de nosotros, sino que nos convirtamos en instrumentos a través de los cuales Él pueda mostrar Su gracia a otros.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es 2 Reyes capítulos 12 al 14.

¿Eres consciente de que hoy necesitas la gracia de Dios? Ayer Nancy nos explicó por qué cada una de nosotras necesita gracia cada día. Si no escuchaste ese programa puedes hacerlo a través de nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Cuando somos avivadas, vemos el valor de la gracia de Dios, y más que solo recibirla para nosotras mismas, la extendemos a los que nos rodean. Esto es de lo que estaremos hablando hoy, como parte de la quinta semana de un estudio de doce semanas titulado, «En busca de Dios»

Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Bueno al meditar en lo que hemos visto en las sesiones anteriores, ¿no te sientes agradecida de la gracia de Dios? Sublime gracia, sorprendente gracia, increíble gracia –tú y yo no podemos hacer nada separadas de la gracia de Dios. Nosotros necesitamos la gracia de Dios para cada aspecto de nuestras vidas.

Hemos hablado de la gracia salvadora de Dios, del hecho de que es por Su gracia que somos justificados, que somos reconciliados con Dios. Hemos hablado de la gracia santificadora de Dios. También hablamos de cómo cuando Dios nos trae convicción de pecado, necesitamos de Su gracia para responder a esa convicción clamando a Él diciendo: «Señor, perdóname por favor». 

Es la gracia de Dios la que nos capacita para obedecerle y vivir en armonía con Su Palabra. Pone en nosotros el deseo y nos da el poder para agradarle a Él de forma tal que todo lo coloquemos bajo la premisa de Su gracia santificadora. De nuevo, ¿no te sientes agradecida por esta gracia?

En la última sesión hablamos acerca de la gracia de Dios en medio del sufrimiento. Esta puede venir en grandes dosis o en pequeñas dosis. Pero en cada circunstancia y etapa de la vida, necesitamos la gracia de Dios para sobrellevar los retos, las penas, los dolores, las pérdidas. Experimentamos tensiones y dificultades en los matrimonios.

Yo sé que hay personas que están lidiando con grandes decisiones, que hay presión financiera, que hay presión en el trabajo. Pueden ser grandes cosas. Podrían ser pequeñas cosas, pero necesitamos la gracia de Dios. Son esas circunstancias de la vida que nos presionan, que nos oprimen, las que nos hacen clamar al Señor diciéndole, «Señor, no puedo hacer esto sin Ti».

He dicho frecuentemente a través de los años, «cualquier cosa que me haga necesitar a Dios es una bendición», cualquier cosa que intensifique mi necesidad de Él, cualquier cosa que me haga clamarle a Él y decir, «Señor, ayúdame! No sé si haya otra oración más preciosa para el corazón de nuestro Padre celestial. Esa es la verdad.

Pienso en alguien que conocí por primera vez la semana pasada, un hombre que me compartió acerca de algunas de las dificultades que su familia estaba atravesando. Este hombre no es un creyente en Jesucristo, pero ha tenido grandes pérdidas en su familia, mucho dolor, mucho sufrimiento, y otros asuntos que lo están probando actualmente. Pude decirle a él, «son esas mismas cosas las que te están empujando a buscar a Dios de una forma que no lo habías hecho antes de que estos asuntos sobrevinieran a tu vida».

Bueno, no son solo ese dolor y ese sufrimiento los que pueden atraernos a Cristo, sino que una vez tenemos a Cristo en nuestras vidas, es ese sufrimiento –como dijo Elisabeth Elliot: «Desde un congestionamiento en el tráfico hasta los impuestos, a los tumores o todo aquello que está en el medio de estas cosas; son estos sufrimientos, estas presiones, estas circunstancias, las que nos llevan al punto de clamar al Señor».

