Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

Desviados del diseño de Dios

Annamarie Sauter: Con nosotras el pastor Alistair Begg.

Alistair Begg: Mientras la relación con Dios estaba intacta no había necesidad de hacer hincapié en los principios de los roles y la sumisión. Se regocijaban en acudir el uno al otro. Había una armonía maravillosa en sus vidas. Claramente, esa es la imagen que nos daba el jardín. Pero tan pronto como el pecado entra, entonces existe la necesidad de articular, de enseñar, ajustar la posición de lo que significa gobernar y lo que significa someterse.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy DeMoss Wolgemuth: El pastor Alistair Begg tiene la capacidad de tomar temas complejos y mostrarnos clara y sencillamente lo que la Palabra de Dios dice sobre ellos.

Ayer él nos trajo un mensaje basado en los primeros capítulos del libro de Génesis. Él nos explicaba que Dios diseñó hombres y mujeres con algunas diferencias ya establecidas y que esas diferencias fueron diseñadas para ser complementarias. Eso significa que encajan muy bien juntas, y juntas reflejan bellamente la imagen de Dios.

Pero entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué a menudo hay roces entre los hombres y las mujeres y compiten entre sí? Alistair Begg responderá a esta pregunta en el día de hoy.

Él es pastor en los Estados Unidos, en Ohio, y es anfitrión del programa llamado, Truth for Life (Verdad para la vida).

Aquí está él con la continuación de su mensaje.

Alistair: La diferencia, por diseño, existe para que pueda haber armonía. 

Ahora, cualquier persona perceptiva dirá: «Esto está arruinado. Si lo que me estás diciendo es que Dios nos hizo diferentes en diseño y que la razón por la que lo hizo fue para que armonicemos… ¡Algo ha salido muy mal! ¡Algo ha obstruido todo esto!»

«De alguna manera esto no está funcionando y la maquinaria no está haciendo lo que se supone que debe hacer. Las estadísticas me lo dicen. La vida me lo dice. Mi propio sentimiento como mujer me lo dice. La lucha que tengo en mi matrimonio, el miedo que tengo al cuidar de mis hijos, todo a mi alrededor me dice que algo está terriblemente mal».

Sí, algo está terriblemente mal. Pero, de nuevo, si vas a la Biblia y permites que esta responda la pregunta, entonces descubrirás que lo que salió terriblemente mal no tomó al Diseñador por sorpresa, y que en el proceso Él ya ha escrito el mecanismo por medio del cual Su diseño –que es un diseño bueno y perfecto y ha sido dañado– puede ser reconstruido.

Entonces, pensemos en esto: ¿Qué fue lo que salió mal? ¿Qué salió mal? Bueno, solo necesitas leer lo que pasó aquí. Dios les dio instrucciones. Dijo: «Ahora, quiero que hagas ciertas cosas, y solo hay una cosa que no quiero que hagas». Y lo único que Dios no quería que hicieran fue lo que decidieron hacer.

Génesis 2:15–17: «El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo cultivara y lo cuidara. Y el Señor Dios ordenó al hombre: “De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás”».

Entonces aquí está este maravilloso y fenomenal ambiente para vivir, y el hombre le da la espalda a lo que Dios ha dicho. No está preparado para hacer la única cosa necesaria. Y de repente, lo que Dios ha diseñado, con toda la armonía y la integridad que es representada en este diseño, ahora está estropeado. Está dañado.

Y de repente, entra la culpa en la historia, viene la locura, viene la sospecha, viene la vergüenza. Aún uno de los hijos mata a su hermano. Y la familia se convierte en un campo de batalla. Se culpan unos a otros.

«Ella dijo». «Ella me dijo».

«No lo hizo»

«Ella lo hizo»

«No fue mi culpa, ¿por qué me estás mirando?»

«Me esconderé detrás de los árboles»

Y nos preguntamos, ¿cómo fue que se dañó tan rápido?

Veamos el final del capítulo 2: «Ambos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban» (v. 25). Estaban desnudos y no sentían vergüenza. En otras palabras, ellos solo vivían en esta fantástica armonía entre sí. No tenían un libro ni nada parecido, no había un gran escrito en la pared sobre qué hacer y qué no hacer, o sobre asegurarse de hacer esto o de no hacer aquello.

