Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cantar de los cantares, día 5

Annamarie Sauter: ¿Estás cansada? El mensaje de hoy es para ti.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: El antídoto para el agotamiento, la solución para el cansancio no está en centrarte en ti misma. «Necesito más tiempo para mí». No, la solución está en enfocarte en Cristo.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy se encuentra en una serie sobre el Cantar de los cantares, titulada, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús».

Nancy: Al continuar nuestro estudio basado en el libro del Cantar de los cantares de Salomón, la mejor canción, la canción de amor, como me gusta llamarle, vemos que la novia expresa su ferviente anhelo, su deseo, su pasión por alcanzar una relación íntima de amor con su novio. Pero, al mirarse a sí misma y su trasfondo, de dónde viene, dónde ha estado, lo que le han hecho, lo que ve son sus defectos y sus limitaciones. Como resultado de esto, entra en un conflicto interno y entiende que no está calificada para casarse con este rey o ser amada por él.

Esta parte es muy importante, cuando vemos la similitud de lo descrito en esta canción y nuestra propia relación con el Señor Jesús como Su novia y la tendencia a vernos con este mismo tipo de defectos y de limitaciones. Y como resultado, al igual que la novia, entramos en conflicto y nos preguntamos, ¿estaremos capacitadas para casarnos con Cristo, para tener esta relación íntima con Él, para que Él nos ame? ¿Será esto posible?

«Y quedé asombrada en la presencia de Jesús, el nazareno, y me pregunto: ¿cómo puede amarme a mí, una pecadora condenada e impura?»

Y de hecho, esos son algunos de los sentimientos que esta novia está experimentando cuando se dirige a las hijas de Jerusalén en el versículo 5 del capítulo 1.

Esa es la primera vez que estas hijas de Jerusalén se mencionan, pero ellas aparecen en varias ocasiones a lo largo del libro, y aunque hay varias sugerencias sobre quiénes son estas hijas de Jerusalén, a quiénes representan, la interpretación que más sentido me hace, a la luz de cómo estamos estudiando este libro, es que representan otras creyentes, con un menor grado de madurez. Ellas no tienen el deseo ferviente de tener una relación íntima con Cristo, pero sí se sienten atraídas cada vez más hacia Él al ver la devoción de esta novia hacia su amado. Ellas son atraídas hacia este viaje.

Y ella les habla en los versículos 5 y 6 de la siguiente manera:

Morena soy oh hijas de Jerusalén,

Pero codiciable,

Como las tiendas de Cedar,

Como las cortinas de Salomón.

No reparéis en que soy morena,

Porque el sol me miró.

Los hijos de mi madre se airaron contra mí;

Me pusieron a guardar las viñas,

Y mi viña que era mía no guardé.

Y luego le dice a su amado en el versículo 7:

Hazme saber oh tú a quien ama mi alma:

¿Dónde apacientas?

¿Dónde sesteas al mediodía?

¿Pues por qué habría de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?

Y entonces su amado le habla por primera vez en el versículo 8:

Si tú no lo sabes,

¡Oh hermosa entre las mujeres!,

Ve sigue las huellas del rebaño,

Y apacienta tus cabritas

Junto a las cabañas de los pastores. (RVR, 1960)

Iniciemos hoy nuestro programa tomando estos últimos textos y veamos su contenido en detalle.

Ante todo, vemos una novia que sabe que ama a su novio. Fíjense cómo se expresa en el versículo 7, «tú a quien ama mi alma». Pero al mismo tiempo se pregunta: ¿Cómo puede él amarme? Siente que no merece su amor, que ella es indigna de su amor. Ella está sorprendida de que él la eligiera, que el rey, la seleccionara para su ser su novia y dice:

«Soy morena pero preciosa, oh hijas de Jerusalén, como las tiendas de Cedar, como las cortinas de Salomón. No reparéis en que soy morena, porque el sol me miró». Morena pero preciosa, como las tiendas de Cedar, preciosa como las cortinas de Salomón.

