Podcast Aviva Nuestros Corazones

Oh Dios ayuda nuestra | Día 2

Carmen Espaillat: ¿Necesitas mucha ayuda en algún área de tu vida hoy? Nancy DeMoss de Wolgemuth te recuerda que. . . 

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Ayuda no es solamente librarte de los problemas, ayuda es la liberación de Dios a través de los problemas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

No puedes ayudar a otros con sus necesidades hasta que no te apoyes en Dios para ser ayudada en tus propias necesidades. Nancy comenzó a mostrarnos esto ayer en la primera parte del mensaje titulado Oh Dios ayuda nuestra. Este mensaje fue grabado durante una conferencia de Aviva Nuestros Corazones para mujeres líderes de ministerios.

Y hablando de conferencia para líderes, sintoniza Revive'17, el 29 y 30 de septiembre de este año. Revive '17 es un evento de dos días para mujeres que desean ser más intencionales en vivir el evangelio invirtiendo sus vidas en las vidas de mujeres a su alrededor. Para más información visita Revive17.com.

Bien, revisemos un poco de lo que escuchamos en el día de ayer, para tener el contexto de la segunda parte de la enseñanza de Nancy titulada, “Oh Dios ayuda nuestra”.

Nancy: 1 Samuel 4:1 nos dice «...Y salió Israel para enfrentarse en batalla con los filisteos y acampó junto a Eben-ezer...» Esas son dos palabras. Eben significa "roca" y Ezer  significa ¿qué? «ayuda». Así que este lugar es llamado la «piedra o roca de ayuda». Ese es el lugar en que los Israelitas acamparon, y los Filisteos acamparon en Afec.

Verso 2: «Los filisteos se pusieron en orden de batalla para enfrentarse a Israel. Entablado el combate, Israel fue derrotado delante de los filisteos, quienes mataron como a cuatro mil hombres en el campo de batalla». Ahora, aquí ellos están en un lugar llamado «roca de ayuda, piedra de ayuda»,  los israelitas.

¿Por qué Dios no ayudó a su pueblo en esta batalla? ¿Por qué le permitió a los filisteos vencerlos? Bueno, cuando entramos en el pasaje completo, se hace muy evidente que Dios quería el corazón de su pueblo. Él quería su atención, para que ellos se humillaran y clamaran a Él pidiendo su ayuda.

Y cuando pasamos unas cuantas páginas hasta el capítulo 7. El verso 2 nos dice que pasó  mucho tiempo, pasaron como  veinte años, y durante ese tiempo, el período intermedio, los filisteos ganaron de nuevo,  una y otra vez, una y otra vez «y toda la casa de Israel añoraba al Señor.» otras traducciones dicen lamentaba delante del Señor.  Que es lo que está empezando a ocurrir aquí? Que sus corazones comenzaron a volverse al Señor.

Quizás estás sentada ahí pensando, igual que yo, ¿Veinte años? Ósea, ¿Por qué te tomó tanto tiempo? Sabes, apresúrense, supérenlo.  Entonces nos lleva a preguntarnos: ¿Cuánto tiempo nos toma a nosotras adaptarnos a la idea de que necesitamos la ayuda de Dios? ¿Cuánto tiempo nos toma clamar a Él y  humillarnos?

Sabes que veo al estudiar este pasaje? algunas personas, y tristemente yo a veces, preferimos vivir en derrota por un largo tiempo en lugar de hacer lo necesario para conseguir la ayuda de Dios. Ahora, tenemos que recordar que esto mientras tratamos  de ayudar  a la gente y tenemos que recordar esto mientras nosotras mismas caminamos  con el Señor.

Muchas  veces preferimos vivir en derrota por un largo tiempo en lugar de hacer lo necesario para conseguir la ayuda de Dios Pero Dios nos ama lo suficiente como para mantenernos en ese lugar de angustia hasta que no tengamos alternativa, ninguna otra opción más, que clamar a Él.

