Podcast Aviva Nuestros Corazones

Cómo manejar las despedidas

Annamarie Sauter: Al servir a otros necesitas hacerte la pregunta, “¿Estoy tratando de ganarme su aprobación, o verdaderamente estoy sirviendo a Dios?”

Con nosotras Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: No es en última instancia, a tu esposo, o a tus hijos, a tu jefe, o a tu compañera de cuarto, o a tus compañeros de estudio, o a las personas que estás discipulando,  Al final de cuentas no es a ellos a quienes  sirves. Cuando reconocemos que somos esclavas de Jesucristo, eso nos da una compulsión por hacer lo que Él nos dice que hay que hacer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

“Adiós.”  Puede ser una de las palabras más dolorosas que hablamos. El apóstol Pablo experimentó despedidas varias veces durante su ministerio, y Nancy nos hablará sobre su ejemplo en una serie titulada, “Despedida”, basada en Hechos capítulo 20.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Muchas de ustedes saben, que en sus inicios Aviva Nuestros Corazones  era producido por nuestros amigos del ministerio Family Life, Vida en Familia, en Little Rock, Arkansas, con una audiencia en vivo de usualmente 40 a 50 mujeres que venían a escuchar la enseñanza. Grabábamos de 8 a 10 programas en un día.

A veces me encuentro con personas que me preguntan ¿Cómo haces un programa de radio? No lo hacemos en vivo, lo grabamos con antelación, y lo hemos hecho de esa forma por años.

Experimentamos la dulzura de la presencia de Dios en esos tiempos, y puedo decir lo mismo al día de hoy. Hemos visto a Dios obrar tan profundamente en las vidas de muchas mujeres en estas grabaciones durante años.

Como hemos compartido con ustedes, nuestra producción de radio se trasladó ya hace unos años a Michigan, donde trabaja el resto de nuestro equipo y hemos estado muy contentos con la mudanza. Durante años ellos tuvieron que quedarse en la periferia sin participar en las sesiones de grabación y tenían que trabajar sin la ventaja de que todos estuviéramos cerca.

Así que buscamos al Señor y entendimos que era una buena decisión el mudarnos a nuestras oficinas principales. Pero como te podrás imaginar, fue todo un viaje emocional para mí hacer ese cambio, no porque no amara a mis amigos y compañeros de Michigan, sino porque también significó decir adiós y algunas despedidas difíciles a personas que se habían  convertido en una parte muy importante de mi vida en Little Rock.

Para algunas de esas mujeres, estaban en  las sesiones de grabación, oraban, servían en diferentes maneras y apoyaron  el ministerio de múltiples formas, ellas tuvieron que entender que el ministerio no iba a desaparecer, tuvimos que entender esto.

Y durante ese tiempo de transición uno de los miembros de nuestro personal se me acercó un día y me preguntó “¿Qué vas a grabar la próxima semana? y esa era nuestra última sesión de grabación en Little Rock. Así que le dije que haría una serie de Hechos capítulo 20- déjame animarte a ir a tu Biblia si puedes, a Hechos capítulo 20, este es el sermón de despedida del apóstol Pablo a los creyentes en Éfeso.

Cuando le contesté a esta persona del personal,  ella me respondió: y ¿Vas a grabar eso para transmitirlo en los programas  de radio? El punto que ella me quería traer era que nuestros oyentes no se iban a mudar a ninguna parte. Esto no es una despedida. Esto era simplemente una mudanza de Little Rock.

Y le dije si, “Quiero estudiar este pasaje por dos razones. Primero, quiero ministrarle a ese pequeño rebaño en Little Rock, que ha sido parte de este ministerio durante todos estos años y me gustaría ser un medio de gracia y de ánimo a sus corazones. Pero además, este pasaje en el que he estado meditando en las últimas semanas tiene un montón de principios que se aplican a las mujeres en todas las estaciones y situaciones de la vida, en particular en estaciones de cambio o de pérdida.