Y aquí hay un contraste. Ella ve dos aspectos de sí misma que están entre sí en conflicto, y podríamos decir, ella es una mujer que está en conflicto consigo misma.

Morena como las tiendas de Cedar. El término Cedar, probablemente no significa nada para la mayoría de nosotras, pero viene de las tribus nómadas descendientes de Ismael, quienes vivían en tiendas hechas de piel de cabra negra, y estas pieles se oscurecían más en la medida en que eran expuestas a la intemperie y al tiempo.

Entonces ella dice, «soy morena». Algunas traducciones dicen, «negra como las tiendas de Cedar». Pero, ¿por qué es morena? Bueno, vemos que su piel se oscureció porque ha trabajado en los viñedos. Quedando expuesta al sol y siendo así quemada por el sol.

Es curioso que hoy tener la piel bronceada por el sol es considerado realmente hermoso, pero en aquella época, lo que se consideraba hermoso era la piel clara. La razón de esto era que tener la piel bronceada o quemada por el sol era común para las campesinas, por lo que las mujeres hermosas, las mujeres de la realeza tenían la piel realmente clara o pálida.

Por eso cuando ella dice, «soy morena porque el sol me ha quemado, porque el sol me miró», ella muestra una preocupación que no tenía hasta que conoció al novio. Ella no se había fijado realmente cómo era hasta que se acercó a él. Es decir, ella no se había percatado de cómo era realmente hasta que se acerca a Él. Mientras todo lo que la rodeaba, ya fuera las personas con quienes trabajaba, porque eran parte de su vida cotidiana y también trabajaban en las viñas, tenía la piel oscura y curtida, ella se sentía adecuada y a gusto con su color. Pero la tez clara y el atractivo y la hermosura del rey le revelaron, su desaliño e indignidad por medio del contraste.

¿Alguna vez te has sentido que estás bien, hasta que te rodeas de personas que son realmente piadosas? Y es ahí cuando te das cuenta: «Oh, tengo un temperamento fuerte. Tengo estas asperezas. Tengo estas partes difíciles. No soy como Jesús en tantas formas». Generando esto en nosotras una tensión a medida que vemos lo hermoso y precioso que es el Señor, lo maravilloso e increíble que Él es y lo oscuras que somos nosotras en comparación. Es en Su luz que nuestra oscuridad es revelada.

Ella dice, «soy morena como las tiendas de Cedar, pero preciosa como las cortinas de Salomón». Estas cortinas, con aspecto similar a las del Antiguo Testamento que se colocaron en el tabernáculo, estaban hechas de lino fino. Eran hermosas, eran como una obra de arte. Eran preciosas.

Yo pienso que para una creyente, esto apunta a la rectitud de Cristo que señala Apocalipsis 19, cuando nos habla de la novia a la que le fue concedido vestirse de lino fino, resplandeciente y limpio, porque las acciones justas de los santos se obtienen de Cristo.

La expresión, hermosa como las cortinas de Salomón, habla de en quién ella se ha convertido y en quién se va transformando en virtud de su relación con Cristo. Pero permanece la tensión entre lo que ella es de forma natural y en quién se está convirtiendo por estar junto al rey, morena pero preciosa. «Soy morena, pero preciosa».

¿Puedes pensar en alguien más que en las Escrituras exprese sentimientos similares? Veamos Romanos capítulo 7, los versículos 18-25, donde el apóstol Pablo dice:

«Porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno; (soy oscuro) porque el querer está presente en mí, pero el hacer el bien, no… Porque en el hombre interior (precioso) me deleito con la ley de Dios, pero veo otra ley en los miembros de mi cuerpo que hace guerra contra la ley de mi mente, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros (oscuridad). ¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?... Así que yo mismo, por un lado, con la mente sirvo a la ley de Dios (precioso), pero por el otro, con la carne, a la ley del pecado», (oscuro).

Existe el entendimiento de que por naturaleza, en Adán, nuestra carne apartada de Cristo es oscura, es caída. Es depravada. Por nosotras mismas nunca buscaríamos a Dios. Somos oscuridad. Pero al recibir una nueva naturaleza, y en Cristo, nuestro espíritu es hecho nuevo, por Su gracia y Su justicia somos preciosas.

