Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿Has orado el Salmo 85 de todo corazón? Con nosotras Anne Ortlund.

Anne: «Restáuranos de nuevo. Hazlo de nuevo. Hazlo de nuevo. Hazlo de nuevo, Señor. ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en Ti?» De modo que está claro que es Dios quien lo hace. Tiene que ser Dios. No puede venir de ningún otro lugar porque ese sentir no está en nosotros tú lo sabes.

«¿No volverás a darnos vida?» 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura para hoy en el reto Mujer Verdadera 365 son los libros Abdías y Jonás.

Hoy continuaremos escuchando esta conversación que Nancy DeMoss Wolgemuth tuvo con Anne Ortlund, antes que Anne pariera a la presencia del Señor.

Nancy: En estos pasados días hemos estado teniendo una conversación verdaderamente especial con una dama muy especial. Anne es una amiga de muchos años. Por 61 años fue la esposa de Ray Ortlund, quien fuera mi pastor cuando yo estudiaba en la Universidad del Sur de California. Ella ha sido viuda por tres años pero ella sirve fiel y seriamente al Señor a la edad de 86 años.

Hemos estado hablando acerca de envejecer con gracia. Hemos hablado de la viudez y de las disciplinas de una mujer hermosa.

He estado ayudando a Anne a recordar, y a dejar que nuestras oyentes escuchen esta conversación de cosas que son de gran importancia, tanto para el corazón de Anne como para el mío. Así que gracias, Anne, por discipularnos y por tener esta conversación con nosotras acerca de todos estos asuntos.

Anne: Bueno, Nancy, tu corazón ha estado con esto del avivamiento todos estos años y aún tu ministerio se llama precisamente así, Aviva Nuestros Corazones. Yo pienso que ha sido la llenura, el gozo del Espíritu Santo en la vida de Ray y en la mía… Lo que ha producido este anhelo de ver un avivamiento no solamente ahora sino a través de los años.

Nancy: Así es. Yo recuerdo cuando por primera vez llegué a la Iglesia de la Lake Avenue en Pasadena, California, siendo una estudiante universitaria de 17 años. Yo oía en ese tiempo en esa iglesia hablar de avivamiento. Dios se había estado moviendo de una manera fresca en la congregación, y eso era algo por lo que yo misma tenía una carga desde que era muy jovencita… Esto de ver a Dios moverse en un avivamiento.

Y cuando llegué a la iglesia de Lake Avenue y encontré que el pastor Ray tenía ese corazón y que tú también lo tenías…¿recuerdas cuándo fue o cómo fue que Dios empezó a moverse en tu corazón y en el de Ray con este deseo de avivamiento?

Anne: Fue interesante que la primera vez que se nos pidió hablar acerca de esto teníamos 27 años, y hacía tan solo un año que habíamos salido del seminario. Nos pidieron hablar juntos en una conferencia, nos dijeron que podíamos hablar de cualquier tema y Ray dijo, «bueno, pues vamos a hablar de avivamiento». No teníamos la más mínima idea de que en lo adelante este sería el tema de nuestras vidas.

Literalmente, en cada conferencia en la que hemos hablado, hemos incluido el avivamiento, y hemos orado por esto; hemos esperado por esto y lo hemos convertido en la meta de nuestras vidas.

La primera vez que vimos un avivamiento fue en enero de 1970, cuando a Ray se le pidió ser el charlista para la conferencia de Wheaton College cerca de Chicago. Ellos siempre preparan una conferencia en enero en la que hacen un énfasis espiritual. Pero aquel lugar era tan frío, sobre todo para nosotros los pobres californianos del sur. Pero no solamente en cuanto a la temperatura, era espiritualmente frío. Caminabas alrededor del campus y decías, a alguien «buenos días», y te respondían, «uh hum».

Las sesiones iban de lunes a viernes con reuniones en la mañana y en la noche. Las mañanas eran obligatorias, las noches no. Ese primer lunes en la mañana, Ray comenzó a hablar usando Gálatas 2:20: «Con Cristo he sido crucificado, y ya no soy yo el que vive, sino que Cristo vive en mí; y la vida que ahora vivo en la carne, la vivo por fe en el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí». Se podía ver a los jóvenes en las primeras filas leyendo sus revistas seculares y se tapaban las caras con ellas para que supiéramos que ellos no estaban escuchando.

