Aviva Nuestros Corazones Podcast

Cristo, nuestro Sacerdote y Rey, día 4

Annamarie Sauter: El Juez Guerrero y Conquistador te fortalece en medio de la batalla.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Debemos ser llenadas para poder ser vaciadas. Somos refrescadas y avivadas para seguir adelante hasta que la conquista esté completa.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Hoy Nancy continúa con la serie titulada, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey».

Nancy: En esta serie, durante la Semana Santa, hemos estado estudiando el Salmo 110, y hemos hecho referencia al Día de la Ascensión, el día en que conmemoramos la ascensión de Cristo de la tierra al cielo, a la diestra del Padre, y es un pasaje del Antiguo Testamento lleno de misterios. Y siento que he visto un poco del brillo del significado de estos misterios, y sigo encontrando más y buscando más. Pero vemos a Cristo. Esta es una imagen de Cristo en el Antiguo Testamento.

Lo hemos visto como el Rey de reyes, exaltado, como el eterno Gran Sumo Sacerdote, y hoy lo veremos como el Juez supremo y el Guerrero conquistador. Así que permíteme leer el Salmo 110, y nuevamente hablaremos de los últimos tres versículos de este pasaje tan importante, que es mencionado tan frecuentemente en el Nuevo Testamento.

Y de nuevo, si te perdiste los primeros tres programas, quizás te preguntes… «¿De qué están hablando?», así que puedes ir a AvivaNuestrosCorazones.com y escuchar los audios o leer las transcripciones. Vale la pena retomar esas sesiones de los últimos tres días. Y bueno, vamos a leer la Palabra del Señor.

Salmo 110: Salmo de David:

«Dice el SEÑOR (Jehová) a mi Señor (el Señor de David, Adonai, el Mesías; el Padre le está hablando al Hijo): Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

(Y luego el salmista le habla al Mesías) «El SEÑOR extenderá desde Sion tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos. Tu pueblo se ofrecerá voluntariamente en el día de tu poder; en el esplendor de la santidad, desde el seno de la aurora; tu juventud es para ti como el rocío».

Versículo 4: «El SEÑOR ha jurado y no se retractará: Tú (Cristo, el Mesías) eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. (Así que tenemos la imagen de Cristo, el Mesías, como Rey y Sacerdote. Y luego en los últimos tres versículos, el salmista habla sobre el Mesías al Padre).

«El Señor (aquí no está hablando sobre Jehová, sino sobre el Mesías) está a tu diestra (¿la diestra de quién? del Padre, de Jehová); (Cristo) quebrantará reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará cabezas sobre la ancha tierra. Beberá del arroyo en el camino; por tanto Él levantará la cabeza» (vv.5-7).

Esta es la Palabra del Señor.

Ahora, este salmo, como hemos estado diciendo estos últimos días, comienza con la exaltación, la coronación del Mesías después de Su resurrección. Cristo regresa al cielo, y Dios le dice: «¡Bienvenido a casa, Hijo!»

Él es el Cristo glorificado. Todavía posee un cuerpo físico, pero ahora es un cuerpo glorificado. Se le invita a sentarse a la diestra del Padre; fue coronado en el trono de Dios. Así es como este pasaje inicia. El pasaje termina con la conquista mundial de Cristo, ese Rey exaltado y Sacerdote eterno, al final de los tiempos tiene una conquista mundial.

Así que hemos ido desde la ascensión, cuando Cristo es coronado a la diestra del Padre, a cómo Él extiende Su reino y conquista a todos Sus enemigos en la consumación de la historia redentora, hasta el fin de los días.

Ahora leemos en el versículo 5, que el Señor quebrantará a reyes, el Mesías quebrantará a los reyes en el día de Su ira. Leímos en el versículo anterior, en el versículo 3, acerca del día de Su poder. Pienso que todo esto sucede en un mismo día.

El Día del Señor es mencionado en toda la Escritura. Es un día de gran terror, de gran juicio para aquellos que han resistido la fe, la invitación de Cristo a venir y creer y ser salvos. Ellos han dicho: «¡No, no queremos que Tú reines, que Tú gobiernes sobre nosotros!» Así que, finalmente, el día del juicio vendrá.

