Podcast Aviva Nuestros Corazones

Su muerte lo traerá

Annamarie Sauter: ¿Sabes quién es la persona que más años ha vivido?

Si dijiste «Matusalén» ¡estás en lo correcto! Nancy DeMoss de Wolgemuth dice que los 969 años de Matusalén son un ejemplo de la abundante misericordia de Dios.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cada día de la vida de Matusalén debió ser un día más de oportunidades, un día más de gracia, un día más en que Dios estaba reteniendo Su juicio sobre este mundo perverso y corrupto, y un día más con una oportunidad para arrepentirse.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos con el cuarto día de la serie, «Caminando con Dios: La vida de Enoc».

Nancy: Hemos visto que Enoc caminó con Dios en un tiempo en el que pocos a su alrededor lo hicieron. Él le creyó a Dios cuando la mayoría de los que lo rodeaban no lo hacía. Y él agradó a Dios cuando la mayoría de las personas vivían para agradarse a sí mismas.

A propósito, ¿no te suena eso como en nuestros días? Pero es posible agradar a Dios, caminar con Dios, confiar en Dios y creerle a Dios, aún cuando vivimos en esta clase de mundo…y Enoc hizo todo eso por fe. Él agradó a Dios por fe y caminó con Dios por fe.

Mañana, en el último día de esta serie, veremos el inusual final de la vida de Enoc en la tierra, pero hoy quisiera que viéramos su ministerio y su mensaje. Hemos visto que Enoc caminó con Dios.

Ahora, cuando caminas con alguien, incluyendo a Dios, aprendes lo que hay en su corazón, porque hablan el uno con el otro, invierten tiempo juntos, interactúan. Y así, en el transcurso de caminar juntos, Dios le reveló Su plan y Sus propósitos a su amigo Enoc. Y Enoc le creyó a Dios.

La primera pista de esto la encontramos en Génesis capítulo 5, donde parece que Dios le reveló algo a Enoc cuando su primer hijo, Matusalén, nació. Y ese algo, esa revelación de Dios cambió el curso de la vida de Enoc, y él quiso que lo que había aprendido del Señor quedara plasmado en el nombre de su hijo. Vamos a ver esto un poco más adelante.

Así que veamos Génesis 5, versículos del 21 al 23:

«Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y Enoc anduvo con Dios trescientos años después de haber engendrado a Matusalén, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años.

Ahora, lo que sabemos es que la corrupción y la maldad se estaban extendiendo en el mundo de Enoc. Vemos en el siguiente capítulo de Génesis (ya vimos ese versículo) el versículo 5, que es el versículo que conduce al diluvio:

«Y el Señor vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal».

Así que vemos que había cada vez más maldad en la tierra. Enoc estaba consciente de esto. Él vivía en el mundo, él no vivía en un monasterio. Vivía en el mundo. Tenía esposa, tenía hijos, tenía vecinos, tenía amigos, compañeros de trabajo…y él veía la maldad.

¡Pero mientras caminaba con Dios, a Enoc se le afligía el corazón! Y Dios comenzó a revelarle algo de sus planes. No sabemos cuánto le reveló Dios, pero Dios determinó que iba a enviar un juicio catastrófico sobre la tierra. Y parece que Enoc sabía que este juicio vendría después de la muerte de su primer hijo, así que lo llamó, «Matusalén».

Y dices, ¿qué tiene que ver eso con que Dios enviaría un juicio? «Matusalén» significa, «cuando él muera, será enviado» o «su muerte lo traerá». ¡Habría un juicio catastrófico cuando Matusalén muriera!

Así que cada día que vivía el hijo de Enoc, era un día más de gracia, un día más en que Dios detenía su juicio sobre este mundo malvado y corrupto. Un día más con una oportunidad para arrepentirse. Ahora, ¿cuánto tiempo vivió Matusalén? ¡Novecientos sesenta y nueve años!... más que nadie antes o desde entonces.

