Podcast Aviva Nuestros Corazones

Tu asombroso futuro

Annamarie Sauter: Si has creído en Cristo, tienes un futuro asombroso por delante.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido (como una muda de ropa nueva) de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?»

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nos encontramos en la serie titulada, «Caminando con Dios: La vida de Enoc». Aquí está Nancy con nosotras.

Nancy: Bueno, Espero que hayas disfrutado nuestro pequeño estudio sobre la vida de Enoc. ¿Has aprendido algo? Yo he aprendido. Es simplemente sorprendente cuando uno mira como con un microscopio estos pasajes de la Escritura y ve cuánto se puede extraer de ellos con solo meditar.

Me he encontrado a mí misma en estos días, mientras trabajaba en esta serie, simplemente pensando: ¿Cómo luce caminar con Dios? Mientras pienso en alguna decisión que debo tomar o lo que voy a hacer con mi tiempo me pregunto, ¿es esto caminar con Dios?

¿Qué significa caminar con Dios? No se trata solamente de un caminar con Dios cuando estoy en mi devocional o estudiando, leyendo mi Biblia, sino el resto del día, ¿cómo luce y qué significa caminar con Dios?

Hemos visto que Enoc caminó con Dios en Génesis 5, cuando otros a su alrededor no lo hicieron. Él nadó contra la corriente.

Y hemos visto en Hebreos 11, que él creyó a Dios y agradó a Dios por fe.

Caminar con Dios, creer a Dios, agradar a Dios, la fe –todo esto va de la mano.

Y vimos en la sección pasada, mientras veíamos el libro de Judas, que Enoc advirtió a su generación sobre el juicio venidero –tanto del juicio del diluvio y después del otro juicio que tendría lugar con el regreso de Cristo, el juicio final de los impíos. Él les advirtió que Cristo venía con decenas de millares de ángeles para ejecutar juicio.

Y vemos que tenemos aquí un retrato de la vida de este maravilloso hombre. Busca en Google el mensaje de Charles Spurgeon sobre la vida de Enoc, es maravilloso. Él percibe treinta aspectos, en el típico estilo de Spurgeon, sobre cosas que podemos aprender sobre el caminar de Enoc con Dios, pero tomaré esta pequeña cita que consideré de mucho valor. Él dijo:

Ninguna vida puede superar aquella de un hombre (o una mujer) quien tranquilamente continúa sirviendo a Dios en el lugar donde la providencia lo ha puesto.

Este hombre no fue ostentoso, y Spurgeon dijo: «Ninguna vida puede superar aquella de un hombre (o una mujer) que en tranquilidad continúa sirviendo a Dios en el lugar donde la providencia lo ha puesto». Creo que esa es una maravillosa descripción de la vida de Enoc.

Bueno, hoy llegamos al final de la historia de la vida terrenal de Enoc. Puede que sea una historia triste, pero de hecho, va a tener un final muy feliz.

Vuelve conmigo, si puedes, al libro de Génesis –hemos ido a allí muchas veces durante estos días– vamos al capítulo 5 de Génesis. Este es un registro genealógico, una generación tras otra. No estamos familiarizadas con muchos de los nombres que se dicen aquí. Algunos de estos nombres no los vemos en ninguna otra parte de las Escrituras –ellos aparecen y luego desaparecen. Sin embargo vemos aquí el paso de una generación a otra.

Quiero leer algunos versículos, comenzando con el versículo 3, de esta genealogía, ya que nos muestra unos aspectos sobre el final de la vida de Enoc.

Génesis 5, versículo 3: «Cuando Adán había vivido ciento treinta años, engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set».

Entonces Set fue el principio de la simiente piadosa que reemplazó el linaje de Caín quien se opuso a Dios, quien no se humilló a sí mismo ni creyó en el evangelio. Hay un linaje de Caín, y ahora el linaje piadoso de Set.

Versículo 4: «Y los días de Adán después de haber engendrado a Set fueron ochocientos años, y engendró hijos e hijas. El total de los días que Adán vivió fue de novecientos treinta años, y murió».

