Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

¿Dónde está Dios en todo esto?, día 2

Annamarie Sauter: «¿Por qué?» Es lo que le preguntamos a Dios en nuestra humanidad, en medio del sufrimiento. Deborah Howard dice que en la eternidad no necesitaremos todas las respuestas.

Deborah Howard: Porque, frente a Su santidad, nuestra fe se purificará y perfeccionará, y luego podremos confiar en Él por completo, y saber que todo lo que trajo a nuestras vidas fue para bien.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy continuamos con la serie titulada, ¿Dónde está Dios en todo esto?

Nancy DeMoss Wolgemuth: Un escritor dijo en una ocasión que el sufrimiento puede ser cualquier cosa, desde el inconveniente de tráfico pesado, el pago de impuestos, hasta enfermedades graves o terminales—y todo lo que está entre esas cosas.

La pregunta es, ¿cómo respondemos al sufrimiento? ¿Cómo crecemos por medio de él?  ¿Y cómo dejamos que Dios lo use en nuestras vidas para hacernos más como Jesús? Hoy continuamos conversando con Deborah Howard acerca de esto. De hecho, ella es autora del libro, ¿Dónde está Dios en todo esto? Encontrando el propósito de Dios en nuestro sufrimiento (disponible en inglés). Si te perdiste la primera parte de esta conversación, encuéntrala en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com

Deborah, gracias por estar de nuevo con nosotras aquí en Aviva Nuestros Corazones. Gracias también por ayudarnos a explorar estas preguntas y problemas difíciles con los que tenemos que luchar —si es que queremos tener el tipo de relación que el Señor quiere que tengamos con Él.

Deborah: Gracias, Nancy. Es bueno estar aquí con ustedes.

Nancy: Deborah, trabajas como enfermera en un hospital para enfermos terminales, lo que significa que cuidas personas que están en las últimas etapas de su vida. De hecho, has escrito un libro sobre el tema, llamado Sunsets (Puestas de sol, disponible en inglés), y es acerca de caminar a través de los últimos momentos de la vida.

Entonces, como enfermera, al tratar con personas que enfrentan su último tiempo de vida y los problemas que esto puede conllevar, debes haber visto personas lidiando con preguntas como: «¿Por qué? ¿Dónde está Dios en todo esto? ¿Por qué yo? ¿Por qué estoy pasando por esto?»

Deborah: «¿Qué hice para merecer esto?» Esta es otra pregunta que escucho con frecuencia, incluso cuando no se trata de ellos mismos sino de otro miembro de la familia. He escuchado: «¿Qué hizo él para merecer esto?» «Ojalá me hubiera sucedido a mí», (porque esta otra persona que es un miembro de la familia ha vivido una vida ejemplar). Es casi como si pensaran que si vivimos una vida ejemplar o una vida dedicada a Cristo, estaremos exentos del sufrimiento.

Se sorprenden, a pesar de que Pedro dice que no deberíamos sorprendernos por estas pruebas sino que debemos esperarlas. Jesús dice: «En esta vida tendrán aflicción». Pero Él no nos deja allí. Él dice: «Confiad, yo he vencido al mundo». La victoria ya está asegurada, y es por eso que podemos regocijarnos en nuestros sufrimientos, porque Él no nos deja allí. Al final Él nos da la victoria.

Nancy: Así es. Ahora, eso no quiere decir que no duela; eso no quiere decir que no haya lágrimas. Recientemente, en mi propio tiempo de quietud estaba leyendo de nuevo el libro de Job, y puedes ver la angustia de un hombre que tiene un dolor insoportable y que ha sufrido pérdidas enormes. Pérdidas una tras otra, vez tras vez, y amigos que no saben cómo ayudar en esas circunstancias.

Y lo oyes preguntar: «¿Por qué? ¿Dios, dónde estás? ¿Por qué está pasando esto? Habría sido mejor si yo nunca hubiera nacido». Job estaba lidiando con gemidos profundos del alma y siendo muy honesto ante Dios.

Deborah: Así es, y eso es un asunto de justicia. Estamos cuestionando la justicia de Dios cuando hacemos esas preguntas.

Nancy: Y dices en tu libro que no es necesariamente malo hacer estas preguntas.