Nadie de este mundo será juzgado sin tener una oportunidad de creer y arrepentirse de sus pecados y rendirse a Cristo. Esto no es algo injusto o desigual o errado de parte de Dios. Él ha dado oportunidad tras oportunidad tras oportunidad de escuchar el evangelio, de creer, de arrepentirse y de obedecer.

«Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan», dice el libro de los Hechos capítulo 17 versículo 30. Y de esa forma, el día de Su ira es el Día de Su poder, la venganza del Señor de Sus enemigos, y es cuando y donde Él establecerá Su reino, y Sus leyes en toda la tierra.

¡Así que vemos al Mesías quebrantando reyes, ejecutando el juicio, llenando las naciones con cadáveres, quebrantando líderes por toda la tierra! ¡Este no es un pasaje de calma, de paz! ¡Esta no es una imagen de paz! Ahora, observamos al Mesías, en el principio de este salmo, sentado a la diestra del Padre.

Así que te preguntas, «¿y cuál es entonces?» Bueno, hay un tiempo para sentarse, un tiempo de estar tranquilo, y un tiempo para levantarse y pelear. Y Jesús sabe exactamente cuándo es el tiempo del Padre y qué es lo que Él estará haciendo.

Por lo tanto, el Príncipe de Paz del que leemos en Isaías capítulo 9 versículo 6, Melquisedec, el rey de Salem, el rey de paz, el príncipe de paz, también es un guerrero. Es un rey conquistador, es el supremo juez.

Ahora, en general no nos sentimos tan cómodas con esta imagen de Cristo, el Rey conquistador, Guerrero y Juez, como lo estamos con el pequeño bebé en el pesebre, ese rey gentil, Jesús, humilde y bondadoso… alimentando a las multitudes y sanando a los enfermos y haciendo que el cojo camine y que el ciego vea. ¡Todas esas imágenes nos encantan!

Amamos al Cristo sufriente que muere por nuestros pecados, el Principe de Paz, el único que habla paz en la tormenta. Pero cuando lo vemos venir conquistando y quebrantando reyes, ejecutando juicio, llenando las naciones con cadáveres… este es un lenguaje muy vívido. Es un lenguaje de batalla. Él está quebrantando líderes por toda la tierra.

Bueno, y esta no es una imagen muy bonita. Quiero decir, ¿a quién le gusta la guerra? ¡A nadie! Pero eso es parte de todo el plan redentor de Dios que inició antes de la creación del mundo, y que fue puesto en acción con la caída del hombre, cuando comieron de la fruta prohibida y declararon su rebelión, su independencia de Dios.

Y desde ese punto en adelante, Dios ha estado trabajando para ganar amigos para Él, niños para Él, creyentes, seguidores, para redimir aquellos que estaban perdidos a causa del pecado. Pero para aquellos que se rehúsan, Él siempre ha dicho: «Llegará el tiempo en el que experimentarán el juicio del Cordero». El Cordero de Dios se transformará en el León de la Tribu de Judá.

Así que necesitamos esta imagen completa para completar la historia redentora. En las Escrituras, nunca ha habido salvación sin que haya juicio de forma paralela. Y donde hay juicio, también tienes el paralelo de la redención amorosa de Dios y Su salvación.

Estas dos posiciones corren de forma paralela. No puedes tener salvación si no hay nada que salvar. ¿Y de qué somos salvas? Somos salvas de la ira de un Dios santo en contra de los que han pecado.

Somos salvas, no por las obras de justicia que hayamos hecho, sino por causa de Cristo –el Sacerdote, el Cordero, el Sacrificio– que ha pagado el precio por nuestros pecados. Él nos invita a venir, a recibir Su sacrificio, a creer y ser salvas. Pero para aquellos que no son salvos hay un juicio y la ira de Dios. Puedes ver este tema a través de toda la Escritura.

Permíteme leerte, y no puedo pensar una mejor forma de comunicar esto, que leer dos pasajes bastante largos –uno en el Antiguo Testamento y otro en el Nuevo Testamento– que nos enseñan cómo la salvación y el juicio se contraponen uno al lado del otro.

Y en Éxodo capítulo 15, (he estado leyendo este pasaje en mi tiempo devocional en los últimos días) tenemos la canción de Moisés y de los israelitas después del milagro que Dios hizo al sacarlos de Egipto (primero al matar a los primogénitos de las familias egipcias), luego llevándolos al mar Rojo, y entonces llevándolos a través del mar Rojo de manera segura, y finalmente arrojando al ejército egipcio que los perseguía a las profundidades de las aguas del mar Rojo.

