Podcast Aviva Nuestros Corazones

Annamarie Sauter: El Pastor Tom Elliff dice que se puede aprender mucho sobre disciplina observando un jardinero.

Tom Elliff: Verás, yo puedo tomar un pino y puedo hacer que se vea como un sauce llorón tomando cuerdas y forzando las ramas hacia el suelo. Al final, cuando todas estén dobladas; quizás luzca como un sauce. ¿Pero sabes qué?

Nancy DeMoss Wolgemuth: No es un sauce.

Tom: No es su naturaleza. Estará trabajando en contra de esas cuerdas constantemente.

Y cuando se trata de un niño, el padre pudiera decir, “¿Por qué es que siempre se está resistiendo a todo? ¿Resistiéndose y resistiéndose todo el tiempo?” Y es que este niño tiene una naturaleza única. Necesito conocer a este muchacho. Por cierto, cuando llegué a conocer a mi hijo, me percaté de que él no es igual a mí. Él es mil veces mejor que yo.

Annamarie Sauter: Has sintonizado Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Me encanta poner fotografías de las familias de mis amigos en mi nevera. Tengo muchas que han estado ahí  por años. Una de las que disfruto recibir cada año es una foto del clan de Tom y Jeannie Eliff. Y es así, parecería que crece cada año.

Tom Elliff: Parece una foto de un campamento.

Nancy: Sí, parece una foto de un campamento. Ves las familias vestidas de diversos colores. Y la foto es cada vez más grande y las figuras lucen más pequeñitas a  medida que la familia crece.

Tom and Jeannie Elliff, bienvenidos a Aviva Nuestros Corazones. Queremos hablar sobre lo que hay detrás de esa foto con la que Dios los ha bendecido. Tom ha pastoreado por muchos años y ahora está involucrado junto con Jeannie en el ministerio hacia los misioneros del Consejo Internacional de Misiones. Y ustedes dos aman al Señor, aman Su Palabra, aman servir y se aman el uno al otro. Aman las personas.

Pero creo que una de las cosas más sorprendentes de sus vidas, por la gracia de Dios, es la familia con la que Dios los ha bendecido. He tenido el privilegio de conocer a través de los años a sus cuatro hijos, y  ahora todos están casados con parejas piadosas y tienen 22 nietos.

Jeannie Elliff: Correctamente Nancy

Nancy: Pero yo miro esa foto de su familia, esas generaciones y pienso, y he dicho frecuentemente, “Este es un patrimonio nacional, una familia como ésta, donde se aman unos a otros, aman al Señor, y ha permanecido unida”.  Y no es solo su familia. También hay otros clanes Elliff que conozco y han sido una bendición para mí a través de los años.

Tom: Y amor es estar juntos. Tengo que decirte que nuestros hijos no solo se aman unos a otros, sino que su idea de diversión es estar juntos. Jeannie y yo en realidad… si vamos de vacaciones, queremos quedarnos en una habitación separada. Pero la idea de nuestros hijos es conseguir una casa grande de dos pisos para poder poner a los niños abajo y  estar todos juntos arriba. Ellos aman estar juntos.

Nancy: Y eso no sucedió por accidente. Claro, es sobre todo debido a la grandiosa gracia de Dios, y luego el compromiso de ustedes como pareja, con Cristo. Hemos conversado con ustedes anteriormente sobre los fundamentos de un matrimonio piadoso.

Pero sé que muchos de nuestros oyentes quisieran tener algunas aplicaciones prácticas que puedan ofrecer al mirar atrás y ver el crecimiento de su familia y cómo cultivaron en sus hijos un corazón para el Señor, un carácter y cualidades piadosas. Yo lo diré por ustedes porque sé lo que ustedes  dirían. Sus hijos no son perfectos, y han tenido sus problemas y sus luchas y tuvieron que conocer a Cristo y conocer Su presencia en sus vidas de la misma forma que ustedes tuvieron que hacerlo—a través de la tribulación y las pruebas.

Pero miro a sus hijos y ellos tienen ese brillo en sus ojos y esa dulzura en sus rostros. Ellos pueden hablar con adultos, y ellos mismos son adultos ahora. Pero los he conocido por muchos años y los he visto crecer. Creo que ustedes tienen mucho que ofrecer en términos de sabiduría y consejos a los padres.