Ahí es donde reconocemos nuestra necesidad. Decimos, «Dios te necesito», y Dios viene a toda prisa a encontrarnos en nuestra necesidad, así mismo como la ambulancia que mencionamos antes, que viene a toda prisa a la escena de nuestra necesidad cuando la llamamos.

Decimos, «necesito ayuda», y Dios envía esa ayuda en la forma de Su gracia, toda suficiente gracia. Sea lo que sea que necesitemos, la gracia de Dios es mayor, ¡y cuántas veces necesitamos recordar que ¡la gracia de Dios es suficiente para mí ahora mismo en este momento, en esta circunstancia!

Sea lo que sea que estemos enfrentando, nada es demasiado grande comparado a la gracia de Dios. La gracia de Dios me habilita, no solo a sobrevivir a lo que esté pasando, sino a salir victoriosa en medio de ello. Necesitamos recordarnos unos a otros sobre el poder de la gracia de Dios.

Ahora bien, quiero enfocarme hoy en otro aspecto de la gracia de Dios, y esta es la gracia que sirve; la gracia que necesitamos para poder servir y adorar a Dios apropiadamente. En el Nuevo Testamento, estas palabras, servir y adorar, son utilizadas algunas veces como sinónimos; más bien ambas utilizan la misma palabra griega –servirle a Él, adorarle a Él. Adorarle a Él es un acto de servicio, y servirle a Él es un acto de adoración. Necesitamos de la gracia de Dios para hacer esto apropiadamente.

Y es que Dios no solo quiere que seamos recipientes de Su gracia. Él quiere que seamos canales de Su gracia para que en la medida que Él derrame de Su gracia en nuestras vidas –Su gracia salvadora, Su gracia santificadora, y Su gracia en medio de los sufrimientos– que no solo la mantengamos dentro de nosotros como si fuéramos un recipiente de agua, sino que nos convirtamos en instrumentos a través de los cuales Él puede exhibir Su gracia a otros.

Escuché a alguien decir, «necesitamos inhalar gracia hacia adentro y exhalar gracia hacia fuera». Esta es una buena forma de pensar acerca de todo en la vida –siempre recibiendo la gracia de Dios. Inhalar la gracia de Dios hacia adentro –para nuestros pecados, para nuestros sufrimientos, para nuestra santificación, para nuestra salvación. Para lo que sea que necesitemos, inhalar la gracia de Dios hacia adentro y exhalar la gracia de Dios hacia afuera– siempre respirando hacia adentro y hacia afuera, la gracia de Dios.

John Bunyan dijo: «Nada puede hacerse correctamente sin la gracia». Necesitamos de la gracia de Dios para nuestras vidas, y para ministrar a aquellos a nuestro alrededor; hacemos todo esto por medio de la gracia de Dios.

Ahora, déjenme tomarme un momento para enfocarme en áreas específicas donde necesitamos la gracia para el servicio; áreas donde Dios nos dará la habilidad, donde nos capacitará sobrenaturalmente, para servirle a Él y a otros. La primera que me viene a la mente, es que impartimos la gracia a otros por medio de las palabras que hablamos. Dios nos da gracia para que podamos hablar palabras que ministren gracia a otros a través de nuestras lenguas.

Pienso en Efesios capítulo 4, versículo 29, en donde el apóstol Pablo dice: «No salga de vuestra boca ninguna palabra mala». Algunas de sus traducciones dicen, «palabras sin sentido», ninguna conversación innecesaria que pueda corromper el ambiente o que pueda ser tóxica para la relación o la situación. No permitan que nada de eso salga de sus bocas, y para esto necesitan la gracia de Dios para obedecer, ¿no es así?

¿Cuántas veces no quisiéramos abrir nuestras bocas y tan solo echar hacia fuera todo lo que nos viene a la mente? Necesitamos la gracia de Dios para mantenernos en silencio, para no proferir palabra alguna en ciertos momentos. Luego también necesitamos la gracia de Dios para hablar palabras apropiadas, para pronunciar solo palabras «para edificación, según la necesidad del momento, para que impartan gracia a aquellos que la escuchan» (Ef. 4:29). Queremos usar nuestras lenguas, usar nuestras palabras, para ministrar gracia a aquellos que escuchen nuestras palabras.

