Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo agradas verdaderamente a Dios

Annamarie Sauter: ¿Quieres agradar a Dios? Este es un buen propósito, pero hay un problema...

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No puedes agradar a Dios esforzándote más, teniendo un mejor desempeño o siendo perfecta, porque no puedes ser perfecta. Somos seres caídos. Vivimos en un mundo dañado. Somos pecadoras. Entonces, ¿cómo podemos agradar a Dios?

Dios se complace cuando le crees.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos en la serie, «Caminando con Dios: La vida de Enoc». Un invitado en la audiencia inicia dándonos una ilustración que nos da una idea de lo que vimos en el programa anterior.

Escucha al Dr. Erwin Lutzer.

Dr. Erwin Lutzer: Tienes gente joven que quiere ser fotografiada con su atleta o artista favorito y demás. Bueno, caminar con Dios es un lugar de honor. Aquí les doy una ilustración—y es una historia verdadera.

Un día, un joven fue a la oficina de Rothschild—el gran financiero del que todos en los Estados Unidos hemos oído hablar. El joven entró a su oficina, en la Bolsa de Nueva York, y le dijo: «Mi negocio se está desplomando. No me está yendo muy bien. Me pregunto si podría ayudarme, señor Rothschild».

Rothschild le respondió: «Ponte tu chaqueta y vamos a caminar por la Bolsa de Nueva York». Así lo hicieron.

Regresaron a la oficina del señor Rothschild y el joven le dijo: «Sería maravilloso si me ayudara».

Rothschild le dijo: «Ya lo hice».

Luego de eso, el joven tuvo tantas oportunidades de negocios que no podía hacerse cargo de todos. Y esto porque la gente lo había visto caminar con Rothschild. La gente decía: «Si él está con Rothschild, es el hombre con el que queremos negociar».

Caminar con Dios, Nancy, como todos sabemos, es un lugar de honor. Es un lugar donde Dios nos da poder—y qué privilegio es caminar con Dios. No hay mayor privilegio que este.

Nancy: Amén.

Y estamos hablando de la vida de Enoc. Si tú caminas con Dios, la gente se dará cuenta. Es posible que no sepan tu nombre, pero lo verán a Él, verán Su poder, verán Su gracia y Su bondad. Entonces, solo unas palabras hoy para animarte a caminar con Dios y saber que Dios te honrará y te bendecirá. Como dijimos en la sesión anterior, caminar con Dios es una vida bendecida.

Bueno, y hablando de la vida de Enoc, hoy llegamos a otra característica de este siervo del Señor. Si tienes tu Biblia vas ir a Génesis 5, y al capítulo 11 de Hebreos. Vamos a dar varios saltos en las Escrituras que nos llevan a la vida de Enoc.

Comencemos de nuevo en el texto que vimos ayer: Génesis capítulo 5, comenzando en el versículo 21, y luego vamos a Hebreos 11, versículo 5. Génesis 5, dice: «Y Enoc vivió sesenta y cinco años». Ahora, recuerden que Enoc fue el séptimo en la línea de Adán a través del linaje de Set, el linaje piadoso, la simiente de Adán a través de la cual, en última instancia, vendría el Mesías. Enoc vivió en un mundo impío, pero él caminó con Dios. Cuando había vivido 65 años, «engendró a Matusalén».

Y aparentemente, algo sucedió con el nacimiento de ese primer hijo, porque el siguiente versículo nos dice: «Y Enoc anduvo con Dios trescientos años después de haber engendrado a Matusalén». Esta no fue una relación corta con Dios, que comenzó y terminó. Fue un patrón, un hábito consistente en su vida. Caminó con Dios 300 años, «y engendró hijos e hijas. El total de los días de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años. Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó» (vv. 21–24).

