Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿Has pensado que los años más fructíferos de tu vida ya pasaron?

Anne Ortlund: Es muy cierto que hay una gran cantidad de mujeres que están en casa —algunas quizás viudas, otras cuyos hijos han abandonado el nido, o quizás su marido está ocupado en un trabajo y se sienten no deseadas e innecesarias. Déjenme decirles que este es su mejor momento para la labor. Claro que pueden acomodarse en la televisión y pasar el tiempo ociosamente o en demasiado entretenimiento, o hacer cosas que son simplemente superfluas, pero deben saber que nada de esto tiene valor eterno.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 es Amós capítulos 5 al 9.

Hoy continuamos escuchando una conversación que Nancy tuvo con Anne Ortlund. Anne es una mujer que aunque ya no está en medio nuestro porque está con el Señor, nos dejó un gran legado de sabiduría práctica. 

Nancy DeMoss Wolgemuth: Una de las cosas que he intentado hacer a través de los años transcurridos desde que yo era una joven, es entrar en conversaciones con mujeres o parejas que me lleven la delantera cronológicamente y espiritualmente por el camino de la vida. Me gusta hacerles preguntas y tratar de aprender lo que me serviría para crecer en mí caminar con el Señor. Siempre es una alegría tener invitadas en Aviva Nuestros Corazones que por ser mujeres mayores, tienen más experiencia que nosotras. Podemos, por decirlo así, sentarnos a sus pies, escuchar, aprender, y hacerles preguntas y dejar que nos enseñen de su caminar con el Señor.

En este día tenemos el privilegio de hacerlo con mi amiga Anne Ortlund. Ya sabemos que ha escrito 26 libros sobre diferentes temas acerca de nuestra relación con el Señor, y también por los 61 años que ella fue la esposa del pastor Ray Ortlund.

También ya les he contado cómo nuestros caminos se cruzaron cuando yo era una estudiante universitaria y asistía a la iglesia que pastoreaba su esposo Ray. La verdad es que hemos mantenido contacto a través de los años, y ahora Anne es viuda y al estar de visita en el sur de California, tuve la oportunidad de conectarme con ella y decirle: «Tengamos una conversación. Quiero aprender de ti». Ahora queremos compartir con nuestras oyentes esa conversación. Anne, ¡qué bueno es estar contigo! Gracias por compartir tu vida plena y desbordante que nos sirve de ejemplo; no solo para mi vida sino también para la vida de nuestras oyentes. Estamos muy agradecidas por ti.

Anne: Gracias, Nancy, pero esto es recíproco, porque tu vida ha afectado la mía, mucho más de lo que tú te imaginas.

Nancy: La verdad Anne es que Dios te ha dotado de un corazón especial para discipular y para mentorear. Esa fue una de las primeras cosas que oí acerca de ti. No llegué a conocerte bien cuando era estudiante, porque estaba involucrada en otras áreas de la vida de la iglesia, pero recuerdo cuando era estudiante allí, a mediados de los años 70, haber oído que a Anne Ortlund, la esposa del pastor, le encantaba discipular y que siempre tenía un grupo de mujeres a las que enseñaba, y que Ray siempre estaba haciendo lo mismo con un grupo de hombres jóvenes. Y eso era algo que me intrigaba.

Ahora me doy cuenta que durante los últimos 40 años has estado haciendo lo mismo. Y quiero que hablemos de ello. Dime: ¿Cómo emprendes este discipulado, y ¿cómo iniciaron Ray y tú esos pequeños grupos? Él era un pastor, tú eras la esposa del pastor. ¿Cómo iniciaron con estos discipulados?

Anne: Me alegro que hayas mencionado a Ray, porque el discipulado no es para las jóvenes solamente. Creo que es más importante para los jóvenes el hacerlo que para las jóvenes, porque ellos son los que se convertirán en los líderes de la sociedad, los líderes en sus iglesias y los líderes en sus hogares.

Ray estaba en un comité que se reunía una vez al mes en la Iglesia de Lake Avenue. Una semana cuando se reunían, dijo: «Chicos, estoy agotado. Me siento muy solo al estar arriba. Necesito gente a mi alrededor que ore por mí, y me pida cuentas. Me hace falta alguien así. ¿Quisieran ser ustedes parte de ese grupo?»

