Aviva Nuestros Corazones Podcast

Puedes caminar con Dios

Annamarie Sauter: Cuando el mundo está en tinieblas, tú no tienes que dejarte envolver por ellas.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Tú puedes caminar con Dios aún cuando los demás a tu alrededor no lo estén haciendo. Aún cuando vivas en un ambiente que no es piadoso, puedes caminar con Dios.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa con el segundo día de la serie titulada, «Caminando con Dios: La vida de Enoc».

Nancy: Siempre me ha gustado leer biografías. Tengo una gran colección de biografías, la mayoría de ellas de misioneros cristianos, líderes, maestros, eruditos, santos, personas cuyas vidas son ejemplares e inspiradoras. ¡Algún día espero tener tiempo de leer todas esas biografías que tengo!

Pero he leído muchas. Podría decir que «me salieron los dientes» leyendo biografías desde que era niña, y generalmente siempre tengo alguna biografía que estoy en proceso de leer en un momento determinado. Pero me gusta de manera especial estudiar las vidas de hombres y mujeres de la Escritura, y juntas hemos hecho eso aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Algunos de los personajes bíblicos tienen capítulos enteros –aún libros enteros– de la Biblia, acerca de sus vidas. Así que cuando estudiamos o enseñamos de ellos en Aviva Nuestros Corazones, es necesario resumir porque hay mucha información. Pero en el caso de otros en la Escritura, se nos dice muy poco, y aún así los ponemos bajo una lupa para obtener sabiduría y entendimiento.

La vida del hombre que estamos estudiando esta semana es un ejemplo de lo último. Su nombre es Enoc y solo hay nueve o diez versículos en la Biblia que mencionan su nombre. Hay siete, creo, en el Antiguo Testamento (seis de los cuales están en Génesis capítulo 5), y hay tres versículos en el Nuevo Testamento que también mencionan a Enoc.

No sabemos mucho acerca de él, pero se nos dice lo suficiente para animarnos, edificarnos y desafiarnos en nuestro caminar con el Señor. Permíteme invitarte a que abras tu Biblia en... iba a decir, «el evangelio de Génesis». Aunque de hecho, eso es correcto, ¡porque Génesis tiene incluido el evangelio!

Abre tu Biblia en el libro de Génesis. Hay buenas nuevas en este libro, y ¡más buenas nuevas veremos en el Nuevo Testamento! Vamos a Génesis capítulo 5. En el programa anterior vimos el linaje impío de Adán a través de Caín, en Génesis capítulo 4. Hoy estaremos estudiando el linaje piadoso de Adán a través de su otro hijo, Set. Seguimos con nuestro estudio, en el versículo 21 de Génesis, capítulo 5.

«Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y Enoc anduvo con Dios trescientos años después de haber engendrado a Matusalén, y engendró hijos e hijas. El total de los días de Enoc fue de trescientos sesenta y cinco años. Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció porque Dios se lo llevó (vv. 21-24)».

El nombre «Enoc» significa «destinado», y ese es un nombre apropiado para este personaje del Antiguo Testamento. Él es uno de los dos hombres en la Escritura de quienes se dijo: «caminó con Dios». ¿Recuerdas quién fue el otro? Noé. Génesis 6:9, nos dice que «Noé caminó con Dios». Hay otros hombres y mujeres que caminaron con Dios, pero de estos dos hombres se dice eso específicamente en la Escritura.

Hoy solo quiero explicar un poco de lo que significó para Enoc caminar con Dios… y lo que significa para nosotras hoy caminar con Dios. Primero quiero decir que es fácil poner a estas personas en pedestales. Los vemos en vitrales y hermosos cuadros y pinturas, y pensamos que fueron algo extraordinario.

Pero no hay nada en el registro bíblico que indique que Enoc fuera algo más que un hombre ordinario, muy lejos de lo que el mundo considera como extraordinario. Leímos ayer acerca de los descendientes de Lamec, quienes fueron reconocidos por sus logros: agricultores, artífices, artesanos y músicos exitosos.