Había ese espíritu de rebeldía en el campus que fue típico en los años 60. Fue cuando por primera vez se acuñó aquella famosa frase, la brecha generacional, y los chicos comenzaban a ser rebeldes y a querer vivir a su manera. Aún Wheaton College tenía drogas en su campus y había una gran hostilidad en contra de sus profesores, y así muchas cosas sucesivamente.

Ante este panorama, Ray le pidió a nuestra gente que orara, y un querido hermano de la iglesia tomó un largo pedazo de papel y lo extendió sobre un par de mesas en el patio. Le pidió a la gente que lo firmara y que se comprometiera a orar por periodos de 15 minutos de su tiempo, cada 24 horas, día tras día, mientras nosotros estuviéramos ministrando.

Y ¿qué crees que pasó Nancy? Que seiscientas personas firmaron para orar en esos periodos de 15 minutos, para que de día y de noche estuviéramos cubiertos en oración. De manera que a la 1:45 de la madrugada podrían haber estado orando por nosotros, por ejemplo un par de alumnos universitarios, un envejeciente o un estudiante de bachillerato, quién sabe; el caso es que estarían orando por un avivamiento en Wheaton mientras estuviéramos allí.

Para el miércoles los muchachos habían sido tan tocados que habían comenzado a hacer reuniones en sus habitaciones después de las charlas. Luego descubrieron ya para el jueves, que casi todo el campus lo estaba haciendo, aunque ellos no estaban conscientes realmente de lo que estaba sucediendo.

El jueves por la noche en la reunión… el auditorio estaba lleno, aunque no era obligatorio estar en las noches. Y ese jueves en la noche, un joven grandote, jugador de fútbol, se paró delante de Ray antes de la reunión y le dijo:

Pastor Ray, antes de que predique, ¿podría yo decir una palabra?

Ray ni siquiera llegó a predicar. Ese joven se paró y dijo, quiero pedir perdón. Yo he sido uno de los líderes de la banda de la rebelión aquí en el campus. He telefoneado a mis padres esta tarde y les he pedido perdón y les he dicho que he sido un idiota.

Luego se volteó al Dr. Armerding, el presidente de la escuela, que estaba sentado al lado de él y le dijo:

¿Dr. Armerding, podría perdonarme?

Antes de que él pudiera decir mucho (es todavía maravilloso para mí, y me provoca llorar cuando lo recuerdo), los chicos estaban en fila esperando su turno al micrófono. Nancy, esto sucedió hace ya 18 años, en 1995…

Nancy: Sí.

Anne: El lugar estaba repleto, y esto ocurrió toda la noche. A las 8 de la mañana, llegó la facultad. Pero se habían perdido de casi todo, sabes que casi siempre pasa eso, que hay un grupo que saca provecho cuando los jefes no están. Ellos dijeron, «las clases deben empezar a las 8:30 como de costumbre, así que están despedidos». Pero todavía no había terminado, así que ese viernes en la noche comenzó todo de nuevo y ocurrió lo mismo toda la noche. Esa fue la noche final. Tuvimos que volar de vuelta a casa.

El Dr. Armerding nos dijo diez años después, queel Espíritu provocó tal quebrantamiento y hubo tal cambio, que cada nuevo alumno de primer año que entraba lo absorbía de los grupos anteriores, y ese avivamiento siguió, un avivamiento apacible, de combustión lenta, por 10 años. Sucedía que conocíamos personas fuera del país en terrenos misioneros que nos decían, «entregué mi corazón a las misiones esa semana que estuvieron ustedes allí». O nos decían, «recibí a Cristo esa semana. Todos creían que yo era cristiano, pero en realidad no lo era».

Nos fuimos a casa. Esto me hizo pensar en el libro de Daniel cuando él vio aquella estupenda visión, y dijo:

«Yo, Daniel, me sentí agotado y enfermo algunos días. Después me levanté y atendí los asuntos del rey; pero yo estaba espantado a causa de la visión, y no había nadie que la interpretara».