Ahora, cuando vamos al capítulo 11 de Hebreos, vemos en el gran salón de la fe, a hombres sobre quienes se derramó mucha tinta en el Antiguo Testamento para contar sus historias: Abraham, Moisés y David. Pero ahí también está la vida de Enoc. El capítulo 11 de Hebreos, nos habla de todos estos hombres y mujeres que fueron conocidos por su fe:

«Por la fe Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muerte (hablaremos sobre el final de la vida terrenal de Enoc en el último día de esta serie); y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios» (v. 5).

Algunas de sus traducciones pueden decir: «Fue aprobado porque agradó a Dios». La Reina Valera dice: «Tuvo testimonio de haber agradado a Dios». Esa es una palabra que significa ser agradable, que se hable bien de. Él fue agradable a Dios. Él agradó a Dios. Y este fue su testimonio.

Ahora, detente y piensa en eso. He estado meditando en estos versículos, estas pequeñas gemas sobre Enoc durante las últimas semanas. Qué increíble testimonio tuvo. Enoc caminó con Dios, y esto agradó a Dios, y todo por fe. Eso es lo que vamos a ver hoy.

En todo lo que hacía, Enoc se preguntaba: «¿Le agradará esto a Dios?» No se preguntaba, «¿me agradará esto a mí?» ¿O «esto me hará feliz?» No. «¿Avanzará esto mi carrera?» No. «¿Hará que me vea bien?» Pero sí se preguntaba, «¿agradará esto a Dios?»

Es una forma totalmente diferente de ver la vida. Cuando caminas con Dios, te importará agradar a Dios. Y en el centro de este caminar que agrada a Dios está la fe. La fe.

Hebreos 11 continúa diciendo en el siguiente versículo:

«Y sin fe (porque por la fe Enoc hizo estas cosas) es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan» (v.6).

Así que aquí, Enoc creyó a Dios. Creyó que hay un Dios, y que Dios es real. Y creyó que Dios recompensa a los que lo buscan, que si lo buscas lo encontrarás. Él creyó en las promesas de Dios. Él creyó en el carácter de Dios.

Entonces, caminar con Dios, agradar a Dios y creerle a Dios, estas tres cosas son inseparables. Si caminas con Dios, querrás agradarlo. Y debes tener fe para caminar con Él y agradarle. Entonces Dios da la fe para que podamos caminar con Él y para que podamos agradarle. Caminar con Dios es agradar a Dios.

De hecho, en Génesis capítulo 5, se nos dice que Enoc «caminó con Dios». Pero en la Septuaginta, que es la versión griega del Antiguo Testamento, ese versículo se traduce diciendo que Enoc «agradó a Dios». Él caminó con Dios. Él agradó a Dios. Estas expresiones son la misma cosa, y ambas requieren fe.

No puedes caminar con Dios, no puedes agradarlo si no le crees. Caminar con Dios es agradar a Dios, y es caminar por fe porque eso agrada a Dios. Simplemente haces estas tres cosas. Están entretejidas en la vida de este hombre.

Entonces, ahora quiero hacerte una pregunta: ¿Te encuentras queriendo estar más cerca de Dios, queriendo caminar con Él de una manera más íntima y cercana?

Permíteme decirte, mientras vemos la vida de Enoc, que caminar con Dios no es un asunto de sentimientos. Es una cuestión de fe. Debes creer que Dios es quien Él dice que es, que hace lo que Él dice que hará. Y cuando le creas, tú, por fe, caminarás con Él y le agradarás.

Pablo lo dijo de esta manera en 2 Corintios 5: «porque por fe andamos, no por vista».

Hay tantas personas que en su vida cristiana tienen lo que llamo experiencias de montaña rusa, arriba y abajo, porque están caminando por vista. Cuando piensan que pueden sentir la presencia de Dios, puede ser una música realmente genial en la iglesia o alguna predicación realmente emotiva que escuchen o alguna experiencia conmovedora, y dicen: «Oh, Dios se siente tan cerca. Voy a caminar con Dios».