Hemos sido elegidas por Él, no por ningún valor intrínseco en nosotras mismas, porque no tenemos ninguno. El apóstol Pablo dijo, «porque yo sé que en mí, es decir, en mi carne, no habita nada bueno». ¿Crees que existe algo bueno en nuestra carne? No hay valor intrínseco o hermosura alguna en nosotras, pero Él nos eligió y nos ama, simplemente porque Él es amor.

Así que somos morenas en nosotras mismas pero preciosas en Cristo. ¿No genera esto algo de tensión en tu vida? Yo sé que en la mía lo genera. Siempre conscientes de nuestro pecado y nuestra tendencia a pecar. Pero también conscientes de Su gracia y Su justicia y de que Él quiere obrar en nosotras.

En un libro devocional que estaba leyendo la semana pasada, me encontré con una cita que encaja perfectamente con este concepto. Andrew Bonar dice, «pulveriza nuestros corazones entre estas dos piedras de molino, un sentido de pecado, y un sentido de la gracia divina».

Ahora, normalmente somos pulverizadas bajo la piedra del molino del sentido de nuestro pecado, ¿pero no debería pesar más la piedra de Su gracia divina? Oremos, «Señor, pulveriza nuestros corazones entre estas dos piedras de molino, un sentido de mi pecado y un sentido de Tu gracia divina». Morena soy, pero preciosa.

Entonces, ella dice en el versículo 6, «no reparéis en que soy morena». Ella está consciente de sus imperfecciones. ¿No es el instinto natural de nosotras cuando vemos la oscuridad que tenemos dentro, el sentir vergüenza? «No me mires». Queremos escondernos. ¿Sabes quiénes hicieron eso? Adán y Eva.

Isaías capítulo 6 versículo 5 dice: «¡Ay de mí!… soy hombre de labios inmundos… porque han visto mis ojos al Rey, el Señor de los ejércitos». Soy morena y Él es precioso.

Recordemos a Pedro, en Lucas 5:8, decirle al maestro: «Apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador».

Pero luego, la novia explica por qué es morena. En el versículo 6 dice, «porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas».

Esta es la historia típica de rechazo de la hermanastra, La Cenicienta. «Los hijos de mi madre se enojaron contra mí». No sabemos lo que está detrás de esta decisión o por qué la obligaron a trabajar duro en los viñedos de la familia, a su propio detrimento.

Ahora compara cómo ellos la trataron y cómo la trata el Rey. Él la ama. Él no está molesto con ella. Él la ama.

Algunas de ustedes piensan que Dios es como esas personas que han conocido. ¡Pero Él no lo es! Este rey ama a la novia. La lleva a su habitación. La sienta en su mesa, esto es lo que vemos en el versículo 12. Él conversa con ella, le da paz, la refresca. Hay todo un mundo entre las diferencias en el trato.

Y qué buena representación es esta de la diferencia que hay entre las demandas de la ley y los deleites del amor.

Las demandas de la ley nos empujan a obedecer por obligación, por responsabilidad, por temor. No hay amor, no hay libertad, no hay gozo en esta mujer, quien se ve obligada a trabajar en el viñedo de la familia.

Pero bajo los deleites del amor y la gracia, el servicio es dado libremente, con gratitud, por amor, y su resultado es para nuestra bendición, para nuestra libertad y gozo. Te pregunto:

¿Estás viviendo y trabajando en el viñedo de la ley o en el viñedo de la gracia? ¿Estás sirviendo bajo las demandas de la ley o bajo los deleites del amor?

Puedes estar haciendo muchas cosas buenas para el Señor, siendo buena madre, buena esposa, buena empleada, trabajando arduamente para el ministerio, liderando estudios bíblicos, dando consejería, disciplinando a otros, y todas estas cosas son parte del servicio, pero si las haces bajo las demandas de la ley no experimentarás gozo haciéndolas. Son solo una carga, estás cumpliendo con tus obligaciones.