Ahora bien, ¿en qué consiste la gracia de Dios? Es el recurso divino que nosotros necesitamos y que nos encuentra en el justo momento; para que mientras hablamos expresemos palabras que ministren gracia. ¿Y qué tipo de palabras son estas? Son palabras justas para la situación, palabras que son apropiadas, palabras que ministran la gracia de Dios a otros en medio de sus necesidades. Cuando sabes de alguien que se encuentre desanimado o deprimido, tú necesitarás que la gracia de Dios te llene para poder expresar palabras que lleven motivación, gracia, a esa persona.

Tal vez alguien esté luchando con tomar una decisión o luchando por conocer la voluntad de Dios. Ellos no saben qué hacer. Ellos necesitan sabiduría, entonces podrías pedirle a Dios, «Señor, ¿me darías Tu sabiduría para poder decir palabras de gracia en estas situaciones, palabras que puedan ayudar a esta persona a saber cómo pensar acerca de esta situación, o me darías una porción de la Escritura que pueda ministrar gracia en esta situación?»

Cuando tienes, por ejemplo, dos niños en medio de una disputa, donde no están expresándose palabras de gracia, y has estado lidiando con esto todo el día, y estás cansada y enferma de tener que tratar con estas rivalidades entre hermanos, necesitas la gracia de Dios para que te proporcione un corazón apacible. Necesitas la gracia de Dios para poder decir palabras que puedan ministrar gracia a esa situación.

Cuando tu esposo llega a casa, y está pronunciando palabras, quizás desprovistas de gracia debido a que ha tenido un día difícil. Ha recibido mucha presión en el trabajo, y cuando entra por la puerta, sabes que las cosas no están bien. Él tal vez no sea sensible al momento. Tú necesitarás gracia para poder responderle, no con palabras hirientes o palabras rudas o palabras ásperas, sino con palabras que ministren gracia a la situación, palabras apropiadas, palabras hechas a la medida, que sean adecuadas a la necesidad.

Pablo dice en Colosenses capítulo cuatro, versículo seis: «Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada persona». Entonces decimos, «Señor, derrama de Tu gracia en nuestras vidas para poderla compartir con otros a través de nuestras palabras». De esta forma, entonces, servimos y adoramos a Dios por Su gracia.

El autor de Hebreos dice en el capítulo 12, versículo 28: «Por lo cual, puesto que recibimos un reino que es inconmovible, demostremos gratitud (gracia), mediante la cual ofrezcamos a Dios un servicio (o adoración) aceptable con temor y reverencia».

No puedes ir a la iglesia y servir al Señor, no puedes estar involucrada en el ministerio de hospitalidad, no puedes estar involucrada en la enseñanza o dirección de un estudio bíblico o grupo pequeño, no puedes estar involucrada en tu adoración privada al Señor, sirviéndole a Él, adorándole a Él en cualquier forma que sea, aparte de Dios supliéndote de Su gracia para hacer todo esto; de Él capacitándonos para que podamos llevarlo a cabo.

Cualquier otra cosa que le ofrezcamos al Señor, será producto de nuestras propias manos, y no será aceptable al Señor. La única adoración, el único servicio que es aceptable a Él, es aquel que viene a través de Su gracia. Y nadie más reconoce esto mejor que el apóstol Pablo. En 1 Corintios 15, versículo 10, él dice: «Pero por la gracia de Dios soy lo que soy». Esa es la gracia salvadora, la gracia santificadora.