Ahora quiero darte un poco del trasfondo antes de que vayamos a Hechos capítulo 20. Quiero hablarte del contexto, así tendrá más sentido para ti. No tienes que buscarlo, pero en Hechos capítulo 18, podemos ver que Pablo visita la ciudad de Éfeso en su segundo viaje misionero en su retorno a la iglesia de Antioquia. Luego en el tercer viaje misionero él regresa a Éfeso y dura tres años ministrando allí. Y puedes leer más sobre su ministerio en los capítulos 19 y 20 del libro de los Hechos.

Sabemos que esta fue una temporada particularmente fructífera de ministerio. En 1 Corintios 16 Pablo nos dice, “Pero me quedaré en Éfeso hasta Pentecostés, porque se me ha abierto una puerta grande para el servicio eficaz” Pablo dijo, “Hay una puerta abierta para el ministerio eficaz aquí, por lo tanto me quedaré.”

Pero ese ministerio eficaz y fructífero no estaba libre de retos y de oposición. De hecho, él continúa diciendo en el versículo 9 “por qué se me ha abierto una puerta grande para el servicio eficaz, y hay muchos adversarios.” Y ¿No les parece interesante como usualmente ambas cosas van de la mano? Una puerta abierta para ministrar… tener hijos por ejemplo, esa es una puerta ancha para un ministerio eficaz, pero tener hijos viene con ciertas dificultades ¿no es cierto? Con algunos retos.

Y tú puedes pensar: “Pero yo creía que ser madre iba a ser algo divertido, lleno de alegría y de felicidad” Bueno, así es los primeros dos minutos ¿no es verdad? Y luego viene  la realidad – porque así es la vida. Donde hay un ministerio eficaz, también hay muchos adversarios; hay retos.

Y durante el ministerio de Pablo en Éfeso vemos el poder de Dios obrando de manera extraordinaria. Pero también vemos esa tensión continua y ese conflicto entre el poder de Dios y los ataques de Satanás.  Satanás usa a las personas para hacer esos ataques.  Y entonces, ves este conflicto cósmico, que toma lugar en Éfeso durante el ministerio de Pablo.

Y ahora vamos a Hechos capítulo 20. Pablo termina su temporada de ministerio en Éfeso. Y él va de camino de regreso a Jerusalén al concluir su tercer viaje misionero. Y leemos en el capítulo 20 de Hechos, en el versículo 15:

 “Y zarpando de allí, al día siguiente llegamos frente a Quío; y al otro día atracamos en Samos; y habiendo hecho escala en Trogilio, al día siguiente llegamos a Mileto. Porque Pablo había decidido dejar a un lado a Éfeso para no detenerse en Asia, pues se apresuraba para estar, si le era posible, el día de Pentecostés en Jerusalén. Y desde Mileto mandó mensaje a Éfeso y llamó a los ancianos de la iglesia.” (vv. 15-17)

Recientemente tuve el privilegio de visitar esa parte del mundo, de estar en la antigua ciudad de Éfeso. No tuve la oportunidad de detenerme en Mileto, pero navegamos esa área.  Y Pablo habría atracado en Mileto y había llamado a estos ancianos para que vinieran a él. Mileto es un pueblo costero en Asia Menor aproximadamente a unos 48 kilómetros al sur de Éfeso.

Así que Pablo y sus compañeros llegaron a tierra  y desembarcaron en ese lugar. Probablemente sabía que no había manera de hacer una visita corta en Éfeso.  Pero él quería reconectarse con sus amigos ahí y particularmente compartir su corazón con los líderes de la iglesia.  Así que él llamó a los ancianos, a los pastores, a los líderes de Éfeso para que vinieran a reunirse con él.

Y mientras lees el pasaje, es evidente que Pablo creía que esta sería la última vez que vería a este grupo de creyentes, aunque parece, por lo que está escrito en 1 Timoteo que Pablo pudo haber regresado después de ser liberado de su primer encarcelamiento en Roma.

Pero al menos sabemos que él pensaba que no iba a volver a verlos, y ellos pensaron lo mismo. Y en el capítulo 20 tenemos registrado un mensaje largo que Pablo les dio a estos líderes de la iglesia en Éfeso. Después de haber pasado tres años de ministerio eficaz y potente, al ver el poder de Dios, ahora sabiendo o creyendo que no volvería a ver sus rostros otra vez.