Nota que ella dice: «Los hijos de mi madre se airaron contra mí y me pusieron a guardar las viñas». No vemos gozo aquí.

Ella dice, «me pusieron a guardar las viñas, y mi viña que era mía no guardé», aquí tenemos un problema.

Cuando ella dice, «y mi viña que era mía …», a lo largo del libro notarás que se refiere a sí misma, a su propia vida. Ella no está alimentando su propio corazón, su propia vida. Ella está agotada, está quemada.

Esta es una imagen de cuando tratamos de servir a otros mientras no alimentamos nuestro propio corazón. ¿A quién recuerdas, a qué personaje recuerdas del Nuevo Testamento? En el Evangelio de Lucas, en el capítulo 10, vemos a Marta sirviendo, haciendo las cosas correctas, con un celo por el servicio pero descuidando su comunión personal con el Señor Jesucristo. ¿Y qué sucede? Obtienes un alma fatigada, cansada, vacía, reseca, falta de amor, con frialdad en el corazón y muy demandante. ¿Hay alguien alguna vez que ha estado allí?

¿Qué hace la novia? Ella lo busca. Busca a su amado y le dice: «Hazme saber oh tú a quien ama mi alma: ¿Dónde apacientas? ¿Dónde sesteas al mediodía?» Una traducción más literal de este versículo diría: «Dime, Tú a quien ama mi alma, ¿de dónde te alimentas? ¿A dónde descansas al medio día?»

Ella lo está buscando. Ella necesita alimento y descanso. Ella sabe que lo ama. «Tú a quien ama mi alma, Tú a quien amo», ella sabe que lo necesita para que le restaure el alma y por eso ahora Él es su nueva prioridad.

Y tal cual, Jesús fue honesto con María, la hermana de Marta: «Pero solo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada». ¿Qué es lo absolutamente necesario? Estar a los pies de Cristo, estar en Su presencia y dejar que Él cuide tu viña.

Así, ella le dice a su novio, «¿dónde te encuentro? ¿Dónde puedo encontrar los pastos verdes y las aguas de reposo que me prometiste?»

El antídoto para el agotamiento, la solución a todo cansancio no es enfocarnos en nosotras mismas. «Necesito más tiempo para mí». Es fijar nuestros ojos en Jesucristo.

«Dime, Tú a quien ama mi alma, ¿dónde te alimentas? ¿Dónde descansas al medio día? Quiero estar contigo».

Él es quien refresca, renueva, restaura y aviva nuestros corazones. Para poder cuidar nuestra viña, tenemos que permanecer en Él. Es permaneciendo cerca de Él que cuidamos nuestra viña. El alimento y el descanso que necesitamos se encuentran en Él. Él es el agua viva. Él es el pan de vida. Él es el que dijo, «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba».

Él es quien dijo en Mateo 11:28, «Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar». Qué palabras tan maravillosas para una mujer que está cansada de trabajar en la viña familiar, ¿no es así? Yo te haré descansar.

Ella está trabajando bajo las demandas de la ley. Él le dice, «ven y vive bajo los deleites del amor. Yo te haré descansar. Lleva mi yugo sobre ti y aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarás descanso para tu alma, porque mi yugo es fácil y ligera mi carga» (Mat. 11:28-30).

¿Dónde prefieres trabajar? ¿En la viña de las demandas de la ley? ¿O en la viña de los deleites del amor?

Cuando ella dice: ¿Dónde apacientas? ¿Dónde sesteas al mediodía? ¿Por qué he de estar yo como errante junto a los rebaños de tus compañeros?» Lo que ella está diciendo es, «no quiero alejarme de ti». Es la imagen de una creyente que dice, «no quiero alejarme de Cristo. No quiero ser apartada de Él». Ella sabe que Él es el único que puede proveerle alivio, refrescarla y darle el descanso que desesperadamente necesita.

