Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Modela una vida de oración

Nancy DeMoss Wolgemuth: Si tienes hijos, entonces sé que uno de tus más grandes deseos es ver que ellos tengan un corazón hambriento por el Señor.

Annamarie Sauter: Con nosotras Nancy DeMoss Wolgemuth.

Nancy: Entonces déjame preguntarte lo siguiente, si la fe de tus hijos dependiera de las respuestas de Dios a tus oraciones, ¿qué tan fuerte crees que será su fe cuando sean adultos?

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos escuchando una conversación que Nancy tuvo con Evelyn Christenson, quien ya se encuentra en la presencia del Señor. Esta se titula, Cuando las mujeres oran.

Nancy: En estos días tenemos cómo invitada a Evelyn Christenson, una de las autoras cristianas más queridas en los Estados Unidos. Ella es la autora de un libro que ha vendido millones de copias llamado, Lo que Dios hace cuando las mujeres oran (disponible en español).

Hablaba con Evelyn y ella compartía conmigo algunas historias fascinantes de cómo sus hijos crecieron viendo el poder de Dios y la realidad de Sus respuestas a las oraciones en su hogar.

Evelyn Christenson: Al principio yo no me había percatado de que ellos observaban lo que sucedía. Ellos escuchaban al mismo tiempo que hacían algo más. Pudieras pensar que no estaban prestando atención. Hay dos cosas principales que pienso que pudieron influir en mis hijos en cuanto a la oración. Una de ellas es la cadena telefónica de oración.

Nancy: Cuéntanos a qué te refieres con eso.

Evelyn: Bueno tienes que tener una encargada. Tomemos como ejemplo una cadena de oración sencilla y pequeña (aunque pudiera hacerse a mayor escala). La encargada recibe las peticiones de oración, las condensa, las pone de manera entendible y las comparte con los demás para que oren por ellas. ¡Es sorprendente!

Nancy: ¿Así de simple?

Evelyn: Así de simple. Tú no le dices a Dios lo que debe responder, tú traes una petición, no la respuesta. Eso es importante. Nosotras finalmente aprendimos cosas como esta y las tenemos anotadas en un pequeño pedazo de papel. Entonces, cuando entra una petición, va directo a la encargada y se sigue el proceso.

Ella llama a la primera persona en la cadena, y esta toma nota exacta de lo que la encargada le dicta, sin restar o agregar palabras, sin importar cuanto conozca del asunto y sin juzgar la petición. No se le agrega palabra alguna.  

Entonces esta primera persona llama a una segunda persona. Cada una tiene su libreta de apuntes, ponen la fecha correspondiente y apuntan exactamente lo que dijo la encargada. La segunda persona en la cadena toma notas, y entonces la primera persona, después de colgar el teléfono, comienza a orar. La segunda persona llama a la tercera persona en la cadena, y así, en diez minutos puedes tener toda una cadena de oración si se sigue el procedimiento correctamente.

Nancy: Entonces pasan la petición y oran…

Evelyn: Exacto, deben detenerse y orar en ese preciso momento. Una de las reglas es que no debes alejarte del teléfono —a menos que haya una emergencia o que ya hayas orado. Y eso es muy importante, porque puedes pensar: «Oraré más tarde», y realmente no lo haces. Simplemente no oras. Debes orar en ese momento. Nosotras hemos visto resultados maravillosos.

Cuando comenzamos, en 1968, yo era la encargada. En ese entonces teníamos el teléfono en la cocina, y llegaban peticiones a toda hora del día, incluso en la noche. Finalmente tuvimos que establecer reglas. Solo se podía llamar en cierto horario.

Ahora, si vas a impartir una charla el próximo jueves, llama. Así podemos comenzar a orar. No es que llames a último momento para que tengamos que armar una cadena de emergencia. Todo esto lo hemos tenido que aprender, y lo logramos.

Nancy: Y tus hijos veían lo que sucedía…

Evelyn: Bueno, sí, ellos veían todo el proceso. Y había algo importante y es que teníamos esta otra regla: si había respuesta a la oración, debías compartirla

Nancy: Así que eso lo compartían también.

Evelyn: Sí, también pasabamos las respuestas. Mis hijos vieron esto por un par de años. Entonces finalmente llegó el momento en que tuvimos que agregar una segunda línea telefónica y otra persona encargada. Ella es maravillosa. De hecho está con nosotros desde hace 30 años. Y sigue orando.