En cumplimiento a lo que Dios había dicho a Adán en el jardín: «Si tú comes, si haces lo que te dije que no hicieras, si me desobedeces, ciertamente morirás». Así como dijimos en una sección anterior, en el momento que Adán pecó, él quedó espiritualmente separado de Dios. Su espíritu quedó separado de Dios. Esa es la muerte definitiva. Pero su cuerpo no murió inmediatamente. Vino el tiempo, novecientos treinta años después de que Adán viniera a este mundo, que fuera creado por Dios, novecientos treinta años después, él murió.

Dios cumple Sus promesas. La muerte es una consecuencia del pecado.

Mira el versículo 6: «Y Set vivió ciento cinco años, y engendró a Enós. Y vivió Set después que engendró a Enós, ochocientos siete años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Set novecientos doce años, y murió».

Versículo 9: «Y Enós vivió noventa años, y engendró a Cainán. Y vivió Enós ochocientos quince años después de haber engendrado a Cainán, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Enós fue de novecientos cinco años, y murió».

Versículo 12: «Y Cainán vivió setenta años, y engendró a Mahalaleel. Y vivió Cainán ochocientos cuarenta años después de haber engendrado a Mahalaleel, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Cainán fue de novecientos diez años, y murió».

Versículo 15: «Y Mahalaleel vivió sesenta y cinco años, y engendró a Jared. Y vivió Mahalaleel ochocientos treinta años después de haber engendrado a Jared, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Mahalaleel fue de ochocientos noventa y cinco años, y murió».

Versículo 18: «Y Jared vivió ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. Y vivió Jared ochocientos años después de haber engendrado a Enoc, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Jared (el padre de Enoc) fue de novecientos sesenta y dos años, y murió».

Ahora, ¿sería algo distorsionado decir que estos versículos son repetitivos? ¿Quizás monótonos? ¿Predecibles? ¿Sueles saltarlos cuando llegas a ellos en tu lectura de la Biblia? Cuando empiezas a leer el Antiguo Testamento, y en el capítulo 5 de Génesis, te encuentras con esta lista repetitiva y monótona.

Me recuerda el pasaje de Eclesiastés 1, donde dice que «una generación va y otra generación viene, mas la tierra permanece para siempre. El sol sale y el sol se pone. Todas las cosas son fatigosas. Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol» (v 4-9).

Veamos, el escritor del libro de Eclesiastés da un vistazo a esos ciclos interminables, monótonos, aburridos de vida y muerte, y él comienza a desesperarse. Esto lo lleva a la depresión; y puedes ver la razón: porque vives, entonces engendras hijos, vives una larga vida, tienes más hijos, entonces mueres. Luego tus hijos viven, ellos engendran hijos, y mueren. Llegas a preguntarte, ¿no hay nada más en la vida que esto? ¿Todo se trata entonces de la muerte?

Génesis 5 dice: «...vivió, tuvo hijos y murió». Las personas nacen y las personas mueren. Una y otra vez dice esto, siglo tras siglo…hasta que llegas al versículo 21.

«Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y Enoc anduvo con Dios trescientos años después de haber engendrado a Matusalén».

Ahora, aquí tenemos el primer cambio del patrón. Es la primera vez que vemos ese término, «caminó con Dios». Las otras veces solamente veíamos que decía, «él vivió, engendró hijos e hijas, y él murió». Pero ahora dice, «él vivió, engendró hijos. Caminó con Dios». Hemos estado resaltando esto durante los días pasados.

Aquí tenemos una vida distinta, y si caminas con Dios –durante quizás los muchos o tal vez pocos días que Dios te dé aquí en la tierra– tu vida será diferente. Enoc caminó con Dios.

«El total de los días de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años».

Entonces, si continuamos con el patrón que ha sido establecido a lo largo de este capítulo, ¿qué debería decir la frase siguiente? «Y murió». Pero mira, no dice eso ahí. ¡Esto es impactante! Esto es revolucionario, es una locura. Esto está fuera de lo predecible. Es como que te despierta de tu adormecimiento generacional aquí. No dice: «y murió Enoc».

«El total de los días de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años. (Y mira lo que dice el siguiente versículo) Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó».