No sé cómo te sientes tú cuando ves un avivamiento, pero cuando regresamos a casa estábamos tan exhaustos que los diáconos de la iglesia se dieron cuenta y nos enviaron a descansar.

Nunca volvimos a ser los mismos. Todos nuestros libros salieron de esta experiencia—fueron 26 libros en los 27 años siguientes. Todas nuestras charlas salieron de esto también. Nos empezaron a invitar a hablar en conferencias. Nuestro discipulado también salió de esto. Nuestros días de renovación provienen de ese tiempo. Todo lo que hemos hecho desde entonces provino, como una explosión, de ese tiempo. Dios nos avivó de la misma manera que avivó a los estudiantes. Estoy segura que nosotros estábamos tan necesitados como cualquiera de ellos.

Nancy: Es algo triste para mí que la palabra avivamiento haya caído tanto en estos tiempos. Muchos tienen una mala percepción acerca de lo que es un avivamiento y lo asocian con cosas locas y fuegos artificiales. Oí recientemente a una joven mujer que trabaja a tiempo completo en el ministerio cristiano, que nunca había escuchado la palabra avivamiento hasta muy recientemente, y ella es graduada de una universidad bíblica de este país. Ahora, no puedo decir que ella no hubiera oído de esto, pero el hecho es que ella no recordaba haberla escuchado.

Pienso que mucha gente hoy en día no tiene ningún concepto de esto o tiene un concepto equivocado de lo que es un avivamiento. Así que Anne, edúcanos un poco sobre esto. Cuando hablamos de avivamiento, ¿de qué estamos hablando realmente?

Anne: Me alegro que hayas usado esa palabra, avivamiento. Descubrimos que renovación es quizás una pequeña y nueva palabra para la misma cosa, así que nuestro ministerio, que es un ministerio sin fines de lucro ha sido un ministerio de renovación a través de todos estos años. El hecho es que si lees el salmo 85... Qué raro que esa persona diga que ni siquiera ha oído esa palabra porque está ahí en las Escrituras. El Salmo 85 es una oración justamente de avivamiento.

Comienza diciendo: «Cuánto has hecho, Señor, en el pasado. Nos mostraste favor, nos restauraste, nos perdonaste, cubriste nuestros pecados, retiraste toda tu furia, nos apartaste del ardor de tu ira». ¿Te das cuenta que todos estos son verbos…? Dios ha estado muy ocupado. Luego dice, «restáuranos de nuevo. Hazlo de nuevo. Hazlo de nuevo. Hazlo de nuevo, Señor. ¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?» De modo que está claro que es Dios quien lo hace. Tiene que ser Dios. No puede venir de ningún otro lugar porque ese sentir no está en nosotros, tú lo sabes.

«¿No volverás a darnos vida?» En tu libro, Quebrantamiento: El corazón que Dios aviva, citas una pequeña canción que hemos citado también, algunas veces cuando hablamos del Salmo 85: «Soy yo, oh Señor. No es mi hermano, no es mi hermana. Soy yo, oh Dios, aquí de pie en la necesidad de oración». Una excelente verdad.

«¿No volverás a darnos vida?» Lo ha hecho antes. Nuestro país nació del avivamiento. Pensamos en esos tiempos como si fueran todos piadosos. Bueno, el hecho es que después de algunos años de que los peregrinos llegaran, hubo mucha prostitución, alcoholismo y cosas terribles sucedían en las colonias.

Dios trajo consigo a George Whitfield y a los hermanos Wesley, y a Andrew Murray de Sudáfrica y a otros quienes comenzaron a predicar en América en los días de la colonia, y un gran avivamiento se extendió por toda la tierra. Uno de los predicadores dijo, «apenas tenía tiempo de comerme un pan. La Palabra corrió aquí como un relámpago».

En un período de 19 años, se llegó a tal nivel de crecimiento espiritual que Ben Franklin reportó en sus escritos: «Parecería como si todo el mundo se hubiera vuelto religioso. Camino por las calles arriba y abajo las calles y oigo salmos cantados saliendo desde todas las ventanas en cada calle».