Dios dijo, «miren, reciban todo esto» (eso es esencialmente lo que Él les dice). Es como, «ve y ten un buen tiempo en el jardín. Disfrútalo, pero no hagas esto».

Y entonces entran la rebelión y la vergüenza.

En el versículo 7 del capítulo 3, dice: «Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; y cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales».

¿Qué quiere decir? ¿Que no sabían en el versículo 25 del capítulo 2 que estaban desnudos? ¿Entonces se dieron cuenta de que estaban desnudos en el capítulo 3? Así es, porque nunca se les ocurrió estar de otra manera que no fuera estar desnudos. Me pregunto, ¿de dónde vino esa idea de usar ropa?

De repente, la rebelión, el pecado, la vergüenza, la conciencia, el desvío, la culpa, el esconderse –todo fue experimentado en conjunto.

Ahora, francamente sé que muchas de ustedes han sido muy amables al permanecer escuchándome, porque sé que no todas están de acuerdo con lo que se está diciendo, y se oponen a esta idea. Y respeto el hecho de que estés aquí. Y quiero prestar atención a quién eres y a lo que tienes que decir. Pero permítanme decirles esto lo más amablemente posible; no necesitamos la Biblia para entender que nuestras circunstancias hoy en día como hombres y como mujeres están marcadas por la fragmentación personal, por la tensión social y por el desvío espiritual.

Todos sabemos lo que es esa sensación de inseguridad donde ni siquiera estamos cómodos con nuestra propia piel, que no podemos explicar completamente quiénes somos o qué somos. No entendemos por qué sentimos lo que sentimos hacia otras personas. En ocasiones nos sentimos amablemente dispuestos hacia ellos; otras veces quisiéramos matarlos.

Y no tenemos tiempo ahora mismo para esta idea de un Dios que nos creó y tiene planes para nosotros. Y las ocasiones en que lo pensamos, generalmente lo vemos en términos muy sentimentales, como si fuera un Santa Claus gigantesco esperando a que los niños vengan y se sienten en su regazo.

Pero nuestra visión del mundo no puede explicar por qué somos como somos. Ya sea que aceptemos esta explicación de la Biblia o no, creo que tenemos que ser lo suficientemente honestos para decir que la Biblia está preparada para dar una explicación sobre aquello que salió terriblemente mal.

Dios creó y dijo: «Esto es realmente muy bueno». Y de repente ya no es tan bueno como Él lo había hecho.

El mundo que tú y yo conocemos hoy, el mundo de la sexualidad, el mundo de la familia, el mundo tal como lo conocemos hoy en día no es el mundo como Dios lo hizo en toda su belleza original. Es el mundo dañado por el hombre quien decidió darle la espalda a Dios y tratar de formular el plan a su manera, tomar las cosas que Dios había diseñado para nuestro bien, es decir nuestra sexualidad, la masculinidad, la feminidad, y convertirlas en fines egoístas. Y como resultado de eso, vemos exactamente lo que sucede.

La mujer fue creada después, y sin embargo ella pecó primero. Ella fue creada como ayuda, ¿qué clase de ayuda era esta, llevándolo al pecado? Y, sin embargo, curiosamente, en otras partes de la Escritura dice que Adán es el responsable. No dice, «como en Eva, todos mueren». Dice: «Como en Adán, todos mueren» (1 Corintios 15:22).

Adan, que se suponía que era el guía, el responsable, resultó que era irresponsable, y no tomó la iniciativa. El orden de los acontecimientos sucedió completamente patas arriba, y las consecuencias fueron trágicas. De hecho, las consecuencias son juicio.

En el versículo 16 del capítulo 3 leemos:

«A la mujer dijo: “En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, Con dolor darás a luz los hijos. Con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti. Entonces el Señor dijo a Adán: “Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: ‘No comerás de él’, maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”» (vv. 16–19).

Dirás, «¿pero el trabajo no es un regalo? ¿No que el trabajo venía junto con la belleza original?» Sí, un trabajo que nunca sería pesado. En otras palabras, podría estar… Bueno, iba a decir que Adán podría barrer las hojas a su gusto, pero no habría tenido que recolectar hojas, a menos que Dios incluyera el ciclo de las estaciones en el Edén. Si lo hubiera hecho, habría cantado: «Estoy barriendo hojas, barriendo las hojas. Estoy barriendo hojas. Me encanta barrer hojas, ¡la la la la la!» Y Eva yendo y viniendo, y cantando, «¿puedo traerte un sándwich? Me encantaría prepararte un sándwich» (como sea que hubiera lucido uno en ese momento).

