Aviva Nuestros Corazones Podcast

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Cuando te sientes insuficiente

Annamarie Sauter: ¿Te sientes insegura? No eres la única. Con nosotras Sharon Jaynes.

Sharon Jaynes: La gente nos puede ver y pensar, «si pudiera hacerlo como ella lo hace; si pudiera actuar como ella; si pudiera verme como ella, entonces me sentiría segura y sería feliz». Pero no tenemos idea por lo que esa persona está pasando. Es tan falso ver a otra persona y pensar que tiene todo bajo control. 

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: 

«Nadie me ama»

«No valgo nada»

«Sería más feliz si estuviera casada con otra persona»

«No puedo perdonar a la persona que me lastimó»

«No soy lo suficientemente buena»

Hemos escuchado mentiras como estas –incluso tal vez tú misma te has susurrado algunas de ellas de vez en cuando. Y la lista sigue y sigue… Bueno, es tiempo de que identifiquemos las mentiras del enemigo y las reemplacemos con la verdad liberadora de la Palabra de Dios.

Y para hacer esto, el día de hoy tenemos con nosotras a una invitada aquí en Aviva Nuestros Corazones. Ella ha escrito un libro acerca de cómo identificar algunas mentiras que nos decimos a nosotras mismas y cómo reemplazarlas con la verdad de Dios. Sharon Jaynes es una amiga y es autora, y algunos de sus libros están disponibles en español. Sharon, bienvenida a Aviva Nuestros Corazones.

Sharon: Gracias Nancy. Estoy contenta de estar aquí.

Nancy: Tú has escrito el libro del que estaremos hablando esta semana titulado, I’m Not Good Enough…and Other Lies Women Tell Themselves (en español sería, No soy lo suficientemente buena... y otras mentiras que las mujeres se dicen a sí mismas). Y mientras leía tu libro, me di cuenta de que las mentiras a las que te estabas enfrentando son cosas que muchas, muchas mujeres escuchamos una y otra vez. Y no es que necesariamente alguien nos diga estas mentiras –aunque puede suceder– pero muchas veces la realidad es que nosotras mismas nos decimos estas mentiras.

Sharon: Absolutamente. Lo que creo que pasa Nancy, es que muchas veces nosotras recibimos estas mentiras de la cultura o del enemigo. Incluso, algo que Satanás nos dice, luego nosotras comenzamos a repetirlo dentro de nosotras, y se convierte en quienes creemos que somos. Eso es lo que pensamos que somos aún cuando no sea verdad. 

Entonces el proceso es de esta manera: Lo escuchamos en otro lado. Se vuelve nuestro. Lo decimos y lo repetimos una y otra vez. Y se convierte en lo que creemos que somos. Es como una atadura en nuestras vidas.

Nancy: En muchas mujeres estas mentiras se repiten una y otra y otra vez en sus mentes, y comienzan a creerlas y a pensar que son verdad cuando en realidad no lo son. 

Sharon: Es como una canción que no puedes sacar de tu cabeza. 

Nancy: Como un tintineo. 

Sharon: Mi esposo tiene un hábito con relación a los comerciales. Yo le digo que les tiene fobia porque él automáticamente presiona el botón de silenciar para no escucharlos. Bromeo con él sobre eso. Pero, ¿sabes lo que me pasa? Comienzo a cantar esa cancioncita en mi cabeza y no la puedo sacar de ahí. 

Y Nancy, eso mismo es lo que pasa con las mentiras. Empezamos a decir, «soy tan tonta. Soy tan tonta. Soy tan tonta». Y lo repetimos y lo repetimos… Tal vez no lo decimos en voz alta, pero nos lo decimos a nosotras mismas, y eso se convierte en lo que pensamos que somos cuando en realidad no es así.

Nos decimos mentiras a nosotras mismas. Y, ¿sabes algo? A Dios no le gustan las mentiras, y aún así nos las decimos.

Nancy: El problema es cuando comenzamos a actuar en base a esas mentiras y a moldear nuestras vidas de acuerdo a las mentiras que hemos creído, convencidas de que son verdad aún cuando no lo son.

Sharon: Y esto es lo que pasa, Nancy. Nosotras intentamos cambiar nuestra conducta. Nos enfocamos en cambiar nuestra conducta, pero no podemos actuar diferente de lo que pensamos. Por eso en Romanos 12:2 se nos dice: «Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense». ¿Cómo? ¿Cambiando la conducta? ¡No! Dice, «sé transformada mediante la renovación de tu mente» (paráfrasis). 

