Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Annamarie Sauter: ¿Será que has perdido la perspectiva de cuándo debes confrontar y cuándo debes pasar por alto la ofensa?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Hay asuntos que necesitan ser confrontados. Pero hay algunos que simplemente necesitan ser pasados por alto. Déjalos ir. No hagas un caso federal del mismo. El problema es que tenemos una tendencia a confrontar los pecados que debemos pasar por alto y pasamos por alto los pecados que debemos confrontar. Sencillamente perdemos la perspectiva.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Ester, capítulos 1 al 3.

Ayer escuchamos sobre el peligro de la amargura y comenzamos a ver el remedio: el perdón. En una ocasión, Kim Wagner, una amiga de Aviva Nuestros Corazones, habló acerca del poder del perdón. Nancy está aquí para introducir esa enseñanza.

Nancy: Comoustedes saben, hemos hablado sobre el daño enorme que la amargura puede provocar y cómo puede sencillamente apoderarse, envenenar y contaminar el medio ambiente a nuestro alrededor. En cambio, el perdón tiene un enorme poder de impactar de manera positiva nuestro ambiente y traer resultados dulces y misericordiosos en las vidas de las personas. 

Kim, recuerdo una increíble historia donde pudiste ver el poder del perdón.

Kim Wagner: Oh, sí.Mi esposo estaba predicando durante un avivamiento en una iglesia pequeña de un pueblo en el sur de Arkansas en medio de un matorral de pinos. No parecía que hubiesen casas cerca de allí, solo una pequeñísima iglesia. Un domingo en la mañana había quizás treinta personas ahí. Era un servicio típico de una pequeña iglesia bautista del sur.

Mi esposo predicó sobre Mateo 18 sobre el siervo despiadado. Él habló de cómo la ofensa puede colocarte en una prisión de amargura y de cómo serás atormentado por tu amargura.

Una pequeña señora, miembro de muchos años de esa iglesia, caminó hasta el frente y en quebrantamiento y en llanto confesó delante del cuerpo de esa iglesia que ella había estado pecando contra Dios por años porque se había mantenido en falta de perdón hacia un hombre muy conocido en esa comunidad.

Él era un hacendado muy rico, y ella lo había acusado por la muerte de su madre. Había varios cuestionamientos sobre la muerte de su madre, y ella lo culpó como responsable de su muerte. 

Ella pidió a la familia de la iglesia orar por ella para que ella pudiera ir y pedirle perdón por la manera como ella lo había tratado, porque él era un hombre perdido y él sabía que ella era cristiana. Así que ella pidió a la iglesia orar por ella mientras ella iba al día siguiente a suplicarle que la perdonara. 

Desconocido para ella, mientras ella le estaba pidiendo perdón a este hombre, su esposo, quien era conocido como el borracho del pueblo, estaba al otro lado de la calle vendiendo sandías en la parte de atrás de su camioneta para poder conseguir dinero para comprar más licor. Él estaba sentado ahí vendiendo sandías cuando mi esposo y el pastor de la iglesia se detuvieron para hacerle una pequeña visita. 

Mientras ellos se acercaban, antes de que ellos ni siquiera pudieran comenzar a hablar, él se arrodilló y clamó a Dios por perdón, pidiéndole que lo salvara. Él no tenía idea lo que su esposa estaba haciendo.

Luego él se fue a su casa a almorzar y a contarle a ella lo que le había sucedido, al tiempo que ella se aproximaba a la puerta —para decirle que ella había estado confesando su amargura a aquel hombre al cual ella le había guardado resentimiento por años— ella pudo escuchar a su esposo gritando, llorando, y alabando a Dios, aun antes de que ella ni siquiera se acercara a la puerta de la casa. 

Durante esa misma noche, la noticia de que esta mujer había ido donde el hacendado a pedirle perdón, y la noticia de que su esposo, el borracho del pueblo, había rendido su vida a Cristo se había regado. Para esa noche había como cien personas en el servicio de avivamiento. 