Por el contrario, la Escritura no nos da ninguna descripción de los logros terrenales de Enoc. Enoc aparentemente no estuvo al nivel de hombres como Moisés, José y Daniel, que fueron reconocidos por su gran liderazgo y habilidades administrativas. No leemos eso de Enoc.

Pero les voy a decir lo que me gusta de eso: La vida de Enoc es un recordatorio de que… ¡las personas ordinarias –como nosotras– pueden tener una relación extraordinaria con Dios y pueden disfrutar una relación constante y cercana con Él! No lean estas historias, estos personajes bíblicos y digan, «oh, ese es él, y eso sucedió en el pasado. Yo nunca podría experimentar un verdadero caminar con Dios». Si queremos, si lo decidimos de manera intencional, podemos caminar con Dios, ¡por Su gracia!

Ayer vimos el contraste entre estos dos linajes diferentes de Adán. Génesis 4, el linaje de Caín… a este solo le interesaba la cultura terrenal, las vocaciones terrenales, construir ciudades con sus nombres. Esta era la época de Lamec, el séptimo desde Adán en el linaje de Caín –cuando la maldad y la rebeldía abundaron. Ese fue un linaje.

Luego, comenzando en el versículo 25 del capítulo 4 (el final del capítulo 4 hasta el capítulo 5), vemos el linaje paralelo desde Adán. Este es el linaje del justo Set. Y luego la Escritura nos dice al final de Génesis 4, en el versículo 26, que Set tuvo un hijo y que… «Por ese tiempo comenzaron los hombres a invocar el nombre del Señor». Los comentaristas piensan que este pudo haber sido el comienzo de la adoración pública corporativa a Jehová.

Abel ya había aprendido la clase de sacrificio que Dios aceptaba, así que podemos entrever de manera ilustrada, la justificación por la fe. Pero ahora tenemos en el hijo de Set, una ilustración del pueblo reuniéndose para invocar el nombre del Señor. Caín y Set –ambos hijos de Adán– representan dos mentalidades distintas, dos estilos de vida diferentes.

Por un lado, el linaje de Caín está ocupado con las cosas terrenales. El otro, el linaje de Set, está ocupado con las cosas celestiales. El linaje de Caín se rige por su propia ley. El linaje de Set se sujeta a la ley de Dios. No era fácil hacerlo en ese entonces y no lo es ahora, ni será fácil caminar con Dios cuando la mayoría de las personas a nuestro alrededor no lo están haciendo.

Entonces, para Enoc no fue fácil caminar con Dios cuando la mayoría de las personas en su época no lo estaban haciendo. La maldad estaba aumentando, se estaba multiplicando en el mundo. Pronto acarrearía el juicio divino en la forma del diluvio. De hecho, en el siguiente capítulo se lee una descripción de la época en la que Enoc vivió.

Génesis 6:5 dice: «Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal». Eso suena muy desalentador, ¿cierto? ¡Ese era el mundo en el que Enoc vivió! Pero en medio de tanta oscuridad… en medio de la gran oscuridad en nuestro mundo el día de hoy, cuando parece que todos lo rechazan a Él, ¡Dios siempre ha tenido un pueblo!

En esos días, regresando a Génesis, cuando la maldad estaba aumentando y empeorando de una generación a otra, Dios preservó un linaje justo, uno de donde vendría Cristo, un linaje de fe, un linaje de obediencia y de personas que serían luz en la oscuridad. Enoc caminaba con Dios en medio de la oscuridad, en el día malo.

¿Cuál es la moraleja que puedo tomar de la vida de Enoc? Es esta: es posible andar con Dios aun cuando otros no lo estén haciendo. Cuando vives en un ambiente impío, aun así, ¡puedes caminar con Dios! Eso puede ser cierto si pensamos en nuestro mundo –que es muy similar a lo que vemos descrito en Génesis 6.

«…era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era solo hacer siempre el mal» (v.5). Parece que eso describe a nuestro mundo hoy. Eso podría describir tu lugar de trabajo, tu vecindario, la escuela a la que asistes, el hogar en el que vives.

Quizás estás casada con un esposo incrédulo, o puede que tengas hijos o padres no creyentes. Puede que vivas en un ambiente profano e impío, pero es posible caminar con Dios, como lo hizo Enoc, aun cuando otros a tu alrededor no lo hagan.