Tenemos que empezar por ahí, en nuestro pensamiento, y esto afectará nuestra conducta. Así que debemos comenzar a identificar esas mentiras que hemos creído, para entonces poder comenzar a actuar diferente.

Nancy: Y tú eres una prueba viva de ello, y me alegra que lo compartieras en tu libro. De hecho en uno de los primeros capítulos mencionas una mentira que muchas mujeres se dicen a sí mismas, que es, «no soy lo suficientemente buena». Dices (y cito), «yo fui un ejemplo de esta mentira. Si sentirse insuficiente fuera parte de un evento olímpico, yo estaría entre los ganadores».

Sharon: Sí, así es. Cuando era niña me sentía tan insuficiente. Nancy, yo crecí en un hogar donde mi padre tomaba mucho y mis padres tenían muchos problemas. Ellos peleaban demasiado, peleaban verbal y físicamente delante de mí. De niña vi y escuché cosas que ningún niño debería ver ni escuchar. 

Por todas las dificultades que mis padres tenían en su matrimonio, no tenían idea del efecto de sus palabras en sus hijos. Verás: nuestras palabras se convierten en el espejo donde otros se ven a sí mismos. 

Así que las palabras que ellos me decían era como yo percibía que era en realidad. 

Nancy: ¿Qué fue lo que escuchaste en tu hogar, cuando estabas creciendo, que te hizo sentir insuficiente –no suficientemente buena? ¿Podrías darnos un ejemplo?

Sharon: Bueno, una de las cosas que escuchaba era: «Eres tan fea». 

Nancy: ¿Tus padres te decían eso?

Sharon: Sí. Y no se referían a mi apariencia, pero lo decían cuando hacía cosas que todo niño hace –muchas veces me decían, «eres tan fea» o «esto fue feo». Hablando de mi carácter principalmente, cuando cometía un error o cuando decía algo que estaba mal. 

¿Sabes algo? Mis padres no tenían idea de lo que sus palabras les estaban haciendo a sus hijos. Y pienso que esta es la realidad con respecto a muchos padres –la mayoría de los padres simplemente dicen cosas y no se dan cuenta de cómo esas palabras afectarán a sus hijos en un futuro.

Así que yo sentía que no era lo suficientemente buena ni lo suficientemente inteligente. Nancy, yo siempre quise un padre que me amara. Eso era algo que yo quería. Realmente quería un padre que me amara. 

Y al mismo tiempo le tenía miedo. Le tenía miedo porque veía cómo era cuando se ponía violento. También veía a mis amigas con sus papás, cómo se acurrucaban en su regazo y cómo ellos las llevaban de la mano y besaban a sus pequeñas princesas al llevarlas al colegio por la mañana. Yo quería eso. 

Yo quería un padre que me amara de esa manera. Así que en mi pequeña mente yo tenía que decidir… y bueno, decidí que simplemente no valía la pena. Había algo mal en mí porque yo no tenía un padre que me amara, como mis amigos lo tenían. 

Nancy: ¿Estabas consciente de esos pensamientos cuando eras una niña?

Sharon: Sí, realmente lo estaba. Sentía como si hubiera algo mal en mí. Recuerdo estar en primer grado y pensar, «¿por qué no soy tan inteligente como todos los demás?» Recuerdo pensar esto en la clase de lectura cuando teníamos pruebas de ortografía. Realmente batallaba con la ortografía y pensaba que había algo que estaba mal en mí.

Ahora, hablando del último año en preparatoria, no era que yo fuera tonta o más lenta que todos los demás. Cuando me gradué, me gradué con honores. Yo estaba en la Sociedad Nacional de Honor, tenía la calificación más alta de mi clase. Pero no me sentía como la primera de mi clase. 

Me sentía como la niña pequeña de primer grado que no podía deletrear. Y esos sentimientos de insuficiencia se arraigan tanto en nosotras, que aunque crezcamos o nuestras circunstancias cambien, continuamos viéndonos de esa manera. 

Pongamos de ejemplo a una niña de tercer grado con los dientes torcidos, tal vez con lentes de fondo de botella, con sus piernas demasiado largas y el cabello despeinado.

Nancy: Casi estás describiendo a toda niña de tercer grado.

