Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Coronavirus, cáncer y Cristo, día 1

Annamarie Sauter: En tiempos de incertidumbre puedes sentir que estás a punto de perder la cordura, pero puedes anclar tu fe en que… 

Nancy DeMoss Wolgemuth: El cielo gobierna, conocer,  saber y recordarte a ti misma esta verdad, es lo que evitará que te vuelvas loca en un mundo roto, caído y desordenado. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. La lectura bíblica para hoy es Jeremías capítulos 10 al 12.

Nancy está aquí con nosotras en la breve serie titulada, «Coronavirus, cáncer y Cristo».

Nancy: Normalmente grabamos el programa diario en inglés de Aviva Nuestros Corazones en las oficinas de nuestro centro ministerial, y siempre tenemos una audiencia en vivo de aproximadamente ochenta mujeres que vienen y se sientan durante el día para la grabación. Pero, como saben, estos no han sido tiempos normales, y nuestro centro ministerial estuvo cerrado durante un buen tiempo.

Por lo que estuvimos grabando en un estudio improvisado en el sótano de nuestra casa. Y en el dia de hoy y el de mañana, quería compartir con ustedes algunas reflexiones que han estado en mi corazón sobre lo que nuestro mundo ha estado pasando en los últimos meses.

También quiero compartir algunas reflexiones sobre lo que Robert y yo hemos experimentado en nuestro viaje con el cáncer durante esta misma temporada.

Llamé a esta breve serie de dos días: «Coronavirus, cáncer y Cristo». Mi oración es que estos pensamientos te animen en lo que sea que estés enfrentando en este momento.

Recibí un correo electrónico esta mañana que quiero compartir con ustedes, solo como recordatorio de por qué estamos haciendo lo que estamos haciendo, y quiero que te animes a escuchar estos testimonios. Esta mujer escribió y dijo:

«Querida Nancy y el personal de Aviva Nuestros Corazones:

Solo quiero decir, gracias. Hace casi un año y medio comencé a escuchar vacilante el podcast de Aviva Nuestros Corazones, desde entonces no me he perdido ni un solo programa.

La verdad de la Palabra de Dios se proclama fielmente cada día y, con frecuencia, las palabras del mensaje diario son exactamente lo que necesitaba escuchar ese día. Casi a diario les digo a mis hijos adolescentes, emocionada, lo que he escuchado y aprendido del podcast».

Entonces, aquí tenemos una mujer que está siendo nutrida y alentada espiritualmente en su propio caminar con el Señor, y luego está compartiendo lo que Dios está haciendo en su vida con los hijos que Dios le ha confiado. Ella siguió diciendo:

«Gracias por guiarme a mí y a innumerables personas a Jesús. Oro para que su ministerio continúe creciendo y floreciendo».

Y luego –me encanta esto– ella dijo:

«A lo largo de esta pandemia, he necesitado aferrarme a la verdad de las Escrituras más que nunca. ¡Qué alentador ha sido sintonizar cada día y recordar lo que es verdad acerca de Dios!»

Y luego lo firmó: «Con un corazón agradecido».

Esta mujer tiene un corazón agradecido porque día tras día la Palabra de Dios se ha vertido en su corazón a través de este programa, ha sido una infusión, una infusión diaria, de esperanza, de perspectiva, de verdad, que la ha arraigado en lo que es verdad acerca de Dios.

Y eso es lo que tratamos de hacer día tras día aquí en Aviva Nuestros Corazones a través de todos nuestros diferentes alcances, para ayudarte a conocer, y recordarte lo que es verdad acerca de Dios, y luego permitirte compartir eso con otras personas que Dios pone en tu camino.

Bueno, hablando de estos tiempos, nuestro mundo está convulsionado. Creo que todas podemos sentir eso. Nuestro mundo, sin importar si estamos casadas o solteras, jóvenes o ancianas, sanas o enfermas, donde sea que vivamos en todo el mundo, nuestro mundo se ha vuelto al revés.

Es posible que hayas visto un meme en Internet, que dice algo como esto: «Es como si nuestras vidas estuvieran siendo escritas por un niño de ocho años. Hubo este virus y todos tuvimos que irnos a casa por las vacaciones de primavera más largas que hayamos conocido, y luego cerraron la escuela por el resto del año, y después nevó, y todos nos quedamos sin papel higiénico. ¡Oh no! Y de repente, llegaron unas abejas asesinas gigantes».