Y eso es lo que finalmente sucede en los versos 3 y 4 del capítulo 7:

«Entonces Samuel habló a toda la casa de Israel, diciendo: Si os volvéis al Señor con todo vuestro corazón, pruébenlo, quitad de entre vosotros los dioses extranjeros y las Astorets, y dirigid vuestro corazón al Señor, y servidle sólo a Él; y Él os librará de la mano de los filisteos. Los hijos de Israel quitaron los baales y las Astorets, y sirvieron sólo al Señor.»

Lo ven, tenemos que estar dispuestas a deshacernos de esos dioses con 'd' pequeña a los que buscamos  y de los que dependemos para que nos ayuden, y entonces estaremos  listas para volvernos  a Dios, con D mayúscula, como nuestro ayudador y apoyarnos  en Él.  

En los versos 5 y 6:

«Y Samuel dijo: Reunid en Mizpa a todo Israel, y yo oraré al Señor por vosotros. Y se reunieron en Mizpa, y sacaron agua y la derramaron delante del Señor, ayunaron aquel día y dijeron allí: Hemos pecado contra el Señor.»

Ellos se humillaron. Confesaron sus pecados. Confesaron su idolatría. Ellos buscaron al Señor.

Luego llegamos al verso 7, donde de nuevo, se encuentran bajo ataque. No pienses que porque estás buscando al Señor no habrá problemas, no habrá más presiónes. Y aquí viene una  prueba... 

Versos 7 y 8:

«Cuando los filisteos oyeron que los hijos de Israel se habían reunido en Mizpa, los príncipes de los filisteos subieron contra Israel. Cuando oyeron esto los hijos de Israel, tuvieron temor de los filisteos.  Entonces los hijos de Israel dijeron a Samuel: No dejes de clamar al Señor nuestro Dios por nosotros, para que Él nos libre de la mano de los filisteos.»

Ellos finalmente estaban en  punto de la desesperación, totalmente dependientes, sin ningún otro medio de  ayuda, sin ninguna otra fuente de  liberación, excepto el Señor.

Y a partir en los versos 9 y 10, «Tomó Samuel un cordero de leche y lo ofreció como completo holocausto al Señor;» y no piensas que esto  anticipa el sacrificio del Cordero de Dios, que un día salvaría a todo aquel que  clamara a Él. Este es un indicio en el Antiguo Testamento. Samuel ofreció esa ofrenda,

«y clamó Samuel al Señor por Israel y el Señor le respondió. Y mientras Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos se acercaron para pelear con Israel. Mas el Señor tronó con gran estruendo aquel día contra los filisteos y los confundió, y fueron derrotados delante de Israel. Entonces Samuel tomó una piedra y la colocó entre Mizpa y Sen, y la llamó Eben-ezer.»

Ahora, ese es el nombre del lugar donde ellos comenzaron y  fueron derrotados. Pero no importa cómo se llame el lugar en el que tú te encuentres, si no estás buscando a Jehová para que sea tu ayudador. Finalmente, ellos acudieron a Jehová como  su ayudador, y Samuel estableció ese recordatorio visible de que Jehová había sido la  fuente de su victoria, Eben.ezer, «roca de ayuda, piedra de ayuda», porque dijo: «Hasta aquí nos ha ayudado el Señor.»

Fue  una expresión de gratitud por la ayuda de Dios y un recordatorio perpetuo de que Dios es nuestra única ayuda. Él es el único que nos puede liberar de las manos de nuestros enemigos.

Recordar como  Dios nos ha ayudado, cómo nos  liberó en el pasado, nos da un corazón de gratitud, y nos da fe, nos da esperanza y nos da valentía para enfrentar nuestras necesidades actuales o cuando pensamos en las desgracias del futuro. El recordar a Dios como nuestro ayudador nos libera del temor  y de la ansiedad.  Recordamos que Él nos liberó, que Él nos está liberando y nos librará una y otra vez en la medida en que clamemos a Él por ayuda. 