La historia de la vida de Enoc, cómo vivió su vida y cómo dejó su vida y pasó a la próxima vida, rompió el patrón de todo lo que ha habido antes y después de él.

Una pequeña nota aquí: Enoc vivió trescientos sesenta y cinco años, si lo comparamos con los otros nombres que leímos, fue una vida relativamente corta. Sería como que hoy en día alguien muriera a los 35 años, si lo comparamos con la esperanza de vida de hoy en día. El hijo de Adán, Set, la segunda generación, habría sobrevivido a Enoc (su tátara-tátara-tátara-tataranieto) por más de 50 años.

Enoc no vivió mucho, de acuerdo con los estándares de aquellos tiempos, pero qué vida más maravillosa, qué vida tan poderosa, qué vida tan impactante, y qué vida más digna de imitar por nosotros hoy.

Bueno, y Hebreos 11 –hemos ido hacia adelante y hacia atrás a Génesis 5– aporta este comentario. Dice: «Por la fe Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muerte; y no fue hallado porque Dios lo trasladó».

La versión de la Reina Valera Actualizada dice: «Dios lo había trasladado».

La Nueva Versión Internacional dice: «Dios se lo llevó».

Si estás familiarizada con las Escrituras, y las has estudiado por algún tiempo, probablemente has escuchado del «traslado de Enoc»; que no significa lo mismo que cuando trasladamos algo de una habitación a otra, o transferimos de una cuenta de banco a otra. Aquí se refiere al traslado de esta tierra al cielo. Esa palabra, trasladó o Dios lo traspuso, Dios se lo llevó, significa, «transportar, transferir, mover a una persona o una cosa de un lugar a otro».

Dios traspuso a Enoc. Dios se lo llevó. Dios lo trasladó. Dios lo movió de un lugar, de una vida, de una existencia a otra.

Ahora, además de eso, la Escritura no nos da muchos detalles sobre lo que pasó y cómo pasó. Los comentaristas –leí a unos cuantos la semana pasada– realmente difieren sobre esto, y hay algunas especulaciones algo exageradas. No presto mucha atención a eso. Lo que sí sabemos es que él no murió. Él fue trasladado de la tierra hacia la mismísima presencia de Dios.

«Porque la paga del pecado es muerte» (Rom 6:23), y esto es lo que justamente hemos visto en esa genealogía. «Y murió». Romanos 6 dice, «la paga del pecado es muerte», pero ¡gracias a Dios ese no es el fin de este versículo! «pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (v. 23).

Todos los demás nacieron, engendraron hijos, y murieron. Ellos nacieron, tuvieron hijos, y luego murieron. Pero Enoc nació, tuvo hijos y no murió. Él vivió. Es una sombra del evangelio, la esperanza que tenemos de vida eterna en Cristo.

Él es una de las dos personas en la Biblia que aparentemente Dios llevó al cielo antes de que ocurriera su muerte física, el otro fue Elías, en segundo de Reyes, capítulo 2. Ahora, esa transición de Elías de esta vida a la otra fue mucho más dramática.

2 Reyes 2:11, dice: «Y aconteció que yendo ellos (Elías y Eliseo su sucesor) y hablando, he aquí un carro de fuego con caballos de fuego que separó a los dos; y Elías subió al cielo en un torbellino». Él subió al cielo en una tormenta.

Eso no es lo que uno lee que sucedió con Enoc. No hay descripción dramática con Enoc, no hay registro de algún testigo, solo, «y desapareció, porque le llevó Dios».

Todas las personas alrededor de él, todos antes que él, todos los demás después de él, todos en su generación, murieron. Sus espíritus fueron separados de sus cuerpos. Sus cuerpos permanecieron en la tierra. Fueron enterrados o dispuestos de la manera que fuera, y sus espíritus partieron de esta tierra.

Sin embargo en el caso de Enoc, su cuerpo y su espíritu nunca se separaron. Ambos fueron removidos de repente de la tierra, trasplantados al cielo –donde todos los creyentes estarán algún día– en cuerpo, alma y espíritu.