Bueno, como mi dulce esposo Robert suele decir: «No puedes inventar estas cosas».

Una amiga me escribió esta semana, y me dijo: «¿Esto está absolutamente desequilibrado y ahora avispas asesinas? ¿Qué es esta pasando en esta vida? ¿Qué está sucediendo?»

Bueno, lo que está sucediendo es que están ocurriendo muchas cosas perturbadoras, muchas cosas que entendemos y aún más cosas que no entendemos.

Hace unos minutos, una amiga me envió un mensaje de texto y me dijo: «La única palabra que usaría para resumir cómo me siento en este momento es, desconcertada, confundida».

Creo que probablemente puedes identificarte. Muchas de nosotras nos sentimos así.

La gente se siente aislada. Se siente desorientada. Muchas cosas que no son  familiares.

Y luego vemos estas imágenes espeluznantes de personas con máscaras y guantes y trajes HAZMAT, es decir trajes de protección contra materiales peligrosos.

Ves estas fotos y vives estas experiencias, y Robert y yo, cuando tuvimos que salir el otro día, y vimos las calles y las tiendas del centro de la ciudad que generalmente están llenas de gente y de actividades, y ahora están extrañamente vacías.

Realmente es como una novela o película distópica.

¿Podrías haber imaginado este tipo de escenas hace solo unos meses? Algo sencillamente no está bien. El hecho es que en este mundo roto y caído, nada es realmente correcto.

Y para sumar a la ecuación, en medio de toda la locura de la pandemia y el coronavirus, y todas las consecuencias de eso, como he compartido con ustedes en los últimos meses, a mediados de marzo, mi esposo Robert fue diagnosticado con cáncer. Y muchas, muchas de ustedes han orado por nosotros y ¡quiero darles las gracias!

No podríamos estar más agradecidos por cómo el Señor ha caminado con nosotros en este viaje, cómo nos ha provisto y la dulzura de las oraciones y el aliento que hemos recibido del pueblo de Dios. Estamos muy agradecidos por eso, pero, una vez más, esa noticia arrojó a nuestro mundo una cosa más, agregando al coronavirus ese diagnóstico de cáncer.

Y, por supuesto, hay todas estas voces que nos hablan día tras día. Son expertos, ¿no es así? Profesionales de la salud, científicos, políticos, periodistas, presentadores de noticias, blogueros, pastores, todos hablando abiertamente, todos tratando de ser útiles, supongo, tratando de interpretar los datos y la información que tenemos. Muchos de ellos están hablando con mucha propiedad y seguridad en el tema.

Y aquí está la cosa: algunos de ellos dicen: «Esto va a mejorar. Nos dirigimos en la dirección correcta. Las cosas se ven bien».

Y luego tienes a los pesimistas que dicen: «No, va a empeorar. Vamos en una tendencia a la baja».

Escuchas todo esto y piensas: ¿qué está pasando? ¿Qué va a pasar realmente?

El hecho es que nadie lo sabe. De hecho, Robert y yo hablamos sobre esto el otro día. Él me dijo: «Tantas incógnitas, pero lo que realmente importa, eso lo sabemos.

Ese fue un buen recordatorio para mi propio corazón que puede comenzar a sentirse perturbado por todas las incógnitas. Robert me recordó que las cosas que realmente importan las conocemos completamente.

¿Ves?, con toda esta avalancha constante de información de personal médico, científicos, presentadores de noticias, los comentaristas. . . Todos tienen opiniones. Todos tienen cosas que decir. Pero, estarás de acuerdo conmigo en que lo que realmente necesitamos escuchar en un momento como este, y en todo momento, es la Palabra del Señor.

Necesitamos saber lo que Dios tiene que decir. Queremos saber, necesitamos saber, «¿dónde está Dios en medio de todo esto?» Eso es lo que realmente importa. Y una vez que lo vemos y lo oímos y sabemos lo que está pensando y tenemos una idea de lo que es Su corazón en todo esto, entonces tenemos una seguridad, un ancla, un lugar firme y seguro para nuestras almas.