Y cuando los hijos de Israel estuvieron a salvo en la otra orilla –salvos, salvados y redimidos– ¡Moisés y los hijos de Israel empezaron a cantar!, y esto es parte de lo que cantaron en Éxodo capítulo 15: «El Señor es fuerte guerrero; el Señor es su nombre. Los carros de Faraón y su ejército arrojó al mar, y los mejores de sus oficiales se ahogaron en el mar Rojo. Los abismos los cubren; descendieron a las profundidades como una piedra. Tu diestra, oh Señor, es majestuosa en poder; tu diestra, oh Señor, destroza al enemigo» (vv. 3-6). Exactamente lo que estamos leyendo en el Salmo 110.

Versículo 7: «En la grandeza de tu excelencia derribas a los que se levantan contra ti; envías tu furor, y los consumes como paja». Versículo 14: «Lo han oído los pueblos y tiemblan; el pavor se ha apoderado de los habitantes de Filistea. Entonces se turbaron los príncipes de Edom; los valientes de Moab se sobrecogieron de temblor; se acobardaron todos los habitantes de Canaán. Terror y espanto cae sobre ellos; por la grandeza de tu brazo quedan inmóviles, como piedra…»

Esto quiere decir que se volvieron como rocas muertas, inmóviles. ¡Ellos estaban muertos de miedo, literalmente! «Hasta que tu pueblo, oh Señor…» Recuerda que hemos estado diciendo a través de todo este salmo que tenemos al pueblo de Dios y que tenemos a los enemigos de Dios. Ambos han estado presentes en este salmo; ambos están en este pasaje de Éxodo capítulo 15. ¡Los enemigos de Dios son destruidos! «Hasta que tu pueblo pasa, oh Señor, hasta que pasa el pueblo que tú has comprado» (v.16).

El pueblo elegido de Dios –salvo, comprado y redimido… pero aquellos que se han rehusado a creer están abrumados por el juicio y la ira de Dios, la ira justa de un Dios santo que no quiere que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento. Pero si se niegan a arrepentirse, Él juzgará.

¡Y tenemos en el Antiguo Testamento en Éxodo, la escena, la imagen, una visión, del juicio final, cuando Dios hará temblar a todos los reyes de las naciones, los líderes y las personas, cuando los haga morir de miedo en el despertar del juicio justo del León de la Tribu de Judá!

Ahora, en Apocalipsis 19 vemos la culminación, la consumación del motivo de esta batalla. El Señor es un hombre de guerra. Apocalipsis capítulo 19 es probablemente mi capítulo favorito de toda la Palabra de Dios. Me encanta saber cómo termina la historia.

Ahora, no me gustan las partes que hablan de la matanza, que es la parte que vamos a estar leyendo hoy, pero me encanta pensar en el Hombre sobre el caballo blanco que viene: el grandioso Rey, el Sacerdote eterno, el Guerrero conquistador, el gran Juez supremo. Y lo vemos con gran alivio en este pasaje de Apocalipsis 19, empezando en el versículo 11.

Esto será después que Dios haya enviado muchos juicios a la tierra, como envió a Egipto, con la esperanza de que el pueblo se arrepintiera. Pero una y otra vez puedes leer en Apocalipsis (como también en Éxodo: «Se le endureció el corazón a Faraón y se negó a arrepentirse»). Puedes leer en Apocalipsis que el pueblo endureció su corazón y se negaron a arrepentirse. Así que, ¿qué es lo que hace el Dios justo? Exactamente lo que hace aquí mismo.

Apocalipsis capítulo 19, versículo 11:

«Y vi el cielo abierto, y he aquí, un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra… Y está vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es: El Verbo de Dios» (vv. 11 y 13).

Versículo 15: «De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro; y Él pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso. Y en su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES» (vv. 15-16).

Versículo 19: «Entonces vi a la bestia, a los reyes de la tierra y a sus ejércitos reunidos para hacer guerra contra el que iba montado en el caballo y contra su ejército. Y la bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que hacía señales en su presencia, con las cuales engañaba a los que habían recibido la marca de la bestia y a los que adoraban su imagen; los dos (la bestia y el falso profeta) fueron arrojados vivos al lago de fuego que arde con azufre. Y los demás fueron muertos con la espada que salía de la boca del que montaba el caballo, y todas las aves se saciaron de sus carnes» (vv.19-21).