Los versículos 21-22 (continuando en Génesis capítulo 5), nos dicen: «Y Enoc vivió sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y Enoc anduvo con Dios trescientos años después de haber engendrado a Matusalén, y engendró hijos e hijas». Enoc caminó con Dios después de haber engendrado a Matusalén. He estado pensando en esa oración.

No sabemos más de lo que dice el texto, pero parece que el nacimiento del primogénito de Enoc fue un momento crucial en su vida, como lo es con frecuencia para las personas. Cuando vas avanzando en la vida y llegas a tener un hijo, te das cuenta, «¡ya soy adulta!» Y te das cuenta, «¡tengo una gran responsabilidad!» Y eso puede cambiar el rumbo de tu vida.

Comienzas a tomar la vida en serio. Comienzas a pensar acerca de alguien aparte de ti, tal vez, con el nacimiento de tu primer hijo. Tal vez sea otro momento significativo en tu vida que se convierte en un momento crucial. Puede ser la pérdida de un amigo cercano o de un familiar. Algo que te hace detenerte a pensar en la dirección en que va tu vida, tu legado, y comienzas a tomar decisiones diferentes.

Durante los primeros 65 años de su vida, Enoc, aparentemente, había estado caminando en una dirección. Tal vez se estaba desviando, siguiendo la corriente, trabajando en su carrera, encajando con todos a su alrededor y sin sobresalir en ninguna forma del mundo que le rodeaba.

Y luego, ¡llegó ese momento crucial cuando tuvo un hijo! Y el Espíritu comenzó a obrar en el corazón de Enoc, instándolo a pensar en el estado de su alma y en la condición del mundo a su alrededor, y el legado que dejaría para su hijo, y para la vida después de la muerte y lo que realmente importaba.

Lo que sea que estuviera pensando, todo cambió luego del nacimiento de ese primer hijo: sus prioridades, sus valores, sus decisiones, su perspectiva. Ahora, en cierto sentido, la vida familiar puede hacer más difícil el caminar con Dios: estás ocupada y las prioridades compiten.

1 Corintios 7, habla acerca de esto. Dice que si no tienes esposo, puedes darle tu devoción sin distracciones al Señor. Pero una vez que te casas, ¡tienes distracciones! Porque piensas, con justa razón, no solo en agradar a Dios, sino también en cómo agradar a tu pareja. Y luego llegan los hijos y las cosas se complican más, hay más ocupación, más competencia.

Recuerdo haber hablado con una mujer que había sido una editora, en una casa editorial con la que hemos trabajado por años, cuando ella era soltera. Ella amaba al Señor, y lo buscaba. Ella era una mujer piadosa. Se casó un poco mayor y en el momento que estaba hablando con ella tenía siete hijos, ¡todos muy pequeños! Y uno de ellos tenía Síndrome de Down.

Ella me estaba diciendo mientras conversábamos por teléfono un día, «¿sabes qué? Cuando era soltera, era más fácil caminar con Dios». Sin embargo, cuando ella era soltera, probablemente pensaba, «sería más fácil caminar con Dios si yo pudiera hacerlo con una pareja».

La verdad es que tú puedes caminar con Dios en cualquier época de la vida en la que te encuentres, inclusive cuando tienes responsabilidades familiares. Enoc lo hizo. Él tuvo una esposa, hijos y responsabilidades de la vida diaria normales, y caminó con Dios como padre, como esposo, como hombre viviendo en este mundo tan real. Fue posible para él y es posible para nosotras.

Ahora, desde el inicio de la creación, la intención de Dios era andar con su pueblo, y que su pueblo anduviera con Él. Vemos esto en toda la Escritura. Es un hilo conductor en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Levítico 26:12 dice: «Andaré entre vosotros y seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo».

Quiero tomar estos últimos minutos hoy, y simplemente meditar en lo que significa caminar con Dios. Esta lista no es exhaustiva de ninguna manera, pero contiene algo de la reflexión que he estado haciendo esta última semana.

