Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

¿Crees en el poder de la oración?

Annamarie Sauter: El hermano de Evelyn Christenson estaba lejos del Señor. Por treinta años su madre oró por él.

Evelyn Christenson: Mi hermano dijo: «Dios no existe». Y entonces mi madre hizo una oración difícil de orar. Ella había orado todo lo posible, pero finalmente oró: «Señor, haz lo que tengas que hacer para que mi hijo venga a Ti».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Como sabes, este ministerio se llama Aviva Nuestros Corazones, y la palabra avivar no solo es una parte de nuestro nombre, es parte de nuestro ADN como ministerio. Así que a través de la serie que inicia hoy queremos enfocarnos en un tema que es vital para que nuestros corazones sean avivados, y es el tema de la oración.

Para hablar acerca de esto nos acompaña una invitada que verdaderamente conoció el poder de la oración, tanto individualmente como en su familia. Ella ya se encuentra en la presencia del Señor, pero en una ocasión Nancy tuvo la oportunidad de grabar una conversación con ella. Esta se titula, Cuando las mujeres oran.

Escuchemos.

Nancy DeMoss Wolgemuth: Estoy contenta de poder hablar con una amiga de toda la vida, Evelyn Christenson. Tuve la dicha de ver su nombre en el listado de registro para una conferencia titulada El clamor del corazón por un avivamiento, a la cual ella asistiría, por lo que rápidamente le dije a mi asistente, ¿podrías llamar a su oficina y ver si hay manera en que ella pudiera venir y hablar con nosotras acerca de la oración y el avivamiento?, esto con el fin de ayudar a aquellas mujeres que tienen un corazón para el Señor, la oración y el avivamiento.

Al momento de grabar esta conversación muchas mujeres se identificaron con lo que Evelyn compartió, y hoy todas nuestras oyentes en Aviva Nuestros Corazones podrán participar de eso. Tendrás la oportunidad de escuchar y conocer (en cierta medida) a una mujer maravillosa. Si el nombre Evelyn Christenson no es familiar para ti, lo será después de que hayamos tenido la oportunidad de compartir su corazón en este espacio.

Hace más de 25 años, Evelyn escribió un libro llamado Lo que Dios hace cuando las mujeres oran (disponible en español). Este libro no es solo teoría, no es solo algo que se le ocurrió en el momento y lo escribió. Fue algo que nació de su vida, de su experiencia, de su caminar con Dios y por la manera en que había visto a Dios obrar cuando las mujeres comienzan a orar.

En ese momento Evelyn no tenía la menor idea de lo que Dios iba a hacer con ese libro. Creo que hasta ahora ha vendido más de tres millones de copias, y ha escrito otros 15 libros. Es conferencista, y se encuentra todavía, a la edad de 80 años, viajando por todo el mundo ministrando al pueblo de Dios y compartiendo su vida. Estoy encantada de que la conozcan.

Evelyn, muchas gracias por estar con nosotras y bienvenida a Aviva Nuestros Corazones.

Evelyn Christenson: Es un privilegio Nancy. Es maravilloso poder estar aquí.

Nancy: ¡Estoy feliz de que estés aquí! Es un privilegio para mí. Siento que si nadie más escuchara este tiempo que tendremos juntas, me encantaría tenerlo aunque fuera solamente para mí, sentarme contigo, hacerte algunas preguntas y aprender de tu corazón. ¡Qué gran experiencia te ha dado Dios en tu relación con Él!

Evelyn: Nancy, el privilegio es mío. Así que muchas gracias por permitirme estar aquí.

Nancy: Evelyn, quisiera hablar de todo este tema de la oración porque sé que es un mensaje de vida para ti, es tu testimonio. Tengo que confesarte que cuando me piden que enseñe sobre el tema de la oración, muy rara vez lo hago (aún en este momento de mi vida) tengo que decirlo y lo he dicho a las personas que me han preguntado, «este no es mi mensaje de vida, aún».