Este es el cumplimiento de la imagen que vemos en Salmo 110. «El Señor está a tu diestra; quebrantará reyes en el día de su ira. Juzgará entre las naciones, las llenará de cadáveres, quebrantará cabezas sobre la ancha tierra» (v. 5 y 6).

Ahora, hasta este momento, en esta etapa, el reino de Cristo avanza por medio del testimonio de testigos del evangelio. (Hablamos de esto anteriormente en otra sesión). Y todas las personas están llamadas a someterse a Cristo como el Señor, no por coerción sino por opción.

Pero un día, el Único, quien Su vestidura sacerdotal se manchó con la sangre de Su sacrificio, aparecerá como el Rey de Reyes, el Sacerdote y Rey, el Rey y Sacerdote, para consumar Su conquista. Y luego toda rodilla y todo enemigo se arrodillará ante Él como Señor.

Así que el Salmo 110 revela a nuestro Mesías, el Señor Jesús, como el Rey de Reyes exaltado, el grandioso eterno Gran Sacerdote según el orden de Melquisedec y el Guerrero y Juez conquistador.

Pero hay un versículo que queda en este salmo, y a primera lectura parece no encajar. ¡Pero, oh, sí que encaja! Y me encanta ese versículo. Versículo 7: «Después de toda esta matanza, y guerra, y todas las conquistas...el versículo 7 dice: «(El Mesías) beberá del arroyo en el camino; por tanto Él levantará la cabeza».

Así que tenemos al Mesías, el gran Rey guerrero quien ha estado batallando en una intensa batalla –en un trabajo difícil, una labor ardua, una batalla brutalmente agotadora– y en medio de la batalla, Él se detiene en un arroyo a beber. Se detiene lo suficiente para reponer Sus fuerzas en el arroyo.

Y luego, Su cabeza es levantada; Sus ojos brillan. Sigue adelante con confianza, audacia, y fuerza, con energía para continuar en la batalla y para poder sobrellevar cada enemigo que se le oponga.

Ahora, no quiero que se entienda que Jesús el Señor se cansa, pero Jesús como hombre sabe lo que significa estar cansado, estar débil, necesitar comida, necesitar refrescarse, necesitar comida y bebida. Esta escena trae a mi mente una imagen que se encuentra en el libro de los Jueces capítulo 15, una escena después que Sansón (quien es una figura cuestionable) pero, ¿recuerdas cuando mató a miles de hombres con la quijada de un burro?

¡Qué batalla debió de ser esa! Y luego dice en Jueces capítulo 15, versículo 18:

«Después sintió una gran sed (estaba sediento, cansado de la batalla), y clamando al Señor, dijo: Tú has dado esta gran liberación por mano de tu siervo, y ahora, ¿moriré yo de sed y caeré en manos de los incircuncisos?»

Lo que Sansón está diciendo aquí, parafraseándolo es: «¡No lo voy a lograr! ¡Voy a morir! ¡He tenido esta gran victoria, pero moriré de sed!» Así que clamó al Señor en el versículo 19: «Y abrió Dios la cuenca que está en Lehi y salió agua de ella». Dios abrió esta cuenca y el agua brotó. «Y cuando bebió, recobró sus fuerzas y se reanimó (está hablando de Sansón). Por eso llamó a aquel lugar En-hacore (o “el manantial del que clamó”)». El manantial del que clamó.

Leí este pasaje y leí el Salmo 110, «beberá del arroyo en el camino…», este gran conquistador Rey Jesús. Ahora, Sansón no es en nada parecido a Jesús, pero él estaba sediento y necesitado en el medio de la batalla.

Y pienso con cuánta frecuencia mi debilidad, mi cansancio, mi sed me presionan para clamar al Señor de forma desesperada. Estaba haciendo esto esta mañana. Fue una noche larga. Ha sido una semana larga. En mi vida están ocurriendo muchas cosas… con mi familia extendida. Han estado ocurriendo muchas cosas.

Fue una noche larga, y me sentí débil y necesitada, pero cuando clamo al Señor, ¿qué es lo que sucede? Qué hace Él? Lo mismo que Él hace cuando lo llamas en tu debilidad, tu cansancio y tu necesidad. Él es el Único que milagrosamente puede proveer para que nuestras necesidades sean satisfechas.