Deborah: No, no está mal hacer preguntas, pero no debemos quedarnos allí. Quiero tratar de alcanzar a personas que hacen estas preguntas y ayudarlas a comprender los propósitos del sufrimiento…para que se muevan de la duda a la fe. Cuanto más entiendas sobre la forma en que Dios trabaja en tu vida, mejor preparada estarás para pasar por cualquier tipo de prueba.

Cuando lo miras así, tomas a alguien como el apóstol Pablo, quien probablemente fue el cristiano más ejemplar del que se nos habla en las Escrituras, y miras su vida. No fue todo color de rosas, no. Enfrentó más sufrimientos de los que cualquiera de nosotras enfrentará.

Uno podría pensar, «Dios se ha ensañado con ese tipo, mira lo que está haciendo y cómo está sufriendo». Pero esto es porque nuestro sufrimiento no depende de cuán buenos o malos somos. Nuestro sufrimiento es traído a nuestras vidas por un Dios justo y bueno que ha planificado nuestras vidas, que ha entretejido este sufrimiento en nuestras vidas para lograr un resultado.

Es como alguien que está creando una escultura y trabaja el mármol con un cincel hasta que la escultura se asemeja a lo que tiene planificado. Eso es lo que Dios hace con nosotros. El sufrimiento es como un cincel en Sus manos que nos da forma hasta moldearnos a la imagen de Su Hijo.

Nancy: Y ese proceso es doloroso.

Deborah: Ese proceso es casi siempre doloroso.

Nancy: Creo que tenemos que empezar diciendo que hay algunas preguntas que no tendrán respuestas de este lado de la eternidad y que nuestra confianza en Dios debe ser tal que podamos vivir con el misterio, que no sintamos que Él nos debe una explicación por todo lo que Él está haciendo, o por cualquier cosa que Él está haciendo.

Sin embargo, en Su Palabra, Él ha revelado algunos de sus propósitos para nosotros. Tú exploras varios de estos propósitos en tu libro ¿Dónde está Dios en todo esto?, y abordamos algo de esto en el episodio anterior. Dijiste que el gran propósito de Dios es que el sufrimiento sea una herramienta para nuestra santificación, para conformarnos a la imagen de Cristo.

Pero hay otros propósitos para nuestro sufrimiento. Hablemos sobre cuáles son algunos de ellos y cómo el sufrimiento puede ser beneficioso y puede tener un fin realmente valioso en nuestras vidas. ¿Cuál es otro propósito que Dios puede tener para nuestro sufrimiento?

Deborah: En mi libro hice dos divisiones. Una es una lista de los propósitos de Dios para el sufrimiento—propósitos comunes cada vez que sufrimos. Vamos a experimentar estas cosas como resultado de pasar por aflicciones.

La segunda división tiene una lista más especializada. Puede que no los experimentemos todos con cada sufrimiento, pero son propósitos que se encuentran en las Escrituras, por lo que también los incluí.

Uno que es común a todo tipo de sufrimiento ya lo mencionaste, y es completar nuestra santificación. Pero también, a través de nuestro sufrimiento, llegamos a un lugar donde el sufrimiento mismo nos lleva a Dios porque nos damos cuenta de que, en última instancia, no tenemos el control de nada. Dios está en control de nuestras vidas, y nos damos cuenta de que Él, como el único que puede hacer una verdadera diferencia en nuestras vidas, es el que es fiel para cumplir las promesas que nos ha hecho.

A través del sufrimiento Dios atrae nuestras almas hacia Él.

Nancy: Y mencionaste las promesas de Dios. Es el sufrimiento lo que nos ayuda a comprobar las promesas de Dios y a confiar en que son verdaderas.

Deborah: Y la repetición aquí es algo que es de gran ayuda para nosotras. La primera vez que pasamos por una prueba descubrimos que Dios es fiel para llevarnos a través de esa prueba. Con pruebas posteriores reconocemos que Él siempre es fiel. Y bueno, eventualmente llegamos al punto en el que, incluso antes de que la prueba llegue, sabemos que en cualquier cosa que Dios traiga a nuestras vidas, Él será fiel para llevarnos a través del proceso, y que el resultado será para nuestro bien y para Su gloria.

Nancy: En la semana previa a esta conversación, en áreas de pequeños sufrimientos en mi vida—desafíos a los que me enfrentaba— me encontré recordando cómo en pruebas y problemas pasados Dios ha sido tan fiel… Él ha demostrado ser fiel. Tengo un historial con Dios y Él nunca ha fallado; Él ha cumplido Sus promesas.