Pero, en lugar de eso, ahora se despierta y dice, «si veo otra hoja apestosa… Si veo una más… ¡¿Has visto mis manos?!» Y ella diciendo, «sabes, cuando estés recolectando las hojas esta tarde, si me gritas una vez más, “¡tráeme un vaso con agua!”, tomaré la escoba y…» Y a todo esto, los niños diciendo, «mamá, ¿ya no amas a papá?» «Sí, claro que sí lo amo. Hmmm...»

¿No es hermoso tener bebés? Es genial tener bebés, pero no tan bueno como hubiera sido.

¿Es genial ir a trabajar? Algunos días. Pero el hecho es que, bajo el sol, el trabajo a final de cuentas es muy pesado.

Así que las características de la vida, los elementos de distinción, la provisión de armonía, no se eliminaron. No cambió el diseño de Dios. Las mismas cosas siguen presentes, pero ahora están dañadas.

Dolor en el parto. Sudor en el trabajo. Así que a partir de ahora en lugar de comprensión inteligente, sumisión inteligente, liderazgo inteligente… todo se va abajo. La sumisión de la esposa, por ejemplo, si notas claramente en lo que acabo de leer, tiende a ser caracterizada por una de dos experiencias –y a menudo la experiencia es simultánea.

Uno, el deseo de invertir los papeles y así tomar el lugar de su marido. Ese es su deseo. Es el mismo verbo que se usa, en el capítulo 4 donde dice que «el pecado yace a la puerta y te codicia», en otras palabras, desea controlarte; desea dominarte.

Y como resultado de la caída, el principio de distinción armoniosa dentro del vínculo matrimonial se arruinó. Y la afinidad del hombre y la mujer y la armonía y la integridad de su desnudez y toda la dicha que Dios había pretendido, ahora están comprometidas como resultado del pecado. Y entonces, por esta experiencia, la mujer en parte dice, «¿sabes qué? Voy a tomar el control de esto».

O, dos, su experiencia de sumisión es la experiencia de un sometimiento injusto como resultado del dominio incorrecto de su marido. Y lo que sucede es que el matrimonio simplemente se convierte en un matrimonio de lucha y conflicto. Como resultado de la caída, como resultado del pecado, el hombre ahora gobierna sobre la mujer de una manera que no es correcta.

La mujer tomó el liderazgo en comer del fruto, lo cual era contrario al plan de Dios. Tuvo resultados desastrosos. El hombre fracasó en su liderazgo y comparte los resultados desastrosos.

Mientras la relación con Dios estaba intacta no había necesidad de hacer hincapié en los principios de los roles y la sumisión. Se regocijaban en acudir el uno al otro. Había una armonía maravillosa en sus vidas. Claramente, esa es la imagen que nos daba el jardín. Pero tan pronto como el pecado entra, entonces existe la necesidad de articular, de enseñar, ajustar la posición de lo que significa gobernar y lo que significa someterse.

Sé que habrá personas diciendo que una vez que te conviertes a Cristo todo se arregla. Pero no. No voy a decirte eso. He pasado veintisiete años en el ministerio pastoral tratando con personas que siguen a Cristo y otras que no siguen a Cristo, y francamente, en mi experiencia, he tratado con más personas en el marco cristiano, cuyos matrimonios están en la ruina, que el de aquellos que no tienen interés en Jesús.

Así que, mis queridas hermanas y amigas, es por eso que hoy les puedo decir que no necesitan diez principios sobre cómo hacer esto o aquello. Tienen que llegar a un entendimiento claro de lo que se suponía que debía ser y lo que realmente es.

Porque cuando te das cuenta de lo que en realidad es —porque soy un pecador y eres una pecadora, y tu esposo definitivamente es un pecador, y que todo tu matrimonio se trata de una persona imperfecta casada con otra persona imperfecta tratando de hacer un camino a través de un viaje imperfecto en la vida, con un montón de niños imperfectos. Cuando te des cuenta de lo que es en realidad, entonces tendrás un juicio mucho más sensato y realista de lo que está pasando, en lugar de tonterías que se sostienen ya sea en publicaciones hechas en el entorno secular o en publicaciones que se producen en editoriales cristianas, que no son fieles a la vida.