Sharon: Es verdad. Pero, después algo pasa. Para cuando está terminando su preparatoria, el odontólogo ha hecho un excelente trabajo. Ahora usa lentes de contacto. Se ve hermosa. Pero ella no se siente de esa manera. Cuando entra en algún lugar donde hay otras mujeres, ella se siente completamente insuficiente. 

Esos sentimientos que desarrollamos como niñas son tan fuertes que son muy difíciles de vencer cuando somos adultas. 

Nancy: Otra mentira que mencionas y que muchas mujeres se dicen a sí mismas es, «soy una inútil». ¿Es esto algo que sentiste de niña?

Sharon: Sí. Me sentía como una inútil, sentía que no tenía valor. A nadie le importaba. Me sentía como una persona desechada. No tuve a nadie que me dijera que yo era la niña de sus ojos o en quién acurrucarme en su regazo. No lo tuve. 

Pensaba, «solo soy…», y no creo haber usado la palabra inútil de niña, pero sentía que a nadie le importaba realmente. Hoy lo veo mucho en las mujeres. Simplemente sienten que no tienen valor. 

Nancy: Y es interesante que en algunos de nuestros países tenemos dos generaciones que han hecho un grán énfasis en la autoestima, al decirles a los jóvenes y a los niños que realmente valen algo, que tienen cierto valor. Y aún así, parece que la autoestima y la felicidad y el sentido de dignidad y valor no incrementan.

Sharon: Sabes, me encanta la cita que dice, «cuando la envoltura de un hombre es él mismo, hace de sí un paquete bastante pequeño». Mira, cuando le enseñamos a un niño que tiene valor, que es competente en sí mismo…bueno, solo él sabe lo que hay en su cabeza. Él sabe lo que hay en su corazón. Él sabe lo que puede y no puede hacer. Pero, cuando tú le enseñas a un niño creyente quién es él como hijo de Dios, cuando le enseñas a un niño acerca del poder del Espíritu Santo, esto hace toda la diferencia del mundo.

Dos hombres que son muy comparados son Moisés y David. Moisés parecía tener una autoestima muy baja. Cuando Dios viene a Moisés y lo llama para dirigir a los hijos de Israel, él dice, «bueno, ¿y si pasa esto? ¿y si pasa lo otro?»

Nancy: «¿Quién soy yo?»

Sharon: «¿Quién soy yo? No puedo hacer esto, ni siquiera puedo hablar». ¿Lo ves? Él se estaba viendo a sí mismo, y sabía que no podía hacer por sí mismo lo que se le estaba pidiendo. 

Por otro lado, el pequeño David. Este pequeño adolescente que va contra el filisteo y piensa, «esto no es gran cosa». Él dijo: «El Señor, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso me librará de la mano de este filisteo». 

¿Tenía alta autoestima? No, en realidad no. Lo que él tenía era que conocía quién era Dios. Él sabía lo que Dios podía hacer a través de él.

Y esto es algo que podemos aprender, en lugar de vernos suficientes en nosotras mismas. Pablo dijo, «en mi carne, no habita nada bueno» (Romanos 7:18), y esto es verdad. Jesús dijo, «separados de mí nada podéis hacer» (Juan 15:5). Podemos estar muy ocupadas –nosotras, mujeres, sabemos cómo hacer eso. Pero separadas de Él no podemos hacer nada. Se trata de confiar en lo que Dios puede hacer en nosotras y a través de nosotras.

Nancy: Y eso hace toda la diferencia del mundo. 

Y queremos explorar cómo las mujeres pueden ser liberadas de la escalvitud emocional, de esos pensamientos que resuenan una y otra vez, y cómo podemos obtener libertad al reemplazar las mentiras por la verdad.

Sharon, quiero retroceder un poco porque pienso que has mencionado algunos puntos como: «No soy lo suficientemente buena» o «no tengo valor» y «soy un fracaso». ¿Es algo con lo que te identificabas como mujer joven?

Sharon: La verdad es que no he conocido a nadie que no se haya sentido así. Aún como niñas pequeñas jugando en el parque, pensamos que no podemos levantar la pelota con suficiente fuerza; o cuando tenemos una mala calificación nos pasa algo similar. En lugar de pensar, «cometí un error», lo que pensamos es, «soy un fracaso». No pensamos, «he fallado en esta situación», sino que pensamos, «soy un fracaso».

¿Por qué hacemos esto? Porque el enemigo quiere que pensemos así. Lo hacemos como niñas pequeñas y lo hacemos como adultas. Continuamente nos vemos como fracasadas cuando cometemos un error.