Comencemos con los fundamentos, al tiempo cuando comenzaron a tener hijos e iniciaban esos primeros años de crianza. ¿Cuáles son algunos de los ingredientes prácticos que Dios les dirigió a aplicar en su hogar que ahora pueden mirar hacia atrás y decir, “¡Qué bueno que hicimos eso!”

Tom: Algunas cosas prácticas… bueno, hablamos sobre la fe y la importancia de conocer a Cristo y de vivir la fe. Hemos estado hablando de eso. Tengo que decirte que, en nuestra casa—y esto lo aprendí de mis padres quienes a su vez lo aprendieron de sus padres—un error es aceptable. Pero una mala actitud nunca lo es.

No dejábamos que nuestros hijos entraran a la casa como una tormenta o que estrellaran una puerta.

Jeannie: Todos los hicieron alguna vez.

Tom: Sí, Todos lo hicieron alguna vez.

Nancy: ¿De qué edades estamos hablando aquí?

Jeannie: Oh, un niño de dos años puede tener una mala actitud, Nancy

Nancy: ¿Y no debe ser permitida?

Tom: Bueno, debe ser disciplinado por eso. Pero les dejábamos saber desde el principio que no aceptaríamos una mala actitud, porque  desde que hay una mala actitud hay una resistencia a ser enseñado, y termina la educación. Verás, una buena parte de la educación es la disciplina. En otras palabras, si no eres lo suficientemente disciplinado para prestarme atención; para hacer lo que te digo, no estoy enseñándote nada.

Así que les animábamos a abrir sus corazones y sus mentes, pero una mala actitud—eso lo considerábamos una ofensa importante. El hacer rabietas y poner malas caras, eso simplemente no iba a ser tolerado.

Jeannie: Y esto significaba, claro está, que ni Tom ni yo podíamos tener una mala actitud tampoco. Mamá no puede poner una mala cara por algo, ni papá puede ponerla tampoco porque eso es un mal ejemplo para los niños. Así que siempre debíamos tener buenas actitudes también, sin importar el costo.

Tom: También  es importante ser consistentes en eso. Si no está bien tener una mala actitud el lunes, tampoco está bien tener una mala actitud el martes. Es un arduo trabajo ser padres, en realidad lo es.

Nancy: Ok, ayúdennos de forma práctica. Tienes un hijo de 3 años o de 13 años con una mala actitud—te está volteando los ojos o lo que sea, ¿Cómo manejan esto? Y sé que probablemente es diferente para el de 3 años que para el de 13…

Tom: Claro así lo es.

Nancy: Comenzando con los pequeñitos.

Tom: Debes averiguar qué es aquello que al niño le interesa, algo que sea realmente importante para él y que no le gustaría perder. Debe haber distintas disciplinas en momentos diferentes—esto es lo que realmente surte efecto en los niños. Pero, en primer lugar, significa…  ¿les cuento cómo lo hacemos?

Jeannie: Claro.

Tom: Muy bien, sentíamos que nuestra primera responsabilidad con nuestros hijos era comunicarles nuestras expectativas. En otras palabras, es tonto disciplinar a un niño por algo que nunca ha escuchado—que no conoce—así que le comunicábamos nuestras expectativas.

“Esto es lo que esperamos. Presta atención. Si esto  no ocurre, habrá consecuencias. Pero si haces lo que tienes que hacer, habrá consecuencias positivas también”. Sentimos que era importante comunicarles esas cosas.

Dios hace eso con nosotros y ese es el modelo que tenemos.

La segunda cosa que pensábamos que era importante es que cuando ocurría la infracción—que ciertamente ocurría, puedes estar segura… pensábamos que era importante apartar al niño—no disciplinarlo públicamente porque puedes quebrantar el espíritu de ese niño si  lo haces en público, o lo enseñas a faltarte el respeto a tus espaldas sencillamente, en su orgullo, quieren mantener ‘su dignidad’.

Así que decíamos en la mesa o donde fuera, “debemos excusarnos ahora. Debemos ir a la habitación”. Claro, algunas veces cuando tenían 3 ó 4 años, ellos decían “¡No, No, No!” ellos sabían que estaban en problemas y algunas veces eso era casi suficiente.

Pero sentíamos que era importante apartarnos con ellos a solas. La razón para eso es que un arranque explosivo de mi parte no es disciplina. Es solo una muestra de ira. La disciplina correcta transmite al niño que él es lo suficientemente importante para que yo invierta tiempo y energía, porque deseamos impactar su futuro.