Dios dio casi mil años para que esta civilización corrupta se arrepintiera y creyera y fuera salva. ¿Piensas que Dios es sufrido? ¿Crees que Dios es paciente? La gente dice, «¿por qué Dios deja que cosas malas le sucedan a la gente buena? ¿Por qué Dios trae esos desastres naturales y esos…lo que sea?» La gente dice que Dios es quien trae estas cosas malas al mundo.

Piensa acerca de cuánto tiempo Dios esperó pacientemente mientras los hombres agitaban sus puños contra Él, lo rechazaban, lo resistían y se revelaban contra Él—¡casi un milenio! Mil años, Dios esperó y esperó y esperó, no deseando que nadie se perdiera, sino que todos vinieran a arrepentimiento. (Ver 1 Pedro 3:9).

Y en cumplimiento de su nombre, Matusalén murió el mismo año que vino el diluvio. «Cuando él muera, será enviado». Ahora, el libro de Judas en el Nuevo Testamento, habla un poco más acerca de la vida y el ministerio de Enoc. Si tienes tu Biblia, quiero animarte a ir al libro de Judas. Es un libro pequeño justo antes del libro de Apocalipsis. En mi Biblia, solo es una página.

Judas es solo un capítulo, veinticinco versículos. Es uno de los libros más cortos de la Biblia. ¡Algún día me encantaría hacer toda una serie acerca del libro de Judas! Hoy solo quiero hablar acerca de Enoc en el libro de Judas. Mientras llegas ahí, déjame decirte que Dios le reveló a Enoc que vendría otro juicio cuando la copa de la ira de Dios por el pecado estuviera llena.

Y el diluvio que vendría al morir el hijo de Enoc, Matusalén, era solo un precursor del juicio final. Era una imagen, una advertencia de su catastrófico juicio final que vendría. Y luego de ese juicio final ya no habrá más oportunidades para arrepentirse.

A lo largo del libro de Judas, puedes ver versículos que describen a los pecadores contumaces, incluso entre aquellos que profesan ser cristianos. Por ejemplo, mira el versículo 4:

«Pues algunos hombres se han infiltrado encubiertamente ... impíos que convierten la gracia de nuestro Dios en libertinaje, y niegan a nuestro único Soberano y Señor, Jesucristo».

Versículo 8:

«No obstante, de la misma manera también estos hombres, soñando, mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las majestades angélicas».

Versículo 10:

«Mas estos blasfeman las cosas que no entienden, y las cosas que como animales irracionales conocen por instinto, por estas cosas son ellos destruidos». 

Versículos 12 y 13:

«Estos son escollos ocultos en vuestros ágapes…»

Van a la iglesia contigo, van a tu grupo, pero no puedes ver que son engañadores, porque son peligros ocultos, bajo la superficie. Ellos festejan contigo sin temor (estoy parafraseando el texto aquí).

«…apacentándose a sí mismos; son nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño sin fruto, dos veces muertos y desarraigados; son olas furiosas del mar, que arrojan como espuma su propia vergüenza; estrellas errantes para quienes la oscuridad de las tinieblas ha sido reservada para siempre».

Y ahora los versículos 14 y 15:

«De estos también profetizó Enoc, en la séptima generación desde Adán, diciendo: He aquí, el Señor vino con muchos millares de sus santos, para ejecutar juicio sobre todos, y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impíamente, y de todas las cosas ofensivas que pecadores impíos dijeron contra Él».

Ahora, esta profecía de Enoc no es mencionada en ninguna parte en el Antiguo Testamento. No lees acerca de esto en el libro de Génesis, eso nos dice lo poco que conocemos sobre la vida de Enoc.

Esta cita en el libro de Judas es en realidad una cita del libro apócrifo de Enoc. Apócrifo: Este libro fue escrito en el primer o segundo siglo A.D. Debió haber sido muy familiar para los judíos devotos en la era del Nuevo Testamento, pero nunca fue aceptado por la iglesia como un libro inspirado. Esa es la razón por la que no lo vemos en nuestras biblias.