En primer lugar, caminar con Dios no significa ser solitaria o estar en un monasterio. No significa que te aíslas de la sociedad, de la cultura y que te decides por una vida espiritual y piadosa, y luego caminas con Dios. No, Enoc vivió una vida normal con preocupaciones y responsabilidades normales.

Él tuvo una familia, tuvo hijos, como vimos. Pero caminó con Dios al mismo tiempo que desempeñaba sus responsabilidades, interactuando con sus vecinos, compañeros de trabajo y miembros de su familia. Caminar con Dios no significa que huyes de este mundo, pero sí significa que debes tomar decisiones intencionales.

Amós 3:3, dice: «¿Andan dos hombres juntos si no se han puesto de acuerdo?» Caminar con Dios no sucede espontáneamente. Requiere una decisión consciente y deliberada. Acordamos que vamos a caminar con Dios, que vamos a caminar juntos. Eso no sucede simplemente; no sucede por casualidad ni por osmosis.

No es que dices, «oh, yo quiero ser una anciana piadosa. Espero caminar con Dios cuando sea mayor». Mira, déjame decirte que si no estás caminando con Dios ahora, probablemente no lo harás cuando seas mayor». Es una decisión intencional.

También es un estilo de vida continuo y consistente. Es un hábito que debe ser cultivado. ¡Enoc caminó con Dios por trescientos años! Esto no era una búsqueda de Dios ocasional, o una experiencia religiosa o emocional ocasional. Esto no era una relación fría y caliente, que se acaba y reinicia, que pelea y se reconcilia.

Esta era una relación, un caminar con Dios que influyó e impactó cada área de la vida de Enoc… como lo hará con la nuestra. Impacta nuestras relaciones, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestros pasatiempos, nuestro tiempo libre, ¡todo! Lo que comemos, lo que bebemos, a dónde vamos, lo que decimos, lo que pensamos. Caminar con Dios es un hábito que debe ser cultivado, un estilo de vida continuo y consistente.

Y luego, caminar con Dios sugiere una amistad cercana. Enoc sabía que Dios estaba con Él y lo consideraba un amigo. Hace años, por varios años, yo tuve una compañera de caminatas. No nos conocíamos mucho cuando comenzamos a compartir, a caminar, así que al principio nuestras conversaciones eran un poco incómodas.

No conocíamos mucho la una de la otra, ni de nuestro pasado, pero comenzamos a caminar y a hablar. Eso es lo que hacemos las mujeres cuando caminamos, ¡hablamos! Porque caminamos juntas durante ocho años, nos hicimos amigas muy cercanas.

Nuestra apariencia no era para que nos tomaran fotos y las publicaran. Nos mostrábamos tal cual éramos, sin maquillaje, en sudaderas. En clima frío, clima cálido, caminando y hablando acerca de cosas grandes y pequeñas. Así nos conocimos. Fuimos caminando por diferentes etapas de la vida de cada una.

Hablábamos de las cosas que nos inquietaban, de las cosas que nos molestaban, de las cosas que estaban sucediendo en nuestras familias, de las cosas que estaban sucediendo en nuestras vidas, en el ministerio mientras lanzábamos Aviva Nuestros Corazones en esos primeros años, nuestros problemas, nuestras preocupaciones. Compartimos nuestras vidas mutuamente. Caminábamos y hablábamos.

Como dice ese himno de Anne Murray:

Él conmigo está, puedo oír su voz,

Y me dice que suyo(a) soy.

Y el encanto que hallo en Él allí,

¡Con nadie podré tener!

(«A solas al huerto yo voy», por Anne Murray)

Con nadie… solamente con otros que han caminado con Dios.

Puedes ver que esto no era una visita ocasional que Enoc y Dios tenían. Mi amiga y yo no caminábamos juntas ocasionalmente, lo hacíamos regularmente. Fue una amistad cercana que se cultivó porque estábamos pasando tiempo juntas regularmente.

Hay una cercanía que viene con Dios –una intimidad con Dios-– que se cultiva cuando dedicamos tiempo a caminar con Él y a cultivar una amistad con Él.