El espíritu de perdón comenzó a extenderse por toda la comunidad. Para la noche siguiente, el hacendado acudió. Había cerca de ciento cincuenta o doscientas personas ahí.

El pequeño local de la iglesia estaba totalmente repleto. Las puertas estaban abiertas; el vestíbulo estaba repleto de personas. La gente estaba de pie. No tenían suficientes sillas para las personas. El hacendado rindió su vida a Cristo esa noche.

Había una familia en la iglesia que por asunto de una situación de adulterio, se había separado. Esos esposos se unieron, enmendaron sus vidas, y durante ese avivamiento, su hijo arregló cuentas con Dios. En la actualidad él es un misionero que nuestra iglesia apoya en Rusia.

Hubo más de mil quinientas personas durante toda esa semana, que acudieron a escuchar los mensajes que se predicaban en esa pequeña iglesia. Extendieron el avivamiento por dos semanas adicionales. El pastor quería ir más lejos, pero ya habíamos perdido una semana de clases en la escuela. Estábamos en el seminario.

Finalizamos ese avivamiento dos semanas después; no recuerdo exactamente cuántas personas —fue un gran número de personas— aceptaron a Cristo como su Salvador. Las vidas cambiaron. Hoy todavía la gente habla de ese avivamiento y han pasado veinticinco años de eso.

Y el avivamiento comenzó con una mujer que rindió su amargura, algo que ella mantuvo por años y que creía que estaba justificado; justificado en mantener rabia y falta de perdón hacia este hombre —un hombre perdido— e ir y pedirle perdón. Te digo, cuando ese espíritu de perdón fue liberado fue maravilloso. Es tan cierto: Nunca te pareces más a Cristo que cuando perdonas.

A medida que las personas perdidas veían el perdón en acción y veían la vida de Cristo obrando en aquella comunidad, Dios entonces se movió y obró de una manera milagrosa.

Annamarie: ¿No es asombroso cómo la obediencia de una mujer al perdonar impactó una comunidad completa? ¡Qué historia tan alentadora la que Kim Wagner ha compartido con nosotras!

En ocasiones es apropiado confrontar a alguien que nos ha herido, mientras que otras veces es correcto simplemente pasar por alto la ofensa. Ahora, en ambos casos necesitamos perdonar completamente. Aquí está Nancy para ayudarnos a profundizar en esto.

Nancy: El tema del perdón es uno al que regresamos una y otra vez en Aviva Nuestros Corazones, porque, bueno, es que lo necesitamos una y otra vez. Pero mientras pensaba sobre esta serie en particular, se me ocurrió que a menudo cuando hablamos de amargura, resentimiento o perdón, pensamos en términos de asuntos mayores; cosas que alteran tu vida que son extremadamente difíciles de perdonar.

Estoy pensando en algunas de mis amistades que recientemente han atravesado asuntos mayores, traumáticos –un cónyuge cometiendo adulterio, un esposo asesinado, malversación de fondos, abuso, traición profunda– estos son asuntos mayores, y obviamente son áreas donde necesitamos lidiar con la amargura y con el perdón.

Pero se me ocurre que no se necesita un asunto demasiado grande o de esa magnitud para destruir relaciones. De hecho, no son necesariamente esos asuntos tan enormes los que terminan destruyéndonos. Pudiera ser, pero más a menudo pienso que las relaciones se rompen o se destruyen —o por lo menos son dañadas— por heridas y ofensas relativamente menores; ofensas que nosotros permitimos que nos hagan daño, en lugar de lidiar con ellas a la manera de Dios. 

Por ejemplo, alguien no te habla en la iglesia. Gran cosa. ¿Pero no es asombroso cómo podemos hacer de esto un drama?