También me vi cantando un par de veces el himno que dice: «Nada me falta pues todo provees. Grande, Señor, es Tu fidelidad». Esto ha sido de ánimo para mí en esas «aflicciones leves y momentáneas», el recordar que Dios ha provisto todo lo que he necesitado en el pasado. Así que puedo confiar en que Él proveerá  lo que necesito para el presente.

Deborah: Eso es muy cierto. Otro de los propósitos que me gustaría mencionar es que, a través de nuestros sufrimientos, Dios nos enseña a confiar en Él una y otra vez, y nos da la oportunidad de ser de testimonio para los demás. La gente no se da cuenta, pero siempre hay personas que observan tu vida. Están observando tu actitud, la forma en que respondes a las circunstancias, y el sufrimiento nos da una gran oportunidad para ser de testimonio a los que nos rodean.

¿Enfrentamos los sufrimientos con una actitud sumisa, dulce, humilde a lo que sea Su voluntad para nuestras vidas? ¿O dudamos y lo maldecimos? ¿Nos alejamos de Él? La gente está mirando, y para un mundo que observa es importante que tengamos en cuenta las promesas de Dios, que guardemos una actitud sumisa cuando Él trae sufrimiento en nuestras vidas.

Y la forma en que podemos hacerlo es cuando recordamos quiénes somos y quién es Él.

Nancy: Me encanta una cita de Oswald Chambers en su libro En pos de lo supremo, que dice, «nuestras circunstancias son los medios de manifestar (a los demás) lo maravillosamente perfecto y extraordinariamente puro que es el Hijo de Dios».

Así que cuando ven nuestra respuesta de confianza en el Señor, de amor por Él, y ven cómo respondemos a Él en estas circunstancias difíciles, estamos reflejando a Cristo. Si pasamos por la circunstancia con duda, ira, resentimiento, con un espíritu exigente, lo que realmente estamos reflejando es que el Dios al que servimos y el Cristo al que decimos que pertenecemos no es digno.

Entonces, nuestras circunstancias, nuestro sufrimiento, realmente se convierten en un poderoso medio para testificar a otros. Y en ocasiones aún sin palabras podemos testificar a otros de quién es Dios en realidad.

Deborah: Recuerdo algo que dijo Spurgeon en uno de sus sermones. Él hablaba de cómo los cristianos, en medio de sufrimientos graves, pueden reflejar más alegría que las personas sanas sin el amor de Cristo.

Nancy: ¡Qué poderoso es eso!

Deborah: Sí, ¡qué poderoso es para otras personas que son testigos de esto! Así que a veces sin decir una palabra, hablamos alto.

Nancy: Mencionas en tu libro al Dr. Josef Tson, que es un amigo mío. . .

Deborah: ¿¡En serio!?

Nancy: Sí, lo conozco desde hace muchos años, y él fue, como sabrás, perseguido por su fe durante años, bajo el régimen de Ceausescu en Rumania, antes de que el comunismo en ese lugar cayera. Posteriormente fue exiliado a los Estados Unidos. Tuviste la oportunidad de escuchar al Dr. Tson cuando habló en tu iglesia y compartió una ilustración de cómo Dios usa el sufrimiento para proporcionar un medio para testificar a otros.

Deborah: El Dr. Tson fue un testimonio poderoso para mí cuando habló de la persecución que había sufrido. Él contó que una vez le apuntaron con una pistola, y él le dijo a su opresor, «adelante, mátame, porque en el momento en que me mates, mis palabras volarán y serán más poderosas y se extenderán más allá de lo que jamás podría haber escrito».

Este soldado se dio cuenta de que lo que Josef decía era cierto y habló con sus superiores. Lo extraño fue que entendieron que lo que dijo se cumpliría si lo mataban. No querían martirizarlo, así que el régimen comunista lo protegió para asegurarse de que no le pasara nada.

En mi libro utilizo un ejemplo tomado de esto, que fue de gran aliento para mí. Doy gracias a Dios por los testimonios que él compartió. Si nunca hubiera pasado por el sufrimiento que Dios trajo a su vida, nadie jamás habría escuchado hablar a Josef Tson. Su testimonio no habría sido tan poderoso.

Entonces, fue a través del sufrimiento que él pudo alentar y fortalecer la fe de millones de personas.