  • Te interesas por lo que le interesa a Dios
  • Lo que le importa a Él comienza a importarte
  • Amas la justicia y aborreces el mal
  • Disfrutas de Su compañía para compartir una comunión cercana con Él
  • Caminar con Dios implica una amistad

Caminar con Dios significa ir en la misma dirección en la que Dios está yendo. ¿Qué significa eso? Significa que acepto Su punto de vista, y cuando difiere del mío, yo tomo el suyo y no me aferro al mío. Significa estar alineada con Él y con Su voluntad. Tenemos las mismas metas. Tenemos los mismos objetivos. Nos ponemos de acuerdo con Dios en vez de discutir con Él. Va a ser de acuerdo a Su voluntad y no a la mía.

El Salmo 119:1 dice que vamos a andar en el camino del Señor, vamos en la misma dirección con Él, no en direcciones opuestas. No puedes cultivar una amistad si ambos están caminando por senderos diferentes, si van hacia direcciones distintas. Dios ama la santidad. No podemos amar el pecado y caminar con Dios. Debemos ir en la misma dirección que Dios.

Caminar con Dios también significa caminar en una dirección diferente a la de los demás a nuestro alrededor. Caminar en la misma dirección que Dios, pero a veces, caminar en una dirección diferente a la de los demás. Enoc no podía caminar con Dios y caminar con el mundo de su época. Caminar con Dios significaba que él tenía un corazón diferente, un estilo de vida diferente que los demás a su alrededor. ¡Él sobresalía!

Caminar con Dios nunca ha sido la norma desde Génesis 3, desde la caída. ¿Y recuerdas qué sucedió en Génesis 3? ¿Recuerdas el versículo 8? «(Adán y Eva) oyeron al Señor Dios que se paseaba en el huerto al fresco del día». Esto sugiere que era algo que sucedía regularmente: ellos caminaban con Dios.

Y en ese fatídico día, después de que dijeron, «no Dios, iré por mi camino. Vete Tú por el tuyo», Dios todavía se acerca y camina hacia ellos. ¿¡No es eso gracia!? Ellos escucharon el sonido del Señor caminando en el jardín, ¿y «el hombre y su mujer...» vinieron corriendo hacia Dios? No. ¿Qué hicieron? «...se escondieron de la presencia del Señor entre los árboles del huerto».

En el huerto, Dios caminaba, se paseaba. El día que ellos pecaron, Dios vino. Pero Adán y Eva se escondieron de Él. Se alejaron de Dios. ¿Qué hizo Enoc?

Se acercó a Dios. No era que Enoc no pecaba, sino que aprendió cómo andar en la gracia de Dios, cómo acercarse a Dios con un estilo de vida de arrepentimiento. Pero para hacerlo, él tenía que caminar en una dirección diferente a la de los demás.

Caminar con Dios significa caminar humildemente, porque Dios mira al altivo de lejos, pero se acerca al humilde. Miqueas 6, versículo 8, dice: «Él te ha declarado, oh hombre, lo que es bueno. ¿Y qué es lo que demanda el SEÑOR de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia, y andar humildemente con tu Dios?» El corazón soberbio no puede andar con Dios.

Caminar con Dios implica movimiento y progreso, no quedarse quieto ni estático. Te estás dirigiendo a un lugar con este caminar. ¿Hacia dónde te diriges? ¡A donde Dios se dirige! Tú vas con Él. Hay movimiento, hay progreso. Después de trescientos años de caminar con Dios, Enoc no estaba en el mismo lugar donde había comenzado trescientos años antes.

En mi caso, por la gracia de Dios, tuve el gozo de comenzar un caminar con Dios a la edad de cuatro años. Han sido muchos años de mucho crecimiento, han sucedido muchos cambios, mucho movimiento, mucho progreso –a veces avanzo tres pasos y retrocedo dos; a veces retrocedo tres pasos y avanzo dos.

No ha sido un caminar perfecto de ninguna manera, pero hay movimiento, ha habido progreso.

Y mi objetivo, mi deseo, mi anhelo, mi oración es que pueda seguir caminando con Dios hasta ese día cuando la oración se convierta en alabanza y la fe se convierta en vista, y yo esté finalmente con el Señor.