Todos a una comenzaron a excusarse. Todos ellos eran aparentemente hombres muy ocupados. Ray pensó: «Oh oh, yo lo que he hecho aquí es poner una bomba». Pero Ted Angstrom, que Dios lo bendiga, comenzó a hablar con la barbilla temblorosa, porque él es así (él es un llorón igual que Ray). Ted dijo: «Señores, esto no es una discusión. Este es un llamado al altar». Fue dirigiéndose de uno a otro diciéndole: «¿Quieres? ¿Lo harás? ¿Y tú?» Y cada uno de ellos dijo que sí. Ese fue el primer pequeño grupo de Ray.

Dios los unió tanto que se amaban profundamente, oraban los unos por los otros y abrían sus corazones el uno al otro. Era algo completamente confidencial, claro está. Ray empezó antes que yo. Yo empecé al año siguiente. Descubrimos que no podíamos pasar nuestras vidas sin ellos. Ellos invirtieron en nuestras vidas tanto o más que nosotros en las de ellos.

Mientras más ocupados estábamos, más los necesitábamos. Cuanto más viajábamos, más los necesitábamos. Tomábamos viajes nocturnos y hacíamos lo imposible por llegar a casa a tiempo para estar con nuestros grupos cada martes. Aun cuando Ray pastoreaba en la Avenida Lake, viajaba a tiempo completo, hablando en conferencias y escribiendo libros; contábamos con las oraciones de las personas que sabían dónde estábamos y qué estábamos haciendo. Ellos sabían dónde estábamos y nosotros sabíamos dónde estaban ellos; y orábamos siempre, ellos por nosotros y nosotros por ellos.

Nancy: ¿Así que tú tomabas un grupo de mujeres, y Ray tomaba un grupo de hombres? ¿Qué cantidad de personas tenían esos grupos, o qué tan grandes tú recomendarías que fueran?

Anne: El avivamiento más grande que el mundo de habla inglesa haya visto sucedió con los Wesley, John y Charles. Cuando ellos recibieron al Señor fueron a convivir con los moravianos, quienes les habían llevado a Cristo. En esos momentos en Moravia estaban en pleno renacimiento los pequeños grupos de discipulado. De manera que Pedro Buller, un moraviano, es quien discípula a los hermanos Wesley. Luego ellos comenzaron a discipular a otros. Ese fue el método que les hizo ser conocidos como los metodistas. Por sus pequeños grupos y sus discipulados.

¿Cuántos eran en cada grupo? Alguien dijo que de ocho a diez. Nuestro mundo va más rápido en estos días. Digamos seis u ocho como máximo. En realidad, yo tenía ocho, y ahora solo tengo seis. ¿Sabes por qué? ¡Para no tener que agrandar la mesa!

Pero, en realidad, esto le da a cada persona más tiempo. Mis grupos duran dos horas, como los de Ray. En aquel entonces, siempre teníamos algo de refrigerio; lo poníamos en el centro de la mesa —y aún lo hacemos, todavía lo hacemos— y comíamos mientras hacíamos lo que teníamos que hacer, pero tratando siempre de no restarle tiempo a lo más importante que era el discipulado.

Nancy: ¿Y cómo se escogen los que van a pertenecer a tu grupo cuando tú inicias?

Anne: Fíjate, cuando Jesús escogió a Sus doce discípulos algo que podemos ver en Lucas capítulo 6 versículos 12-13, primero pasó una noche entera en oración antes de escogerlos. Pero en la actualidad esto sucede de modo diferente. Generalmente ocurre cuando una persona se lo dice a otra, y esa a otra y esa a otra y así sucesivamente la información se va corriendo de boca en boca. De esa forma oían de mí y venían a preguntarme. Claro que a veces veo personas que siento que sus corazones están listos, y les pregunto si quieren participar. Son mujeres que están por lo general entre los veinte o treinta, cuarenta años a lo sumo. el tiempo que pasamos es totalmente confidencial. Hablamos sobre todos los problemas que tienen como esposas y madres, pero en estos grupos casi siempre tratamos de mezclar chicas solteras con casadas, porque la una necesita del aprendizaje de la otra.

En ocasiones solemos meternos en los problemas más profundos del corazón, pero siempre en torno a la Palabra de Dios. Pero escucha algo, no es un estudio de la Biblia propiamente dicho. Oramos, pero tampoco es una reunión de oración… Supongo que en este momento te estarás preguntando… y entonces, ¿qué es?