Pero bajo la inspiración del Espíritu Santo, Judas —el escritor de este libro del Nuevo Testamento, que sí es inspirado, fue movido a incluir esa cita del libro apócrifo de Enoc (que no es inspirado), pero él incluye esta cita en la carta inspirada de Judas.

Así que miles de años antes de que Cristo viniera a la tierra, Dios le dio a Enoc un destello de lo que conocemos como la segunda venida de Cristo…¡incluso antes de que viniera la primera vez! Y habiendo visto esta visión, Enoc advirtió a su generación. Les dice: «He aquí, el Señor viene…» Judas, versículo 14. Esta no es Su primera venida; la forma en que está descrita no se parece a Su primera venida.

Esto es lo que ahora conocemos como Su segunda venida. Y dice que Él estará acompañado, asistido, por «muchos millares de sus santos», muchos, muchos de ellos, miles de ángeles o santos. Los santos y los ángeles, en la Escritura, se conocen como «los santos». Pueden ser lo uno, lo otro o ambas cosas. Sabemos que ambos, santos y ángeles estarán involucrados con Cristo en el juicio final.

Y Judas nos dice que Él vendrá con Sus santos ángeles y santos «para ejecutar el juicio» (v. 15). El juicio divino y eterno que vendrá al mundo no arrepentido no es una cuestión de «si viene», sino de «cuando». Esa palabra, «juicio», es la palabra griega krisis. ¿No te suena familiar? ¿Como nuestra palabra «crisis»? ¡Será la crisis definitiva!

Esa palabra significa «separarse, una separación, una decisión, especialmente con relación a lo bueno y a lo malo». Habrá un juicio que distinguirá entre aquellos que son justos porque están en Cristo, y aquellos que son injustos porque están en la carne, no en Cristo. Así que Jesús viene y vendrá acompañado de sus santos —decenas de miles de ellos— para ejecutar el juicio.

¡Y este juicio será merecido y justo! ¿Cuántas veces (cuatro veces para para ser exactos) vemos la palabra «impío» (o palabra relacionada a la impiedad), en estos dos versículos en el libro de Judas?

«…para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad, que han hecho impíamente, y de todas las cosas ofensivas que pecadores impíos dijeron contra Él» (v.15).

Cuando ves palabras o frases repetidas en un versículo o en un pasaje de las Escrituras, debes detenerte y tomar nota. Significa algo, está ahí para hacer un énfasis. Estos son pecadores impíos, sus corazones, su carácter, sus acciones, sus preferencias, sus inclinaciones; practican la impiedad. Todo lo hacen de manera impía. Dicen cosas duras contra el Señor.

No hay duda de que están endurecidos en su impiedad. Y así, aquí tenemos a Enoc, viviendo en una época impía, predicando en su propio tiempo, para su propio tiempo y para tiempos futuros, y confrontando la impiedad. No tiene miedo de llamarla como es. No se disculpa. No se acomoda, no intenta suavizar el golpe.

Él no baja el nivel de santidad de Dios al hablar sobre los corazones, las obras y las palabras de los pecadores impíos. ¿Crees que fue fácil, en su día, llamar al pecado, «pecado»? ¿Llamar a la impiedad, «impiedad»? ¿Llamar a los hombres a rendir cuentas por sus palabras, por sus acciones, por sus corazones? No fue fácil entonces, no es fácil ahora.

Ahora, no podemos en ningún sentido proclamar estas verdades acerca de los justos, del merecido juicio de Dios como si nosotras mismas no mereciéramos Su juicio, porque lo merecemos. ¡Porque nosotras estamos entre los pecadores impíos que merecemos la ira de Dios, tanto como cualquier otro pecador que haya vivido! Pero por la misericordia y la gracia de Cristo, hemos sido arrebatadas de la incredulidad.

¡Se nos ha dado la gracia de creer, de arrepentirnos de nuestros pecados, de creer en el evangelio! Y ahora estamos en Cristo. Hemos sido trasladadas de la oscuridad a la luz. Hemos nacido de nuevo en el reino de Dios, y hemos salido del reino de este mundo, del reino de las tinieblas, de este reino presente. ¡Así que merecemos el juicio y la ira de Dios, pero Él nos ha mostrado Su misericordia!