Y lo vimos en Pedro, ¿no es así? Me encanta ver el error de Pedro por lo que Jesús hizo después. Él cometió un terrible error, él negó conocer a Jesús…y tres veces.

Pero, ¿qué pasa después de esto? Cuando Jesús resucitó, Él le dijo a María: «Ve y dile a Pedro y a los discípulos que estoy vivo». ¿Ves?, lo resalta. Pedro necesitaba seguridad. Es como si Jesús dijera, «¿sabes qué? Aún te amo. Tú aún sigues en el juego».

Nancy, recuerdas cuando Pedro y Juan estaban pescando y Jesús los encontró después, y le preguntó a Pedro tres veces: «¿Pedro me amas? ¿Pedro me amas?¿Pedro me quieres?» ¿Por qué hizo eso? Y ¿qué podemos aprender de esto?

Podemos aprender que, «sí, cometemos errores, pero eso no significa que seamos un fracaso ni que Dios ya no nos vaya a usar». 

Dios dice, «sí, cometiste un error. Ven a mí y arrepiéntete». Y esto significa que das media vuelta y te diriges en la dirección opuesta a la que ibas. Él nos perdona y podemos continuar hacia adelante. 

Pero el enemigo no quiere que cuando cometemos un error, cuando fracasamos, cuando pecamos, no quiere que nos detengamos y digamos, «cometí un error, he pecado». Él dice, «no, tú eres un fracaso y estás descalificada».

Nancy: Y «ya no hay esperanza para ti».

Sharon: «Ya no hay esperanza. ¿Por qué sigues intentando? De nada sirve que sigas intentando. Tú no lo puedes hacer». Esas son las mentiras que Satanás nos dice.

Nancy: Y Sharon, antes de ir a la prescripción para esto, quiero profundizar un poco porque pienso que has tocado algo que es clave para muchas mujeres.

Tú eres autora, pero también viajas y das conferencias. Has hablado a muchos grupos de mujeres, y también ministras a mujeres. ¿Es esto algo que percibes en ellas y escuchas de muchas de ellas? ¿Crees que estas mentiras que las mujeres se dicen a sí mismas son cosas que la mayoría de las mujeres creemos?

Sharon: Todavía no conozco a ninguna mujer que no las crea. Lo que me asombra es que puedes ver a alguien que parece que lo tiene todo bajo control. Parece que tiene un matrimonio maravilloso, hijos maravillosos, pero aún así esa persona se siente insuficiente.

Podemos observar esas revistas, estas mujeres a las que el mundo considera las mujeres más hermosas, y parecen tan felices. Y aún en el ministerio, hay mujeres que ven a otras mujeres…

Nancy: Oh, yo nunca hago eso, eso no es así.

Sharon: Y pensamos, «no soy tan eficiente como ella. ¿Por qué no puedo ser tan eficiente como ella?¿Por qué no puedo orar cómo ella?» Dentro de los ministerios y en nuestras iglesias nos comparamos constantemente. Y compararse es algo muy peligroso.

Mira, recuerdo una vez –hace quince años– era mi primera conferencia…estaba aterrada; y recuerdo ir a un almuerzo un día. Estaba sentada a la mesa con mujeres que no conocía, y ellas estaban hablando sobre el predicador que había estado en la iglesia en la cual yo iba a compartir el siguiente mes. 

Ellas decían, «oh, él fue tan dinámico. Fue muy poderoso. Su historia es increíble y su hijo es un artista. ¿Puedes creerlo? El pastor le pidió que compartiera el domingo».

Nancy: Y tú te encogiste.

Sharon: Me encogí. Las galletas se atoraban en mi garganta. No les dije que yo compartiría en la siguiente sesión, porque, honestamente, en ese punto…

Nancy: No querías que supieran.

Sharon: No quería que supieran, y ¿sabes algo? No estaba segura si lo haría. Estaba aterrada porque, como verás, empecé a compararme.

¿Sabes lo que hice? Odio admitirlo, pero fui a esa iglesia, saqué cinco dólares y compré un cassette de la predicación de este hombre. Quería escuchar su predicación. ¿Por qué? Quería saber con qué me iban a comparar. 

Así que pagué mis cinco dólares, reproduje la cinta (era en los días de los cassettes), y…no escuché nada. Lo adelanté, y nada. Lo saqué, le di vuelta, presioné el botón de reproducir, y nada. Lo adelanté, y nada. El cassette estaba en blanco.