Te cuento acerca de las cinco cosas que hacemos en estos grupos. Los cinco ingredientes son: la adoración, la Palabra, el compartir, la oración y la rendición de cuentas. Muchos de los grupos tratan los tres del medio (la Palabra, el compartir y la oración). A menudo es la Palabra y el compartir. Sabes que como mujeres nos gusta mucho hablar sobre todo acerca de nosotras mismas, y ocurre en ocasiones que de repente vemos la hora y decimos: «Bueno, se acabó el tiempo. No tuvimos tiempo para orar». Entonces oramos unas por otras, y luego, nos vamos.

Sin embargo, el primero y el quinto ingrediente son tan importantes. Por un lado, nos sentimos responsables, la una de la otra, de los sueños y visiones que tenemos. Estamos conscientes de que la mayoría de ellos no van a suceder si volamos solas. Por eso nos reunimos, por ejemplo, de septiembre a junio. En enero, nos proponemos de tres a cuatro objetivos que con la ayuda de Dios queremos lograr antes de junio. Damos copias de estos objetivos a cada una. Esto hace que continuamente, durante esos seis meses tengamos una persona que nos va empujando amorosamente, como si fuera «una daga en la espalda».

Por ejemplo ellas dicen, «así que querías memorizar cinco versículos de las Escrituras. ¿Cuál es tu última escritura?» O, «tú dijiste que querías limpiar tres armarios, ¿cuántos armarios limpiaste?» Y así sucesivamente.

Sé de muchos grupos que no tienen el tiempo de la adoración. Pero la realidad es que no queremos centrarnos en las personas. Queremos centrarnos en Dios. Pasamos tiempo en la adoración, no solo al principio, sino que durante la reunión estamos a veces postradas de rodillas. Ray hizo lo mismo en sus grupos de hombres.

Nancy: ¿Así que te especializas en elegir jóvenes que tengan hambre de Dios en sus corazones?

Anne: Yo elijo realmente las que sean fieles, dispuestas y enseñables. Piensa en los que no escogió Jesús para Su pequeño grupo. Él no eligió a Nicodemo, que lo quería mucho y tenía gran influencia en los altos círculos seculares. Tampoco eligió a José de Arimatea, que tenía un montón de dinero. Fíjate que este hombre podría haberle financiado todos sus viajes, y aun así Jesús no lo eligió. Pero si lo analizas bien, esos dos deben haber estado demasiado ocupados en sus asuntos como para poder seguir a Jesús.

Entonces, ¿a quiénes escogió Jesús? Escogió a las personas dispuestas, fieles, disponibles y enseñables. ¿Sabes algo Nancy? Hay algunas personas que creen que saben mucho, y quieren decirte todo lo que saben. Pero lo malo es que no saben escuchar porque hablan demasiado; hablan, hablan y hablan, tal como lo hizo una de ellas hace unas semanas. Habló tanto que se cogió toda la reunión para ella. Y eso no puede ser porque no cae bien en el grupo, todas deben congeniar porque de lo contrario no van a encajar las unas con las otras cinco del grupo.

Tenemos que buscar a las que tienen un espíritu tierno y apacible que es lo que el Señor ama. Esto hace a las mujeres hermosas. La segunda carta a Timoteo capítulo 2 versículo 2, dice: «Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros». La reproducción es todo. Si llegan al grupo con la idea de que la enseñanza es solo por un año y ahí se termina todo, yo ni las tomo. Si vienen a mí, es con la promesa de que van a proponerse discipular por el resto de sus vidas. Chicas que discipulen a otras, y estas a otras y así sucesivamente.

Nancy: Eso es tan importante. Tú ves tantos cristianos sentados allí en la iglesia, o en la escuela dominical o a veces asistiendo a grupos pequeños, o a estudios de la Biblia semana tras semana, mes tras mes, año tras año, solo asimilando, tomando, pero nunca dando. Nunca se reproducen.

Anne: O tal vez ni siquiera asimilando, porque mientras parecen escuchar, lo más probable es que estén planeando los menús de la próxima semana o quién sabe en lo que están pensando. De modo que si no se les piden cuentas, no se hacen responsables y no se sienten obligados a asimilar lo que se les está diciendo.

Nancy: Entonces, una vez que has estado asimilando, debe haber una rendición de cuentas de la mayordomía que a su vez debe reproducirse en la vida de otras personas.