Yo quisiera que lo fuera y estoy creciendo en esa área, pero es difícil para mí aún. Tú hablas de lo que sucede cuando las mujeres oran, y quiero empezar solo con algunos conceptos básicos para las que aman al Señor y tienen un corazón para Él, pero que realmente luchan con la distracción, el tiempo, la prisa y el ajetreo. ¿Cómo comenzó Dios a darte un corazón dispuesto a orar? ¿Siempre lo has tenido? Cuéntanos un poco.

Evelyn: Es impresionante. Hubo algunos pasos grandes en todo este asunto. Nací de nuevo cuando tenía nueve años. Fue dramático ver mis pecados a mis nueve años de edad, lloré toda la tarde ese domingo hasta que finalmente pude volver a la iglesia, y el pastor o evangelista que estaba allí hizo una invitación, y allí finalmente conocí a Cristo. Fue algo muy claro en mi vida.

Estaba tan entusiasmada con mi nueva vida—con 9 años de edad caminando con Jesús, que comencé a orar por aquellos que iban a la iglesia el domingo por la noche. Bueno, cuando era una niña (y eso fue hace mucho tiempo), lo más importante era cuando nuestro pastor predicaba la Escritura en la mañana del domingo para aquellos que habían sido salvos.

Luego, el domingo por la noche, llevábamos a nuestros vecinos, parientes y familias a la iglesia, a aquellos que necesitaban escuchar de Jesús, y se les predicaba el evangelio. Yo me sentaba allí con todos mis vecinos pequeños, me sentaba allí y me concentraba en uno de ellos. Apretaba mis dientes, cerraba mi pequeño puño, y me sentaba allí semana tras semana y oraba por esa misma persona hasta que finalmente él o ella caminaba hacia al frente. Eso era lo que hacíamos en aquellos días, pasar al frente para aceptar a Cristo.

Nancy: ¿Habías visto ese mismo corazón en tus padres?

Evelyn: Oh, sí, en mi madre. Mi madre era la más grande mujer de oración que he conocido, ella era la única cristiana dentro de su extensa familia. Era joven, de unos 20 años, cuando se convirtió. Tuvo el privilegio de orar por cada miembro de la familia. Y antes de morir, los ganó para Jesús.

Nancy: Esa era una herencia para ti.

Evelyn: Era algo que tenía en mí. Yo estaba desesperada por estas personas que irían al infierno. No evitaba esa palabra, Jesús tampoco lo hizo. Habló sobre el infierno más que del cielo. Por supuesto que Jesús habló de esto, y yo sabía que aquellos vecinos, mis vecinos—que eran mis amigos, eran una comunidad agradable.

Nancy: Pero tú sabías que necesitaban a Jesús.

Evelyn: Yo sabía que necesitaban a Jesús, y esto incluía a mi hermano y a mi padre. Nosotros orábamos y orábamos. Y una nota aquí, mi padre no conoció a Jesucristo por 25 años. Orábamos por él, orábamos que asistiera a la iglesia. Él no iba a la iglesia en absoluto. Vivió una vida muy mundana, y finalmente, después de 25 años, conoció a Cristo.

Nancy: ¿Así que oraron todos esos años?

Evelyn: Oramos todos esos años. Y oramos 30 años por mi hermano.

Nancy: Eso es impresionante. ¿Y él llegó a conocer al Señor, finalmente?

Evelyn: Sí, esa es una historia maravillosa. ¿Quieres que te la cuente? Es algo tan precioso para mí.

Nancy: ¡Claro! 

Evelyn: Él era mi hermano pequeño, éramos compañeros de juego (2 años de diferencia). Éramos tan cercanos. Al parecer aceptó a Cristo cuando tenía 7 años, yo tenía 9 años. Nos pareció que había conocido a Jesús pero evidentemente no era real…tal vez fue porque los demás lo hacían. No estoy segura.

Poco a poco, mi padre seguía con su estilo de vida mundano… Cuando mi hermano llegó a la edad suficiente, empezó a viajar con mi padre, que era contratista, y esto hizo que viviera lejos. Venía a casa solo los fines de semana. Era un estilo de vida horrible para un joven.