Pero para aquellos que no reciben Su misericordia, que no reciben Su gracia, que se niegan a arrepentirse, estarán sujetos al juicio justo y eterno, y a la ira de Dios. El apóstol Pablo pinta un cuadro similar en el capítulo 1 de 2 Tesalonicenses, cuando habla de la segunda venida de Cristo en términos similares a los que leemos en el libro de Judas.

Él dice en 2 Tesalonicenses 1, versículos del 7 al 10:

«...y daros alivio a vosotros que sois afligidos, y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando Él venga para ser glorificado en sus santos en aquel día y para ser admirado entre todos los que han creído; porque nuestro testimonio ha sido creído por vosotros».

Juicio y salvación, ambos corren paralelos en las Escrituras. Para aquellos que han creído en el evangelio y se han arrepentido de sus pecados, hay salvación. . . ¡y el día del regreso de Cristo será un día de gran gozo, porque saben que están seguros en Cristo! Están cubiertos con Su justicia.

Pero para aquellos que no han creído, que no se han arrepentido, que no se han vuelto a Cristo, habrá ese juicio temible, lleno de fuego y de la ira de Dios. Mientras Enoc caminaba con Dios, Dios le reveló Sus planes, tal vez no con gran detalle, pero Dios le reveló lo suficiente y en el libro de Judas quedó registrado que Enoc profetizó diciendo: «He aquí, el Señor vino con muchos millares de sus santos, para ejecutar juicio sobre todos y para condenar a todos los impíos de todas sus obras de impiedad». Entonces, ¿cómo llegó él a saber esto?

No puedes tener un entendimiento del futuro y de los caminos de Dios de otra forma que no sea caminando con Él, pasando tiempo con Él, sumergiéndote en Su Palabra, estando saturadas de Su Palabra.

Ahí es donde aprendemos que el mensaje es para nuestra generación. Ahí es donde aprendemos cuál es el corazón de Dios, cuáles son sus planes, qué es lo que viene. Así es como podemos decir con confianza: «¡El juicio de Dios viene! ¡Cristo regresa!»

¡Él vendrá con sus ángeles, y en fuego y venganza destruirá a aquellos que no han creído en Él, y dará paz y descanso eterno a aquellos que han depositado su fe en Él! ¿Cómo puedo saber eso? No puedo saberlo... ¿Cómo lo sé? Lo sé porque camino con Dios en Su Palabra. Así es como puedo saberlo.

No tienes que ser un predicador, no tienes que ir a un seminario; solo necesitas caminar con Dios a la luz de Su Palabra, y qué glorioso es Su resplandor en nuestro camino. Y lo maravilloso de esto es que Enoc, habiendo recibido esa revelación, no se la guardó para él.

Él creyó lo que Dios dijo. Entonces, teniendo la noticia de ese juicio horrible, definitivo y eterno, ¿qué hizo? Advirtió a otros sobre el juicio venidero; tanto del juicio cercano del diluvio que vendría el año en que su hijo Matusalén muriera, como del juicio final de la segunda venida de Cristo.

En la misericordia de Dios, Él envía predicadores, mensajeros, vecinos, amigos, miembros de la familia para confrontar a las personas con sus pecados, para advertirles sobre el juicio venidero y para darles la oportunidad de arrepentirse. Enoc fue uno de esos mensajeros. No vivió en esta tierra para ver el cumplimiento de esas profecías, no vio el cumplimiento de ninguna de ellas, el diluvio o la segunda venida de Cristo, pero sabía que vendrían.

¿Cómo lo supo? Hebreos 11:1: «La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Dios se lo mostró y ¡él lo creyó! Ahora, creo que es importante que recordemos la vida de Enoc—solo estamos viendo un punto de toda la línea de la historia de la humanidad aquí— pero su vida, su pequeño «punto», fue parte de la historia de la redención que es mucho más grande y que Dios estaba escribiendo, una historia que se extiende de una generación a la siguiente.