Creo que para algunas de nuestras oyentes, esto va a sonar tal vez un poco loco, pero hay un momento en que hay que salir del estudio bíblico, porque ya has asimilado mucho. Entonces es el momento de comenzar a formar nuevos grupos, a mentorear y a discipular a otras.

Anne: Hace una gran diferencia cuando estas mujeres vienen a mis grupos a sabiendas de que el próximo año ellas van a transmitir ese mismo material a otras personas. Tienen la ventaja de que no tienen que reproducir el material porque el que reciben no tiene derechos de autor. No tiene por qué ser «propiedad de Anne Ortlund». Pero al menos cuando salen del grupo ya saben lo suficiente y pueden aplicar muy bien ese mismo material si lo desean.

Nancy: Pasan un año en uno de tus grupos. Entonces, se entiende que el próximo año ellas deben discipular a otro grupo de mujeres.

Anne: Ah eso sí, este es un compromiso absoluto. Ellas no pueden entrar al grupo a menos que vayan a hacer eso. No es solo para el próximo año, es para el resto de sus vidas, con la ayuda de Dios. El año siguiente ellas eligen a otras chicas que harán lo mismo. Los chicos están haciendo exactamente lo mismo.

Hay una iglesia en nuestra área que fue fundada por uno de los más queridos discípulos de Ray, quien se aferró a él como un hijo se aferra a un padre. Él y otros plantaron esa iglesia. Han pasado diez años, y ahora hay 8,000 de ellos porque han discipulado y se multiplicaron y se multiplicaron y se multiplicaron.

Nancy: Me imagino que hay algunas que están escuchando, mujeres mayores y cristianas maduras que están pensando, «yo, en verdad no me puedo imaginar haciendo eso, no sabría cómo hacerlo. No creo que yo pueda guiar un pequeño grupo o discipular mujeres», ¿cómo empezar?

Anne: Lo más probable es que sean de mi generación. Cuando yo era niña, pensaba que «discípulo» era un sustantivo, yo no sabía que era un verbo. Para mí, los discípulos eran esos doce hombres que caminaban por ahí con Jesús en sandalias y túnicas. No fue hasta que llegamos a tener una mayor comprensión de cómo funciona el cuerpo de Cristo, que la gente comenzó a tomar el discipulado y los grupos pequeños en serio.

Cuando comienzas por primera vez, lo más probable es que no hagas muy buen trabajo; eso me sucedió a mí. Pero uno solo tiene que decir lo que sabe. Déjame darte un ejemplo. Imagínate que aquí está Suzy y ella acepta al Señor. Ella es una nueva creyente a quien alguien le ha dicho algo acerca del discipulado. Pero resulta que Suzy piensa en Dotty su vecina que no conoce a Jesús. Supongamos que a Suzy alguien la llevó a Cristo con el pasaje de Juan 3:16, pero eso es todo lo que ella sabe. Suzy decide llamar a Dotty y le dice: «¿Dotty estás libre el próximo jueves? ¿Podrías venir a tomar café para que estudiemos un poco de la Biblia?»

Suponte que Dotty diga: «Está bien», y viene. Ella le enseña Juan 3:16, que es lo único que Suzy sabe. Cuando Dotty se va, ella podría decir: «Muchísimas gracias», y ahí terminó todo. Pero podría decir: «Wao, eso fue genial, ¿podríamos juntarnos de nuevo la semana que viene?» Entonces Suzy tiene siete días por delante para aprender algo nuevo que contar a Dotty la próxima semana. ¿Ves que es bien sencillo?

Nancy: Cuando tomas a estas mujeres, dices que te reúnes con ellas por un año. ¿Cuáles son tus objetivos en el curso de ese año? ¿Qué esperas que suceda en la vida de estas mujeres?

Anne: Colosenses dice lo que vamos a hacer. Colosenses 1:28: «Nosotros proclamamos a Cristo». Es para eso que lo hacemos, para amonestarnos y enseñarnos. El amonestar no es la parte más divertida, pero es importante. Cuando se planta un jardín, no es suficiente con regar y alimentar lo sembrado, hay que quitar la cizaña. Siempre hay momentos en que habrá que corregir la doctrina de alguien si es falsa. No quiero que el resto de las jóvenes piensen que lo dejé pasar y que por eso está bien. O si hay alguna que tiene un espíritu amargo y todas las demás lo perciben así, y la persona no lo está viendo, es mi responsabilidad ayudarla a endulzarlo hablando de ello. 