El castigo solo enseña, “Golpeas a alguien, y eres golpeado para atrás”. Así que hay una diferencia entre disciplina y castigo. Esa es la razón por la que Dios no castiga a sus hijos. Cristo tomó nuestro castigo en la cruz. Pero Dios nos disciplina.

La Biblia dice que si no somos disciplinados debemos revisar si somos realmente hijos de Dios porque el Señor a quien ama disciplina y azota a todo aquél que recibe por hijo, según dicen las Escrituras (Hebreos 12:5-7).

Así que la disciplina es realmente una inversión. Hacerlo bien, consistentemente, implicará que no tienes que hacerlo tan frecuentemente, como ocurre cuando lo haces neciamente o de manera incorrecta.

Entonces volvamos a la habitación: Allí, sentíamos que era importante comunicarle con nuestro rostro, o simplemente con nuestro silencio, mientras respirábamos profundamente, que estábamos profundamente entristecidos por su conducta—de manera que nos sentábamos allí en silencio por un momento.

Esto también evita que hagas algo impulsivo, algo estúpido que te puede meter en problemas. Y luego, comenzábamos una conversación con el niño porque pensábamos que era apropiado establecer responsabilidades. Ok, ¿Qué hiciste? ¿Qué fue lo que hiciste?

“Bueno él me dijo. . .”

“¿Pero, qué hiciste ?”

“Bueno ella me quitó la. . .”

“No, ¿qué hiciste ?” Y así seguíamos por un rato tratando de establecer responsabilidad.

Y lo otro que pensábamos que era importante, era hacerle saber al niño que nosotros debíamos rendir cuentas a Dios.

Le decíamos, por ejemplo: “Creemos que el día más maravilloso del mundo fue el día que Dios te puso en nuestra familia. Uno de estos días voy a tener que mirar el rostro de Dios y responder si he sido un  buen  padre o un mal padre.

Y un buen padre significa que te ofrezco todos los beneficios y las ventajas que te ayudarán a andar en la vida. Y no te ayudará ir por la vida mintiendo. Tampoco te ayudará vivir por la vida irrespetando la autoridad. Eso no te va ayudar. Las personas terminan en la cárcel por cosas como esas. Así que soy responsable delante de Dios.” (Esto trae a Dios a la escena)

Les decía: “Hago lo que hago porque Dios quiere que yo sea un buen padre”. De manera que nos tomamos un buen tiempo con ellos allí en la habitación.

Entonces se imparte la disciplina. Hemos visto que los tiempos han ido cambiando, las personas responden a diversas maneras de pensar sobre la disciplina física. Por supuesto, nunca habrá razón ni momento apropiado para ser abusivo con un niño. Pero la Biblia nos habla de cuáles son las formas de alcanzar a un niño…  Y no soy  uno de esos que cree que lo único que hace falta es tener una buena conversación con el niño…

Creo que el Señor nos equipa con un buen sentido común. Nunca utilizamos cosas que provocarían una respuesta inapropiada a la disciplina. Pero el punto es, debes impartir esa disciplina. Estás buscando un corazón rendido, una rendición, una entrega.

Jeannie: Así es Tom, y ¿sabes qué? La disciplina también cambia según la edad, y me viene a la mente cómo nuestro yerno trató con uno de nuestros nietos, recuerdas, cuando  él fue desobediente. Él  tomó tiempo libre del trabajo para hacer eso. ¿Por qué no le cuentas esa historia? Te la sabes mejor que yo.

Tom: Nuestro yerno estaba tratando un asunto significativo con uno de sus hijos, quien en ese momento tenía 13 años. Y él sigue estos principios que hemos venido hablando. Nos hemos sentado con cada uno de nuestros hijos para hablarles sobre estas cosas y  mi yerno sigue estos mismos principios.

Una noche él mandó al niño a la cama, y le dijo, “Bien, mañana en la mañana cuando te despiertes habrá una disciplina. Vamos a hablar sobre eso”.

Él levantó a su hijo el día siguiente, bien temprano en la mañana, y le dijo, “Me voy a tomar el día libre del trabajo”.

Por cierto, si te tomas el día libre por una pierna rota, por ejemplo, ¿Qué tal por una relación quebrantada? Vale la pena, ¿verdad?

Así que se tomó el día libre del trabajo y se fueron hasta el hospital donde este niño nació. De allí se fueron al juzgado donde se emitió el certificado de nacimiento y donde se registran las personas. Se fueron de allí a la cárcel.