  • ¿Pero qué pasa cuando Dios no se siente cerca?
  • ¿Qué pasa cuando experimentas pérdida en lugar de ganancia?
  • ¿Qué pasa cuando hay tentación?
  • ¿Qué pasa cuando las personas en las que creías que podías confiar no son confiables?
  • ¿Qué pasa cuando todo lo que puedes ver a tu alrededor se ve mal?
  • ¿Qué sucede con Dios? Él no se va.

Ahí es cuando todavía debemos creer que Él es, Él es Dios y Él recompensa a quienes lo buscan.

Pedro habla de esto en 1 Pedro 1. Él dice: «a quien sin haberle visto, le amáis» (v. 8).

Entonces, ¿cómo amas a Cristo cuando no puedes verlo? ¿Cómo? Por fe. Continúa diciendo Pedro: «y a quien ahora no veis, pero creéis en Él, y os regocijáis grandemente con gozo inefable y lleno de gloria» (v. 8).

Es una caminata de fe. Caminas con Dios por fe. Y en cuanto a agradar a Dios, ¿quieres agradar a Dios? ¿Cuántas de ustedes dirían: «Quiero agradar a Dios»? Todas o casi todas diríamos que queremos agradar a Dios.

Ahora, quiero hacerte esta otra pregunta. Quiero que pienses cómo la responderías: ¿Crees que estás agradando a Dios? Sospecho que la respuesta a esta pregunta no sería tan segura como la afirmación de: «Quiero agradar a Dios», porque muchas de nosotras diríamos: «No estoy segura de que yo esté realmente agradando a Dios».

Y así como podemos ver en la vida de Enoch, que no puedes complacer a Dios esforzándote más, haciendo más obras, siendo perfecta, porque no puedes ser perfecta. Somos personas caídas, pecadoras, con vidas destrozadas. Entonces, ¿cómo podemos agradar a Dios? Dios se complace cuando le crees, y cuando actúas en base a esa fe. «Y sin fe es imposible –no difícil– imposible agradar a Dios». ¿Sabes lo que me dice eso? Que por la fe entonces es posible agradarlo y serle agradable.

Somos agradables a Él por la obra que Cristo hizo a nuestro favor para hacernos agradables a Dios, no por nada que hayamos hecho o que pudiéramos hacer o debamos hacer, sino por fe.

Enoc era un pecador, como nosotras. Él necesitaba el perdón como lo necesitamos nosotras. Él fue hecho agradable a Dios por la fe, como lo somos nosotras. Y si Enoc pudo caminar con Dios por la fe, así podemos tú y yo también.

Verás, nosotras sabemos que somos justificadas por la fe, que entramos en una relación con Cristo a través de la fe, pero de alguna manera empezamos a pensar: Bueno, nací en el reino de Dios y la familia de Dios a través de la fe, pero ahora tengo que hacer que esto funcione. Ahora tengo que ser una buena cristiana. Ahora tengo que caminar con Dios. Tengo que agradar a Dios. Ahora tengo que esforzarme y hacer esto y aquello. Tengo que luchar contra la tentación. Tengo que vivir una vida santa.

¡No, no pienses así! Fuimos justificadas por la fe en Cristo, y somos santificadas por la fe. Continuamos caminando con Dios, para agradarle a Él por la fe en Cristo, no por ninguna bondad o poder en nosotras mismas; «porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito» (Fil. 2:13). Es Dios quien opera en nosotras para hacernos agradables a Dios.

Somos agradables a Dios como Jesús fue agradable a Dios. ¿Recuerdas esa increíble escena en el bautismo de Jesús cuando una voz del cielo dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido»? ¿Y luego otra vez en el monte de la transfiguración en Mateo 3?

Mateo 3 nos dice: «Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mat. 3:17).

Jesús dijo en Juan 8: «...porque yo siempre hago lo que le agrada» (v. 29). Jesús agradó a Dios. Jesús fue agradable a Dios. El Hijo amado que nunca hizo otra cosa que no fuera agradar a Dios.