«Y su gracia para conmigo no resultó vana». No fue inútil. Él dice, «antes bien he trabajado mucho más que todos ellos», refiriéndose a los otros apóstoles, «aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí». Pablo dice, «la gracia de Dios fue derramada en mi vida, y entonces yo me convertí en un canal de la gracia de Dios. Todo el trabajo duro, el sufrimiento que padecí, el esfuerzo que hice, la disposición a invertirme en beneficio de los demás, todo eso fue por la gracia de Dios» (1 Cor. 15:10).

Al pensar en el ministerio y el llamado que Dios me ha hecho para ministrar Su Palabra, solo puedo responder a eso con un fuerte amén. Yo soy completamente y totalmente dependiente de la gracia de Dios para hacer la Palabra de Dios real en mí, y luego entonces poder expresarla a través de mí, para ministrar a las necesidades de los de los demás.

Y llegamos en el Nuevo Testamento a todo este tema de los dones espirituales, y este sería otro ejemplo de la gracia de Dios que nos capacita para servirle a Él y servir a otros. Déjenme leerles, por ejemplo, el pasaje de Romanos capítulo 12, versículo seis hasta el ocho, que tratan sobre este punto. Pablo dice: «Pero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos».

Ahora, no se puede interpretar de la traducción que acabamos de leer, el hecho de que hay un juego de palabras en el lenguaje original. Él dice, «teniendo dones». Esta palabra en griego es charisma –dones, y él está hablando de dones espirituales aquí– «dones que difieren de acuerdo a la gracia que se nos dio». La palabra gracia es la palabra charis, c-h-a-r-i-s—charisma. Charis es la misma raíz de la palabra.

Dios le ha dado gracia a nuestras vidas. Este es el charis de Dios, la gracia que Él ha derramado en nuestras vidas. Una expresión de esta gracia es el don espiritual, uno o más de ellos, que Él nos ha dado. Estos dones espirituales son llamados charisma- dones de gracia. Ellos nos son dados por la gracia de Dios. Son utilizados por la gracia de Dios, y ellos ministran gracia a otros.

Pablo dice, «nosotros tenemos charisma». Nosotros tenemos dones, dones espirituales, que nos han sido dados por la gracia, el charis, de Dios, que nos ha sido dado a nosotros. Todo es un don, no es algo que hemos ganado, nada por lo cual hayamos trabajado. Estos no son talentos naturales o habilidades. Son debido a la gracia de Dios. Es el don de Dios, y Pablo dice, «usa estos dones, ponlos en uso».

La gracia que Dios te ha dado, los dones que Él te ha dado, el charis, el charisma –úsalos para servir a otros. Y entonces sigue diciendo: «Si tu don es el de la profecía, úsese en proporción a la fe, si el de servicio, use esa gracia en su servicio, el que enseña, en la enseñanza, el que exhorta, en la exhortación, el que da, con liberalidad; el que dirige, con diligencia; el que muestra misericordia, con alegría».

Pablo dice, «no solo lo hagas cuando le estés sirviendo a Dios y a otros. Hazlo con desprendimiento. Hazlo con gozo. Hazlo con entrega y abandono porque lo estás haciendo por la gracia de Dios»; y no hay límite para la gracia de Dios. Es un suministro completo, rico y abundante. Cuántas veces le he dicho al Señor, «Señor, yo no tengo nada más que dar en esta situación».

Y Dios me dice: «Esto era justo lo que quería escuchar. ¿Me necesitas a Mí?»

Y yo le digo: «Sí Señor, te necesito».

«Bien, Yo te llenaré de Mi gracia», y lo que surge es la abundancia de Su gracia. Este charisma, este don de gracia que es un beneficio inmerecido de Dios. Es una capacitación especial y sobrenatural de Dios para servirle a Él, y es una respuesta de gratitud por la gracia de Dios.