Eso también es verdad para nuestras vidas. Somos un parpadeo, somos un punto en el escenario, pero nuestras vidas son parte de una historia mucho más grande, la historia de la redención que Dios está escribiendo. Esto es lo que percibes… mientras lees estas genealogías.

Mira Génesis 5, versículo 25:

«Y Matusalén (el hijo de Enoc) vivió ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec (este es otro Lamec, no del que leímos antes en Génesis 4). Y vivió Matusalén setecientos ochenta y dos años después de haber engendrado a Lamec, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Matusalén fue de novecientos sesenta y nueve años, y murió.

Y Lamec vivió ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo. Y le puso por nombre Noé (Noé fue el bisnieto de Enoc, nacido unos setenta años después de que Enoc fuera llevado al cielo), diciendo: Este nos dará descanso de nuestra labor y del trabajo de nuestras manos... (En medio del juicio, ¡Dios está enviando salvación!)

Y vivió Lamec quinientos noventa y cinco años después de haber engendrado a Noé, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Lamec fue de setecientos setenta y siete años, y murió. Y Noé tenía quinientos años, y engendró a Sem, a Cam y a Jafet» (vv. 25-32).

La Escritura nos dice en 2 Pedro 2, versículo 5, que Noé fue «un heraldo (o un predicador) de justicia». Así que Enoc profetizó acerca del juicio venidero. Cuando Noé nació y Dios le mostró que venía el juicio, él fue también un heraldo, un predicador de justicia.

Quizás tú puedas estar tratando de compartir el camino de Dios, la Palabra de Dios, la verdad de Dios con las personas que te rodean. . . y sientes que nadie te escucha. Escucha, eres una persona entre muchas, un punto en toda una línea, y Dios tiene a otros. Dios levantará a otros. No depende de nosotras. ¡Nada de esto depende de nosotras! Todo depende de Dios. Nuestras vidas son solo una pequeña y diminuta parte de la gran historia redentora que Dios está escribiendo.

Así que hasta justo antes del diluvio, a través de la vida de Enoc, y luego a través de la vida de Noé, y quizás a través de otras personas que no conocemos, hasta el diluvio, Dios estuvo advirtiendo a las personas, llamándolas a arrepentirse y a ser salvas.

Así que si tienes seres queridos, amigos, que no conocen a Cristo, quienes lo niegan, quienes lo rechazan, no dejes de orar para que Dios ponga predicadores de justicia en sus vidas, personas que les digan la verdad en amor, con gracia, con humildad.

Y hay personas que dicen: «No soy mejor que tú, merezco el juicio de Dios y la ira de Dios, pero Él me ha mostrado misericordia, ¡y Él te mostrará misericordia!» Dios nos ha revelado en Su Palabra lo que sucederá con los pecadores que no se arrepienten al final de esta era.

Leemos en 2 Tesalonicenses 1: 8–9, que: «...a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor...»

Entonces permíteme invitarte a ti, ahora, si tú no conoces a Dios y no obedeces el evangelio del Señor Jesús, estás siguiendo tu camino, no el suyo.

Si no te arrepientes de tu pecado, si no depositas tu fe en Cristo para salvación, sufrirás el castigo de la destrucción eterna lejos de la presencia del Señor. No sé cómo decirlo más claramente. No son mis palabras, ¡son las palabras de la Escritura!

Quizás tú piensas: «Yo conozco a Dios. He obedecido el evangelio, me he arrepentido de mi pecado. Soy una de sus santos, una de su pueblo». Si lo eres, entonces ese día, así de temible como es, ¡no será temible para ti! ¡Cuando Él venga, lo glorificarás y te maravillarás de Él! Eso es lo que leemos en 2 Tesalonicenses 1, para ser glorificados por sus santos y para maravillarnos junto a todos los creyentes.