Nancy: ¿Tus hijos te escuchaban cuando pasabas las peticiones?

Evelyn: Ellos escuchaban eso, y las respuestas también. Absorbían todo lo que sucedía. Cuando mis hijos se fueron a estudiar a la universidad, los tres llamaban para la cadena de oración.

Nancy: ¿Con sus propias peticiones?

Evelyn: Sí, o por ejemplo, por la esposa de un profesor que iba a tener una cirugía al día siguiente y peticiones como esas. ¡Era asombroso! Ellos tenían fe en la respuesta de Dios ante la oración, lo cual yo no sabía que les había transmitido. Yo no sabía que ellos lo absorbían, pienso que como padres necesitamos saber esto.

Nancy: Es interesante. Escuché acerca de una investigación que se hizo con jóvenes que crecieron en hogares cristianos, pero que al salir de sus hogares e ir a la universidad, se desviaron de la fe y rechazaron al Señor. Dijeron que la razón principal fue que nunca vieron que Dios respondiera la oración. Crecieron en hogares que decían ser cristianos, pero no vieron la evidencia de un Dios vivo, de un Dios real, porque no vieron oraciones contestadas. Esto es contrario a lo que estás compartiendo con nosotras.

Evelyn: Es increíble ver eso, ¿cierto?

Nancy: Mientras tus hijos crecían, no tenían duda de que Dios es real.

Evelyn: Bueno, la duda estuvo ahí. Pero ellos no podían evitar ver lo que sucedía. Y yo no lo hacía para llamar la atención.

Nancy: Cierto, pero se daban cuenta.

Evelyn: Era una mujer muy ocupada, enseñaba todo el tiempo, tenía a mis hijos; tú sabes todas las cosas que hace una esposa de pastor. Y aún así me tomaba el tiempo, ellos me veían tomar ese tiempo para hacer lo que yo creía que era desesperadamente importante—ellos lo veían. Oh, hay tantas, tantas cosas por hacer.

En aquellos años yo tenía un estudio bíblico en el vecindario y un estudio bíblico de evangelismo. Mi hijo Curt sabía el nombre de todas las personas que asistían. Y él solía orar por ellos.

Teníamos un trato. La única razón por la cual mamá podía llegar tarde a casa a la hora de la comida (nosotros vivíamos a una cuadra de la escuela, así que no era tan grave), era porque alguien estaba en el proceso de arrepentirse y convertirse a Cristo, y estaba luchando y aún no concluía la conversación. Yo no podía abandonarlos en ese punto.

Pero tan pronto como regresaba a casa, mi hijo me preguntaba, «¿quién era mamá?», porque orábamos por cada uno de ellos por nombre. Él ya sabía.

Nancy: Entonces, él veía que sus oraciones empezaban a ser contestadas.

Evelyn: Sí, totalmente. Él veía sus oraciones siendo contestadas.

Nancy: Así que tus hijos han aprendido que la primera reacción ante cualquier suceso en la vida no es intentar hacerlo a su manera o seguir sus pensamientos, sino buscar al Señor de maneras prácticas todos los días.

Evelyn: Claro, así es. El pequeño James (uno de mis nietos) cursaba el grado de preescolar. Me causa algo de gracia, aunque en ese momento no fue así. Teníamos una de nuestras reuniones de la Unión de Mujeres Cristianas en la casa de Kay Arthur,  y yo como presidente, tenía un folleto con el itinerario. Había escrito en la computadora lo que íbamos a hacer y todo estaba allí. Y pensé, puedo imprimir esto mientras empaco.

Tenía la ropa lista para empacarla, encendí la impresora y traté de imprimir pero nada sucedió. Lo hice una y otra vez. No funcionaba. Así que finalmente dije: Tendremos esta conferencia sin folletos. Ni hablar. Pero entonces pensé: Voy a llamar a Curt tal vez él sepa qué hacer.

Él estaba en un algún lugar y no podían localizarlo. Así que su esposa y su hijo James, en el preescolar, al no encontrar a Curt, decidieron orar. Se pusieron de rodillas y pidieron por la impresora de la abuela.

Empaqué algunas prendas en la maleta y pensé: Bien, voy a intentarlo de nuevo. Regresé a la impresora cuando de repente, prrrrrrrr la máquina imprimió. ¡Fue sorprendente!