Nancy: Sí, me incluyo. Hace que te preguntes, «¿a quién quiere Dios alentar y fortalecer en la fe como resultado de mi disposición de aceptar las cosas duras (los sufrimientos) que Él trae a mi vida?» Entonces, hay un propósito no solo para mí, sino para aquellos que serán edificados como resultado de ello.

Deborah: Una amiga mía estaba muriendo de cáncer en el hospital, y la enfermera entró y dijo, «pobrecita, debes estar tan asustada».

Mi amiga dijo, «no tengo miedo, soy cristiana». Y lo dijo muy casual, muy tranquila. Y luego, durante los días que siguieron, pudo compartir su fe, porque esta enfermera que no era creyente, quedó tan impresionada que volvió y habló con ella. Mi amiga pudo testificarle varias veces.

Nancy: Entonces podemos ver que el sufrimiento es para la gloria de Dios, pero también es para nuestro bien y para la edificación de otras personas. No podemos escribir el guión; no podemos ver la imagen completa que Dios está pintando (la imagen en el tapiz como dijimos en el episodio anterior), pero podemos estar seguras de que se trata de una bella imagen, un hermoso tapiz, y que Sus propósitos son confiables.

Ahora, también explicas algunos propósitos de Dios que se aplican en ciertos tipos de sufrimiento y en algunas situaciones cuando Dios nos disciplina, nos castiga o nos purifica del pecado. ¿Cómo usa Dios el sufrimiento de Sus hijos como medio para disciplinarnos cuando somos rebeldes?

Deborah: Solo tienes que recordar cuando fuiste disciplinada siendo una niña. Tenía un propósito. Incluso en tu vida, Nancy, ¿recuerdas alguna vez en tu infancia que te castigaron por romper alguna regla del hogar?

Nancy: Sí, creo que cada una de nosotras puede identificarse con momentos así. Cualquiera que haya tenido padres sabios sabe lo que es ser corregida por desobedecer.

Deborah: Y Dios hace eso, también. Nuestros padres, aunque pueden tener buenas intenciones y pueden ser muy buenos padres, no son perfectos. Bueno, Dios nuestro Padre es perfecto, y la disciplina de Sus hijos es perfecta.

Él no va a impartir más disciplina de la que se debe, y de hecho, debemos sentirnos honradas por ser consideradas Sus hijas.

Nancy: Lo que describes es exactamente lo que dice ese maravilloso pasaje en Hebreos capítulo 12: «Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos».

Deborah: De hecho, dice, comenzando en el versículo 7:

«Es para su corrección que sufren. Dios los trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? Pero si están sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces son hijos ilegítimos y no hijos verdaderos. Además, tuvimos padres terrenales para disciplinarnos, y los respetábamos, ¿con cuánta más razón no estaremos sujetos al Padre de nuestros espíritus, y viviremos?»

También, el autor trae a colación el hecho de que nuestros padres nos disciplinaban por un breve tiempo como mejor les parecía, pero Dios lo hace para nuestro bien, para que participemos de Su santidad. Luego, en el versículo 11, encontramos esta famosa frase, «al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza». ¿No es eso cierto?

Nancy: Sí, absolutamente.

Deborah: Aun como hijas del Padre podemos descarriarnos, podemos alejarnos de una vida que lo glorifique a Él, pero ¿no nos trae paz saber que cuando hacemos eso, Él nos trae de vuelta al redil? A veces lo hace a través de la disciplina y a través de esta somos llevadas a participar de Su santidad.

Estamos cada vez más siendo transformadas a la imagen de Su Hijo, y eso también se lleva a cabo a través de la disciplina.

Nancy: Déjame leer una vez más el versículo 11 de Hebreos 12, ya que trata todo este punto: «Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia».

Está hablando de alguien que no ha resistido o resentido la disciplina. No la evita sino que la recibe. Y una vez que ha sido entrenada por ella, una vez la ha recibido, una vez la ha aceptado, una vez que ha dejado que cumpla su propósito en su vida, entonces después—no sabemos en cuánto tiempo, solo Dios sabe— pero con el tiempo producirá fruto apacible de justicia.

Deborah: Si dependiera de nosotras, nunca llegaríamos a ese punto realmente, pero podemos confiar en la gracia de Dios, la gracia que nos lleva a darnos cuenta de estas cosas.

Nancy: De hecho, este pasaje continúa diciendo en el versículo 15: «Cuídense de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura, brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados».