Caminar con Dios implica andar como Jesús anduvo. Juan 5 dice que «el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino lo que ve al Padre hacer». Jesús dijo, «no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió» (v.30). Así es como Jesús caminó con Su Padre.

Caminamos con Dios como caminamos con Jesús, haciendo solo lo que vemos al Padre hacer, no haciendo nada por nuestra propia cuenta sino buscando la voluntad del Padre. Caminamos con Dios cuando pasamos tiempo en la presencia de Jesús, mientras lo escuchamos, lo miramos, lo contemplamos, mientras buscamos Su voluntad, mientras vivimos en la luz de Su Palabra, y mientras somos guiadas por Su Espíritu. Caminar con Dios significa andar como Jesús anduvo.

Mientras concluimos aquí en el día de hoy, caminar con Dios es una vida dependiente. ¡Enoc caminó con Dios por trescientos años! Es un recordatorio de que el que te llamó te guardará. ¡El Dios de Enoc es nuestro Dios! Es una vida dependiente. Es una vida bendecida. Eso no significa que no tenemos dificultades o sufrimiento.

Sí, habrá dificultades, habrá piedras en el camino, habrá raíces en el camino, habrá montañas que tendremos que escalar y ríos que tendremos que cruzar. Habrá dificultades y sufrimiento, pero en el caminar con Dios, ¡Él está con nosotras! ¡Somos bendecidas! Él nos está protegiendo, Él está proveyendo, dirigiéndonos. ¡Es una vida bendecida!

Caminar con Dios es una vida transformadora. Mientras caminamos en Su presencia, no podemos evitar ser cambiadas. Nos volvemos más como Él. Proverbios 13:20, dice: «El que anda con sabios será (¿qué?), sabio». Si andas con nuestro Dios amable, compasivo, generoso y santo, serás sabia, amable, compasiva, generosa y santa. ¡Caminar con Dios es transformador!

Y caminar con Dios es una vida sin remordimientos. Al final de este camino nunca diremos: «Desearía haber pasado menos tiempo con el Señor. Desearía haberme enfocado menos en mi caminar con Él. Desearía haberme enfocado más en lo terrenal». No, es una vida sin remordimientos.

¡Caminar con Dios es la mejor preparación posible para la eternidad! Aquellos que caminan con Él en esta vida caminarán con Él en la próxima. ¿Cómo sé eso? En Apocalipsis 3, versículo 4, dice: «Pero tienes unos pocos en Sardis que no han manchado sus vestiduras, y andarán conmigo vestidos de blanco, porque son dignos».

Tú dices, «no me siento digna». Tienes razón. No eres digna, ni tampoco las personas de Sardis. ¿Sabes quién es digno? ¡Jesús es digno! Cuando caminas con Él, cuando estás con Él, Él te hace digna. Aquellos que andan con Él en esta vida, caminarán con Él en la próxima.

Así que vive ahora, camina ahora como desearías haberlo hecho.

Oh, Señor, oramos que podamos caminar contigo como lo hizo Enoc. Te alabamos porque el Dios que caminó con Enoc camina con nosotras hoy. Te damos gracias en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Una relación extraordinaria con Dios… ¿Te ha parecido algo fuera de tu alcance? Después de escuchar esta enseñanza creo que al igual que yo, has sido animada a buscar a Dios con todo tu corazón y a cultivar tu relación con Él.

Si no alcanzaste a tomar notas de algunas ideas que quisieras recordar, en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, tienes acceso a la transcripción de este programa.

Cuando nos visites, haz uso del buscador para encontrar recursos sobre temas como el devocional y la oración, de modo que puedas crecer en disciplinas espirituales que edifiquen tu caminar con Dios.

Puede que hayas escuchado a alguien decir que tienes que «agradar a Dios en todo lo que haces», pero hay un problema… Ninguna de nosotras es lo suficientemente buena, ni tiene las fuerzas en sí misma para hacerlo. Mañana, Nancy te dirá cómo sí puedes agradar a Dios, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Caminando con Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca de los orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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