Así que mi hermano decidió finalmente no creer en Dios, aún con una madre piadosa. Y a las madres piadosas que están orando por sus hijos, el que ellos sigan tus pasos es algo que no se puede garantizar. 

Pero sigue orando. Nunca te detengas. Mi madre perseveró. Creo que otros miembros de la familia, cuando se comprometían a orar por esto, pronto se les olvidaba, pero no a mi madre, ella siempre lo hizo.

A sus 30 años mi hermano dijo, «Dios no existe». Y entonces mi madre hizo una oración difícil de orar. Ella ya había orado todo lo posible. Mi hermano había pasado por 3 mujeres, 3 piscinas, y todo aquello del estilo de vida en el que se encontraba. Ella finalmente oró: «Señor, haz lo que tengas que hacer para que mi hijo venga a Ti».

Muy poco tiempo después de eso, él iba cruzando por una carretera y un coche que viajaba a 50 millas por hora lo golpeó en un costado. Lo tuvieron que remover del parabrisas del coche y lo llevaron a cuidados intensivos. Lo conectaron a muchas máquinas. No nos dejaban verlo. Todos viajamos y nos reunimos en un hotel, y nos dijeron: «No hay ninguna razón para verlo. Está muerto; no hay vida allí. Las máquinas son las que hacen el trabajo por él».

Nancy: ¿Y cuánto tiempo después de que ella hizo esa oración sucedió esto?

Evelyn: Oh, muy poco después de eso. No pasó mucho tiempo. Puedo recordar a mi madre la vez que nos reunimos en el hospital, no nos dejaban entrar a verlo. Ella solo dejó caer su cabeza y se estremeció. Ella dijo: «¿Fue mi culpa? ¿Fue culpa mía?»

A veces me pregunto lo mismo cuando oro esto por mis hijos, «Señor, haz todo lo que tengas que hacer para traerlos de vuelta a Ti». Esta no es una oración fácil.

Entonces nos reunimos como familia; éramos una familia de oración. En aquella habitación del hotel nos reunimos alrededor de la cama. Lloramos y sollozamos ante Dios. Dijimos: «Señor, danos una oportunidad más para hablar con Bud». Habíamos hablado con él. Lo amábamos. Habíamos hecho todo lo que podíamos y habíamos orado por él. Habíamos hecho todo, pero pedíamos una oportunidad más.

A la mañana siguiente, no nos permitieron verlo a ninguno de nosotros, aún así todos nos reunimos en el hospital. Entonces decidieron dejar que 2 de nosotros entráramos a verlo. Una sería mi madre, por supuesto, y luego ella me eligió a mí.

Entré junto con mi madre. Teníamos solo 10 minutos. Esperamos y esperamos. Yo sentía que debía decir algo. Finalmente me incliné hacia Bud y le dije: «Bud, Dios te ama». Y su cuerpo se movió. Había vida allí.

No me atrevía a decir nada más. Pensaba que si seguía hablando, tal vez lo empujaría directo a la eternidad, una eternidad a la que no quería que se enfrentara. Esperé hasta que casi se terminaran los 10 minutos y luego me incliné sobre él y le dije: «Bud, puedes confiar en Jesús hoy».

Al instante mi hermano cobró vida. Él sonrió aún con todas esas máquinas que tenía dentro de su garganta, pero vivió. Murió de cáncer 2 años más tarde, pero durante esos 2 años vivió como cristiano.

Así que si estás orando no te rindas. Algunas personas dicen: «He estado orando durante todo un año y esta persona no ha conocido a Cristo todavía. Me doy por vencida con mis hijos. Pueden salir y hacer su propia vida».

Nunca te rindas. Como familia sabemos lo que significa orar por alguien durante 25 o 30 años.

Nancy: Perseverar, y entonces orar aquella oración. Dijiste que has orado esto por tus hijos, «Señor, haz lo que sea necesario».

Evelyn: Sí, y eso es muy difícil de orar, pero lo he hecho, sí. «Señor, lo que sea necesario». Creo que cada madre, cada padre sabe que sus hijos harán cosas que ellos no aprueban. Entonces, «Señor, haz lo que sea necesario». No solo si están haciendo algo que tú no apruebas, sino «Señor, ¿qué necesitas hacer para que mis hijos sean lo que Tú quieres que ellos sean?», oro refinado.