Y a través de nuestra unión con Él, con Cristo, si estamos en Cristo, a través de nuestra fe en Él, somos hechas agradables a Dios. Él nos hace suficientes. Nunca podríamos ser suficientes, suficientemente buenas. Nunca podríamos agradar a Dios.

El resto de las religiones del mundo son los esfuerzos del hombre por agradar a Dios, por ser agradables a Dios. Pero Dios dice: «¡No! No puedes agradarme, pero Jesús me ha complacido. Cree en Él. Él es mi Hijo en quien tengo complacencia. Si crees en Él, eres agradable a Mí».

Está claro que somos agradables a Él porque estamos en Cristo. Pero he estado pensando mucho en los últimos días sobre diferentes textos en las Escrituras, que nos dicen lo que agrada a Dios. Ahora, sabemos que lo hacemos por fe. Sabemos que hacemos esto por fe en Cristo. Pero permíteme simplemente leer unos cuantos de estos versículos que nos dicen qué es lo que agrada a Dios.

Las Escrituras nos dicen que la obediencia agrada a Dios: 1 Juan 3:22, dice: «y todo lo que pidamos lo recibimos de Él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos las cosas que son agradables delante de Él». La obediencia le agrada.

Una vida santa le agrada a Dios: 1 Tesalonicenses 4:

«Por lo demás, hermanos, os rogamos, pues, y os exhortamos en el Señor Jesús, que como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que debéis andar y agradar a Dios (como de hecho ya andáis), así abundéis en ello más y más. (Ahora, ¿cómo caminas y agradas a Dios?) Pues sabéis qué preceptos os dimos por autoridad del Señor Jesús. Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual; que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios» (vv. 1–5).

¿Qué dice este texto que le agrada a Dios? Una vida santa.

Él vuelve a decir lo mismo en un pasaje similar en Efesios, capítulo 5, donde habla de que debemos ser imitadores de Dios como hijos amados, caminando en amor. La inmoralidad sexual, la impureza o la codicia ni siquiera deben ser nombradas entre el pueblo de Dios. Ni inmundicia, ni tonterías, ni burlas. En cambio, acción de gracias (ver vv. 1–4).

Y él dice: «Porque con certeza sabéis esto: que ningún inmoral, impuro, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia. Por tanto, no seáis partícipes con ellos; porque antes erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de la luz … examinando qué es lo que agrada al Señor» (vv. 5–10).

Él nos dice que una vida santa es agradable al Señor. La inmoralidad sexual no es una vida santa. No es agradable al Señor. Para mí es asombroso y doloroso, debería serlo para todas nosotras, el que tantas personas en la iglesia local de hoy no piensen nada en contra de la actividad sexual fuera del matrimonio. Se ha vuelto como la norma.

No puedes caminar con Dios y amar lo que Dios odia. Dios tiene algo mejor para nosotras. Es Su santidad. Es Su bondad. Es Su justicia. Y es Su luz, caminar en la luz en lugar de caminar en la oscuridad. Dios se complace con una vida santa.

Hebreos 13, nos dice algo más que agrada a Dios. Versículos 15 y 16:

«Por tanto, ofrezcamos continuamente mediante Él, sacrificio de alabanza a Dios, es decir, el fruto de labios que confiesan su nombre. Y no os olvidéis de hacer el bien y de la ayuda mutua, porque de tales sacrificios se agrada Dios».

Así que la alabanza sacrificial, el sacrificio de alabanza y la generosidad sacrificial agradan a Dios.

¿Puedes ver que cuando agradamos a Dios, no se trata de nosotras? Se trata de Él. Se trata de lo que le agrada a Él.

No se trata de mi camino, sino de Su camino.

No se trata de aferrarme a mis cosas, sino de dejarlas ir, regalarlas.