Entonces, con un Jehová Ezer tan maravilloso, un Dios ayudador, ¿Por qué es que tan frecuentemente seamos lentos en clamar al Señor por ayuda?

Bueno, probablemente hay muchas respuestas para esta pregunta, pero aquí hay algunas que han estado en mi mente.

Creo, número uno, que no creemos que necesitamos ayuda realmente.  Hemos sido entrenadas por nuestra cultura a ser autosuficientes e independientes. Esta es la era de la industria de la autoayuda, de los libros “hágalo usted misma”, y no queremos ser débiles, necesitadas o dependientes. Vemos una y otra vez en las Escrituras, como los hijos de Israel rechazaron la ayuda de Dios y buscaron ayuda en otras partes. Mientras vas leyendo las Escrituras, identifica esto…

Tenemos este refrán o dicho en nuestra época, tal vez en todas las épocas: «Al que madruga Dios le ayuda.» Y como es de esperarse, un montón de gente piensa que eso está en la Biblia. Pero no es así. No, un no rotundo a eso . Dios ayuda a aquellos que no pueden ayudarse a sí mismos, a los que reconocen que no pueden ayudarse a sí mismos, los que admiten que no pueden ayudarse a sí mismos, y aquellos que claman a Él en busca de ayuda.

Y algunas veces pienso que no pedimos ayuda, porque no lo decimos así, pero tal vez sentimos que nuestra necesidad es tan grande o que nuestras circunstancias son tan difíciles que no hay nada ni nadie que pueda ayudarnos, ni siquiera Dios. Pero la realidad es que,  nuestra necesidad es la que nos hace candidatas para recibir Su ayuda.

Frecuentemente les digo a las mujeres, si has escuchado Aviva Nuestros Corazones, por algún tiempo, seguramente me has escuchado decir: Cualquier cosa que te haga necesitar a Dios es una bendición. Es una bendición. Queremos vivir confiadas, fuertes y ser capaces, pero Dios quiere que nos demos cuenta de lo inadecuadas y débiles que somos para que descansemos más en Él, y para que nuestra confianza sea depositada en Él.  

Entonces, ¿cómo vamos a ese lugar en donde le pedimos ayuda a Dios?

Estoy tan agradecida de que Dios nos ame tanto como para crear y orquestar circunstancias que nos hagan estar desesperadas por Él.

Cuando tenemos conferencias como esta, una de las cosas que yo le pido al Señor en los días previos al evento, lo que de hecho le estoy pidiendo esta semana, es que Dios orqueste circunstancias en las vidas de aquellas que estarán participando, que las haga venir al evento dándose cuenta de cuán desesperadamente necesitan al Señor.

Algunas de ustedes quizás están pensando, ¡Ahora entiendo mi semana! ¡Muchísimas gracias Nancy! (risas)

Pero recuerda, cualquier cosa que me hace necesitar a Dios es… y todas debemos responder :una bendición, una gran bendición.

Así que, yo lo necesito y tú lo necesitas y el apóstol Pablo lo necesitaba. Él dice en los versos 8 y 9 del capítulo 1 de 2da. Corintios, «Porque no queremos que ignoréis, hermanos, acerca de nuestra aflicción sufrida en Asia, (aflicción) porque fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas» ¿Has estado ahí alguna vez? ¿Abrumada sobremanera, más allá de tus fuerzas? «Dentro de nosotros mismos ya teníamos la sentencia de muerte,» (vv. 8–9).  Sigue diciendo Pablo.

Pensamos, Dios terminó la obra en nosotras. El cielo es lo que sigue. Hasta aquí será. Pero, en realidad eso es «a fin de que no confiemos en nosotras mismas, sino en Dios que resucita a los muertos,» De manera que si morimos, Dios levanta a los muertos. Él dice, «Tuvimos que llegar a un lugar donde estábamos total y absolutamente indefensos, y eso fue para hacernos confiar en el Dios que resucita a los muertos.» Cuando llegamos al final de nuestros recursos, al final de nuestras fuerzas, de todos nuestros esfuerzos, de nuestras habilidades y pedimos ayuda a Dios, en ese momento Su gracia y Su poder son liberados por Él en nuestras vidas. 