¿Te gustaría escuchar cómo mi hija se convirtió en oro refinado? 

Nancy: ¡Por supuesto!¿Hiciste esa oración por tu hija?

Evelyn: Sí, pero este es un ejemplo de cómo ella era muy diferente de lo que quería ser, de lo que no le gustaba ser, oro refinado. Y eso es de lo que te voy a hablar en esta historia.

Bueno, ella es nuestra hija mayor. Cuando estaba en la escuela secundaria ella tenía un novio, y él vivía en la misma cuadra que nosotros. Era un joven muy destacado. Logró sobresalir como lanzador principal en una liga internacional de béisbol juvenil. Estaba solo en noveno grado. Había una poesía suya que ya había sido publicada, fue presidente del consejo estudiantil y capitán del equipo de fútbol. Quiero decir, era uno de esos niños que tenían todo resuelto, solo que no conocía a Jesús.

Cuando el evangelista Dave Wilkerson fue a nuestra ciudad, hubo una gran reunión de jóvenes y nuestra iglesia fue una de las principales organizadoras. Jan no manejaba aún. Ella quería llevar a su novio, y así lo hizo. Llevábamos a un montón de jóvenes dentro del coche. Nos sentamos cerca para oír a Dave Wilkerson hacer la invitación para conocer a Jesús. Vimos a Dave levantarse de su asiento, arrodillarse y arrepentirse.

Pero lo que Dave no sabía era que tenía leucemia. Fue fatal. Jan no lo sabía tampoco. Ella no lo sabía en ese momento. Él vivió muy poco tiempo después de esto.  Al término de la escuela secundaria recibieron sus anuarios, él escribió en el de Jan: «Querida Jan, nunca sabrás lo que Cristo significa para mí ahora y lo que significará en el futuro». 

Jan estaba tan abrumada por esto, parecía cómo si fuera el único aspecto que faltaba. Pero después de que él escribiera esto, solo vivió dos semanas más.

Nancy: ¡Qué impactante!

Evelyn: La mañana en que Dave murió, mi esposo, que era pastor, fue a casa de Dave, por supuesto. Yo estaba sentada en la planta baja en la sala después de estar orando, y Jan bajó. Se sentó conmigo, me abrazó y me dijo: «Dave se ha ido, ¿verdad?»

Y le respondí: «Sí».

Pero le dije: «Cariño, Dios debe amarte mucho para darte todo esto, estas cosas difíciles siendo tan joven. Él debe estar preparándote para algo grandioso». Entonces le conté sobre Job. El oro más fino es probado en el fuego más ardiente.

Alguien me dijo hace poco que el oro se refina a unos 1400 grados—para que el oro quede realmente refinado. Imagina lo caliente que es.

Nancy: Para que sea puro.

Evelyn: Sí, para que sea puro. Todo lo impuro brota a la superficie. Hablando de esto ella comenzó a llorar y me dijo: «Mamá, creo que prefiero estar un poco oxidada».

Y le dije: «Cariño, todos desearíamos eso».

En ese momento no se dan sermones. La sostuve en mis brazos y lloramos. Ella se convirtió en doctora y llegó al área de cuidados intensivos. Esa era la asignación que tenía en el hospital. Ella era la última que veía a muchos de los pacientes.

Mientras escribía uno de mis libros Jan me dijo: «No olvides citar 1 Juan 5:13, puedes saber, verdaderamente puedes saber, que tienes vida eterna» (parafraseado).

Ella lo dice luego que guía a los pacientes a Cristo y les habla de Él. Luego me dijo: «Madre, yo no podría tener este trabajo si no tuviera la certeza—la seguridad absoluta— de que verán a Jesús».

¿Cómo lo aprendió? Ella lo aprendió cuando era adolescente, cuando Dios la estaba transformando en oro refinado. Dios no lo hace todo de una sola vez. Él la estaba preparando para toda una vida como médico. Dios no comete errores.