Así que decimos en este tiempo: «Oh Señor, hazlo de nuevo; hazlo de nuevo. Estamos tan hambrientos de algo como esto».

Nancy: Ay sí, y yo no creo que mucha gente en esta cultura, aún cristianos, ni siquiera están realmente pensando en la necesidad que tenemos de un avivamiento. ¿Cuáles son algunas de las evidencias de que necesitamos que Dios dé vida otra vez, que nos avive?

Anne: Bueno, esto se ve muy bien en la ausencia de vida de iglesia. Siendo tan vieja como soy, puedo ver la vasta diferencia que existe de cuando yo era pequeña, al momento actual. Ir a la iglesia el domingo en la mañana es todo lo que esperas hacer hoy en día. Así que llevas a los niños a la escuela dominical, y tú te vas a la reunión general de la iglesia. Los niños se pierden la iglesia, y los adultos se pierden la escuela dominical.

Una generación atrás, tú ibas a la escuela dominical, luego te ibas a la iglesia. Después en la noche ibas a las clases nocturnas sobre la obra cristiana y luego al culto de la noche. Luego a mitad de la semana ibas a la reunión de oración, luego estabas en grupos pequeños. O sea que la iglesia era tu vida. Eso era en lo que se invertía el tiempo.

Había muchos grupos de oración para misiones y para necesidades especiales. Teníamos noches de oración y eran preciosas. Podía haber 50, 60 o hasta 100 personas que se ofrecían para orar en todo tiempo.

Yo recuerdo tiempos cuando tomábamos semanas para esperar en el Señor, y por siete días simplemente nos reuníamos como pueblo. Había como 3000 personas en la iglesia en ese tiempo, y creció hasta alcanzar 5000. En los días de los que yo te estoy hablando, veníamos a la iglesia y esperábamos en el Señor. Ray lo anunciaba por adelantado de manera que todas las otras reuniones de la iglesia se cancelaban.

No sucedía nada más —no había ensayos del coro, no había reuniones de oración, nada, no había ni siquiera comités. Tan solo nos sentábamos delante del Señor. No había ningún programa planificado. Era como estilo cuáquero. Ray no predicaba. Nadie dirigía, pero había un micrófono abierto, y las personas simplemente iban al micrófono y decían, «esto es lo que Dios ha estado haciendo en mi vida».

Muchas cosas pasaban en estas semanas de esperar en Dios, y era todo tan espontáneo. Después de eso, podías ver cómo esto afectaba otras estadísticas. Aumentaban las ofrendas, la asistencia se incrementaba, y más personas iban a las misiones. La mano de Dios estaba sobre nosotros de tantas maneras diferentes...

Nancy: Así es, y es maravilloso escuchar eso. En tiempos de avivamiento, vemos la evidencia de lo sobrenatural. No solo nuestro esfuerzo humano, lo que podemos producir en la iglesia a través de nuestros programas, de nuestras propias ideas y de nuestro mercadeo, sino lo que solo Dios puede hacer.

¿Has pensado alguna vez en lo que sería en nuestros días si Dios mandara un gran avivamiento como lo hizo en los 1700, en los 1800 y en los primeros años de los 1900? Es algo que no se ha vuelto a ver en nuestro país en más de un siglo. ¿Cómo sería si Dios enviara esa clase de avivamiento de nuevo hoy en día?

Anne: Estaba escuchando a alguien hablar recientemente. Es un misionero que sabe de lo que está hablando. Él dijo que había puntos del globo que estaban encendidos. Yo pensé para mí, y Ray también lo pensó (esto fue hace alrededor de siete años), ambos estábamos pensando que Newport Beach era uno de ellos. Hemos discipulado allí alrededor de 30 años y no queremos tomarnos el crédito por esto. Pero el Espíritu Santo ha estado haciendo su trabajo, y es asombroso.