Y así, Él nos da una fuente de agua para que nos satisfaga. Él golpea la Roca, Cristo Jesús, y hace que esas aguas fluyan hacia nosotras. Él nos fortalece con el agua de la Roca; nos refresca y nos envía de vuelta a la batalla con fuerzas renovadas y vigor.

Cuán a menudo mi propio corazón ha sido fortalecido en el medio de la labor, en el medio de la batalla, al meditar en este pasaje en el Salmo 110: «Beberá del arroyo en el camino; por tanto Él levantará la cabeza».

Aquí está el asunto: Debemos ser llenadas para poder ser vaciadas. Bebemos de la fuente, somos refrescadas y avivadas para seguir adelante hasta que la conquista esté completa. ¡Y a través de toda la Escritura, vemos cómo Dios provee ese tiempo para refrescarse, a los desesperados guerreros cansados! Arroyos al lado del camino…

Él lo hizo con Sansón, lo hizo con su siervo Elías en los tiempos de sequía. Lo hizo con Su pueblo en el desierto, cuando no había agua ni comida. ¡Y Él hará lo mismo por ti! «Él restaura mi alma; me lleva a verdes pastos a aguas de reposo, me guía por senderos de justicia por amor de su nombre» (Sal. 23:3-4). Pero me recuerda que cuando estás en el medio de la batalla, no puedes beber del arroyo en el camino.

Tienes que detenerte y beber de las aguas del arroyo que Él provee… lo que puede significar quizás, alejarte de la batalla, a veces por un corto período de tiempo y a veces por un período largo de tiempo.

No puedes estar –sea que estés con tus hijos o en tu trabajo o en la escuela, o en lo que sea que Dios te ha llamado a hacer– no podemos «estar» 24/7 en la batalla, si no damos un paso atrás, y tomamos un tiempo para alimentar nuestras almas y llenarlas.

Cristo en nosotras es la fuente de fortaleza y de frescura que necesitamos. Por esto es que necesitamos tiempo para beber del arroyo, Cristo la fuente de agua viva, lo necesitamos cada día, buscándolo como un manantial en nuestras vidas, en nuestros ministerios, en nuestro llamado…en lo que estés llamada a hacer.

No solo estoy hablando para personas que enseñan la Biblia a otras. Todas necesitamos esos «tiempos de refrigerio en la presencia del Señor», como dice Hechos capítulo 3 versículo 19. Necesitamos detenernos, beber de Cristo, y luego creer por fe que Él levantará nuestras cabezas, así como lo hace por Jesús, Su Rey, Sacerdote y Guerrero en el Salmo 110.

Luego, recuerda que el descanso que Él provee no es por el descanso en sí. No es para que podamos vivir una vida sin batallas. No nos detenemos en el arroyo para quedarnos en el arroyo. ¡La meta es ser avivadas y refrescadas de adentro hacia fuera, para que podamos volver a la batalla y unirnos a nuestro Señor Jesús, al gran Rey conquistador, Juez y Guerrero, unirnos a Él en la tarea de traer a todo el mundo a Su reino!

Quizás hay alguna mujer que nos está escuchando y que está cansada, alguna cansada de las batallas en estos días, alguna viuda que nos escucha, algunas ancianas, mujeres mayores, quizás una joven, o mujeres que están atravesando por grandes aflicciones físicas. Algunas están atravesando por aflicciones familiares en este instante. No sé cuál es tu batalla en estos momentos.

Todas estamos en una batalla para extender el reino y el poder de Cristo en el mundo, pero asegurémonos de detenernos y beber del arroyo cerca del camino, y confiar que Jehová levantará nuestras cabezas para que podamos volver a la batalla y seguir adelante.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth estará de regreso para compartir algo con nosotras y para orar.

Esta serie de programas que concluye hoy se titula, «Cristo, nuestro Sacerdote y Rey». Si has sido bendecida con este material, compártelo con otras mujeres. Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com y esoge cualquiera de las opciones que tenemos disponibles para compartir este programa fácilmente.

Bien, Nancy

Nancy: Toda la semana nos hemos enfocado en Jesús como nuestro Sacerdote y Rey, a la luz del Salmo 110. Algunos años atrás, escuché un mensaje maravilloso de parte del Dr. D. A. Carson del carácter de Melquisedec. El Dr. Carson repasó el Salmo 110 en los últimos minutos de ese sermón. Pensé que las ideas que él expone se mezclan hermosamente con lo que hemos estado viendo en esta semana. Escucha una porción de su sermón.