Y así que cuando oramos, entregamos nuestros hijos a la voluntad de Dios. Quisiéramos solamente cosas buenas para ellos, pero cuando yo entregué a mi hija oré: «Dios, haz lo que tengas que hacer con mi hija, para ella y a través de ella. Lo que Tú necesites, de modo que no sea lo que yo quiero sino lo que Tú quieres que ella sea».

Yo nunca habría elegido para ella lo que sucedió.

Nancy: Así es. Tú no quieres que tu hija sufra.

Evelyn: Yo no quería que sufriera. Yo no quiero que nadie sufra, sobre todo, la gente que amo. No quiero que experimenten dolor. Y esta es la parte más difícil de entregarlos a la voluntad de Dios.

Nancy: A menudo tratamos de rescatar de la cruz a las personas que amamos, que es lo que Dios quiere usar para purificarlos como al oro.

Evelyn: Lo sé. El oro no se hace en la cima de una montaña donde sopla la brisa y se entremezcla con las rosas para que huelan dulcemente.

Nancy: Esa es la forma en que nos gustaría que fuera.

Evelyn: Esa es la manera en que nos gustaría que fuera, pero realmente no es ahí donde Dios quiere transformarte en lo que Él quiere que seas.

Nancy: Debe ser difícil, como madre, estar dispuesta a dejar que Dios haga Su voluntad en la vida de tus hijos. 

Evelyn: Fue muy, muy difícil cuando nuestro hijo se graduó de la universidad. Él quería entrar en el programa de doctorado de una determinada universidad porque creía que era la mejor, y esta fue una gran lucha en su vida. Quería su doctorado en física. Así que me llamó una noche y me dijo: «Mamá»—él estaba en otro estado—«Mamá, voy a comenzar mis examenes ahora. Ora, ora como loca».

Él deseaba esto tanto, pero yo no podía orar.

Nancy: ¿Cómo oraste?

Evelyn: Lo entregué a Dios. Esa fue la primera cosa que hice.

Nancy: Tu primera oración no fue: «Señor, permite que entre a este programa».

Evelyn: Oh, nunca. Nunca ore por eso. Él quería, y me hubiera gustado.

Nancy: Entonces, ¿por qué no oraste por eso?

Evelyn: Temí orar para que mi hijo entrara en el programa de física porque solo Dios sabe si tiene el talento para eso, o si su talento gira en alguna otra dirección o si Dios quiere que haga otra cosa. Mi deseo para mi hijo era: «Señor, tu voluntad». Nancy, lo que deseo—lo que deseamos—es el secreto de lo que pedimos.

¿Qué es lo que yo realmente deseo? ¿Deseo fama y fortuna, buena educación y ese tipo de cosas? Y no digo que estas cosas sean malas.

Nancy: Pero podrían ser la ruina de un hijo.

Evelyn: Podrían ser la ruina de mi hijo. Entonces oré. Lo entregué a Dios, y estuve en oración todo ese tiempo. De hecho, él había tenido una experiencia igual cuando estaba tomando un examen importante para entrar a la universidad. Me llamó y me dijo: «Mamá, haz una cadena de oración». En nuestra casa eso era un procedimiento operativo estándar—hacer una cadena de oración. Él dijo: «Tengo que tomar mi examen de admisión mañana. Oren para que sea admitido».

Yo le dije: «No, cariño, voy a orar por ti para que ya sea que seas admitido o no, se haga la voluntad de Dios en ti».

Y él dijo —y puedes escuchar a este chico de secundaria decir, «vaya, ¡sería muy mala suerte que la voluntad de Dios sea que yo no entre!»

Y yo dije: «Cariño, si así pasa, será una puerta cerrada en un área. Pero quiero que sepas, cariño, que las puertas cerradas son igual de importantes, tal vez aún más, que las puertas abiertas. Dios abrirá puertas donde Él quiere que estés, pero Él cerrará puertas si eso no es lo que Él quiere que hagas». Le dije: «Cariño, es más seguro cuando las puertas se cierran, si algo relacionado con tu educación se cierra. Es muy importante porque Dios pudiera abrir esa puerta por nuestra insistencia, pero siendo la equivocada». 