Y por cierto, este es el único sermón registrado en el Nuevo Testamento que Pablo predicó a los creyentes. Y hay mucha información en él. De hecho, tiene muchos temas que se repiten en las epístolas. Y hay muchas referencias cruzadas a las cartas de Pablo en este mensaje. Es un mensaje dado a un grupo de ancianos, estos hombres a quienes Dios había confiado el liderazgo espiritual de las iglesias en Éfeso.

Y probablemente te preguntes, “Y ¿Por qué tú Nancy sin ser una anciana, compartes este mensaje con nosotras que somos  mujeres? Bueno, la exhortación de Pablo a estos ancianos se aplica a todos los creyentes, y nos da una percepción sobre el corazón y el carácter de un siervo eficaz de Dios y también cómo procesar los tiempos de cambio y de pérdida particularmente en nuestras relaciones.

Si pudiera resumir el mensaje sería en tres puntos básicos. Primero, Pablo reflexiona sobre el pasado, en los versículos del 18 al 21 y algunos otros versículos dispersos más adelante en el capítulo. Luego el habla del presente en los versículos del 22 al 27. Y finalmente habla de lo que sucederá después de la reunión. En los versículos del 28 al 35 hay una reflexión sobre el futuro. Y luego en los versículos 36 al 38 tenemos un párrafo final, tenemos una escena de despedida muy tierna.

Y durante estos próximos días quiero repasar algunas porciones de este pasaje y ver qué aplicaciones podría tener para nuestros corazones. Primero, Pablo habla acerca del pasado. Él recuerda y reflexiona acerca de los años que pasaron juntos en Éfeso. Su mensaje acerca del pasado se divide en dos partes. La parte que veremos hoy, cuando él habla acerca de la vida que ha tenido junto a ellos.

Y no cubriremos los versículos 18 y 19 y un párrafo más adelante en el mensaje, (que también son ricos, pero debido a las limitaciones que tenemos de tiempo no vamos a llegar a esa parte).  Pero él habla de la vida que él ha tenido entre ellos. El ejemplo de la vida de Pablo. Y podemos ver esto comenzando en el versículo 18, podemos ver la vida de un siervo, de un mensajero eficaz del Señor.

Y es un recordatorio, al ver la secuencia de los hechos aquí, que el ministerio eficaz — y Dios nos ha llamado a diferentes tipos de ministerio — siempre, siempre fluye ese ministerio eficaz, siempre fluye de la vida del mensajero y de su caminar con Dios. Cuántas veces he orado durante estos años, “Señor permite que mi ministerio de enseñanza sea el desbordamiento de la realidad de lo que estás haciendo en mi vida.” De lo contrario lo que tenemos es Fariseísmo, hipocresía, una predicación que va más allá de la realidad que estás viviendo.

Y quizás tú me digas: “Pero es que yo no soy…es que yo no soy una predicadora. Eso no es para mí. “¿Eres madre? Entonces importa. ¿Eres esposa? Importa.  ¿Enseñas una clase de Escuela Dominical? O ¿Lideras un grupo pequeño? O ¿Estás discipulando a alguien más? Importa qué tipo de vida vives.

El ministerio eficaz es siempre el desbordamiento del andar del mensajero con Dios, de la vida del mensajero. Y vemos esto aquí, en el capítulo 20 comenzando en el versículo 18. Dice:

Cuando vinieron a él, les dijo: “Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que estuve en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y con pruebas que vinieron sobre mí por causa de las intrigas de los judíos.” (Versículos 18-19).

Y vamos a detenernos allí para reflexionar en lo que Pablo dice. Él dice, “Ustedes saben cómo viví entre ustedes. Mi vida era un libro abierto. Yo vivía con ustedes. No solo ustedes me escuchaban desde el púlpito. No solo me veían cuando enseñaba en la casa de Tirano. Ustedes vivieron conmigo, trabajamos juntos, vivíamos juntos. Comíamos juntos, hicimos vida juntos. Ustedes vieron mi vida. Y por la gracia de Dios mi vida era compatible con mi mensaje. Yo viví lo que prediqué.”