Mientras le  mostraba el lugar, le decía, “Esto es una cárcel y aquí las personas hacen estas cosas…”

Y luego lo llevo a diferentes lugares. Y le dijo, “Todo esto es resultado de decisiones que las personas han tomado”. Finalmente él lo llevó a un cementerio y le enseñó una lápida y hablaron sobre la muerte, y otras tantas cosas.

Esto les tomó la mayor parte del día, y finalmente lo trajo a la casa. Jeannie vió al muchacho más tarde ese día y le preguntó, “Oye Carter, ¿Cómo fue tu día?”

Él le dijo, “Muy bueno. Papá y yo nos pasamos el día juntos”.

Y ella le dijo, “¿Oh si? ¿No fuiste a la escuela hoy?”

Él le contestó, “No, papá tomó el día libre y él y yo pasamos el día juntos”.

Y él le dijo, “¿Sabes abuela? Las decisiones son algo muy importante en la vida de una persona”.

Jeannie: Ay sí, fue precioso escuchar que él dijera eso. Él había entendido.

Tom: Sí, lo entendió, definitivamente que lo entendió. Hay tantas formas distintas de alcanzar a tus hijos en sus diferentes edades…

Sé que una vez el niño se recostó a su lado y le dijo a su papá, “Si por alguna razón te mueres, ¿qué te gustaría que yo dijera sobre ti en tu funeral?” Mi yerno le pidió a su hijo que dijera  que él diría acerca de su papá. ¡Y te puedo decir que ese fue un momento muy tierno!

Bien, y volviendo  al tema de la disciplina. Creemos que es importante que la persona que impone la disciplina debe ser la que escucha la expresión de arrepentimiento y de remordimiento. En otras palabras, si el papá es el que disciplina en esa ocasión, el niño no debe salir corriendo donde la  mamá, ¿entienden?

Y entonces se terminó. Ahí termina. Cuando el hijo pródigo regresó a casa, el papá no se paró ahí con sus brazos cruzados diciendo, “No sé… has regresado a casa pero no tienes idea del desastre que has hecho”. Él no le repitió todas sus faltas. Como diría un amigo mío,  él “no se puso histórico” con el hijo.

De manera que intentamos seguir estos principios fielmente. Sé que eso suena como mucho que aprender, pero de cierta forma sale de manera natural. Lo importante es tomar tiempo para sentarse, para recuperar la cordura,  para poder decir, “no simplemente voy a halarte para darte una pela solo porque es más fácil y porque hay invitados aquí. Vamos a ir a sentarnos y hablar acerca de esto”.

Nancy: Lo que veo es que te tomas el tiempo al principio de sus vidas y te inviertes de esa manera, y así evitas el tener que invertirlo cuando ya has perdido el corazón de tu hijo y el comportamiento es incorregible—en ese momento sólo puedes tomar tiempo para llorar porque no son tan moldeables y enseñables.

Jeannie: Así mismo es Nancy.

Nancy: Pues por lo que me dices es obvio que tarde o temprano los padres deberán tomarse el tiempo con sus hijos.

Jeannie: Así es; tarde o temprano tendrán que hacerlo.

Nancy: Ahora, pasaste mucho tiempo en tu casa enseñando a tus hijos los caminos de Dios y también sabiduría práctica, tratando de edificar sus vidas sobre un buen fundamento. ¿Cómo creaste hambre y sed en ellos para interesarse en las cosas espirituales, para que tomaran interés por la sabiduría?

Jeannie: Nancy, realmente nosotros nunca impusimos muchas reglas, tales como, “Todos vayan a sus cuartos y tengan sus tiempos devocionales”, nunca dijimos “Hagan esto, hagan aquello”.

Tom: Nunca les dijimos, “Tengan un devocional”.

Jeannie: Nunca le dijimos estas cosas a nuestros hijos. Ellos sabían que era importante porque veían a Tom en su estudio y a mí en la mesa de la cocina con la Biblia abierta.

Tom: Y ahora todos tienen su tiempo de quietud.

Jeannie: Todos tienen su tiempo de quietud. Todos comenzaron a hacerlo. Ha de haber sido porque lo vieron modelado, pero también veían el gozo que obteníamos nosotros dos al hacerlo.