Hicimos una fiesta un sábado en la noche. Éramos alrededor de 30 personas, 15 parejas. Había parejas que Ray y yo habíamos discipulado—Él, los jóvenes y yo, las jóvenes. Fue una divertida cena para 30 personas. Casi todo el tiempo estuvimos hablando del Señor mientras duró nuestra conversación. Pero la mayor parte del tiempo estuvimos compartiendo lo que Dios estaba haciendo en nuestras vidas, uno a la vez. Era algo intencional. Luego tuvimos un largo tiempo de oración, como hora y media de oración más o menos. Eran hombres entre 30 y 40 años. 

Parece increíble, pero eso era lo que ellos disfrutaban, juntarse y orar. Esto se estaba contagiando a través de toda la comunidad. Esta era una área en donde a las calles se les llamaba «Puerto», Puerto esto o Puerto aquello. Nosotros a esa área le llamábamos, «Los Puertos». Dios estaba obrando en «Los Puertos». Pensábamos –y es algo que quizás te parezca raro– que lo difícil era encontrar discípulos porque casi todo el mundo había sido discipulado ya. ¿Qué te parece? Se pisaban los talones unos a otros. Era maravilloso lo que Dios estaba haciendo allí.

Ellos estaban muy conscientes y anhelantes de avivamiento. La verdad es que «si tú discípulas solo un año, eso es como una ola que llega a la costa, penetra la arena y se disipa, y es el fin de la ola. Pero si llega una ola tras otra ola, tras otra ola, tras otra más, tendrás un tsunami en tus manos, y esto cambiaría todo el panorama».

Esto era lo que estábamos comenzando a ver, Nancy. Hablé con una persona, una persona cristiana, quien había llegado de otra ciudad costera no hacía mucho tiempo y se había mudado a Newport Beach. Ella me dijo, «es increíble la diferencia que aquí se percibe. Veo símbolo de peces en todos los carros, escucho hablar de Dios en todos los restaurantes, y veo personas leyendo sus biblias en casi todos los lugares públicos.

Nancy: ¡Y lo increíble es que estamos hablando del sur de California!

Anne: Sí, Newport Beach… Y ella estaba a solo 60 millas y no había visto todo eso. Pero hay esos lugares donde Dios está trabajando, y es maravilloso verlo. Caminamos suavemente como de puntillas porque no queremos hacer nada que contriste el Espíritu, que aflija al Espíritu o que evite que esto pueda progresar.

Nancy: En un número de casos que has mencionado donde Dios se movió en maneras extraordinarias, uno de los factores fue la oración. Personas buscando al Señor, clamando por Él. ¿Has visto en otras partes del mundo que la oración realmente es el mayor ingrediente en buscar al Señor por avivamiento?

Anne: Sí, claro que sí. Esa es la razón por la que la gente de la Avenida Lake se tomaba esos tiempos para tener esas noches de oración, porque los días estaban demasiado llenos de otras cosas. Lo hemos visto alrededor de todo el mundo.

La gente decidió resolver sus conflictos que tenía con nosotros, y te podías encontrar con situaciones que a veces llevaban meses sin resolver, quizás años. Predicábamos junto a compañeros misioneros y con otras iglesias a través de intérpretes. En una ocasión vi a una señora sentarse al lado de otra y ver a la primera moverse de lugar. Sencillamente ella no quería sentarse junto a la otra. Te dabas cuenta de estas cosas aunque no hablaras el mismo idioma.

Luego venía la oración, y llegaba el quebrantamiento y empezaba el reconocimiento del pecado. Cuando esto pasaba, ellos necesitaban orar, y se producía tanto llanto y vergüenza sobre la manera en que se habían comportado y esto producía un nuevo comienzo con Dios.

Luego el gozo que seguía. Tal como lo dice el Salmo 85:6: «¿No volverás a darnos vida para que tu pueblo se regocije en ti?» Es tan refrescante. Es como tomar un baño y quitarte todo ese pecado de encima. Te hace sentir feliz cuando estás en comunión con Dios de nuevo pero también con los demás.

Nancy: La carga de este ministerio y la carga de mi vida desde que era una jovencita ha sido ver a Dios hacerlo de nuevo—por esto es el nombre de este programa, Aviva Nuestros Corazones. Comienza contigo, conmigo, con nosotras como individuos, pero luego oramos que en el tiempo del Señor y a Su manera, Él se mueva de una manera extraordinaria y pueda derramar Su Espíritu en nuestra tierra y en las naciones en el mundo.