Y eso me lleva a la Palabra de Dios. Si tienes una Biblia, quiero animarte a que abras el libro de los Salmos en el capítulo 29. Quiero que veas esto, que puedas leerlo tú misma. Quiero enfocarme en los últimos dos versículos de este salmo que han sido mis favoritos en los últimos meses.

Quiero compartir contigo algunas de las cosas que Dios ha estado haciendo en mi corazón, algunas de las cosas que me ha estado mostrando. Y he vuelto una y otra vez a estos dos versículos. Han sido para mí un ancla…un ancla para mis emociones desenfrenadas, un ancla para mis ideas e imaginaciones locas, todo lo que pasa en estos días extraños. Estos versículos han sido un sostén y un ancla.

Ahora, déjenme dar un paso atrás y darles un poco del contexto del Salmo 29. Parece que hay algo drástico, devastador, dramático sucediendo en la naturaleza. Un comentarista que leí, dijo que piensa que puede haber sido una tormenta eléctrica masiva. Lo que sea que estuviera alterando el medio ambiente estaba cambiando las circunstancias.

Y es interesante, mientras este desastre natural estaba sucediendo, siete veces a lo largo de este corto salmo, ves la frase «la voz del Señor», la voz del Señor, la voz del Señor. En medio de la tormenta, o del desastre natural, sea lo que sea, Dios está hablando.

De hecho, el versículo 3 nos dice que el Dios de la gloria truena. Dios truena. No solo habla en voz baja. Él quiere darse a conocer. Se está revelando a Sí mismo. Él está revelando su mente, su corazón. No todo porque no conoceremos todo acerca de Él en este lado de la eternidad, pero Dios está hablando.

Y luego llegamos a los últimos dos versículos. Léelos en el contexto de este desastre natural que está sucediendo, y el versículo 10 del Salmo 29 dice:

«El Señor se sentó como Rey cuando el diluvio; Sí, como Rey se sienta el Señor para siempre. El Señor dará fuerza a Su pueblo; El Señor bendecirá a Su pueblo con paz» (vv. 10-11).

Solo quiero que meditemos en el versículo 10 hoy, y luego ese último versículo, el versículo 11, en nuestro programa mañana.

Entonces: «El Señor se sienta como Rey cuando el diluvio; sí, como Rey se sienta el Señor para siempre».

Aquí tenemos el escenario de una inundación. Esta es una especie de situación abrumadora. Quiero que pienses por un momento en una inundación. . . En realidad, nunca he estado en una inundación, pero he conocido personas que han pasado por esto y han descrito la sensación de apenas poder mantener la cabeza fuera del agua, esa sensación de desesperación, de desastre, la sensación de ahogamiento, la sensación de «¡no puedo respirar!»

¿Alguien se ha sentido así recientemente? «¡No puedo respirar! ¡Voy hacia abajo!»?

Entonces está ocurriendo una inundación. ¿Y dónde está el Señor? ¿Qué está haciendo Él en medio de esta inundación?

Bueno, lo primero que vemos es que Él está sentado. «El Señor se sienta durante el diluvio». Él está sentado.

Me encanta esta imagen, ya que he estado meditando sobre este salmo. No vemos a Dios corriendo por el cielo atemorizado. No camina por los pasillos celestiales diciendo: «¿Qué voy a hacer?» «¿A quién puedo ayudar?» «Hagamos un comité». No hay pánico en el cielo. El Señor está sentado. Él está sentado. Él está tranquilo.

¿Y dónde está sentado? Él está sentado en su trono. «El Señor se sienta durante el diluvio». En todo esto, el Señor está sentado y está en un trono. Ese trono, ese lugar donde está sentado está sobre el diluvio. No está bajo la inundación. No está inundado. No está siendo enterrado por estas circunstancias. No está siendo abrumado por las cosas que nos están abrumando. No está enterrado bajo la inundación. Él está sentado sobre la inundación. «El Señor se sienta cuando el diluvio».

«Sí, como Rey se sienta el Señor para siempre». Él lo repite. Es para enfatizarlo,  para que podamos captar esta imagen: en un mundo de inestabilidad e incertidumbre, aquí hay una cosa que es absolutamente segura: «El Señor está sentado en el trono durante el diluvio».