Nadie viene a visitarte en el hospital o nadie llama para saber cómo la estás pasando. Tu suegra dice algo que hiere tus sentimientos. Todo tipo de insensibilidades, injusticias… y podemos vivir una vida con resentimiento, constantemente sintiéndonos ofendidos en temas que, en el contexto mayor de las cosas, no son del todo tan significativos. 

Y es que el peligro es que tenemos expectativas en esto de las relaciones. Pensamos que nos merecemos más. Somos dignos de más. La gente debe tratarnos más amablemente, especialmente dentro de nuestros hogares; dentro de nuestras relaciones familiares. Y cuando esas expectativas no son cumplidas, ¿qué pasa?

Enojo. Resentimiento. Algunas veces comienza solamente como una herida que arde lentamente. Pero esas brasas se remueven, y en última instancia se convierten en una llama de amargura y enojo.

Ese tipo de herida abrasadora relativa a asuntos cotidianos es letal en un matrimonio. A tu esposo se le olvida tu aniversario. Él no se percata de algo especial que hiciste por él.

El hecho es que la mayorparte de las veces la gente ni siquiera sepercata de que nos ha hecho daño. Y estamos ahí, pensando, «él quiso herirme. Él se sentó toda la noche y planeó cómo me podía herir». ¿Sabes? Existe la posibilidad de que no fuera así. Existe la posibilidad de que él ni siquiera sabe cómo te hirió, y de que no hubo ninguna intención; y es por esto que necesitamos aprender a pensar de manera positiva sobre las personas; asumir lo mejor de otros. 

Pero independientemente de su intención –tal vez ellos sí tenían esa intención– la pregunta es, «¿haré un caso federal de esto?» ¿Vas a hacer un caso federal de esto…a destruir potencialmente tu matrimonio, o lo vas a dejar pasar?

Aprende a vivir con eso. Aprende a hacer concesiones a personas que no son perfectas. Es un mundo pecador, somos seres humanos defectuosos y vivimos con seres humanos defectuosos.

Una amiga me dijo recientemente, «mi esposo es un desastre. Hay regueros por dondequiera». Esta mujer no es así. (¿No es asombroso cómo los opuestos a veces se atraen?) Pero ella dijo, «acostumbraba a volverme loca, hasta que finalmente determiné que yo no estaba dispuesta a perder nuestra relación debido a sus pilas de desorden».

Ella dio un paso atrás y obtuvo una nueva perspectiva y dijo, «no vale la pena que yo pierda mi matrimonio debido al desorden de mi esposo y a mi afán de tratar de cambiarlo, de corregirlo, arreglarlo o hacer de él algo que él no es».

Ahora, no estoy alentando a los esposos a ser desordenados –ni a las esposas. Solamente estoy diciendo, si vas a tener una relación buena y saludable, tienes que aprender a pasar por alto algunas cosas

Hay una palabra de la cual quiero hablar hoy, que pienso aplica aquí, y es la palabra templanza. Es una especie de palabra pasada de moda, pero es usada en el Nuevo Testamento.

Templanza. Es una palabra que significa «tolerancia, abnegación, paciencia cuando eres provocado». Habla de ser sufrido, de alta tolerancia en la adversidad. Templanza es una característica de amor genuino.

Vas a ver esa conexión a través de toda la Escritura. Por ejemplo, escucha estos versículos: 

«Sobre todo, sed fervientes en vuestro amor los unos por los otros, pues el amor cubre multitud de pecados» (1 Pedro 4:8, NVI). Amor ytemplanza.

Proverbios 10:12: «El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones». Amor y templanza.

Proverbios 17:9: «El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos». No vayas a decirles a tus amigos lo que tu esposo hizo. Estás separando a mejores amigos. ¿Quiénes son los mejores amigos? Tú y tu esposo. Ten la clase de amor que puede pasar por alto una falta, que puede cubrir pecados.