Nancy: Bueno, me han escuchado compartir acerca de mis padres y acerca de su práctica de un tiempo devocional. Estoy aquí sentada pensando, “No recuerdo a mi papá decirnos que teníamos que hacer esto”, pero es algo que está impreso en mi mente de manera indeleble.

Tom: Nancy, no quieres hijos “perfectos”—Pequeños robots que hacen todas las cosas correctas.

Jeannie dice esto mejor que yo y voy a dejar que ella lo explique mejor—pero la crianza de los hijos es un arte; no es una ciencia. Muy frecuentemente los padres van a un seminario o a un curso o leen algún libro o escuchan un programa y dicen, “Esto es. Ok, haz estas siete cosas y esto es lo que va a suceder. Haz estas diez cosas; esto es lo que va a pasar”.

No es una lista de cosas por hacer. Es una vida invertida. El niño puede ver más allá del evento de la disciplina y ver cuál es tu intención, la cual debe ser: ser el mejor padre, ser el ejemplo más piadoso que puedas ser para ellos. Claro, como muchas personas empiezan haciendo las cosas mal, de manera alocada, cuando tienen hijos se asustan. Entonces cuando oyen algo como, “Bueno, si haces estas diez cosas, tu hijo te va salir un buen hijo”, lo toman muy en pecho.

Ellos dicen, “Voy a guardar a mis hijos de todo ese desastre por el que yo atravesé”. Así que el péndulo a veces se va hacia un lado y se convierten en fanáticos acerca de algo cuando realmente necesitan equilibrio. Relájate. La idea no es tener una lista de reglas. Es simplemente vivir la vida y es divertido. Al final es divertido.

Jeannie: Y cada hijo es tan diferente.

Tom: Cuéntales sobre el paseo a esquiar de esta semana.

Jeannie: Bueno, esta semana pasada nuestra hija mayor y su esposo decidieron que su hijo podía ir a un paseo para esquiar con sus compañeros de escuela. Pero el papá dijo, “Vas en mi carro”.  Él obtuvo permiso y se decidió que el papá los acompañaría.

Y pensaron, “Bueno pudiera ser bueno llevarnos a los otros tres niños en este paseo, hacerlo algo familiar, que salgan de la escuela”.

Así que les preguntaron a los otros tres niños; les preguntaron si querían ir. Comenzaron con el de 12 años, le preguntaron, “Talbot, ¿Quisieras ir a este paseo?

Y él dijo, “¿A esquiar?

Tom: Él es el atleta. Él dijo, “He estado viendo las Olimpíadas. Creo que puedo esquiar. He estado practicando. Puedo buscarlo en la computadora. Puedo estudiar cómo se supone que debes colocar los pies. Yo creo que puedo hacerlo. Sí, quiero ir”. Esa es su personalidad.

Le preguntaron al siguiente hijo, “Britain, ¿Te gustaría ir a esquiar? Él es el hijo estético.

“¡Nieve! Es donde la nieve es tan profunda y bella, ver los cristales y los árboles… es un lugar precioso. Siempre he querido ir a las montañas.

Jeannie: “Siempre he querido ver eso. Sí, quiero ir”. Esa fue su respuesta.

El siguiente hijo, Joel dijo:

Tom: Este es el señor Personalidad.

Jeannie: “Joel, ¿Te gustaría ir?”

Y él dijo, ¿quiénes van?”

De manera que no puedes disciplinar a estos cuatro varones de la misma forma. Son personas distintas. Dios los creó a cada uno de forma diferente. ¡De la misma mamá y del mismo papá pero tan diferentes!

Tom: Y cuando la Biblia dice, “Enseña al niño el camino en que debe andar” (Proverbios 22:6) los padres algunas veces dicen, “No sé qué pasó con éste. Lo traté de la misma forma que traté a los demás”.

Y ese es el problema. Cada uno es diferente. De eso se trata ‘entrenar’.

Jeannie: Y de nuevo, lo importante es que ellos entiendan.

Tom: Criar al niño de acuerdo a la inclinación de su corazón. Verás, yo puedo tomar un pino y puedo hacer que se vea como un sauce llorón, tomando cuerdas y forzando las ramas hacia el suelo y luego de que todas estén dobladas; quizás lograr que luzca como un sauce. ¿Pero sabes qué?

Nancy: No es un sauce.

Tom: No es su naturaleza Nancy.  Estará trabajando en contra de esas cuerdas constantemente.