Y luego la segunda parte de ese versículo nos dice: «Sí, como Rey se sienta el Señor para siempre».

Piensa por un momento en el coronavirus. Esa palabra corona en realidad proviene de una palabra latina que significa «corona o halo». Has visto quizás las fotos de este coronavirus. Los virus son redondos y tienen proteínas puntiagudas en sus superficies. Cuando lo ves a través del microscopio, parece una corona. La palabra corona significa halo.

Dios se sienta entronizado. Él es el Rey. Él es el que está coronado en este momento del coronavirus, del cáncer o de cualquier otro tipo de inundación que puedas enfrentar.

Hay dos palabras que Robert y yo nos repetimos una y otra vez. Supongo que las hemos dicho tal vez cientos de veces, tal vez miles de veces, en los años que llevamos casados. Las tres palabras, que serían una forma de resumir toda la Escritura, son: El cielo gobierna. El cielo gobierna. Me has visto poner esto en publicaciones de redes sociales, en tweets, en correos electrónicos. Me digo a mí misma y les digo a los demás una y otra y otra vez: «El cielo gobierna». Cristo se sienta como Rey.

Tengo ese recordatorio frente a mí todo el tiempo. Y Robert y yo nos lo repetimos el uno al otro después de ver las noticias de la noche, que a veces tenemos que decir: «No más de eso». Pero sí vemos muchas noticias. Y después de verlas, nos miramos y nos decimos: «Cariño, el cielo gobierna, el cielo gobierna».

Cuando recibimos el diagnóstico de cáncer de Robert, nos miramos y dijimos: «El cielo gobierna».

Ahora, eso no fue todo lo que dijimos. Hablamos sobre las realidades, sobre las incógnitas, sobre qué pasa si…, sobre nuestros miedos humanos naturales y lo que podría suceder, puede suceder. Hablamos de esas cosas. Pero al final del día, seguimos volviendo a la frase «el cielo gobierna».

Por cierto, esta es una frase bíblica. La encuentras en el capítulo 2de Daniel. Encuentras el concepto en toda la Escritura. Y sabiendo, creyendo y recordándote a ti misma esta realidad, que «el cielo gobierna», te digo, eso es lo que te impedirá volverte loca en un mundo roto, caído y desordenado. Coronavirus, cáncer, cualquier otra cosa, es el constante recordatorio de que «el cielo gobierna».

Una amiga me envió un mensaje el otro día que decía:
«Realmente creo que lo único que me impide desmoronarme absolutamente es saber que, por más aterrador, desconocido y loco que sea todo esto, Dios es todo lo contrario. Él es más grande y fuerte. Él es bueno y solo hace cosas buenas. No está sorprendido por todo esto, y todo lo tiene bajo control».

«Nada de lo que está sucediendo ahora, está sucediendo fuera de los límites, de las fronteras que Él ha trazado». Tan salvaje como luce, y tan salvaje como podría llegar a ser, no cruzará Sus límites. ¡Alabado sea el Señor!, porque, literalmente, sin eso, ¿qué nos queda?¿Dónde nos apoyaremos?

Ella está en lo correcto. Sin esa garantía de que «el cielo gobierna», de que Jesús es el Rey, ¿qué tenemos?

El otro día vi este tweet de alguien que no conozco, pero estoy de acuerdo. Este hombre decía:

«Sufrí ansiedad extrema y síndrome de estrés postraumático después de un episodio con mi corazón. Estudiar la soberanía de Dios  trajo tanta paz a mi vida en un momento en que cada paso que daba era tratando de evitar un ataque de pánico».

He conocido personas que han tenido ataques de pánico durante este tiempo… y lo entiendo. ¡Es natural cuando miras la agitación, inundaciones por todas partes, y piensas que te vas a ahogar! ¡No puedes seguir respirando! Eso es lo que sucede cuando tienes un ataque de pánico. Simplemente piensas que no puedes seguir respirando.

Y este hombre dijo, después de tener ansiedad extrema, trastorno de estrés postraumático, episodios cardíacos, fue estudiar la soberanía de Dios lo que me trajo la paz cuando cada instante que caminaba estaba desgarrado por la ansiedad.