Primera a los Corintios 13: «El amor no se irrita. No toma en cuenta el mal recibido» (v. 5). O como dice ahí la Nueva Versión Internacional: «No guarda rencor. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta». 

Ahora, algunos asuntos necesitan ser confrontados, y hay bastantes pasajes bíblicos sobre eso. Por ejemplo, en Gálatas 6:1, dice: «Cuando tu hermano es sorprendido en alguna falta, tú que eres espiritual restaura a esa persona» (parafraseado).

Hay algunas cosas que necesitan pasar por el proceso de la disciplina de la iglesia. Hay asuntos que necesitan ser confrontados. 

Pero hay algunos asuntos que sencillamente necesitan ser pasados por alto. Déjalos ir. No hagas un caso federal de ello. El problema es que tenemos una tendencia a confrontar los pecados que debemos pasar por alto y pasamos por alto los pecados que debemos confrontar. Sencillamente perdemos la perspectiva.

Permíteme señalarte un ejemplo en las Escrituras de este tema de la tolerancia. Es la historia de David mientras era forzado a huir de Jerusalén porque su hijo Absalón se había rebelado contra su padre.

Mientras David estaba huyendo de Jerusalén, hay un hombre llamado Simei quien sale y públicamente humilla a David y a todos aquellos que están con él. 

Te pido que vayas a 2 Samuel 16, donde vamos a ver un recuento de lo que pasó allí.

«Al llegar el rey David a Bahurim, he aquí salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl que se llamaba Simei, hijo de Gera, cuando salió, iba maldiciendo; y tiraba piedras a David y a todos los siervos del rey David, aunque todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda. Así decía Simei mientras maldecía: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario e indigno!» (¡Es al rey a quien le está hablando!)

«El Señor ha hecho volver sobre ti toda la sangre derramada de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado; el Señor ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. He aquí, estás prendido en tu propia maldad, porque eres hombre sanguinario» (vv. 5-8).

Este es un ataque injusto, feo, despiadado, injustificado. Simeì está equivocado. Pero David y aquellos que están con él manifestaron dos tipos de respuestas muy diferentes a este ataque. 

Abisai es uno de los seguidores de David, uno de sus hombres que lo estaba ayudando, uno de sus asistentes. 

Y vemos en el versículo 9, que Abisai quería hacer justicia inmediata en este Simei: ¡Desquítate!

«Abisai le dijo al rey: ¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Déjame que vaya ahora y le corte la cabeza» (v. 9).

Ahora, puede que no lo digamos de esa manera, ¿pero no es esa la manera en que respondemos instintivamente cuando otros nos hacen daño? «Me voy a desquitar. Yo me encargo de él». Y tenemos esa tendencia de hacerlo cuando la gente ofende a aquellos que amamos. Tomamos la ofensa para nosotros. «Déjame ir y cortarle la cabeza». Hacemos eso por medio de la crítica. Lo hacemos hablando negativamente sobre esa persona. Lo hacemos por medio de la frialdad en el trato.

Escucha bien, las mujeres lo pueden hacer negándoles las relaciones sexuales a sus esposos. Y aquí estos hombres están tratando de devolver, de desquitarse, de vengarse. Han sido lastimados. Han sido heridos. Algo los hirió, de manera que dicen: «Espera a ver si te doy lo que quieres… Justicia –retribuye. Córtale la cabeza.

¿Y cuál es la respuesta de David? Tolerancia. David dice, en esencia, «no tomes los asuntos en tus propias manos, deja que Dios trate con él». 

«El rey dijo, si él maldice, y si el Señor le ha dicho: “Maldice a David”, quién, pues le dirá: “¿Por qué has hecho esto?”» (v. 10).

David confía en la soberanía de Dios en su vida. Él dice: «He aquí, mi hijo que salió de mis entrañas busca mi vida; ¿cuánto más entonces este benjamita?» ( v. 11).