No se trata de aferrarme a lo mío, con el puño cerrado, a mi queja, a mi murmuración; sino de ofrecer un sacrificio de alabanza incluso cuando mis ojos están llenos de lágrimas. Eso es agradable a Dios, esos sacrificios agradan a Dios.

En Ezequiel 18, hay otra razón, Dios dice: «Pues yo no me complazco en la muerte de nadie —declara el Señor Dios. Arrepentíos y vivid». (v. 32). Dios se complace cuando los pecadores se arrepienten y se apartan de sus malos caminos.

Dios se complace cuando le pedimos sabiduría. Vemos esto en el caso del rey Salomón. Dios le dijo: «Pide lo que quieras». Y Salomón no pidió riquezas. Él no pidió honor. No pidió cosas. Él pidió sabiduría. Y las Escrituras dicen: «Y fue del agrado a los ojos del Señor que Salomón pidiera esto» (1 Reyes 3:10).

Dios se complace cuando tenemos relaciones familiares correctas. «Hijos, sed obedientes a vuestros padres en todo, porque esto es agradable al Señor» (Col. 3:20).

Hijos adultos que honran y cuidan las necesidades de los padres y sus abuelos.

La escritura dice: «pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, que aprendan estos primero a mostrar piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios» (1 Tim. 5:4).

El Salmo 147, comenzando en el versículo 10, nos dice que no podemos agradar a Dios a través de nuestras propias fuerzas o habilidades. Dice:

«No se deleita en la fuerza del caballo, ni se complace en las piernas ágiles del hombre (ni en la fuerza humana, ni en la habilidad humana). El Señor favorece a los que le temen, a los que esperan en su misericordia» (vv. 10-11).

Tú dices: «Me siento tan débil. Necesito mucho al Señor». Puedo decirte: Eso agrada a Dios. Él se complace cuando le tememos, cuando confiamos en Su amor.

Gálatas 1, nos da una advertencia de cómo no podemos agradar a Dios: No podemos agradar a Dios si estamos tratando de complacer a las personas. No puedes complacer a ambos. Pablo dice en Gálatas 1, versículo 10:

«Porque, ¿busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo».

Si quieres complacer a la gente que te rodea, si quieres vivir por su adulación, su admiración, su afecto, su aprobación, entonces no vas a pensar en cómo agradar a Dios. Pero cuando agradas a Dios, nada más importa.

Los que no están en Cristo no pueden agradar a Dios, sin importar lo buenos que parezcan. Eso es lo que aprendemos en Romanos, capítulo 8: «y los que están en la carne no pueden agradar a Dios» (v. 8).

Si no estás en Cristo, no puedes agradar a Dios. No importa con qué frecuencia vayas a la iglesia. No importa lo duro que trabajes. No importa lo generosa que seas. No importa cuánto ores. Si no estás en Cristo, si no estás confiando en Él. . . Recuerda, Enoc creyó a Dios. Esa fe fue la que lo hizo agradable a Dios.

Los que están en la carne en lugar de en Cristo no pueden agradar a Dios. Ellos no tienen el poder ni la capacidad de complacerlo.

Y luego las Escrituras nos dicen que aquellos que pertenecen a Cristo harán de su objetivo y meta el complacerlo a Él. Si Él está complacido, nada más importa.

Pablo habla de esto en 2 Timoteo, capítulo 2. Él dice: «Ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado» (v. 4). No se trata de mí. No se trata de lo que me complace. Se trata de lo que complace a Dios, Su gloria. Mi objetivo es complacer a quien me reclutó. Esa es mi meta.

Y Pablo lo dice de nuevo en 2 Corintios, capítulo 5.

«Por tanto, animados siempre y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo (aquí en esta tierra), estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero cobramos ánimo y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor. Por eso, ya sea presentes (aquí en esta tierra en estos cuerpos humanos) o ausentes (con el Señor), ambicionamos serle agradables» (vv. 6–9).

Hay una poderosa motivación en la vida de Pablo de agradar al Señor. Él continúa diciendo en 2 Corintios 5, versículo 10: «Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo».