Dr. D. A. Carson: Tenemos un Salvador quien no es solamente el Rey, el Rey prometido que reina sobre nuestras vidas, quien se enfrenta a los enemigos de Dios. Él es el Rey. Él, Jesucristo, es el Conquistador, y debemos postrarnos en sumisión a Su reinado. Pero también Él es el Sacerdote.

¡Si Él es solo fuera el Rey, viviríamos con terror! Pero Él es también el Sacerdote. Él es el perfecto mediador entre Dios y el ser humano porque Él es Dios, y Él es un ser humano. Él ocupa exactamente todas las funciones y propósitos de los sacerdotes del Antiguo Testamento, pero los supera en un aspecto muy importante: Él nunca pecó.

El autor continúa hablando sobre esto. Por esto es que Él es mejor Sumo Sacerdote que todos los demás, porque ellos tenían que ofrecer sacrificios por sus propios pecados. Además, los sacrificios que ofrecían… ¿Tiene la sangre de un toro o de un carnero, tiene esa sangre un valor moral intrínseco? ¿Tiene esto sentido?

Un buey no dice: «Toma, aquí está mi garganta. Adelante, córtala. Estoy muriendo por ti». En ese sentido ese es un sacrificio moralmente ineficaz. ¿Y qué significa tomar la sangre de un carnero y tomarla como sustituta de la de un ser humano? No tiene sentido. Este sacrificio está apuntando hacia algo mucho mayor.

Pero este, el Cordero de Dios, maravilloso y hermoso Salvador, precioso Amigo y Redentor... quién hubiera pensado que un Cordero podría rescatar las almas de los hombres… ¡Qué Cordero es este!

Él es Sacerdote y Él fue el sacrificio. Él es el templo. Él es el lugar donde los seres humanos se encuentran con el Dios Santo. Él es el templo, el Sacerdote, el Cordero. Su cuerpo es el velo. Una y otra vez vemos cómo estos hilos apuntan a Sí mismo.

Y llegamos al Nuevo Testamento, y nuestros ojos ven cómo los patrones que encontramos en el Antiguo Testamento, en la perfecta sabiduría de Dios, han anticipado este nuevo pacto. Vemos en Jesucristo el cumplimiento de Sus promesas y nos postramos ante Él y le alabamos.

Sí, Dios sabe que necesito un Rey que gobierne sobre mi vida y que traiga consumación. Necesito un Sacerdote que se ofrezca a Sí mismo como sacrificio supremo, de otro modo estoy arruinado y sin esperanza. Un sacerdote perfecto uno con nuestra naturaleza, un ser humano, quien sin embargo es Uno con Dios, en última instancia, sin madre, sin padre, el Eterno.

¡Él es el Jesús del evangelio que proclamamos!

Nancy: Así que, Señor, te ofrecemos nuestras acciones de gracias, nuestras alabanzas, nuestras oraciones a Ti. Y no podemos imaginarnos cómo será la habitación de ese gran trono celestial o cómo es ese lugar hoy, pero te alabamos porque tenemos un gran Sumo Sacerdote, un gran Rey, eternamente exaltado, quien se sienta a Tu diestra y defiende nuestro caso, ora por nosotras, que envía Su Espíritu Santo para llenarnos, quien extiende su cetro a través de nosotras en este día hacia este mundo. Y deseamos ardientemente ese día cuando toda incredulidad sea detenida, cuando toda rebeldía con sus pensamientos y palabras sea acabada, y Tú reines por siempre, sin rival.

Y por lo tanto, gracias por Tu salvación, gracias que nos ha librado de Tu juicio. Oramos para que Tu salvación llegue a los corazones de aquellos que nos rodean, de aquellos que conocemos y amamos, quienes anhelamos que sean librados de Tu juicio.

Así que te damos las gracias, Señor. Te alabamos, Señor Jesús. Gracias por Tu Palabra que nos has regalado, por ser el arroyo que calma nuestra sed, que nos soporta y nos sostiene en el camino. Y gracias porque eres el sostén de nuestras cabezas. Por todo esto te damos las gracias, en el nombre de Jesús, Amén.

Annamarie: Invitándote a decir: «Sí, Señor», Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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