Así que Dios quiere darnos de Su gracia en nuestro tiempo de sufrimiento. Él quiere darnos la capacidad, el deseo, el poder, para crecer a través de esas dificultades. Pero si rechazamos Su gracia, si decimos: «Yo quiero manejar esto por mi cuenta» o «no voy a recibir este sufrimiento en mi vida», entonces no nos disponemos a obtener la gracia de Dios, y como resultado una raíz de amargura brota en nuestras vidas y nos causa problemas, y muchos son contaminados.

Así que tenemos una elección por delante al enfrentar el sufrimiento, ¿recibiré esto y dejaré que se cumpla el objetivo diseñado por Dios para mi vida, para que pueda ser de bendición para los que me rodean? ¿O lo rechazaré y dejaré que brote una raíz de amargura, y como resultado muchos sean contaminados?

Deborah: Así es, y hay tantas vidas que han sido destruidas por la amargura. De hecho, hay muchas personas que dicen que en medio de la prueba no pueden orar, y se alejan de Dios, y eso es algo muy triste. Se están alejando de la fuente de verdadero consuelo y fortaleza. Si son verdaderos creyentes en Él, Dios los traerá de vuelta y les dará la capacidad de ver qué pecados deben confesar y los traerá de nuevo a una posición en la que su fe pueda ser restaurada.

Nancy: Así es. Y si estás escuchando hoy este mensaje, no sé dónde o cómo te encuentras, pero sé que todas enfrentamos momentos en los que nos preguntamos, ¿dónde está Dios en todo esto? ¿Cuáles son Sus propósitos con este sufrimiento? 

Mencioné que recientemente había leído la historia de Job y el horrible sufrimiento por el que pasó. Es interesante cómo capítulo tras capítulo tras capítulo él (Job) y sus amigos hacen preguntas desafiantes, «¿dónde está Dios? ¿Por qué yo? ¿Por qué está pasando esto?» Los amigos están tratando de dar respuestas que no parecen ser de mucha ayuda. Pero en el análisis final, lo que realmente hizo la diferencia en la vida de Job fue cuando Dios habló, y cuando él oyó a Dios decir: «Este es quien soy».

Dios no le explicó todo lo que había hecho o por qué lo había hecho. Creo que a veces tenemos esta imagen de que, cuando lleguemos al cielo, Dios va a hacer una gran presentación de PowerPoint para explicarnos todas las razones por la que Él hizo las cosas.

Dios ciertamente podría hacer eso, pero tengo la sensación de que cuando lleguemos al cielo y lo veamos como Él es, no tendremos que tener todas las respuestas.

Deborah: Esas cosas ya no serán importantes porque ante Su santidad nuestra fe será purificada y perfeccionada, confiaremos en Él completamente y sabremos que todo lo que Él trajo a nuestras vidas fue para bien. Y esto es algo con lo que en el presente tendremos que luchar.

La respuesta final para la pregunta, ¿dónde está Dios en todo esto?, es que Él tiene toda la razón. Es Su plan, son Sus pensamientos perfectos, es Su sabiduría, Su voluntad y es Su poder que participan de las cosas que ha ordenado para nuestras vidas. Y Él también nos dará la gracia para entender lo que quiere que entendamos y para confiar más en Él.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth y Deborah Howard te han traído palabras de esperanza. También han compartido contigo una perspectiva que te ayudará a atravesar el sufrimiento, y no solo como quien sobrevive en la vida cristiana, sino como quien vive una vida abundante en Cristo.

¿Qué están aprendiendo acerca de la oración aquellos que ven tu vida? ¿Pueden ellos percibir que tú te apoyas en Dios? ¿Pueden ellos ver que Dios responde las oraciones? Exploremos estas preguntas juntas en nuestra próxima serie. Evelyn Christenson conversa con Nancy sobre la manera en que la oración te puede cambiar a ti, a tu familia, a tu iglesia, y al mundo. Te esperamos mañana, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Confiando en Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Jeremías capítulos 10 al 12.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

Oh, Tu Fidelidad, Diana Cardona.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Sobre el invitado

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Deborah Howard

Deborah Howard, enfermera registrada, CHPN (Hospicio certificado y enfermera paliativa), y su esposo Theron, viven cerca de Little Rock, Arkansas, donde ella divide su tiempo entre escribir, leer y trabajar como enfermera de hospicio. Ella ha trabajado en diversos campos de enfermería.

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