Después comencé a orar y el Señor empezó a hablar a mi corazón. «Sharon, este cassette está en blanco porque tú no necesitas saber lo que él dijo. Yo te he llamado para que des un mensaje. Lo llamé a él para que diera un mensaje. No quiero que te compares con nadie. Tú estás ministrando a una audiencia de uno: a Mí. Tú haz lo que te he llamado hacer y no te compares con nadie». 

Nancy, han sido los mejores cinco dólares que he gastado.

Nancy: Por un cassette en blanco.

Sharon: Fue una muy buena lección al inicio de mi ministerio.

Nancy: Al recordar tus años de adolescencia, tus años como mujer joven, ¿cómo veías estas mentiras reflejándose en tu vida? Al comenzar a creer estas cosas: «No soy lo suficientemente buena, soy inútil, soy un fracaso», dando así lugar a la incompetencia, a la inseguridad, a la inferioridad, ¿cómo afectó esto tu vida, tu relación con el Señor, tus relaciones con otros?

Sharon: Bueno, esto afecta tus relaciones con otros. Digamos que tengo una cita para comer con una amiga. Ella no llega o tiene que cancelar. Bueno, la verdad es que tal vez su hijo se enfermó, o tal vez hubo alguna otra buena razón. Pero, en mi mente, yo pensaría, «realmente no le agrado. Ella no quiere reunirse conmigo». 

Nancy: La Escritura llama a esto vanos razonamientos (Rom 1:21).

Sharon: Así es. Eso es verdad. Pero esto pasa cuando no se está obrando en base a la verdad. Filipenses 4:8 dice: «Todo lo que es verdadero», y tiene una gran lista, «en esto mediten». Pero verás, eso en lo que yo estaba pensando no era cierto. Eran vanos razonamientos, los cuales nacen de aquellos sentimientos de insuficiencia. 

Digamos que mi esposo hace un comentario en particular –ya no estoy en mis años de adolescencia y ahora estoy en la etapa del matrimonio. Él podría hacer un comentario particular, y por esos sentimientos de insuficiencia, yo lo podría interpretar de manera distinta a lo que él realmente quiso decir.

Y tendríamos una discusión sobre algo que realmente no quiso decir, pero yo estoy cambiando las cosas. Se convierte en un filtro. La inseguridad, la inferioridad, la insuficiencia, se vuelven el filtro por el cual interpreto mi mundo. 

Esto pone una tensión en las relaciones, porque no las estamos viendo correctamente. Es como caminar a través de un pasillo de espejos. Ves distorsionado y no como realmente es. 

Nancy: Muy buena descripción. Pienso que muchas de nuestras oyentes están viviendo en esta «casa de espejos», viendo imágenes distorsionadas de ellas mismas, y viviendo en una prisión que ellas mismas construyeron porque han escuchado y creído mentiras, y no las han contrarrestado con la verdad.

Y lo que tú enfatizas en tu ministerio, y lo que yo he tratado de hacer a través de Aviva Nuestros Corazones, es darles a las mujeres la esperanza de que a través de la verdad pueden ser verdaderamente libres. 

Sharon: Amén.

Nancy: Cuando volteas a ver todo lo que has recorrido, Sharon, ¿cómo fue que el Señor comenzó a renovar tu mente y a liberarte de las mentiras para que creyeras la verdad acerca de quién realmente eres?

Sharon: Bueno, ¿sabes qué es lo que me gustaría decir, Nancy? Me gustaría decir que, «estaba atada a esas mentiras y cuando vine a Cristo Él me liberó». Pero, eso no fue del todo lo que pasó.

Vine a Cristo cuando era un adolescente por medio de la mamá de mi mejor amiga en el vecindario. Era una mujer increíble. Pero, ¿sabes algo? Cuando vine a Cristo, obtuve un nuevo paquete de mentiras. 

Ahora era, «no soy una cristiana lo suficientemente buena». «No puedo orar como las demás personas». «No veo a Dios trabajar en mi vida como en las otras personas». ¿Lo ves? Solo traje todo eso a mi relación con el Señor. 

Me casé con un hombre maravilloso. Tuve un hijo cuando estaba en mis 30…

Nancy: Y llevaste todo eso a tu matrimonio y a la maternidad también.

Sharon: Sí, así fue. Me lo traje conmigo, con grilletes y cadenas resonando detrás de mí. Era una mujer joven en la iglesia, enseñaba un estudio bíblico en una iglesia que estaba creciendo; y aún así, todas esas inseguridades seguían allí.