Y eso no es algo fácil de aprender.

Nancy: ¿Y qué pasó con su doctorado? Tienes que terminar la historia. ¿Qué puertas abrió Dios?

Evelyn: Fue muy emocionante. Estábamos todos en la cama y él nos comenzó a contar…pero sonó el teléfono y la operadora estaba batallando con lo que fuera que ella trataba de decirnos. Ella estaba tratando de decir, «el candidato al doctorado, Curt Carl Christenson... Esta es una llamada respecto a la candidatura...» Ella no lo decía claramente. Fue muy chistoso porque en ese preciso momento él nos estaba anunciando que había entrado, lo había logrado.

Nancy: Y estaba usando la operadora para comunicarlo.

Evelyn: Sí. Hizo un posdoctorado. Trabajó a tiempo completo y sirvió al Señor a tiempo completo en su iglesia. Era físico y estudiaba en un seminario cristiano. El Señor lo tenía todo planeado, y Él sabía lo que quería que Curt fuera.

Creo que los padres deben saber que las puertas cerradas son importantes. Tenemos nuestras propias ideas de lo que queremos que nuestros hijos sean y hagan, pero puede que esa no sea la voluntad de Dios del todo. Podemos chocar contra una pared cuando hacemos lo que queremos.

Y tú sabes esto. No te lo tengo que decir.

Nancy: Bueno, pensamos que sabemos lo que es bueno.

Evelyn: Bueno, pensamos que sabemos lo que es bueno. Pero me refiero a que en ocasiones le decimos a Dios: «No, voy a ir por este camino aún si estás tratando de decirme que vaya por este otro». No me atrevería a hacer esto, porque sé el desastre que puede traer.

Entregar tus hijos a Dios es algo maravilloso, y encuentras tanta paz en hacerlo. Es maravilloso, y entonces ves a Dios obrar. Luego, cuando llegues a los 80 años, podrás mirar hacia atrás y ver el camino. Nancy, te he dado tan solo una muestra, pero esto tomó años. Cada paso tomó años. Pero ves a Dios obrando y es simplemente asombroso.

Annamarie: Hemos estado escuchando de una mujer cuya vida nos ha dejado un legado de oración. Evelyn Christenson, quien ya se encuentra en la presencia del Señor, ha estado hablando con Nancy DeMoss Wolgemuth. Ellas nos han estado mostrando lo que sucede cuando las mujeres oran.

Esta conversación se basa en el libro escrito por Evelyn titulado, Lo que Dios hace cuando las mujeres oran. A través de este aprenderás a orar de manera más consistente y a orar con mayor eficacia. Encuentra el acceso para adquirir este libro en la transcripción de este episodio, en AvivaNuestrosCorazones.com.

Bien, ahora Nancy regresa para cerrar en oración.

Nancy: Oh Señor, confesamos nuestra gran, gran necesidad de Ti. Gracias por el privilegio de la oración. Gracias por iniciar la oración en nuestros corazones. Oh Dios, hemos pecado contra Ti en gran manera, hemos dejado Tus leyes y Tu Palabra. Hemos caminado a nuestra manera. Oro para que tengas misericordia de nosotros, que Tú restaures nuestra tierra en el sentido del bien y del mal y en el sentido del temor del Señor.

Señor, oro especialmente por nuestros países. Llama a las mujeres a humillarse y a orar, a buscar Tu rostro y volvernos de nuestros malos caminos. Entonces a Tu manera y en Tu tiempo derramarás avivamiento en toda la tierra.

Oh Señor, aviva Tu iglesia, aviva nuestros hogares. Cómo lo necesitamos. Y Señor, aviva nuestros corazones, empieza con nosotras, Señor. Aviva mi corazón, ruego en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Llamándote a orar por un derramamiento del Espíritu de Dios en tu familia, en tu iglesia y en el mundo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Recuerda que la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jeremías capítulos 20 al 22.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Dulce Oración, Dámaris Carbaugh, Alabanzas: Tus Himnos Favoritos, ℗ 2002 Damaris Music.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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