Nancy: ¿Crees que Dios le presta atención a folletos, computadoras e impresoras?

Evelyn: Sí lo hace, pero le presta más atención a los nietos. Y James, bueno, él creció con esa experiencia. Dios respondió. James no estaba pensando en que su mamá o su abuela habían orado.

Nancy: En que él había orado.

Evelyn: Él oró y Dios respondió. La vida de oración en familia es asombrosa, es emocionante, es divertida, es sorprendente.

Nancy: Y de cuánto se pierden las familias por la falta de oración de los padres, de los abuelos y de los hijos. Viven sus vidas dentro del reino de lo natural, lo explicable, lo reparable, lo que ellos pueden hacer y manejar.

Evelyn: Y se pierden de lo que Dios tiene para todos nosotros.

Nancy: No ven lo que Dios puede hacer.

Evelyn: Es sorprendente, muy sorprendente. De hecho, escribí todo un libro hablando acerca de la oración por nuestras familias, llamado, ¿Qué sucede cuando oramos por nuestras familias?, y está disponible en español. Es muy emocionante porque allí hablo de toda clase de temas. Mi segunda hija, que se llama Nancy, también escribió en el libro. Escribió: «Cuando llamo a casa y mamá dice, “vamos a orar”, yo sé que orarán y puedo depender de sus oraciones».

Ahora este es otro punto. Yo pienso que muchos de nosotros decimos, «oraré por ti», pero no lo decimos con un sentido real, porque por lo regular lo olvidamos ¿no es así? Mi hija Nancy comenta en el libro: «Sé que cuando llamo a casa, mi padres orarán». Es importante que los padres se den cuenta de esto. Ellos necesitan orar por sus hijos.

Nancy: A aquellas que son madres y nos escuchan, permítanme preguntarles lo siguiente:

  • ¿Saben tus hijos que cuando te llaman, orarás por ellos?
  • ¿Saben tus hijos que cuando tienen alguna necesidad pueden orar y que Dios escucha y responde sus oraciones?
  • ¿Ven ellos en tu casa evidencias de un Dios que escucha y responde a la oración?

Permíteme preguntarte lo siguiente: Cuando tus hijos salgan de casa y su fe sea probada y tengan que enfrentar la vida, ¿abandonarán la fe y dirán, «no vimos evidencia de que Dios sea real. Nunca le vimos obrar en nuestro hogar»? ¿O tendrán tus hijos un fundamento sólido para su fe desarrollado en sus vidas porque crecieron en un hogar donde había una madre que oraba?

Evelyn: Es un concepto sencillo. 

Tengo una nieta pequeña llamada Kathy. Nosotros pasábamos nuestras vacaciones en un lago donde pescábamos en aguas profundas y realizábamos esquí acuático.

Nancy: No me digas que tú esquías, Evelyn.

Evelyn: Me hicieron dejarlo hace cómo dos años, casi 3. Este será mi tercer verano.

Nancy: Eres una mujer extraordinaria.

Evelyn: Oh, simplemente me encanta hacerlo. Esa es una de las cosas a las que fue difícil renunciar. Pero me obligaron a hacerlo.

Toda la familia nos reuníamos allí en ese lago. Creo que Kathy tenía 4 años de edad, y no quería dejar a su abuela allí en el lago. Ellos tenían que irse una semana antes que los abuelos, así que ella se colgó de mi pierna. Si tienes nietos sabes a qué me refiero. Ella puso sus brazos alrededor de mi pierna, y llorando decía, «no voy a dejar a mi abuela, no la voy a dejar».

Le dije, «Kathy vamos a hablar un minuto. Mi mamá me contó un maravilloso secreto, y es que estamos tan solo a una oración de distancia. Aún cuando tenemos que estar muy lejos, no hay problema». Le dije, «Kathy, déjame te muestro cómo funciona. Junta tus manos como si estuvieras orando. Ahora levántalas muy arriba. Allí hacia donde señalan tus dedos, allí está Dios. Ahora, Kathy, abuela está en el lago y supongamos que es aquí dónde está tu codo derecho. No sé dónde estarás tú exactamente. Estarás viajando y te quedarás a dormir en algún lugar y harás más cosas. 

Abuela no sabrá dónde estás y nos sentiremos separadas y muy lejos».