Leemos acerca del mismo concepto en 1 de Pedro capítulo cuatro, en donde Pedro dice: «Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados. Sed hospitalarios los unos con los otros sin murmuraciones» (vv. 8-9). Esto conlleva gracia. Entonces dice en el versículo diez, «según cada uno ha recibido un don especial», un charisma, un don espiritual por la gracia de Dios, «úselo sirviéndoos los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia (charis) de Dios.

La gracia de Dios ha sido manifestada de múltiples formas en las vidas de aquellos que son parte del cuerpo de Cristo. ¿Por qué? ¿Con qué propósito? Para que en todas las cosas Dios pueda ser glorificado a través de Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos, amén. Mientras utilicemos nuestros dones humildemente, gozosamente, abundantemente, y le sirvamos a Él y a otros con esta gracia, Dios es glorificado, y el cuerpo edificado.

Déjenme hacer otro comentario aquí acerca de otro aspecto de la gracia en el servicio, y esta es la gracia de dar. Algún día haremos una serie completa acerca de este tema. Yo amo este tema. Es uno de mis temas favoritos en toda la Palabra de Dios.

Dios es un Dios de dádiva. Él es un Dios generoso. Él es un Dios de gracia. Estas palabras van juntas. Nosotras estamos supuestas a reflejar esta generosidad, el dar del corazón dadivoso de Dios, y he aquí que Su gracia está envuelta en esto también.

El apóstol Pablo dijo a los Corintios en 2 Corintios capítulo ocho, comenzando en el versículo uno: «Queremos que sepan, hermanos, acerca de la gracia de Dios que ha sido dada entre ustedes las iglesias de Macedonia».

Tú piensas, «¡wao! Esas iglesias fueron bendecidas. Tal vez Dios realmente las bendijo súper abundantemente. Tal vez les está yendo bien financieramente. Bueno, al ser las primeras iglesias, ellos simplemente estaban luchando por subsistir. Pero quizás digas: «Tal vez Dios simplemente las bendijo». Cuando pensamos en las bendiciones de Dios, nosotros siempre pensamos en abundancia.

Él nos diría, «bueno, ellos fueron bendecidos por la gracia de Dios, pero no como ustedes usualmente pensarían». Él dijo, «pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó el gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad» (v. 2). ¡Qué combinación! Su pobreza extrema y su abundancia de gozo sobreabundó en una gran generosidad.

Esas son palabras de gracia. Esas son palabras de gracia en el servicio, de gracia que da. Dios no es un Dios de tacañerías. Dios no es un Dios empobrecido. Y cuando pienso a veces en la forma en que damos, la forma en que somos generosos, la forma en que servimos a la gente, hace que la gente piense que Dios no tiene mucho o que Dios está en malas o es mezquino.

Bueno, Dios no está atravesando malos tiempos, y como Sus hijos, nosotros tenemos una abundancia de gracia que fluye a través de nosotros. En el caso de las iglesias de Macedonia, esto se manifestó en un acto de dar materialmente. Versículo 3: «Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aún más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad».

Esto es gracia generosa que refleja el corazón de Dios. Más allá de sus posibilidades, ellos dieron de voluntad propia, sin estar bajo presión, sino con alegría, gozosamente. «Suplicándonos con mucho ruego el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos» (v. 4). «Pablo, nosotros queremos dar más. ¿Podemos dar más para ayudar con las necesidades de estos otros creyentes?» ¡Qué espíritu es este!

Tú no tienes que tener mucho para ser un dador generoso. Tú solo tienes que tener mucho de la gracia de Dios. Y cada uno de nosotros que somos hijos de Dios tenemos abundante gracia de Dios, y Dios nos llama a ser canales, canales de Su gracia –gracia hacia adentro, gracia hacia afuera.

Inhalo (hacia adentro) y exhalo (hacia afuera). Recibimos abundante gracia. Demos abundante gracia a los demás a través de dar y servir con nuestros recursos, nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestros corazones, nuestra compasión. Me encanta este versículo en 2 Corintios 9 que dice: «Y Dios puede hacer que toda gracia abunde para vosotros, a fin de que teniendo siempre todo lo suficiente en todas las cosas, abundéis para toda buena obra» (v. 8).