Eso nos recuerda que Dios es misericordioso. Él no es rápido o pronto para juzgar. En 2 Pedro 3:9, se habla de la segunda venida de Cristo, y dice: «El Señor no se tarda en cumplir su promesa». Todos esos años, desde Enoc hasta el diluvio, y todo el tiempo en que el mundo se vuelve cada vez más malvado, más y más depravado, cada vez más corrupto, ¿por qué no juzga Dios?

Porque Dios odia juzgar. Él no es rápido ni pronto para juzgar, y Él «no tarda en cumplir su promesa. . . sino que (Él es paciente contigo), no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento» (2 Ped 3:9).

Como cada día de la vida de Matusalén, durante 969 años, fueron día tras día de gracia, cada día era una nueva oportunidad para arrepentirse antes de que llegara el diluvio, así cada día antes del juicio final es otro día de gracia para este mundo, otro día con una nueva oportunidad para arrepentirse, ¡antes de que sea eternamente demasiado tarde!

Y así, el llamado de Dios a los pecadores hoy, a las personas que no conocen a Dios, que no han obedecido el evangelio de Cristo, es a arrepentirse y a creer en el evangelio. «¡Arrepiéntete y cree en el evangelio, vuélvete de ti misma y cree en Cristo!» Ve a Él para que te rescate, para salvación, para misericordia y gracia.

Y luego, un recordatorio para nosotras que sabemos que estaremos libres del juicio de Dios porque estamos en Cristo (no porque seamos mejores que nadie, sino porque estamos en Cristo), somos llamadas a advertir a los pecadores del juicio venidero. Debemos llamarlos al arrepentimiento y a que crean en el evangelio, y a hacerlo en oración, con humildad, con amor, ¡con gracia. . . pero claramente!

¿Crees que, si realmente creemos este mensaje de la Palabra de Dios acerca de todo esto, eso impactaría la forma en que interactuamos con las personas que nos rodean y que no conocen a Dios y no creen en el evangelio; si realmente creyéramos en el juicio divino y eterno?

Al caminar con Dios, sabremos qué hay en Su corazón, qué hay en Su Palabra. Y nos regocijaremos en la salvación de Dios para nosotras y advertiremos a aquellos que necesitan ser salvos de Su juicio venidero. Permíteme simplemente recordar que los pastores, predicadores y creyentes como nosotras, que nunca advertimos a las personas que escapen del juicio venidero de Dios, ¡realmente no estamos amándolos!

Ha habido en los últimos cien años aproximadamente (y probablemente mucho antes), en el púlpito y fuera del púlpito, este tipo de mentalidad de, «solo predica sobre el amor de Dios, solo predica acerca de la gracia de Dios. No prediques sobre el pecado. ¡No prediques sobre el juicio!»

Escucha, si nosotras o los hombres en nuestros púlpitos nunca advertimos a las personas que escapen del juicio venidero de Dios por toda nuestra impiedad, carecemos de compasión. Estamos fallando en entregar toda la verdad de la Palabra de Dios. ¿No habrá sangre en nuestras manos en el juicio final, si no proclamamos la verdad que Dios nos ha mostrado en Su Palabra para aquellos que necesitan desesperadamente escucharla?

Oh, Señor, gracias por este hombre, Enoc, quien caminó contigo, quién creyó en Ti, quien te agradó, y profetizó a su generación la verdad acerca del juicio por venir. Enséñanos qué significa esto y cómo se ve esto para nosotras en nuestro mundo, en nuestros días. Haznos fieles, fieles mensajeras de la verdad. Te lo pedimos en el Nombre de Jesús, ¡amén!

Annamarie: Has estado escuchando a Nancy DeMoss Wolgemuth. Este mensaje acerca de caminar por fe es parte de la serie titulada, «Caminando con Dios: La vida de Enoc». Si te has perdido alguno de los programas en esta serie, encuéntralo en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Sabes qué personajes bíblicos no murieron físicamente? Estos les dan esperanza a todos aquellos que conocen a Jesús. Conoce quiénes son y renueva tu esperanza, mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Caminando con Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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