Le dije, «Kathy el secreto es este. Mientras tú estás viajando, aunque ahora abuela está a tu codo derecho, Dios está arriba en la punta de tus dedos. Abuela orará por ti, Dios lo verá y dirá: “Oh, yo sé dónde está Kathy. Ella está ahí en el hotel, o está ahí en la autopista”. Dios sabe dónde estarás.

Oraré por ti, oraré que dondequiera que estés Él responda tu oración. Verás, Kathy, tú  no tienes que estar sola, porque Dios responderá tu oración dondequiera que vayas. Él te oirá y te responderá. Si yo oro: “No dejes que Kathy se canse” o “si ellos tienen hambre ayúdales a encontrar un restaurante agradable”, o lo que sea. Yo estaré orando por ustedes».

Ahora, tengo que decirles a las madres y a los padres, o a cualquier persona, sea niñera, maestra de escuela dominical, quien sea que haya prometido orar; asegúrense de orar. No desilusionen a los niños al decirles: «Oraré por ti» y luego no lo hacen, porque ellos pueden perder su fe en Dios. Pero si ese niño sabe que nunca estará solo… Mi madre me enseñó que solo estamos a una oración de distancia.

Esto ha sido precioso no solo para mi familia, sino que lo he podido enseñar en prisiones—en cárceles donde, en las más tristes de las circunstancias, los padres están separados de sus hijos.

Nancy: De cuánto ánimo es, para aquellos padres que no saben dónde se encuentran sus hijos o que tienen hijos que no caminan con el Señor, saber que mientras oran por ellos, Dios sí sabe dónde están.

Evelyn: Dios sabe dónde se encuentran. Incluso cuando estás emocionalmente alejada y tus hijos no hablan contigo. Algunas veces no es que ellos estén lejos, de hecho pueden estar en la habitación de al lado y no hablar contigo.

Pero aún así puedes orar a Dios. Y la mejor parte es que aunque Dios escucha cualquier cosa que le pidamos, Él trae a sus vidas lo que sabe que es mejor para ellos. Esto es algo precioso y quita mucha de la presión de estar separados; y es que estamos todos separados.

Tienes el nido vacío o es el primer día en el jardín de niños para tu hijo… Es algo traumático. 

Nancy: Es verdad.

Evelyn: Pero sabemos que solo estamos a una oración de distancia, y tú como intercesora, donde quiera que estés, seas padre o madre, puedes orar por ese hijo o por tu esposo.

Nancy: Eso iba a decir, podemos aplicar esto al matrimonio.

Evelyn: Exacto. Usé esta aplicación en una despedida de soltera para los novios. El novio era piloto. Les dije: «Él estará fuera mucho tiempo, pero no importa. Sara, tú puedes orar a Dios. Ambos, cuando estén solos, especialmente si sucede durante su luna de miel si a él le dan una asignación, ustedes por medio de la oración pueden estar unidos». Ese es un pensamiento increíble.

Nancy: La oración realmente une a las personas. Las trae a la unidad.

Evelyn: Es algo tremendo. Este es un gran tema, y claro, esto nos pone en un mismo sentir y somos conscientes de lo que Jesús nos ha prometido cuando oramos.

Nancy: Hablemos un poco más acerca de esto. ¿Cómo es que la oración une a las personas?

Evelyn: Tenemos un comité de oración y consejería, el cual se reúne una vez al mes desde 1973. Algunas de las personas, por supuesto, están en asilos, otras han fallecido y otras más jóvenes han tomado sus lugares. Pero hemos mantenido esa continua oración de común acuerdo. Estamos unidos en Jesús, lo cual es sorprendente.

Jesús prometió que «porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18:20 ). Cuando entramos a ese hogar, Dios y Jesús están presentes. No tenemos que decir muchas palabras introductorias y demás. Ya estamos ahí, y Él está con nosotros. Esto es un hecho—Jesús está en medio nuestro. Tenemos esa unión, esa unidad, ese mismo sentir—Hechos 1:14— que es tan hermoso.

Al subir al cielo Jesús les dijo a sus discípulos que esperaran en Jerusalén hasta que tuvieran poder, hasta que el Padre les diera lo que les había prometido en Hechos 1:8, «pero recibiréis poder». Ellos esperaron en unidad. Ellos esperaron en oración. Hechos 1:14 dice que «estaban unánimes».