Nuestro objetivo, nuestra meta es agradarle a Él porque sabemos que un día estaremos delante de Él. Le daremos cuentas. Habrá recompensas basadas en nuestra fidelidad aquí en este cuerpo en esta tierra. Así que decimos: «Señor, cuando nos levantamos por la mañana, lo primero es: ¿Cómo puedo agradarte hoy?»

Mi esposo y yo a menudo en nuestro matrimonio nos miramos y pensamos que una de las cosas que hace nuestro matrimonio tan dulce, es que los dos siempre estamos buscando maneras de complacer al otro. ¿Y sabes qué pasa en el proceso? Los dos recibimos mucho gozo en el proceso.

No estamos buscando, «cómo puedes hacerme feliz», bueno... algunos días pensamos eso. Pero cuando pensamos, ¿cómo puedo hacerte feliz? ¿Cómo puedo bendecirte? ¿Cómo puedo complacerte? ¿Qué puedo hacer para servirte? Entonces no solo encontramos que nuestra pareja es bendecida y feliz, sino que también nosotros somos felices y bendecidos.

Sabes, cuando miras a tu alrededor, a lo que está sucediendo y escuchas las noticias, algunos días pienso: No puedo soportar más esto. Es tan negativo, te desanima, pierdes las esperanzas.

Pero quiero decirte esto. . . y he estado pensando en ello mientras medito en la vida de Enoc: caminar con Dios y hablar con fe es no perder las esperanzas, no estar desanimadas. Es tener gozo. Es tener esperanza. Es tener confianza. ¿Sabes por qué? ¡Porque conocemos el resultado final! Sabemos que esta vida no es definitiva. Sabemos que esto no es todo. Sabemos que nos espera un premio: Cristo Mismo.

Y así, si estás desanimada y cabizbaja, puede haber muchas razones por las que estás desanimada. Puede haber muchas razones para desanimarte, deprimirte o hundirte. Pero te animo a que levantes tus ojos. Camina con Dios. Camina con fe. Busca agradarle en medio de este mundo quebrantado. Ora con el salmista: «Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío» (Sal. 19:14).

Pablo oró una oración por los colosenses. Es mi oración por tí y por mí también. Dice en Colosenses 1:

«Por esta razón, también nosotros, desde el día que lo supimos, no hemos cesado de orar por vosotros y de rogar que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual, para que andéis como es digno del Señor (como lo hizo Enoc), agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios» (vv. 9–10).

Eso es todo lo que quiero. Eso es lo que quiero para mí. Eso es lo que quiero para nuestros matrimonios. Eso es lo que quiero para ti: caminar de una manera que sea digna del Señor y que sea completamente agradable a Él.

Y en Hebreos 13 hay una bendición que es perfecta para finalizar esta oración. Dice:

«Y el Dios de paz…os haga aptos en toda obra buena para hacer su voluntad, obrando Él en nosotros lo que es agradable delante de Él mediante Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (v. 20-21).

Annamarie: ¿Qué está en el centro de tu caminar con Dios? Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha ayudado a recordar que Dios nos da la fe para caminar con Él y agradarle y es por medio de Jesucristo que ha hecho esto posible.

Para ayudarte en tu caminar de fe, queremos recomendarte el libro devocional titulado, «El lugar apacible». En este, Nancy adapta los temas centrales de sus enseñanzas a un formato que puedes disfrutar a diario: 366 porciones de reflexiones bíblicas y aplicaciones prácticas. Adquiere, «El lugar apacible» a través de nuestra tienda en línea, en AvivaNuestrosCorazones.com, o en tu librería cristiana favorita.

¿Sabes quién es la persona registrada que ha vivido más años? ¿Sabías que sus años de vida son un ejemplo de la gran misericordia y paciencia de Dios? Descubre más acerca de esto en tu próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Caminando con Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Únete a la conversación