Y es por eso, amigas, que tenemos que aprender a aconsejar nuestros corazones con la verdad. Aquí está la verdad: el cáncer no es el rey. El coronavirus no es el rey. La crisis financiera no es el rey. Estas cosas son muy reales. Pueden suceder, así como las inundaciones y los desastres son reales, y suceden.

Y, por cierto, el coronavirus y el cáncer no son las dos únicas crisis que ocurren en nuestro mundo. Hay otras tragedias. Quizás leíste sobre las langostas en África que están comiendo millones de acres, y creando lo que podría ser la privación de alimentos para una generación de millones de personas. Eso es real.

Pero el cáncer no es el rey. El coronavirus no es el rey. Las langostas no son el rey. Cristo es el Rey.

Escuché a un amigo decir el otro día: «Sabes lo que crees. En momentos como estos, descubres si crees lo que sabes».

Sabemos muchas cosas. Sabemos lo que dice el Salmo 29. Sabemos, sí, el Señor es el Rey. Se sienta cuando el diluvio. Se sienta entronizado para siempre. Sabemos que creemos estas cosas, al menos decimos que lo hacemos. Pero en momentos como estos, cuando todo se está volviendo loco, descubres si realmente crees lo que sabes.

He declarado las verdades de la Palabra de Dios a otras personas durante toda mi vida adulta, 40 años o más haciendo esto. He estado compartiendo con mujeres la verdad de la Palabra de Dios y diciendo: «Estas cosas son ciertas. Puedes anclar tu corazón en estas cosas».

Pero lo que he estado descubriendo durante el cáncer y el coronavirus en estas últimas semanas, estoy descubriendo que esas cosas realmente son ciertas. Las he conocido en mi y cabeza y en mi mente; las he experimentado en cierta medida en mi vida. Pero estoy descubriendo que las cosas que he sabido que son ciertas en el pasado acerca de Dios y de Su Palabra son un ancla para mi corazón en momentos como estos.

El Señor ha tenido una dulce manera de recordarme esto en las últimas semanas. Hemos vuelto a transmitir una serie de Aviva Nuestros Corazones que había hecho hace años, pasajes que enseñé del Salmo 46: «Castillo Fuerte es nuestro Dios» y otros pasajes de este tipo que nos arraigan en Dios y Su Palabra. Y los hemos vuelto a transmitir porque sentimos que son oportunos.

Y nuestro equipo ha estado poniendo citas de mis enseñanzas de esos programas y publicándolas en las redes sociales. Y así he visto las redes sociales de Aviva Nuestros Corazones en Twitter, Instagram, Facebook. Y he visto estas citas con mi nombre debajo de ellas, y el Señor las ha usado para recordarme lo que les he dicho a los demás, y lo que sé que es cierto; pero para ayudarme a aconsejar mi corazón nuevamente, me he estado predicando con algunas de esas citas durante este tiempo.

Te voy a dar un ejemplo de un programa reciente. Esto es lo que les dije a las mujeres cuando grabé esta serie hace años, la serie del Salmo 46. Dije:

«Dios no es sacudido. Dios no está retorciéndose las manos, tratando de descubrir qué hará con todas estas catástrofes en este mundo. Él está en Su trono. Él reina».

Eso es lo que dije hace años. Era cierto entonces. Y es lo que necesitaba escuchar hoy porque todavía es cierto.

Verás, las cosas en las que has confiado, en las que has arraigado tu corazón en el pasado, son a las que recurrirás y a las que irás cuando lleguen las inundaciones y las tormentas. Entonces, ¿en qué estás arraigando tu corazón? ¿A qué recurres? ¿A dónde te diriges?

La verdad es que «el cielo gobierna». Y esta verdad te brindará confianza, comodidad y calma porque el cáncer no controla tu futuro. Tu esposo no dirige tu destino. Tus hijos no controlan tu futuro. Tu salud no controla tu destino. Jesús ordena y dirige tus pasos, tu caminar.

Como dije hace un momento, el coronavirus no es el rey. El cáncer no es el rey. Cristo es el Rey.

Mientras pensaba en esta serie hace unos días, me vino a la mente un himno. Es antiguo, pero cuánta verdad encierra para el día de hoy: 

«A Cristo coronad, divino Salvador, sentado en alta majestad. (¿Cierto? El Señor está sentado en su trono alto) Al Rey de gloria y paz, loores tributad, y bendecid al inmortal por toda eternidad.