Nancy: ¿Esto qué significa?

Evelyn: Significa, con una misma mente y un mismo corazón.

Nancy: ¿Y cómo se desarrolla esto? ¿Viene naturalmente, rápidamente o fácilmente, o es algo en lo que se debe trabajar?

Evelyn: Pienso que debe trabajarse, no lo desarrollas en la primera reunión. Debes reunirte por algún tiempo, aunque no necesariamente por 25 años.

Nancy: Tú has visto a Dios hacer una obra increíble en algunas iglesias cuando ellas comienzan a orar en un mismo sentir. Dinos cómo comenzó tu ministerio de oración, que inició en 1968.

Evelyn: Sí, en el 68; pero antes de ello, el primer llamado pudo haber sido, y pienso que así fue, cuando me convertí a Jesús e inmediatamente empecé a orar por aquellos vecinos que necesitaban a Jesús. Pero fue luego de esto, de mi niñez, ya en 1964, que tres de nosotras nos encontrábamos en nuestro nuevo edificio y todo iba bien—se duplicó la membrecía en cuatro años.

Nancy: ¿Te refieres a tu iglesia local?

Evelyn: Sí, el edificio de nuestra iglesia, la cual fue creciendo y creciendo.

Nancy: ¿Tu esposo era el pastor?

Evelyn: Si. Entonces, todo pasó en un momento en ese nuevo y grande auditorio. Tres de nosotras nos conocimos e inmediatamente pusimos nuestros brazos alrededor de cada una y empezamos a orar por la iglesia. Nos quedamos ahí, lloramos y le prometimos al Señor que oraríamos todas las tardes de cada jueves, lo cual lo hicimos por casi 4 años hasta que comenzamos más formalmente—que es el comienzo del que estabas hablando.

Nancy: Solo ustedes tres.

Evelyn: Solo nosotras tres.

Nancy: ¿Se desanimaron al pensar que solo eran ustedes tres? ¿Pensaron que debían ser 30 o 300 personas?

Evelyn: Eso fue lo más asombroso. Creo que debo decirlo. Esto no está en el libro porque dudé en escribirlo. Pero cuando nos reunimos por primera vez, no sabíamos lo que estábamos haciendo. No había mucho material escrito; Rozel Reeker había escrito algunas cositas al respecto pero en aquel entonces, en 1964, no había mucho material escrito sobre cómo empezar un pequeño grupo de oración con tres personas.

Así que una de las miembros dijo, «bueno, pienso que es mejor tomar un versículo de la Escritura y orar por lo que dice. Al menos debemos basarnos en la Escritura cada semana». Eso estaba bien. Y otra de ellas dijo, «bueno, ¿qué tal el Salmo 66:18?» Yo dije, «grandioso, ¿qué dice?» (No sabía lo que ese salmo decía, ahora lo sé). «Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará». Bueno, parecía algo sencillo, así que empezamos a orar el Salmo 66:18. 

No ores el Salmo 66:18 si no lo vas a hacer de corazón. Bueno, Dios comenzó a mostrarnos nuestros pecados—a las tres.

Nancy: Y estaban reuniéndose para orar por la iglesia.

Evelyn: Estábamos reuniéndonos para orar por la iglesia.

Nancy: Pero Dios dijo...

Evelyn: Dios nos dijo: «Ordenen sus vidas primero, queridas, y entonces oren por la iglesia».

Nancy: Comenzaron confesando sus propios pecados.

Evelyn: Comenzamos confesando grandes pecados. Ahora, ninguna de nosotras estaba viviendo en horrible pecado, de hecho, una de ellas… 

Nancy: ¿Lo primero que pensaste fue: «No sé qué gran pecado confesar»?

Evelyn: Bueno, no teníamos idea. Pero estuvimos pidiéndole a Dios que trajera a nuestras mentes cualquier pecado, como actitudes o cosas así. Y pudimos ver algunos de ellos y los confesamos. Estábamos tan agradecidas de tener esa hora de oración, que la siguiente semana nos volvimos a reunir.

Nancy: Habían terminado con el Salmo 66:18.