¿Estás tú sirviendo en esta forma abundante? ¿Te das tú a ti misma y de tus recursos a tus hijos, a tu esposo, en tu lugar de trabajo, en tu ministerio, financieramente? ¿Eres una persona que exhala gracia, o eres una persona tacaña? ¿Escatimas o te lamentas al dar?

Yo me resiento cuando algunas personas me dicen: «¿Podemos juntarnos a compartir? ¿Podemos hablar?» Me molesta porque pienso que tengo tan poco tiempo y hay tanto por hacer, y entonces me detengo y pienso y escucho estos pasajes de las Escrituras, «Dios tiene abundante gracia que Él ha derramado en mi vida, y hay abundante gracia para yo compartir con otros».

Pídele al Señor que te muestre si hay alguien en tu vida a quien Dios quiere que tú le seas un canal de Su gracia, tal vez hasta hoy mismo. Al mirar a tu alrededor, ¿habrá alguien tenga tal vez una necesidad de recibir una palabra de aliento; alguien a quien Dios quiere que exhales de Su gracia a través de tu vida, alguien a quien darle de lo que Dios te ha dado a ti?

Tal vez sea prepararle una comida a alguien que esté en una situación en que aun esto se le dificulte; quizás hacerle una diligencia a alguien, tal vez orar por alguien que está atravesando una situación estresante o de necesidad, que te puedas detener y decirle, «vamos a orar». Y así exhalas la gracia de Dios hacia otros, así mismo como la has recibido.

Jesús dijo: «De gracia recibisteis, dad de gracia» (Mat. 10:8). Dios quiere usarte a ti y a mí para ser canales de gracia, instrumentos de Sus bendiciones, fluyendo a las vidas de otros.

Annamarie: ¿Inhalas gracia y exhalas gracia? Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado hablando acerca de cómo podemos ser canales de gracia para las personas que nos rodean. Ella regresará para orar con nosotras. 

Constantemente recibimos preguntas sobre diversas pruebas o circunstancias en la vida de una mujer. Nuestro equipo de corresponsales bíblicas ha preparado un recurso con las preguntas más frecuentes sobre las diversas situaciones que atravesamos en las diferentes etapas de la vida. Al visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com, sé animada y edificada con el recurso, «Preguntas de actualidad». Encuéntralo haciendo uso del buscador.

Allí en nuestro sitio web también encontrarás tanto el audio como la transcripción de cada programa, y recursos relacionados al mismo. Te animo a que si conoces una mujer a quien podrías bendecir compartiéndole estos programas, lo hagas. Puedes hacerlo fácilmente en diversas plataformas a través de AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy regresa para concluir este programa orando con nosotras.

Nancy: Señor, te damos gracias por Tu gracia salvadora. Te damos gracias por Tu gracia santificadora. Gracias, Señor, por la gracia en el sufrimiento, y oro por esto para todas mis hermanas hoy que estén en necesidad de Tu gracia en medio de sus sufrimientos.

Señor, todos nosotros necesitamos de Tu gracia mientras te servimos a Ti, y al servirnos unos a otros. Al hablar hoy, en medio de nuestras conversaciones, permite Dios, que expresemos palabras de gracia. Que podamos ministrar a las necesidades de los oyentes. Que en nuestros hogares pronunciemos palabras de gracia, a través del teléfono, por medio de nuestros correos electrónicos también, que sean solo palabras de gracia.

Señor, al buscar servirte, al dar, haz que seamos tan generosas y libres y llenas de gracia como hemos recibido de Ti, porque Tú eres un Dios generoso, dadivoso, un Dios de gracia. Queremos que nuestras vidas reflejen Tu asombrosa y maravillosa gracia. Oro todo esto en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: En busca de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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