Por lo que para Enoc no hubo funeral, no hubo entierro, no hubo tumba. ¿Puedes imaginarte a las personas que lo conocían...? Él tenía hijos e hijas. Él tenía esposa. Él tenía amigos. Tenía vecinos y compañeros de trabajo. Ellos deben haberse preguntado: ¿Dónde está Enoc? Ellos lo extrañaron. Él no apareció más. Él no vino a casa después del trabajo. Ellos no lo vieron más. ¿Dónde está? Ellos lo buscaron pero no lo encontraron. No podían encontrarlo.

Sin embargo ellos conocían el testimonio de su vida. Ellos sabían que este hombre había caminado con Dios durante trescientos años, así que ellos sabían que estaba con Dios. El haber sido traspuesto, trasladado de esta tierra, de su vida aquí hacia la otra vida, fue el resultado de su caminar con Dios en esta vida. Él caminó con Dios. Él agradó a Dios. Él creyó a Dios. Enoc tenía el mensaje y el ministerio que Dios le había dado para esta vida, y luego Dios decidió que ya su función en esta tierra había acabado. Su viaje llegó a su fin, así que Dios se lo llevó a casa.

Un comentarista afirma –lo que creo que es una hermosa observación de este pasaje– y dice:

La certeza de la muerte causada por el pecado, y demostrada tan poderosamente en la genealogía de Génesis, no es de hecho, tan final ni definitiva. El hombre no nació para morir; nació para vivir, y esa vida proviene de caminar con Dios. (Y yo añadiría, «por fe») Caminar con Dios es la llave para romper la maldición.

Él viene para revertir la maldición, para dar vida a aquellos que merecen muerte, para transportarnos del reino de oscuridad al reino de vida –de muerte a vida. Este es el milagro de la regeneración, el milagro del nuevo nacimiento. Y Enoc lo experimentó literal y físicamente, cuando su cuerpo, alma y espíritu fueron traspuestos, llevados de la tierra al cielo.

Entonces vemos que Enoc caminó continuamente con Dios en la tierra, por fe, por trescientos años. También se mantuvo caminando con Dios sin desviarse, hacia la otra vida, su hogar celestial. No hubo interrupción en su comunión con Dios. Él estaba aquí un momento y en el siguiente ya estaba allá. Él fue movido de mortalidad a inmortalidad, de esta tierra no santa a la presencia de un Dios santo.

Campbell Morgan, un excelente expositor bíblico del siglo XX, en uno de sus mensajes sobre Enoc, habla de una niña pequeña que escuchó sobre la historia de Enoc en la escuela bíblica de su iglesia. Y esa niña se fue a su casa y le dijo a su mamá, «él (Enoc) solía dar caminatas largas junto a Dios».

Y la mamá le dijo, «bueno eso es maravilloso cariño, ¿cómo termina la historia?»

Y la niña contestó:

«Oh mamá, un día ellos caminaron y caminaron, y fueron tan lejos que Dios le dijo a Enoc, “estás muy lejos de tu casa. Mejor vienes y te quedas conmigo”. Y esa es una descripción muy buena creo yo.

El traslado de Enoc, el hecho de que se lo llevara Dios…no podemos decir, «él murió». Él no enfrentó la muerte. Su cuerpo fue trasladado de aquí hacia allá. Esto nos recuerda que esta vida no es todo lo que hay. Apunta a la realidad de lo que hay después de esta vida y la insensatez de vivir solo para esta vida.

La eternidad es algo en lo que mucha gente no piensa hoy en día. Antes, cuando querías testificarle a alguien, hablarle de Jesús, tú podías preguntarle algo como, «si murieras hoy y fueras delante de Dios y Él te preguntara, «¿por qué debería dejarte entrar en mi paraíso?», ¿qué le dirías a Él?

Tú haces esa pregunta hoy –y no creo que sea una mala pregunta– pienso que es una gran pregunta, una pregunta muy importante, pero tú preguntas eso hoy, y a la gran mayoría de las personas no les importa, porque de ninguna manera están pensando en la idea de la próxima vida, la realidad de que la vida no es esto y ya, la realidad de la eternidad. Debemos pedirle a Dios que arraigue este concepto en los corazones de las personas.