En otras palabras, mantenlo en perspectiva. Pudiera ser peor. Su propio hijo se está rebelando contra él. Así que él dice, «¿cuál es la gran cosa si este hombre de Benjamín se rebela contra mí? Tengo peores cosas ocurriendo en mi vida». No pierdas la perspectiva. 

Él le dice, «déjalo tranquilo, y déjalo que maldiga, porque el Señor se lo ha dicho. Quizás el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por su maldición de hoy» (vv. 11-12).

Ahora, nos gustaría pensar que si decidimos tolerar, de repente todos los Simeis de nuestras vidas desaparecerán. Pero la historia no siempre termina de esa manera. De hecho, en este caso, la tolerancia de David no detuvo el problema. En realidad se tornó peor.

«Mientras David y los suyos iban por el camino, Simei iba por el lado del monte delante de él, andando y maldiciendo, y arrojando piedras delante de él, y esparciendo polvo». (v. 13).

Se puede poner peor. La tolerancia y el perdón no necesariamente causan que esa persona de repente se convierta en una gran persona piadosa en tu vida. Puede que no. Pero David confiaba en que Dios controlaría el alcance y la duración de esta oposición.

«Y el rey y todo el pueblo que iba con él, llegaron al Jordán fatigados, y allí descansaron» (v. 14).

Estaban agotados. Estaban exhaustos. Y yo supongo que había muchas razones para eso. Una era justamente su razón primordial de abandonar Jerusalén, lo que el hijo de David les había hecho. Pero yo pienso que este ataque continuo y vicioso de parte de Simei tuvo su cuota. Ellos llegaron cansados al Jordán.

Algunas veces la oposición simplemente nos agota. Recibimos cartas de mujeres que están viviendo en hogares y en circunstancias donde día tras día tienen que soportar la mezquindad, con un espíritu crítico, con personas que las minimizan y tratan de llevarlas hasta el límite. Hay personas así en este mundo, y hay personas así en nuestras vidas; y muchas veces nos agotamos de esto.

Pero me encanta esa última frase en el versículo 14. No creo que me haya percatado alguna vez de ella antes de este estudio. «Y allí David descansó». Él llegó cansado al Jordán, y allí descansó.

Permítanme decirles, Dios siempre proveerá un camino y un medio para que tú descanses, hasta en medio de tu lucha. Dios te va a dirigir hasta un Jordán. Puede que estés cansada cuando llegues allí, pero Dios te proveerá un camino para que tu encuentres descanso, aunque el mundo entero se haya volcado en tu contra.

Unos capítulos más tarde –no vamos a ir allí ahora— pero en 2 Samuel capítulo 18, después de que David superó la rebelión de Absalón, Simei regresó y le rogó a David misericordia. Por supuesto, él sabía ahora que el rey había regresado. El rey le podía cortar la cabeza. Abisai una vez más dijo: «Ponlo a morir. Él maldijo al ungido del Señor». 

¿Pero qué hizo David? Una vez más fue indulgente. Extendió misericordia. Perdonó a este hombre que había pecado contra él. Él dijo: «Lo voy a dejar ir. No voy a hacer un gran asunto de esto. No voy a permitir que esto sea un problema. No voy a permitir que esto destruya mi vida». No voy a permitir que me quite el sueño, para ponerlo en términos modernos. No voy a permitir que esta persona me provoque una indigestión. Voy a pasarlo por alto.

Te voy a decir algo: Si tú no aprendes a ser indulgente, si no aprendes a dejarlo pasar, vas a vivir con indigestión. Vas a vivir con esa revoltura constante en el interior. Tu esposo, tus hijos, tus padres, tus yernos y nueras, tus vecinos, tu jefe, tus compañeros de trabajo –siempre habrá personas que son fastidiosas, irritantes y provocadoras. El amor verdadero tolera, pasa por alto, deja ir. 