Nancy: ¿Y podía alguien darse cuenta de ello?

Sharon: No. Ellos podrían pensar, «wow, Sharon Jaynes conoce mucho de la Biblia. Ella tiene un esposo maravilloso. Si yo tuviera un esposo como el de ella seguramente sería feliz». 

Nancy:Quizás pensaban que eras una mujer muy segura…

Sharon: Sí.

Nancy:Y esto nos hace pensar en cuántas otras mujeres hay –con las cuales nos estamos comparando– que lucen seguras y que tienen todo bajo control, pero no sabemos las batallas que están librando en sus propios corazones. 

Sharon: No tenemos idea.

Recuerdo cuando salía con Steve. Él es muy atlético. Cualquier deporte que involucre una pelota lo puede hacer bien. Pero, yo sabía esquiar, y le estaba enseñando. Estábamos en la colina, y para enseñarle a bajar la velocidad, le dije, «solo gira de lado tus esquís».

Lo que él hacía era bajar muy rápido la colina, y cuando giraba sus esquís de lado, tendía a girar de más. Así que cuando finalmente se detenía, quedaba de espaldas.

Nancy: Eso suena peligroso.

Sharon: Bueno, fue muy gracioso. Pero descubrió que cuando giraba de lado, si había girado de más y sentía que iba a terminar de espaldas, él simplemente daba un giro completo formando un gran círculo. Así que aquí estaba este gran hombre bajando la colina. Formando enormes círculos hasta llegar cuesta abajo. Era todo un espectáculo. 

Al final del día, una mujer se le acercó y le dijo, «señor, he estado observando sus acrobacias todo el día. Son espectaculares».

Nancy: Ella estaba muy impresionada. 

Sharon: Ella le dijo, «¿podría enseñarme a hacer eso?»

Y nos reímos, pero ¿sabes algo? Pensé, «así es la vida». La gente nos puede ver y pensar, «si pudiera hacerlo como ella lo hace, si pudiera actuar como ella, si pudiera verme como ella, entonces me sentiría segura y sería feliz». Pero no tenemos idea por lo que esa persona está pasando y los círculos que están haciendo en sus propias vidas solo para sobrevivir. 

Es tan falso ver a otra persona y pensar que tiene todo bajo control y que no tiene inseguridades. De hecho, algunos de los mejores maestros de la Biblia que conozco tienen inseguridades.

Nancy:Y pienso que todos las tenemos, de diferentes formas.

Entonces, al pensar en esa etapa de tu vida, durante tus 30, cuando Dios estaba apuntando hacia estos problemas…danos un adelanto –porque retomaremos esta conversación en el siguiente episodio– pero danos un adelanto de cómo el Señor comenzó el proceso para liberarte. 

Sharon: Él me mostró cuatro pasos que necesitaba dar en mi vida.

  • Necesitaba darme cuenta de quién era el verdadero enemigo en mi vida
  • Necesitaba reconocer las mentiras que estaba creyendo
  • Necesitaba rechazar esas mentiras. Detenerme y decir, «esto no es verdad». 
  • Y tenía que aprender a reemplazar las mentiras con la verdad. 

Para hacer eso, Nancy, es claro que necesitamos saber cuál es la verdad.

Nancy: Y lo que tú nos acabas de decir, Sharon, en este último minuto es la llave enorme que creo que puede abrir la puerta de la prisión para muchas de nuestras oyentes que han estado escuchando tu historia y han estado diciendo, «me identifico con eso; me identifico con aquello; me identifico con esto otro. He escuchado esas mentiras y me doy cuenta de que me las he estado diciendo a mí misma». Aun creo que algunas de ellas han pensado que no pueden ser realmente libres.

Así que continuaremos con esta conversación en el siguiente episodio. Pienso que muchas de nuestras oyentes verán a Dios usando Su verdad para llevarlas a un nivel de libertad y gozo completamente nuevo –uno que nunca pensaron que podía ser posible. Así que asegúrate de acompañarnos para la continuación de esta conversación.

Annamarie: Llamándote a la libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es 1 Corintios capítulos 11 al 13.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

Sobre el maestro

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Sharon Jaynes

Sharon Jaynes ha estado animando, alentando y equipando a las mujeres durante más de 25 años para que caminen con valentía y confianza mientras ellas creen la verdad de su verdadera identidad como hijas de Dios y como coherederas con Cristo. Ella es autora de más de 16 libros.

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