«A Él nosotros proclamamos, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo. Y con este fin también trabajo, esforzándome según su poder que obra poderosamente en mí» (Col. 1:28-29).

¿No te encanta ese versículo? Yo trabajo. Me esfuerzo. Pero es la energía de Dios, no la mía, la cual actúa poderosamente en mí.

«Quiero que sepáis qué gran lucha tengo por vosotros, (este es Pablo hablando a los colosenses, para todos los que no me conocen personalmente), mi propósito es que sean animados de corazón y unidos en amor, para que puedan tener las riquezas del pleno entendimiento» (Col. 2:1-2 , parafraseado). Ese es mi anhelo. No soy capaz de hacer eso. Yo no sabría lo suficiente como para poder hacer eso, de septiembre a junio. Pero yo siempre añoré que las mujeres tuvieran las «riquezas del pleno entendimiento» (v. 2, parafraseado).

En este momento estoy pensando en un libro muy popular que salió hace varios años; era una especie de herejía. Pero muchas de las chicas en nuestra área, y los chicos también, realmente se enamoraron de él. Ellos solo pensaban en el libro como algo genial. Eso fue algo impresionante para ellos. Pero esa fue una maravillosa herramienta de aprendizaje para que ellos vieran lo que es una mala doctrina y lo que es un error de interpretación, además lo que Satanás puede querer poner en la cabeza de los cristianos para distraerlos de la verdad del dulce evangelio.

Así que todo esto está implicado en la exhortación y enseñanza. Tú luchas y trabajas; y descubres que es Dios quien está haciéndolo todo, y para Él es toda la gloria.

Nancy: Yo encuentro tantas mujeres cristianas de hoy que están solas, que se sienten aisladas, tal vez debido a la etapa de la vida en que están, o debido al ajetreo en que viven. Ellas pueden conocer un montón de gente o ser parte de una iglesia grande, pero no se sienten conectadas con otras vidas de manera significativa. Pero los grupos como estos, yo creo que de verdad ayudan a los creyentes a desarrollar relaciones cercanas entre sí y a formar parte de la vida de los demás.

Uno empieza a vivir de manera práctica los «unos a los otros» como dicen las Escrituras. ¿Se da esto en los grupos?

Anne: ¡Oh, sí! Durante algunos de esos años tomamos los trece «unos a otros» de la Biblia: Amarnos unos a otros, preocuparnos unos por otros, no mentirnos el uno al otro y así sucesivamente. Hacemos un cuadro de los trece en el lado izquierdo y luego los nombres de cada una del grupo en la parte superior. Entonces nos damos a la tarea de ver cuántos de esos espacios en blanco podemos llenar, llenando esos «unos a otros» entre las mujeres del grupo.

Es muy cierto que hay una gran cantidad de mujeres que están en casa —algunas quizás viudas, otras cuyos hijos han abandonado el nido, o quizás su marido está ocupado en un trabajo —y se sienten no deseadas e innecesarias. Déjenme decirles que este es su mejor momento para la labor. Claro que pueden acomodarse en la televisión y pasar el tiempo ociosamente o en demasiado entretenimiento, o hacer cosas que son simplemente superfluas, pero deben saber que nada de esto tiene valor eterno. Pero lo más probable es que tengan este conocimiento almacenado en sus cabezas. Tal vez han sido creyentes por mucho tiempo pero no han llegado al entendimiento de que tienen que darse ellas mismas. Necesitan nuevos bebés espirituales. Necesitan reproducirse de manera que vayan al cielo con el fruto que verdaderamente permanece.

Nancy: Yo tengo una carga por esa generación —la generación de los «baby boomer», o los nacidos entre 1946 y 1964. Setenta y siete millones de baby boomers, los primeros de los cuales han llegado a la edad de retiro, de jubilación. Muchas de estas mujeres están solas y en busca de un sentido de misión y de propósito. Yo digo que necesitamos que ese ejército de mujeres no viva para sí, sino que vivan para los demás y que participen activamente en la inversión de sus vidas en la próxima generación. Necesitamos que las mujeres sean discipuladoras y asuman la responsabilidad de pasar el batón de la verdad a la próxima generación de mujeres.