David, habiendo cometido adulterio con Betsabé algún tiempo antes, sabía cuánto Dios lo había perdonado. Es por eso que pudo perdonar. Dejarlo pasar. Como dice la Escritura: «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia. Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo» (Efesios 4:31-32). 

¿Quién es la persona a quien tú necesitas tolerar? ¿Quién es el ofensor que tú necesitas disculpar? Sencillamente déjalo pasar. ¿Cuál es la ofensa? ¿Cuál es el asunto que ha causado que tú te estés revolviendo por dentro? Puede ser que tú hayas convertido un granito de arena en una gran montaña. 

Si eres honesta, si puedes ponerte en la perspectiva correcta, tú dirás: «Esas pilas de desorden de mi esposo –no vale la pena que este matrimonio se pierda por eso». Pero quizás has llevado la afrenta a un problema tal, que pudiera llevarte a destruir tu matrimonio.

¿Dónde necesitas tolerar? ¿Dónde tú necesitas ser más condescendiente? Pídele al Señor que te dé la clase de amor que cubre una multitud de ofensas.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar. Espero que hayas podido identificar aquella área donde necesitas poner en práctica la templanza. Si estás lista para abrazar la libertad que viene de perdonar y pasar por alto la ofensa, te animo a leer el libro de Nancy titulado, «Escoja perdonar». Encuentra más información acerca de este recurso en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

Una mujer que ha experimentado la libertad del perdón compartió su testimonio con nosotras. Escucha lo que ella dijo:

«Hace ya siete años que el Señor en su gracia me alcanzó para salvación. Unos años más tarde conocí por medio de una hermana el ministerio de Aviva Nuestros Corazones, y no puedo explicarles la bendición que ha sido para mi vida y mi caminar con el Señor. 

En el 2017, un grupo hermanas empezamos a reunirnos para estudiar el libro «En busca de Dios», ¡y fue increíble! El Señor nos dió tanta convicción en áreas en las que nos sentíamos muy firmes o que quizás no prestábamos mucha atención. A mí personalmente, me fortaleció de una forma que ni yo misma lo podía comprender. Justo cuando veíamos las lecciones de una conciencia tranquila y el perdón, descubrí una infidelidad por parte de mi esposo. 

Yo tenía meses viendo como el Señor me mostraba mi pecado. Y cuando llegó esta situación ¡me sentí tan indigna de reclamar! En lugar de una guerra de reclamos y drama interminable, mis sentimientos eran de dolor por mi esposo. Me angustiaba ver cómo había caído en adulterio y oraba para que fuera restaurado (esto para mí era inexplicable). Aunque fueron meses difíciles, por la gracia de Dios asistimos a consejería, nuestro matrimonio fue restaurado y me atrevería a decir que más fortalecido que nunca.

Doy gracias a Dios por este ministerio TAN hermoso, por la intencionalidad de levantar mujeres y jóvenes contraculturales, que aman la Palabra de verdad y abrazan con gozo su diseño!

Dios les bendiga».

¡Espero que hayas sido tan animada como yo al escuchar este testimonio! Me entusiasma pensar que en los próximos días podremos leer más testimonios de la gracia de Dios.

¿Quieres desarrollar amistades profundas y significativas? Entonces debes aprender a perdonar. Nancy retomará este tema mañana, y ahora regresa para cerrar en oración.

Nancy: Gracias, Señor, por ser tan increíblemente tolerante con nosotros, una y otra vez, una y otra vez. Tú perdonas, Tú eres misericordioso. Tú no nos juzgas como merecen nuestros pecados. Oh Dios, ayúdanos a reflejar Tu corazón misericordioso en nuestros hogares, en nuestras iglesias, en nuestras relaciones; especialmente en estos pequeños asuntos del día a día, a dejarlos ir, a ser tolerantes, a ser perdonadoras como Tú eres perdonador, por el amor de Cristo, nos has perdonado. Oramos en el nombre de Jesús, amén. 

Annamarie: Buscando a Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Acerca del orador

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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