El Señor está en Su trono sobre el diluvio. El Señor está en Su trono, Él es Rey para siempre».

¿Por cuánto tiempo? ¡Para Siempre! Él es el Rey ahora. Él será el Rey la próxima semana. Él será el Rey cuando llegue la próxima pandemia o la próxima que está a la vuelta de la esquina en tu vida. En cada crisis, en cada cosa difícil y en cada pieza rota de este mundo roto, Cristo es el Rey.

Y todo esto del Covid, coronavirus, cáncer, son recordatorios visibles para nosotras, recordatorios tangibles, cosas que nos recuerdan muy profundamente, que este mundo todavía está bajo la maldición del pecado. Pero también nos alientan a esperar con esperanza ese día prometido en el que la maldición ya no existirá, cuando Cristo reinará como Rey, sin rivales, sin pecado, sin dolor, sin lágrimas, sin quebrantamiento, solo la hermosa luz reinante de Cristo.

Mientras tanto, puedes confiar en Él para escribir tu historia. Este no es el final de la historia. El coronavirus no es el final de la historia. El cáncer no es el final de la historia. Conocemos el final de la historia. Pero ahora estamos en el medio, y mientras esperamos, necesitamos paciencia, coraje y esperanza.

Y tanto las cosas realmente dulces, buenas y hermosas en este mundo, de las cuales todavía hay muchas, así como las cosas duras, dolorosas, caóticas y destructivas, están destinadas a darnos una idea de la eternidad, con o sin Jesús. Te animo a leer el libro de Apocalipsis si quieres ver de qué estoy hablando.

Estas plagas actuales que estamos experimentando en nuestro mundo y que son tan devastadoras, son solo un atisbo de un juicio cataclísmico venidero sobre este mundo, ya que Dios llamará a dar cuenta a los malvados e impenitentes que no recibirán Su regalo de la vida eterna. Y las bendiciones que disfrutamos en medio de las cosas difíciles, son solo un simple y dulce anticipo de las maravillas del cielo que nos esperan.

Y así, las bendiciones están destinadas a crear en nosotros una sensación de anhelo. Y las angustias, que son muchas, para aquellas de nosotras que estamos en Cristo, esas angustias nos recuerdan el juicio del que vino a rescatarnos, y que nunca experimentaremos porque estamos en Cristo.

Entonces, ¿qué nos dice el Salmo 29, versículo 10? Cristo es Rey, Él se sienta. Él reina. Él está en Su trono.

Y luego mañana veremos, en el último versículo de este pasaje, que en medio de Su reinado, nos da fuerzas para nuestra debilidad, y nos da paz en nuestro caos. ¿Y cuánto tiempo hace eso? Siempre, para Siempre.

Gracias, oh Señor, por la verdad de Tu Palabra que arraiga y ancla nuestros corazones. Estas cosas son seguras. Tenemos un refugio, tenemos la verdad, tenemos un sostén. No tenemos que estar bajo la inundación. No tenemos que vivir bajo el control de nuestras emociones y nuestros pensamientos más locos. Podemos anclar nuestros pensamientos, atar nuestros corazones a la verdad, a Jesús, a Cristo, quien es el verdadero Rey y Corona. Está coronado con muchas coronas. Entonces, Señor, te adoramos. Te amamos. Te damos gracias por cómo la verdad se asienta en nuestros corazones.

Y oro por mis hermanas, amigas que escuchan hoy, para que sea lo que sea que cada una enfrente, puedan encontrar un refugio, una paz y fortaleza y gracia, en el hecho de que el cielo gobierna, el cielo gobierna. Por eso te damos gracias, en el nombre de Jesús, amén.

Annamarie: Qué recordatorio tan alentador el que nos ha dado Nancy DeMoss Wolgemuth. Ella continuará esta enseñanza sobre el Salmo 29 mañana. Nos mostrará que Dios no solo gobierna sobre cosas como los virus y el cáncer, sino que también cuida de cada una de nosotras. Acompáñanos para este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Trayéndote enseñanza práctica de la Palabra de Dios, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a …

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