Dios ha puesto eternidad en el corazón de todo hombre, nos dice Eclesiastés. Sin embargo, debido a que hemos rechazado a Dios, lo hemos resistido y nos hemos rebelado contra Él, nuestras conciencias se han endurecido, se han apagado y se han envilecido, y ya no somos sensibles a las cosas que Dios ha puesto en nuestros corazones. Por lo que pienso que a la gran mayoría de las personas hoy en día no les importa para nada lo que pasa después de esta vida. Esta es la razón por la que debemos contar la historia de personas como Enoc. Esta es la razón por la que debemos enseñar las Escrituras –desde que son niños– para se interesen por lo que sucede después de esta vida.

La vida de Enoc muestra la insensatez de vivir para esta vida. Nos recuerda que caminar con Dios por fe en esta vida es la mejor preparación para la próxima, la vida venidera.

Pero miramos el traslado de Enoc, y pensamos, ¿bueno y qué de nosotras? ¿No sería genial que aquellas que seguimos a Jesús fuéramos transpuestas al cielo así como lo fue Enoc –sin muerte, sin terminar la vida en dolor, y sin sufrimiento?¿No sería esto maravilloso?

Bueno, la realidad es que a menos que estemos vivas cuando Jesús regrese por su novia, todos moriremos físicamente. Nuestros cuerpos morirán. Sin embargo el Nuevo Testamento nos enseña que la muerte física no es definitiva. No es el final.

De hecho, muchas veces en el Nuevo Testamento vemos que se refiere a la muerte como, «estar dormido».

Bueno, estar en una siesta, o estar acostado durmiendo por una larga noche, eso no es definitivo. Vas a levantarte de ahí.

Vas a despertarte de la muerte. No es definitiva. Jesús lo dijo en Juan 11: «Nuestro amigo Lázaro (quién había estado tendido en la tumba por cuatro días) duerme; mas voy a despertarle» (v. 11).

Hay vida después de esta. Hay resurrección del cuerpo. Nuestro espíritu y nuestra alma vivirán para siempre. Para aquellos que murieron en Cristo, vivirán en la presencia del Señor. Para aquellos que murieron apartados de Él, habrá juicio eterno, por siempre separados del Señor. Nuestra muerte física no es el final.

Sin embargo, a menos que estemos aquí cuando Cristo regrese por su iglesia, no seremos traspuestos al cielo como lo fue Enoc, pero –y esto quizás podría ser mejor– mientras caminamos con Dios en esta tierra, estamos siendo transformadas, no traspuestas sino transformadas, a Su semejanza, a Su imagen (que fue dañada en la caída) de una grado de gloria al otro, esto dice Pablo en 2 Corintios, capítulo 3.

Habiendo dicho todo esto, Enoc es un ejemplo, una imagen, una ilustración. Su traslado, de la tierra a la presencia de Dios en el cielo, es una sombra de nuestra esperanza como seguidoras de Cristo y nos recuerda dos promesas que Dios nos ha dado.

La primera es la promesa de la resurrección de nuestros cuerpos físicos. Estos cuerpos físicos irán a la tierra, o serán dispuestos en el funeral de alguna forma, pero ese entierro no será definitivo. Pablo habla de esto en 1 Corintios capítulo 15, comenzando en el versículo 52. Él dice –y este es el capítulo, por cierto, donde él habla de la resurrección. Entonces llega al versículo 52 y dice:

«...en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados».

Muy parecido al cuerpo glorificado de Jesús cuando Él se levantó de los muertos. Era el mismo cuerpo, pero estaba en una condición diferente al cuerpo que descendió de la cruz. Seremos levantados inmortales, y seremos transformados.

«Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido (como una muda de ropa nueva) de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?» (v. 53-54).

Así que tenemos la promesa de la resurrección de nuestros cuerpos, y vemos esto en Enoc. Vemos esto anunciado. Vemos a Enoc siendo un ejemplo del hecho de que nuestros cuerpos no van al polvo y se quedan allí para siempre. Al final nuestros cuerpos se unirán a nuestros espíritus en la presencia del Señor.