Yo siempre fui buena estudiante en la escuela. La escuela fue fácil para mí y además tome cursos que no eran difíciles, así que no fue realmente difícil para mí ser una buena estudiante. Pero aunque muchas cosas  sucedieron fácilmente para mí, y cuando entré al ministerio vocacional, hace treinta y cinco años comencé a pedirle al Señor, «Señor, no permitas que llegue al punto en el que haga o piense que puedo hacer lo que me has llamado a hacer, sin Ti»

Y sabes, esta es una plegaria que Dios ha sido fiel en contestarme. El me preservó en el pasado. Él me mantiene de rodillas, dependiendo de él, sintiéndome necesitada, desesperada, incapaz de hacer lo que Él me ha llamado a hacer, apartada de Él.  Nuestras debilidades muestran a Jehová Ezer, El Señor es nuestra ayuda, ser débiles muestra su fuerza, su grandeza y su gracia. 

Hace un par de meses hice algo que nunca antes había hecho, y que de hecho nunca había pensado hacer.  Hacer ejercicio es algo que siempre ha sido un reto para mí. Escribí el libro «101 formas de escaparse de clase de Educación Física.» Mi idea de ejercicio físico es leer un libro. Y mi foto aparece al lado de la palabra «sedentario» en el diccionario. Esa soy yo. 

Descubrí que estaba cansada todo el tiempo. No tenía fuerzas ni resistencia física. Había ganado treinta libras a lo largo de varios años. Y simplemente sabía que tenía que comenzar a ponerle atención a mi condición física, si iba a continuar sirviendo al Señor y a otros en la forma en que quiero hacerlo.  

Y finalmente me desesperé. Escuché de un nuevo gimnasio en nuestra área y entré un día, y dije, «necesito ayuda ¿pueden ayudarme?» y ellos dijeron, «sí, si, podemos ayudarte». Me inscribí. Entregué mi tarjeta de crédito para que hicieran el cargo mensual. Me comprometí a  trabajar con un entrenador personal. No se imaginan lo fuera de mi zona de confort  que ha sido esto.

Y al mirar ahora, cómo esta área de mi vida, en la que he sido tan débil y necesitada de ayuda, sin poder ayudarme a mí misma, este lugar y este entrenador, han sido una gran ayuda. He pensado varias veces en las últimas semanas, en la medida en que preparaba este mensaje, he pensado muchas veces en el gimnasio, en Dios como nuestro ayudador, y este entrenador simplemente me da algunas ilustraciones de la vida. Un día, tal vez hagamos otro mensaje en ese sentido. Pero el caso es que  necesito instrucción. Cuando entré vi varias máquinas. Me sentía perdida. No sabía qué hacer con ninguna de ellas. Necesitaba una persona que supiera más que yo, alguien que pudiera personalizar una rutina para mi necesidad.

Necesitaba instrucción. Necesitaba rendir cuentas, no sé cuántas veces, de hecho, pagué el dinero e hice la cita para inventarme una lista de excusas para no llegar. La motivación, el empuje en esta área de mi vida, el Señor me trajo ayuda, pero primero tuve que decir, «necesito ayuda, necesito ayuda».

Estoy muy agradecida por mi entrenador. Doy gracias a Dios por ese lugar. Por lo que estoy más agradecida, después de meditar una y otra vez sobre este tema durante los últimos meses, es por el hecho de que Dios es Jehová Ezer. El entrenador puede ayudarme, pero la forma en que puede ayudarme es bastante limitada, muy limitada, comparada con lo que Jehová puede hacer y que de hecho hace.