Simplemente no son verdad. Porque la regeneración, el nuevo nacimiento, la transformación efectuada por Cristo, no erradica mis instintos carnales, mi egoísmo, mi inclinación a seguir mi propio camino. 

Ya no estoy ante Dios para rendir cuentas dado que he confiado en la obra de Cristo. Pero el asunto es que mi esposa sabe que todavía está casada con un pecador salvado, y la parte que es salva a veces puede perderse dentro de la parte pecadora mientras transita en este peregrinaje.

En términos sexuales, la respuesta a la corrupción de la intimidad física no se encuentra en alguna extraña abstracción misteriosa con relación a lo que significa ser cristiano. Y no que lo que significa ser cristiano no esté directamente relacionado con todo eso. No es que mi propio espíritu humano perverso no esté envuelto en todo eso. Pero la idea, para nuestros amigos no cristianos, de que «Jesús» es la respuesta a cada pregunta, es algo con lo que debemos ser muy, muy cuidadosos.

En última instancia, esa es la respuesta. Pero los problemas que enfrentamos al vivir nuestras vidas son problemas reales. Y que nuestro sentido, como hombres, de que anterioridad equivale a superioridad, en lugar de responsabilidad, corrompe la seguridad y la confianza. Termina poniéndonos en una posición en la que hombres y mujeres viven como rivales en lugar de abrazar sus diferencias por diseño. Insinuamos que nuestros dones y nuestras personalidades están allí para que podamos luchar entre nosotros en lugar de complementarnos unos a otros. Y, de nuevo, les digo que si miramos a nuestro alrededor, podremos ver la evidencia de ello en todas partes.

Voy a terminar con un par de citas:

«Las mujeres se encuentran teniendo cada vez más éxito en el lugar de trabajo, mientras que sus esposos, que no pueden conseguir trabajo, se quedan en casa y cuidan de los niños».

«La escritora Shirley Conan no estaba lejos de la marca con su ideal de supermujer, pero se enfrentan a la agonía de la tensión entre la carrera y el hogar. Pasan años obteniendo títulos y recibiendo entrenamiento profesional, y parece absurdo parar y renunciar a todo. Pero parece igual de absurdo tener un hijo y luego dejarlo para que alguien más lo crie o lo eduque».

«A pesar del enorme avance del movimiento de la mujer en la última mitad de siglo, la pregunta inquietante sigue siendo: ¿Cómo puedo utilizar mi vida? ¿Quién soy?»

«En la actualidad es aún más difícil para los hombres. Los jóvenes de esta generación son los primeros en ser criados en igualdad de condiciones con las mujeres. Se espera que sean sensibles, así como varoniles, que cocinen, así como que practiquen deportes, que bañen a los niños y pasen tiempo cuidando de ellos y no le dejen todo a su pareja. Se espera que sean fuertes pero que estén libres de todo tipo de agresividad masculina y arrogancia dominante que ha sido tan común a lo largo de innumerables siglos. Y entonces se supone que el cambio debe ocurrir ahora, en esta generación. Una generación que, además, cuando la mujer pruebe que puede llegar a ser el sostén de la familia así como la mejor ama de casa, hace que el hombre diga: ¿Quién soy yo? ¿Dónde encajo en esto?»

Y la respuesta del lesbianismo es: No encajas en lo absoluto. No te necesito. No te quiero y soy libre de diseñar mi propio molde.

Y Dios dice, «no, no lo eres». 

No eres libre de diseñarlo, así como el hombre tampoco es libre de salirse del marco de su matrimonio e involucrarse en múltiples relaciones con otras mujeres. No eres más libre de hacer eso que lo que somos nosotros para recrear el matrimonio en base a nuestro propio diseño. Ahora, lo maravilloso de la historia es que aunque todo ha resultado tan terriblemente mal, Dios en Su misericordia no dice: «Bueno, hiciste lo que te dije que no hicieras, así que, aquí se termina». De hecho, Él nos busca. Él juzga con justicia, porque debe hacerlo. «Así es como va a ser», dice, «porque hay consecuencias para esto. Definitivamente morirás».