Anne: Eso es exactamente lo que habla la carta de Pablo en Tito 2. Cuando Pablo le está diciendo a este joven pastor Tito: «Enseña lo que está de acuerdo a la sana doctrina», y enseña a los hombres mayores, y le dice lo que se les debe enseñar a ellos. Le dice que enseñe a las mujeres mayores a ser piadosas en su conducta y no calumniadoras. Oh, nuestras lenguas. A menudo hay que advertirnos sobre nuestra lengua. «No seas adicta a mucho vino». Cuando yo estaba creciendo no era necesario decir esto, pero en el día de hoy sí lo es. Algunas somos dadas a la bebida, y esto puede ser un gran problema para los cristianos.

«Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno…», es decir, debemos entrenar —y la palabra que se usa es la misma que «discipular»— entrenar a las mujeres jóvenes «a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos; a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (Ver Tito 2:1-5).

¿Qué vemos hoy? Mujeres dejando a sus maridos. Mujeres que ni siquiera aman a sus hijos. ¿Las vemos ocupadas en el hogar? No. ¿Las vemos sujetas a sus maridos? No. Todas esas cosas les deben ser enseñadas por esas mujeres mayores que están calificadas para hacerlo.

Nancy: Parte de estar calificada es vivir esos principios tú misma. No puedes enseñar a los demás lo que tú no estás viviendo.

Anne: Eso es muy importante. Porque tal como dijimos al principio, discipular es algo que purifica, porque mientras lo estás haciendo piensas: «Señor, yo no quiero ser hipócrita. No quiero usar una máscara. Quiero representar lo que estoy diciendo, lo que estoy enseñando». Eso es algo que busco cuando estoy almorzando con estas mujeres. Busco mirar lo que son sus vidas, si son ejemplos a las mujeres más jóvenes. Ya que las mujeres más jóvenes dirán: «Si ella tiene un mal hábito, y lo hace, entonces puedo hacerlo yo también». Si discipulamos a otras mujeres, es absolutamente importante que nuestra vida esté de acuerdo con nuestras palabras.

Nancy: Yo creo que es importante que nuestras oyentes entiendan que esto no solo le corresponde a las esposas de los pastores. Esto no es solo para Anne Ortlund—ella es una autora, ella es una oradora, por supuesto que puede discipular. Pero esto es algo que cada una de nosotras, como creyentes, debería estar haciendo a medida que maduramos en Cristo.

El formato puede verse un poco diferente. Tú lo haces con cinco. Alguien quizás lo hace uno a uno. Pero debes estar discipulando a alguien. Pablo tenía a su Timoteo. Pablo dijo: «Yo te voy a entrenar sobre algunas cosas, y luego las vas a pasar a otros». Así que, permíteme preguntarte…

¿Quién es tu Timoteo? ¿A quién estás discipulando? ¿En quién estás invirtiendo tu vida? ¿Qué es lo que mostrarás para toda la eternidad, como resultado de tu corazón de discípulo?

Anne, gracias por invertir en todos los grupos pequeños a lo largo de los años, y por desafiar a tantas de nuestras oyentes acerca de este tema. Imagínate si todas comienzan a hacer esto desde hoy… Imagínate lo que sucederá de aquí a 40 años, todos los discípulos que se entrenarían. ¿Cuántas personas habrán seguido a Cristo y habrán sido discipuladas por tú haber tomado ese mandato en serio?

Anne: ¿Sabes qué? Hace dos mil años, alguien le contó algo a alguien; y ese lo dijo a otro; y ese otro se lo dijo a alguien más… Hasta llegar a ti, que hoy me escuchas. Después de 2000 años, ¿vas a ser tú el último eslabón en la cadena o decides continuar? Sería terrible que la cadena terminara contigo.

Nancy: ¡Qué gran oportunidad se nos ha dado, de tomar lo que se nos ha confiado, y como administradoras de ese tesoro pasarlo a la siguiente generación!

Anne: ¡Amén!

Annamarie: Dios te puede utilizar con poder para bendecir a alguna mujer o mujeres en tu círculo de influencia. Nancy DeMoss Wolgemuth y Anne Ortlund han estado hablando acerca de esto. ¿Anhelas ver un poderoso mover de Dios en medio de su pueblo y reconoces tu rol en esto? Asegúrate de acompañarnos mañana para escuchar la continuación de esta conversación.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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