Y ese es el poder de un mensaje de vida. Y permítanme decirles aquellas que son madres y abuelas, en ninguna parte esto es más importante que en la familia. Jesús dijo en Lucas capítulo 6, “todo discípulo, después de que se ha preparado bien, será como su maestro” (versículo 40). No dice que él sabrá lo que sabe su maestro. Dice que él va a ser como su maestro.  De tal palo, tal astilla.

Si te hicieras esta pregunta “Si mis hijos, o aquellas que estoy mentoreando o discipulando, ¿si salen como yo, cómo van a ser? No solo si hacen lo que yo digo, sino si se vuelven en  alguien como yo.”

  • Si la vida de oración de ellos no es más eficaz que la mía, ¿Qué tipo de vida de oración tendrán?
  • Si su fe no es mayor que la mía, ¿Qué clase de fe tendrán?
  • Si su pureza moral no es mayor que la mía, ¿serán moralmente puras?
  • Si su respuesta a las circunstancias adversas, es como la mía, ¿Cómo van a responder a las circunstancias adversas?
  • Si su respuesta a la autoridad es como yo le respondo a mi marido, o al pastor, o a mi jefe, ¿Cómo responderán a la autoridad?

De tal palo, tal astilla. Pablo se dio cuenta del poder de un mensaje de vida. Y dijo algo similar en 1 Tesalonicenses en los capítulos 1 y 2. Donde él les dice:

Como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros… vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes. (1 Tesalonicenses 1:5, 2 Tesalonicenses 2:10).

Ahora me gustaría poder decir lo mismo de mi propia vida. No lo puedo decir de la misma forma en que Pablo lo dijo porque miro hacia atrás con pesar muchas veces cuando no he honrado al Señor con mis respuestas, en mis decisiones, en mi vida privada. Pero quiero, anhelo decirte esto. Puedo decir con integridad en mi corazón. Que mi objetivo es ser capaz de decir lo que Pablo dijo. “Has visto mi vida, y es consistente con mi enseñanza.”

Y a medida que preparo mensajes una y otra vez, mes tras mes, año tras año,  ahora y mientras estuve  en Little Rock, no puedo decirte la cantidad de veces que el Señor ha traído convicción a mi propio corazón acerca de algo en lo que me estaba preparando para enseñar, algo que estaba estudiando. Y me ha traído convicción.  Esto no es real en tu propia vida, necesitas arrepentirte antes de enseñarle esto a alguien más.

Y digo esto para desafiarte a tener un mensaje de vida, de tenerlo como tu meta, el  poder decir a los que te siguen, “Sígueme como yo sigo a Cristo.”

Ahora Pablo dice en el versículo 19 “[Esta es la forma en que vivimos] sirviendo al Señor con toda humildad y con lágrimas y con pruebas.” Sirviendo al Señor – y la palabra ahí  literalmente es ser esclavo del Señor.   Ser una esclava, un siervo, un esclavo del Señor. El no dijo sirviéndote a ti. Ahora, él no dijo sirviéndoles a ustedes. Ahora, él sirvió a los creyentes en Éfeso, pero, ante todo él estaba sirviendo al Señor. Él era un esclavo de Jesucristo.

Así que había una compulsión acerca de su ministerio y habrá una compulsión acerca de nuestro servicio cuando reconocemos que no es en última instancia, ni a tu esposo, ni a tus hijos, ni a tu jefe, ni a tu compañero de cuarto, o a tus compañeras de estudio, o de las personas que estás discipulando. Al final de cuentas no es a ellos a quienes  sirves. Cuando reconocemos que somos esclavas de Jesucristo, eso nos da una compulsión de hacer lo que Él dice que hay que hacer para servir como Él sirvió independientemente  de si obtenemos algún premio o reconocimiento, elogios o pago. Lo hacemos porque somos esclavas: alegres, gozosas, contentas, esclavas voluntarias de Jesucristo.