La muerte, que no fue el diseño desde el principio, entra en el mundo. Pero lo fabuloso es que ahora se descubren a sí mismos con vergüenza, conscientes de su desnudez. Dios se acerca y en el versículo 21 del capítulo 3 dice: «El Señor Dios hizo vestiduras de piel para Adán y su mujer, y los vistió».

«Y los vistió». Y esa es la imagen de la historia que se desarrolla en Jesús. Al nosotros darle la espalda a Dios en rebelión contra Su plan y contra Su designio, Dios envía a Su Hijo, el Señor Jesucristo, para que nos cubra, a fin de que por Su muerte seamos cubiertos con toda Su justicia, para que toda esa misericordia y toda esa gracia se conviertan en nuestras. Algo que no merecemos por haberle dado la espalda.

¡Oh, el amor de Dios! ¡Oh, la misericordia de Dios! Oh, la bondad de Dios para venir a nuestros corazones rebeldes, para venir a nuestros campos de batalla familiares, para venir a nuestras vidas que están de cabeza y decir: «Toma. Tengo una cobertura para ti. Tengo una respuesta para ti. Tengo un futuro para ti. Lo has estado intentando a tu manera. ¿Qué tal si lo intentas a Mi manera?»

Padre, oramos que al pensar en estos temas Tu Espíritu sea nuestro Maestro. Ayúdanos a examinar la Biblia para ver si estas cosas son así, oramos en el nombre de Jesús, amén.

Nancy: Escuchaste al pastor Alistair Begg hablándole a un grupo de mujeres sobre la forma en que el pecado afecta las relaciones entre hombres y mujeres, y nuestra relación con Dios mismo.

Ahora, sé que un programa como este puede traer muchos recuerdos hirientes porque estamos hablando del tema del pecado que es pesado y duro. Trágicamente, tristemente, hay hombres que han lastimado a las mujeres, y hay mujeres que han lastimado a los hombres, y hay mucho con lo que tenemos que lidiar. Y estoy muy agradecida de que el pastor Begg nos haya apuntado a Jesús, la solución definitiva al problema del pecado.

Tal vez necesites hablar con alguien acerca de cómo aplicar la verdad del evangelio de Jesús a tu situación particular. Quiero animarte a buscar a otra mujer que conozca al Señor, que ame Su Palabra, y le pidas consejos útiles para tu situación.

Mi amiga Mary Kassian y yo somos coautoras de un libro de trabajo, un estudio bíblico que puede facilitar ese tipo de conversación entre mujeres. Se llama, Mujer Verdadera 101: Diseño Divino. Te guiará a través del primer capítulo del Génesis para entender la manera en que Dios diseñó hombres y mujeres. Y luego echamos un vistazo honesto a la forma en que el pecado arruinó esas relaciones. En este libro descubrirás la esperanza que Jesús brinda a través de Su vida, Su muerte y Su resurrección. Y descubrirás cómo luce para ti como mujer vivir una nueva vida en Cristo.

Encuentra este recurso y muchos más en nuestra tienda en línea en AvivaNuestrosCorazones.com.

Puede ser que como esposa cristiana te encuentres en una situación compleja con un hombre, un esposo que no es creyente; o tal vez tengas un miembro de la familia o un amigo que esté en esa situación difícil. Mañana el pastor Alistair Begg te llevará a la primera carta de Pedro, capítulo 3, y explicará por qué un esposo necesita ser ganado a través de sus ojos, no a través de sus oídos. Acompáñanos mañana aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Annamarie: Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.

Nancy: La lectura para hoy en el Reto Mujer Verdadera 365 es Juan capítulos 8 y 9.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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Sobre el anfitrión

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth

Nancy DeMoss Wolgemuth ha tocado las vidas de millones de mujeres a través del ministerio de Aviva Nuestros Corazones y del Movimiento de Mujer Verdadera, llamando a las mujeres a un avivamiento espiritual y a la feminidad bíblica. Su amor por Cristo y por Su Palabra es contagioso y permea todos sus alcances, desde sus conferencias hasta sus programas de radio.

Ha escrito veintidós libros, incluyendo Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres, En busca de Dios (junto a Tim Grissom), y Adornadas. Sus libros han vendido más de cuatro millones de copias y están llegando a los corazones de las mujeres alrededor del mundo. Nancy y su esposo, Robert, radican en Michigan.

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