Y cuando se trata de un niño, el padre puede decir, “¿Por qué es que siempre se está resistiendo a todo? ¿Resistiéndose y resistiéndose todo el tiempo?” Y es que este niño tiene una naturaleza única. Necesito conocer a este muchacho.

Por cierto, cuando llegué a conocer a mi hijo, me percaté de que él no es igual a mí. Él es mil veces mejor que yo. Es un muchacho excelente.

Jeannie: Solo que no es un muchacho, ya mi amor; tiene 30 años.

Tom: Él tiene 3 hijos también.

Pero es un arte. No es una ciencia.

Nancy: Y Dios otorga sabiduría mientras le buscamos continuamente. “Señor, ¿Cómo moldeo e influyo en este niño?” Como padres, han buscado al Señor para que les dirija con sus hijos.

Tom: Tienes que clamar al Señor, y debes ser sensible incluso a medida que crecen. Puedo recordar estar sentados en nuestro sofá en un momento, y mirando a mi esposa le dije, “Debemos ir a la universidad de nuestra hija más joven ahora mismo”.

Y ella preguntó, “¿Por qué?

Jeannie: Era un sábado en la noche.

Tom: Era sábado en la noche. Ella y un muchacho habían venido a visitarnos y ahora estaban de regreso hacia la universidad.

Así que salimos para allá, creo que eran como las 10:30 de la noche,  y condujimos hasta allá. Era un viaje de aproximadamente 1 hora. Estábamos esperándolos  en el parqueo cuando ellos llegaron.

Ella nos dijo que estaba consumida por este muchacho. Tuvimos que decirle en ese momento, “Hasta aquí llegaste con esto”. Y eso es duro y difícil. Estamos hablando con una hija en edad universitaria y es duro decirle, “Espero que confíes en nosotros sobre esto, pero vamos a tener que interferir en esta relación y pedirte que la cortes”.

Más adelante, casi un año después, Dios dijo, “Este es el tiempo”. Ahora están casados y tienen 5 hijos y están en el campo misionero. Pero me estremezco al pensar lo que hubiera pasado si hubiéramos pensado que ya no éramos responsables solo porque habían alcanzado cierta edad.

Jeannie: Pero nuestros hijos todos sabían, en todas las etapas, incluso hasta  al día de hoy, ellos saben que estamos interesados de forma vital en todo lo que está ocurriendo en sus vidas.

Tom: No invadimos su espacio.

Jeannie: No invadimos su espacio, pero ellos saben que les amamos y que queremos lo mejor para ellos.

Nancy: Puedo garantizar que ellos saben que ustedes oran por ellos.

Jeannie: Eso es verdad.

Tom: Así es. Ellos saben que oramos por ellos.

Nancy: Es difícil pelear contra de eso.

Jeannie: Así es.

Tom: Y cuando la gente ora por ti, tienes una tendencia a escuchar lo que dicen porque sabes que ellos no te están hablando sobre sus propios caprichos o ideas o deseos. Tu idea no es hacerlos como tú quieres que sean. Solo quieres lo mejor de Dios para ellos, y yo creo que eso es algo importante que los niños deben entender de sus padres.

Nancy: Vamos a continuar esta conversación mañana y hablaremos acerca de otras enseñanzas para padres  y abuelos y sobre el reto de vivir un legado piadoso para tu familia y creerle a Dios en cuanto a esto.

Annamarie: Entrenar a la próxima generación es un reto pero Tom y Jeannie Elliff han brindado mucha esperanza a muchos padres.

Espero que continúes inyectando esperanza a tu familia leyendo el libro de John Piper llamado “Pacto Matrimonial”. Nancy DeMoss de Wolgemuth escuchó al Dr. Piper predicar una serie sobre el matrimonio y ella estaba tan impresionada con la perspectiva bíblica y las aplicaciones prácticas que esperaba que el convirtiera ese material en un libro. Y así lo hizo.

Nos entusiasma recomendar este libro. Creemos que las verdades que este contiene van a afectar profundamente tu forma de pensar y te van a guiar a tomar decisiones poderosas día a día. Puedes adquirir este libro en tu librería cristiana favorita o puedes entrar a AvivaNuestrosCorazones.com y te dirigiremos hacia donde puedes conseguirlo.

Nuestros hijos no son iguales a nosotros. Dios lo hizo así intencionalmente. Tom y Jeannie Elliff regresarán mañana para ayudarte a dirigir un niño que no piensa exactamente como nosotros. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

 

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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