Además hay una segunda promesa, y es la promesa del regreso de Cristo por su novia, por su iglesia, cuando aquellos que están en Cristo serán llevados al cielo para estar con el Señor para siempre. Traspuestos, esa generación será traspuesta como lo fue Enoc, en un momento están aquí, en el próximo están con Cristo. Eso podría pasar en cualquier momento.

Y leemos esta descripción en 1 Tesalonicenses, capítulo 4, comenzando en el versículo 16,

«Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre» (v. 16-17).

¿Te recuerda esto a Enoc? Él caminó con Dios. Él creyó a Dios. Él agradó a Dios. Él caminó por fe, y no lo encontraron porque Dios se lo llevó. «Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor para siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras».

Eso es lo que he tratado de hacer con ustedes hoy y lo que podemos hacer las unas por las otras, confortarnos unos a otros con estas palabras, mientras atravesamos cosas difíciles en nuestro caminar con Dios en este mundo caído, lo difícil es creerle a Dios cuando algunas veces la razón dice, «¿cómo puede ser esto cierto?»

Vivimos en una época muy racional. Si no puedes ver algo, si la ciencia no lo puede probar, entonces no puedes creerlo. ¿Cómo puedes creer a Dios en esta era? ¿Cómo puedes agradar a Dios cuando sabes que no eres agradable ante Él, que has pecado, y sabes que has pecado en gran manera? Agradamos a Dios por fe porque sabemos que estamos en Cristo, y Cristo agrada en gran manera al Padre. Por tanto, en Cristo somos agradables a Dios.

Entonces en esos días difíciles y en los momentos de lágrimas, debido a que no podemos ver más allá de lo que está a nuestro alrededor, se siente como si a veces viviéramos y camináramos en la niebla, ¿no es así? Pensamos, ¿qué, estamos locas? Tratamos de caminar con Dios y creer todas estas cosas cuando el resto del mundo está implosionando y volviéndose loco y gritando y andando en total desvarío.

Podemos quedarnos atrapadas en todo eso, o podemos fielmente caminar con Dios y creer y agradar a Dios, sabiendo que tenemos Su promesa de que un día estos cuerpos serán levantados incorruptibles, y estaremos para siempre con el Señor. Tenemos la promesa del regreso de Cristo, un día, pronto.

Esa fue la promesa que mantuvo a Enoc caminando con Dios. Él solo lo vio a distancia, tenuemente. Nosotros solo lo vemos de lejos, y sabemos más de lo que él supo, pero hay mucho que no podemos ver y que no conocemos, pero creemos. Le creemos sin haberle visto. Le amamos sin haberle visto. Confiamos en Él. Nos aferramos a Él.

Y sabemos que tenemos esta promesa que da esperanza, seguridad y estabilidad a nuestras almas en tiempos inestables. «Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras».

Annamarie: Es de mucho ánimo recordar que tenemos una esperanza eterna y segura en Jesús. Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado recordando esto. Ella regresará para orar.

Este es el último programa en la serie, «Caminando con Dios: La vida de Enoc». puedes encontrar los programas anteriores en AvivaNuesrosCorazones.com. Allí también puedes compartir este programa fácilmente con otras mujeres.

El desánimo es una de las armas más comunes y poderosas que el enemigo usa en nuestras vidas. En nuestra próxima serie, escucharemos cómo hacerle frente a esto, al estudiar junto a Nancy un tiempo de desánimo en la vida del rey David.

Ahora, Nancy regresa para concluir este programa en oración.

Nancy: Gracias por la vida, Señor, de este hombre maravilloso, por la vida de Enoc. No hace muchas semanas que comencé a pensar en él, y Tú me has hablado de una manera tan dulce, tan enriquecedora a través de su vida. Quiero caminar contigo como lo hizo él. Quiero creerte, quiero agradarte. Gracias por la fe, porque por ella podemos lograrlo.

Y gracias por las promesas que tenemos de la resurrección de estos cuerpos mortales y del regreso de Cristo para llevar a su novia a casa. Ayúdanos a vivir a la luz de estas promesas y a saber, mientras reflexionamos en que Enoc fue transpuesto de esta tierra, de esta vida a la próxima, que de igual manera nosotras también estaremos con él para siempre, juntos con el Señor.

Por esto te agradecemos, en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Caminando con Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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