Evelyn: Pensamos que habíamos terminado, pero la siguiente semana pasó lo mismo. Pero aprendimos algo. Cada semana Dios estaba profundizando en nuestros corazones y encontrando cosas que eran «pequeños pecados», lo que nosotras llamaríamos «pequeños pecados», y finalmente cosas que no pensábamos que fueran pecados. Fue sorprendente.

Lloramos y sollozamos delante de Dios por seis semanas dolorosas—de las más miserables de mi vida. Lloramos.

Nancy: Sabiendo que no podían realmente orar por la iglesia hasta que…

Evelyn: Yo usaría la palabra «soltar» o «liberar». Es como si Dios no nos hubiera liberado para orar por la iglesia.

Nancy: … mientras no confesaran esos pecados que había en sus corazones.

Evelyn: Eran estas cositas, pecados «pequeños».

Nancy: ¿Cómo cuáles?

Evelyn: ¡Oh! Eso fue lo que el editor del libro me preguntó cuándo lo escribí. «Dime qué pecados cometen las esposas de pastor».

Nancy: Probablemente porque muchas personas piensan, «yo no sé qué confesaría». 

Evelyn: No vivía en adulterio, no hacía ese tipo de cosas; pero podía tener malas actitudes. Una de ellas se mostraba cuando estudiaba y enseñaba en la clase dominical. Estudiaba casi 25 horas a la semana. Realmente estudiaba. Hacía un esquema y le sacaba copias, y dentro de mí había esa actitud de, «aquí está mi esquema. Esto es lo que yo estudié».

No me había dado cuenta de que había orgullo en mí. Ese es un gran pecado delante de Dios, y fue terrible. Cosas pequeñas como esa, que ni siquiera pensamos que son graves… Yo no llegaba presumiendo: «Este es mi esquema, chicos privilegiados» ni nada así. Simplemente lo decía casualmente mientras los entregaba. Pero dentro de mí había esa pequeña sensación de que… bueno, realmente yo había trabajado duro, y no me daba cuenta que tenía esa actitud.

Nancy: Eran las actitudes del corazón las que Dios estaba tratando.

Evelyn: Eran actitudes del corazón y reacciones hacia las situaciones, reacciones hacia mis hijos donde podía ser amable pero no lo era. Eran esas cosas que parecían tan pequeñas, pero son pecados que los cristianos cometemos todo el tiempo. Y la única manera, creo yo, de realmente saber qué es lo que debemos confesar, es permaneciendo en la Palabra de Dios y permitiéndole traer convicción de pecado a través de la oración.

«Señor, escudriña mi corazón», eso fue lo que oramos durante aquellas seis semanas. «Señor escudriña nuestros corazones, escudríñanos». Y solo así se reveló el pecado. Una de las hermanas que pensábamos que era una creyente ejemplar, tenía una actitud hacia su esposo que no voy a mencionar por aquí. Pero tenía que ver con algo que ella no soportaba que su esposo hiciera, y el Señor tuvo que limpiarla de todo eso—tuvo que trabajar en su corazón esas cosas.

Nancy: Antes de que ella pudiera orar por la iglesia.

Evelyn: Oh sí. Finalmente, después de seis semanas...

Nancy: ¡Seis dolorosas semanas!

Evelyn: ¡Sí, dolorosas! ¡Muy dolorosas! Dios finalmente nos liberó (por decirlo así). Es como si de repente Él hubiera dicho, «adelante». Fue como poder decir Isaías 6:8: «Señor, envíame a mí» (parafraseado).

Annamarie: Escucha lo que sucedió en aquella iglesia luego de que esas mujeres oraran durante seis semanas, mañana en la continuación de esta conversación con Evelyn Christenson. Esta se basa en un libro escrito por ella titulado Lo que Dios hace cuando las mujeres oran (y está disponible en español). 

Para concluir, Nancy nos trae una última exhortación. 

Nancy: Tal como Dios le dijo a Su pueblo en 2 Crónicas 7:14: «y si se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra». Justo así lo hicieron aquellas hermanas dentro de su grupo de oración. Y si nosotras lo hacemos, Dios dice: «Yo oiré desde el cielo y perdonaré sus pecados y sanaré su tierra».

Annamarie: Llamándote a orar por un derramamiento del Espíritu de Dios en tu familia, en tu iglesia y en el mundo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Recuerda que la lectura bíblica para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jeremías capítulos 23 al 25.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio (Aviva Nuestros Corazones, Revive Our Hearts y Seeking Him).

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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