Estoy muy agradecida porque Dios es nuestro ayudador. Doy gracias porque el Espíritu Santo nos ayuda en nuestra debilidad. Estoy agradecida de que Jesús nos ayuda, de que Él es nuestro sumo Sacerdote, del que leemos en Hebreos: «Porque ciertamente no ayuda a los ángeles, sino que ayuda a la descendencia de Abraham… Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados…Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna…  de manera que decimos confiadamente: El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá hacerme el hombre?» (Hebreos 2:16, 18; 4:16 y 13:6).

Quiero que pienses en este momento, en la circunstancia o situación más difícil que estés enfrentando. Puede ser algo que hayas escrito en una tarjeta de oración, algo en tu familia, algo en tu iglesia, algo en el ministerio que sirves, alguna circunstancia difícil en las vidas de las mujeres que estás buscando y tratando de ayudar. Déjame recordarte que la ayuda no es librarte de tus problemas, la ayuda de Dios es liberarte a través de los problemas.

Me he sentido sumamente conmovida de volver al centro de convenciones donde hicimos la primera Conferencia de Mujer Verdadera en el 2008. He pensado mucho  durante estos últimos días. Fue un evento increíble. Algunas de ustedes estuvieron aquí. Dios se mostró y se movió en gran manera. Y todas estábamos tan agradecidas. El ministerio fue impulsado, se presentaron muchas nuevas oportunidades y más personas conectándose a los recursos, simplemente grandes y nuevas oportunidades para el ministerio. 

Ayer mientras leía la Palabra, me encontré con ese maravilloso pasaje en 2 Samuel 22, y  sentada aquí en Schaumburg, el mismo hotel, en  misma habitación donde me quedé en la conferencia del 2008. Déjenme leerles algunas líneas del pasaje que me ministro en gran manera en las últimas cuarenta y ocho horas. 

«El Señor es mi roca, mi baluarte y mi libertador; mi Dios, mi roca en quien me refugio; mi escudo y el cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable y mi refugio; salvador mío, tú me salvas de la violencia» (vv. 2-3).

«En mi angustia invoqué al  Señor, sí, clamé a mi Dios;
desde su templo oyó mi voz, y mi clamor llegó a sus oídos» (vv. 7).

En la medida en que leía eso, pensé en cuántas veces, no solo en estos últimos años, sino en cada etapa de mi vida he clamado al Señor y   cómo Él ha escuchado mi clamor. 

El versículo 17 dice, «Extendió la mano desde lo alto y me tomó;
me sacó de las muchas aguas».

Cuando pensaba que me ahogaba, y a veces bajando por última vez, Él me sacó. Él envió su gracia.

En el versículo 20: «También me sacó a un lugar espacioso;
me rescató, porque se complació en mí.»

Ahora bien, ayer por la mañana a esta hora, mis ojos estaban llenos de lágrimas. «Él se complació en mí». Cuando no había nada de que complacerse en mí, Él era y es un Dios de gracia. Él nos ve a través de Cristo. Él nos trae a un lugar espacioso.

«Él hace mis pies como de ciervas, y me afirma en mis alturas» (vv. 34).

«Pues tú me has ceñido con fuerza para la batalla» (vv. 40).

Y concluye su oración con estas palabras: «Por tanto, te alabaré, oh Señor, entre las naciones, y cantaré alabanzas a tu nombre» (vv. 50).

El Dios que viene corriendo cuando clamamos. Deuteronomio 33 nos dice: «Nadie hay como el Dios de Jesurún, que cabalga los cielos para venir en tu ayuda, y las nubes, en su majestad» (vv. 26).

Quiero concluir con este fragmento de mi amigo Charles Spurgeon que dice lo siguiente sobre ese verso, «El Dios que cabalga los cielos para venir en tu ayuda». Simplemente escucha.

«El hombre puede venir en nuestra ayuda, pero se mueve lentamente, pues se arrastra por la tierra. Nuestro Dios viene en las alturas. Aquellos que viajan por tierra pueden ser detenidos por enemigos, ciertamente serán obstaculizados; pero Aquel que cabalga sobre los cielos no puede ser detenido ni siquiera retrasado. Cuando la majestad de Jehová viene volando sobre los cielos, en las alas del viento, cuán gloriosamente se manifiestan la  prontitud, la certeza y la completa suficiencia de su gracia liberadora. . .»