Amigas, escuchen bien, seguir hombres o mujeres de Dios es un llamado inferior a seguir al propio Señor. No quiero que me sigan a mí, quiero que sigan a Cristo. No quiero que sigan a su pastor. Quiero que sigan a Cristo. No esperen que su esposo, su pastor, sus amigos, los libros sobre Cristo, los programas de radio los podcasts de Cristo, llenen las necesidades que solamente Cristo mismo puede llenar. «El Señor es mi Pastor, Él restaura mi alma».

En el versículo 8, escuchamos por primera vez la voz del amado. Recuerden que la novia acaba de decir, «soy morena pero codiciable». Ella vive un conflicto interno, una tensión. Pero Él la llama, «la más hermosa de las mujeres» desde la primera vez que le habla.

A los ojos de Él, ella es preciosa, ella es hermosa. Ahora contrastemos esto con la percepción que la novia tiene de ella misma. Ella se ve «morena», y es así, ella no está inventándolo, esa es la verdad. No es solamente que ella tiene una mala imagen de ella misma. Ella es morena y tiene asuntos y áreas en las que ella no es como Él.

Mientras que la percepción que Él tiene de ella es, «Tú eres la más bella, la más hermosa de las mujeres». Él la ve con otros ojos. Él la ve con ojos de gracia y amor. Mientras ella se ve a sí misma en un proceso de ser transformada para alcanzar la percepción que Él tiene de ella.

Deja que el Señor te transforme y que Él moldee tu percepción de ti. Escucha, Él ve tu oscuridad. Él la conoce mejor que tú misma. Pero escúchale decirte, si estás en Cristo, «Tú eres la más hermosa entre las mujeres. Tú eres la más hermosa entre todas las mujeres».

Al pensar cómo actué ayer y el día antes, y el día anterior, o los pensamientos que he tenido que no son dignos de Cristo, que son oscuros, que no son hermosos, o cómo he creído mentiras, he dado riendas sueltas a esos pensamientos; pienso, «¡oh! ¿Cómo puede Él decir eso? Él dice eso porque Él no me ve como soy en mi carne. Él me ve vestida de Su rectitud, con la belleza que Él me ha dado. Por eso puede afirmar que soy la más hermosa entre las mujeres.

Y él le dice a la novia en el versículo 8: «Si tú no lo sabes, ¡oh hermosa entre las mujeres! (si no sabes a dónde me alimento al medio día, a dónde descanso), ve sigue las huellas del rebaño, y apacienta tus cabritas junto a las cabañas de los pastores».

Nota que (y lo menciono brevemente ahora pues lo veremos con detalle en el resto de este estudio) la preocupación a lo largo del Cantar de los cantares de Salomón es por la condición de las viñas y el rebaño.

Buscar intimidad con Cristo no implica descuidar nuestra responsabilidad de servir a otros. De hecho, en la medida en que vamos con Él a las viñas y a alimentar el rebaño Él nos atrae más y más hacia Él, y resulta en gran bendición servir en unión y comunión con Él.

Jesús le dijo a Pedro en Juan capítulo 21, «¿Pedro, me amas?» Entonces, no busques satisfacer solamente tus necesidades. Dale de comer a las ovejas que Él te ha encomendado. No descuides a las o los creyentes con menor madurez que tú. En la medida en que las alimentemos, Él nos alimentará a nosotras.

Ella dice, «me pusieron a guardar las viñas de otros, y mi propia viña no guardé». La solución a esa condición no es dejar de servir a otros, la solución está en buscar descanso y avivamiento en Cristo, para que podamos ministrar a otros de su llenura y de las delicias de su amor.

En la medida en que cultivas tu propia vida, tu propia viña, esta comienza a florecer y se vuelve fructífera. Y al final de la historia, ella está emocionada de unirse a Él a cuidar las viñas de otros. Su corazón es fructífero, no es egoísta, no está centrado en sí mismo, su relación personal con Él, la invita a dar frutos, a venir alegre a cuidar los viñedos de los demás para el placer, el gozo y la gloria de su Señor.

¿Cuál es la condición de tu viña?