Y déjame decirte esto. Si estás sirviendo a cualquier cosa o a cualquier persona a parte de Cristo, no tienes la capacidad o la resistencia para seguir adelante cuando las cosas se pongan difíciles. Pero si estás sirviendo a Cristo, entonces serás capaz de caminar a través de las situaciones que Pablo vivió en Éfeso— oposición, rechazo, y adversidad. Y podrás hacerlo con fuerza y dignidad y con la cabeza en alto, porque sabes que eres una sierva de Jesucristo. Es al Señor Jesucristo a quien sirves.

Y Pablo dice, “Nosotros estábamos sirviendo al Señor con toda humildad.” Y esa palabra es una palabra griega compuesta que significa “humildad de mente.” Como dice el diccionario bíblico. “Estimándonos a nosotros mismos pequeños en la medida de lo que somos.” Pensar a pequeña escala de nosotros mismos porque somos pequeñas. No somos nada; Dios es todo.

Y al servir queremos servir con humildad de mente. Y Pablo dice: “No nos predicamos a nosotros mismos sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús” (2 Cor 4:5) Aviva Nuestros Corazones no es ahora ni ha sido, ni por la gracia de Dios será el ministerio de Nancy DeMoss de Wolgemuth porque este ministerio no se trata de mí. Hay momentos en que alguien dirá: “Queremos más de ti en la página web, o de algunos de los proyectos que tu estás haciendo.”

Y trato de compartir de mi vida cuando refleja la Gloria de Dios y te ayuda a ver la verdad de la Palabra de Dios. Pero estoy aquí para predicar la Palabra de Dios, no para que me ames a mí, no es para que ames a Nancy. ¡Es todo acerca de Él! Y he tratado de dirigirte hacia Él. Y como siervas fieles, si somos fieles servidoras, habrá humildad de mente.

Pero luego Pablo dice que servimos al Señor con toda humildad y lágrimas. Y el continúa diciendo en el versículo 31: “Por tres años, de noche y de día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas.” Dos  referencias en este mensaje a las lágrimas de Pablo.

Y al leer el Nuevo Testamento, nos damos cuenta de que Pablo derramó lágrimas por los perdidos, por aquellos que estaban condenados sin Cristo, pero también por aquellos que se apartaban de la fe, y por los creyentes que estaban en  pecado. Él derramó lágrimas por la influencia de los falsos maestros, de los engañadores.

Él dice en 2 Corintios 2,

Pues por la mucha aflicción y angustia de corazón os escribí con muchas lágrimas, no para entristeceros, sino para que conozcáis el amor que tengo especialmente por vosotros.

Y con las lágrimas vienen pruebas. Dice: Servimos al Señor con humildad, lágrimas y pruebas.

Y leemos en el capítulo 19 acerca de una prueba importante que tuvo lugar cuando una muchedumbre fue incitada a disturbios por el ingreso, el sustento de aquellos que vendían estatuas de la diosa Artemisa. Su medio de vida había sido amenazado y el disturbio fue instigado. Y Pablo animó a los creyentes y se fue de la ciudad. Él conocía acerca de las tribulaciones. Él sabía sobre las tribulaciones más que la mayoría de lo que nosotras hemos experimentado.

No hay nada en mi vida en absoluto incluyendo estos últimos años que se pueda comparar con lo que Pablo soportó, y con los tipos de pruebas que soportó en el ministerio. Puedo decir que han existido situaciones difíciles en los años de ministerio que hemos tenido. Llegué a Little Rock en el 2002 no conocía a nadie. Me sentía sola, y tenía miedo. Y no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Todo esto acerca de la radio era nuevo, y este formato de enseñanza era nuevo. Era una enorme cantidad de trabajo duro, arduo y el reto de grabar 260 programas al año. Ese reto era enorme y el contenido nuevo era abrumador.

Noches largas, fines de semana largos. Grabábamos los lunes y los martes en los primeros años y los fines de semana habían desaparecido.  Hubo muchas lágrimas, muchos momentos que les llamábamos “momentos del Mar Rojo” donde yo llegaba a una sesión de grabación y pensaba: “Esto no está completo.  Yo no sé cómo voy a terminar esto.” Pero Dios separaba las aguas y se reunía con nosotros.