Apóyate en ti misma, ampárate en tus semejantes, pon tu confianza en las cosas que nacen de la tierra y caerás sobre cimientos podridos que se hundirán bajo tus pies; pero descansa en tu Dios y solamente en Él y las estrellas del cielo pelearán por ti. . . y lo presente y lo que vendrá, y las alturas y las profundidades, y todas las criaturas subordinadas a la voluntad del Creador omnipotente, trabajarán juntas para tu bien, al ver que amas a Dios y dependes de Su poder.

Carmen: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth con un mensaje que ella enseñó en una conferencia para líderes hace unos años.

Si deseas volver a escuchar este mensaje, puedes hacerlo al visitar nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com. Allí también podrás escuchar cualquier serie o programa que hayamos transmitido anteriormente. 

En AvivaNuestrosCorazones.com también encontrarás muchas herramientas que te ayudarán a crecer en tu caminar con el Señor y material que puedes usar en tu grupo pequeño. También encontrarás publicaciones diarias, videos, información sobre nuestros próximos eventos; y podrás interactuar con otras mujeres como tú que han dicho, “Sí, Señor”. Si eres líder de grupo pequeño en tu iglesia local, te animo a visitar la sección “Recursos para líderes”, allí te compartimos recursos para animarte en la hermosa carrera que tienes por delante.

Una hermana que conoció este ministerio por medio de una amiga nos escribió,

“Empecé a escuchar sus audios hace unos meses, debido a la insistencia de una amiga e intrigada un poco por el tremendo cambio que veía en la relación de ella con su esposo. Yo tengo 32 años, 1 niño de 3 y una niña de 1 y he estado casada por 8 años. Conocí a Jesús en mi adolescencia y realmente he querido hacer su voluntad desde entonces (a pesar de todas mis fallas y errores).

...hoy puedo decir que no ha existido desde mi conversión a Jesús, un proceso más importante que este. No tengo la oportunidad por este medio de brindar todos los detalles, me extendería muchísimo, pero les puedo resumir que luego de 8 años de constantes tristezas, enojos y resentimientos con mi esposo, hoy Dios me ha cambiado mi corazón y puesto un amor verdadero, que insiste en ver lo bueno de él, como Dios lo hace conmigo. Todo fue posible cuando me arrepentí de mis propios pecados y dejé de pensar que todo lo que tenía que pasar era que él cambiara. Y ella sigue diciendo…

Ahora le recomiendo el sitio a mis hermanas en Cristo, porque ahora veo lo llenas de egoísmo y de mentalidad mundana que estamos en mi generación aún dentro del cuerpo de Cristo.

Bendigo a Dios por haber levantado este ministerio contracultura y las bendigo a ustedes por disponer su corazón a obedecer Su [con mayúscula] plan. Un abrazo en Cristo desde Costa Rica, las amo y sigan adelante—no saben cuántos corazones estamos encontrando la Verdad y siendo libertadas por la Palabra.”

Estamos tan agradecidos a Dios por lo que está haciendo a través de Aviva Nuestros Corazones. Son muchas las mujeres que nos escriben para dejarnos saber cómo estos mensajes les han bendecido, ¡bendice a otras tú también y comparte todos los recursos que tenemos disponibles para ti!

¿Te es más fácil comenzar un proyecto que terminarlo? Nancy nos da el ejemplo del apóstol Pablo; fue un hombre que supo terminar bien. Experimentó muchas despedidas durante su tiempo de ministerio, pero su experiencia nos mostrará cómo terminar las tareas que Dios nos encomienda. Te esperamos el lunes para otro programa de Aviva Nuestros Corazones. ¡Qué tengas un buen fin de semana y día del Señor!

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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