Anne, ¿podrías cerrar el programa dirigiéndonos en oración? Y a ti que nos escuchas, si puedes detenerte por un momento, en tu cocina o en tu lugar de trabajo, quizás hasta puedas ponerte a un lado y si vas conduciendo tu auto. Solo detente e inclina tu cabeza, quizás quieras ponerte de rodillas, si estás en un lugar donde puedes hacerlo.

¿Anne, nos dirigirías en oración mientras unimos nuestros corazones, para que Dios avive Su obra y en medio de los tiempos, y avive su pueblo en nuestros días para la gloria de Su gran nombre?

Anne: ¡Oh Nancy! Qué gran privilegio tú me estás otorgando, vamos a orar. Oh amado Padre celestial, Abba Padre, nos has dado ese nombre para Ti, ese nombre que en «Getsemaní» fue para ti tan santo que apenas podemos traducirlo. Tú eres nuestro Abba, que significa, «no mi voluntad sino tu voluntad sea hecha». También Jesús te llamó Abba cuando fue a la cruz, y tal como dice tu preciosa Palabra en Romanos 8: «Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que habéis recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!» Tú eres Aquél a quien nosotros debemos lealtad y el único que merece nuestra obediencia.

Aún así, Señor, te hemos dado la espalda, hemos sido rebeldes, hemos querido ir por nuestro propio camino en vez de seguirte como tus hijos queridos. Y, Señor, sabes que no estamos hablando de evangelismo y de que las personas se salven, aunque esto es algo maravilloso, porque las personas se van salvando mientras observan y ven el avivamiento que tu Espíritu produce.

Nosotros estamos hablando, Señor, acerca de volver a vivir, de vivir de nuevo. Ese primer amor que conocimos cuando te aceptamos por primera vez. Luego el tiempo va pasando y nos vamos alejando, Señor. Nos aburrimos y satisfacemos más nuestros propios deseos, hemos vivido para nosotras, y somos un verdadero desastre. Señor, hemos ofendido a otros, a nosotros mismos y te hemos ofendido.

Querido Padre, nos hemos quedado sin aliento, y esa es la manera como nos sentimos. Estamos hambrientos de volver a ti, Padre, y decirte: «Quiero ser como era cuando por primera vez te recibí, quiero amarte con todo mi corazón, y solo a ti».

Señor, te necesitamos. Nosotros debemos tenerte o iremos a los cielos avergonzados y con olor a humo en nuestras ropas, apenas habiéndolo logrado. 1 Corintios dice que algunos cristianos llegarán de esa manera. Señor, por favor, no queremos ser uno de esos.

Nosotros oramos que tú nos limpies ahora y nos des tiempo de vivir en esta tierra y podamos restituir lo que se comió la langosta. Haz que nuestros corazones vivan para las cosas eternas y no solo por las cosas terrenales y temporales que se quemarán Señor y no significan nada.

Señor, por favor, fija nuestros ojos en ti de nuevo. Lamentamos la manera en que hemos sido. Nos arrepentimos, y te decimos de nuevo, «Señor te amamos. Vuelve a darnos vida para que podamos regocijarnos en ti».

Y te lo pedimos en el precioso nombre de Jesús y para Su gloria y Su honra, amén.

Annamarie: Amén. Espero que hayas hecho tuya esta oración de Anne Orlund. Y tú, ¿vives para ti, o vives para Dios conforme a lo que Él nos dice en Su Palabra? Anne y Nancy DeMoss Wolgemuth nos han ayudado a pensar en esto a lo largo de esta serie de programas y nos han animado a vivir vidas abundantes para Cristo en cada etapa de nuestras vidas.

Si te perdiste alguno de los programas en esta serie, te animo a que lo escuches. Encuentra tanto el audio como la transcripción en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Escuchamos tantas voces y mensajes, por esto es imprescindible que seamos intencionales en aprender a discernir correctamente. ¿Qué cautiva tu atención? ¿Estás guardando tu mente y tu corazón? Únete a nosotras para escuchar acerca de esto en la próxima serie de Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el maestro

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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