Pienso que las mujeres que escuchan este programa son las trabajadoras más arduas y diligentes, siervas sinceras del Señor. Pero te pregunto: ¿Se podría decir que mientras has estado cuidando las viñas de los demás, has descuidado tu propio corazón?

Tal vez estás sirviendo a los demás bajo las demandas de la ley y no bajo los deleites del amor. Tal vez estás sirviendo en la viña de la ley en lugar de servir en la viña de la gracia. Si es así, ¿puedo apelar a que hagas como esta novia? Búscalo. Búscalo y dile, «Amado Señor, dime, ¿dónde te alimentas al medio día? ¿Dónde descansas? Quiero estar ahí contigo». Y en la medida en que le buscas, Él te mostrará dónde encontrar descanso, avivamiento y llenura en Él.

Annamarie: Has estado escuchando de Nancy DeMoss de Wolgemuth. Ella te ha estado animando a guardar tu viña, es decir, guardar tu relación personal con Cristo.

Queremos que este programa sea más que una linda enseñanza que escuchar. Esperamos que veas esta serie como una oportunidad para profundizar en Cantar de los cantares por ti misma, y para crecer en tu relación con Jesucristo. Nancy te cuenta sobre una forma en que puedes hacer esto.

Nancy: Es mi oración y es mi deseo que los programas en esta serie sean el comienzo de tu estudio personal de Cantar de los cantares. Esta joya del Antiguo Testamento te ayudará a aprender sobre la más grandiosa historia de amor, y a profundizar en el conocimiento del amor de Jesús por Su iglesia.

Para ayudarte a crecer en este entendimiento, he escrito una serie de preguntas en la sección, «Hazlo personal», al final de las transcripciones de cada programa. Estas preguntas prácticas te guiarán en tu estudio y reflexión sobre el Cantar de los cantares. Encuéntralas en AvivaNuestrosCorazones.com, al final de la transcripción de cada uno de los programas en esta serie, «Cómo enamorarnos y permanecer enamoradas de Jesús».

Annamarie: Tu Novio celestial dice, «eres hermosa», pero… ¿lo crees? Todas sabemos que somos imperfectas, tenemos defectos, así que, ¿cómo puede Dios vernos hermosas? Nancy te hablará acerca de esto en tu próximo programa. Únete a nosotras aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Contemplando la belleza del evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Dame una magnífica pasión, Diana Cardona y la banda Aviva, ℗ 2015 Aviva Nuestros Corazones, Letra y música por Mark Altrogge.  Canción usada con permiso.

Hazlo personal

Día 5- Primer amor 3: ¿Cómo puede Él amarme?
(Cantar de los cantares 1:5-8)

Escuchar programa #5:

  1. No os fijéis en que soy morena (1:6). ¿Cuáles son algunos de los fracasos o áreas de tu vida que te hacen sentir poco hermosa, indigna e inmerecedora del amor de Cristo?
  2. Soy morena pero preciosa (1:5). La novia de Salomón se sentía poco atractiva en su presencia, pero su amor la hacía hermosa. Aunque tú estés consciente de tus pecados y deficiencias, en Cristo no tienes «mancha» que estropee tu belleza (ver 4:7). ¿Cómo debería afectar el amor de Cristo por ti y la forma como Él te ve, la percepción que tienes de ti misma?
  3. Los hijos de mi madre se enojaron conmigo; me pusieron a guardar las viñas (1:6) ¿Trabajas en la viña porque la ley te lo demanda o por el deleite de amar? ¿Cuáles son las evidencias? ¿Qué diferencia hace que nuestro servicio esté motivado por «el deleite de amar»?
  4. Dime. . . ¿Dónde apacientas tu rebaño? (1:7). ¿Quiénes son las «ovejas» que el Señor ha confiado a tu cuidado? ¿Cómo puedes servirles hoy?
  5. Mi propia viña no guardé (1:6) ¿Puedes identificarte con lo que la novia dice sobre cuidar los viñedos de otros, descuidando los propios? ¿Cuál es la condición de tu viña? ¿Qué medidas concretas podrías tomar para nutrir tu relación personal con Cristo?

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.