Y en todos esos años ha existido una carga por las vidas de las personas. Y por eso digo que ha sido un privilegio servir al Señor en cualquier medida de humildad con lágrimas y tribulaciones, en mi caso en una medida pequeña.  Y a medida que Dios te llama a servirle con cualquier medida de humildad, de lágrimas y de pruebas, ¿Recordarás que es un privilegio? Que es una bendición el poder hacer esto.

En 1883 Charles Spurgeon dijo estas palabras a su congregación,

He predicado el evangelio durante más de treinta años,  y algunos de ustedes apenas lo creerían, pero en mi oficina detrás de esa puerta, antes de dirigirme a la congregación de este Tabernáculo, tiemblo como una hoja de álamo. [Y yo me relaciono con esas palabras en alguna medida.]
Y a menudo, acercándome a este púlpito, siento mis rodillas chocar una con la otra— no que tenga miedo de algunos de mis oyentes, sino que estoy pensando en la cuenta que tengo que dar a Dios, si hablo su palabra fielmente o no. En este servicio el destino eterno de muchos puede estar en juego.

Ese es el espíritu en el cual he trabajado en este ministerio. Y ese es el espíritu en el cual Dios nos llama a todas nosotras a ministrar, dándonos cuenta de que lo que hacemos en obedecer al Señor hoy y en cumplir Su llamado en tu vida, en mi vida puede influir en el destino eterno de muchos.

Algunas de nosotras queremos servir al Señor naturalmente con la comodidad, facilidad, resultados, bendición, reconocimiento, aplauso, éxito. Pero servirle en cualquier frente requiere humildad y con frecuencia humildad acompañada de lágrimas, de pruebas, de dolores en el ministerio, de oposición, desilusión, y rechazo. Algunas de ustedes han experimentado esto de parte de sus hijos y de otras personas que han tratado de servir.

Y a medida que continuamos en la próxima sesión veremos en el mensaje de Pablo a estos ancianos de Éfeso, que vale la pena servir al Señor y a los demás independientemente de la humillación, de las lágrimas y de las pruebas que se requieran, porque es para Él y para el avance de su reino. Y a eso es a lo que Dios nos está llamando a servir.

Annamarie: El apóstol Pablo experimento despedidas varias veces durante su ministerio. La forma en que se despidió de sus seres queridos tiene mucho que enseñarnos hoy, y Nancy DeMoss de Wolgemuth nos ha estado mostrando por qué, en esta serie que iniciamos hoy titulada, “Despedida”.

Estos mensajes fueron originalmente grabados frente a una audiencia, en vivo, y fue un tiempo muy emotivo. Algunas de las mujeres allí presentes habían estado escuchando a Nancy durante ocho años mientras Aviva Nuestros Corazones se grababa en Little Rock, Arkansas. El ministerio estaba en el proceso de mover la producción a Michigan, por esto se grabó esta serie sobre decir “adiós”—literalmente representaba un adiós en ese momento.

A través de los años, millones de mujeres han sido expuestas a mensajes como este a través de:

  • Recursos (Nancy es autora de 17 libros, incluyendo “Las mentiras que las mujeres creen”, “En la quietud de Su presencia” y “En busca de Dios.” Se han vendido más de 2,300,000 copias y estos libros continúan transformando los corazones y las vidas de muchas mujeres).

Si quisieras, podrías llenarte de algodón de azúcar en cada comida. Sería extremadamente poco saludable y también sería algo aburrido. Extrañarías la sensación de comer algo más sustancial. Así que, cuando se trata de llenar tu mente con mensajes, historias y libros, ¿te estás conformando con “algodón de azúcar” cuando hay una enseñanza bíblica mucho más sustanciosa? Nancy tratará esto en el programa de mañana de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

1 C. H. Spurgeon. Sermons on Soul Winning, p. 18

http://books.google.com/books?id=yYBGGD6Xa98C&lpg=PA118&ots=mu1zkhBvA2&dq=%22i%20tremble%20like%20an%20aspen%20leaf%22

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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