Días de declive
Débora de Rivera: Hay algo que Nancy DeMoss Wolgemuth te quiere recordar.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Desde nuestra perspectiva terrenal y limitada, cuando las cosas parecen más desalentadoras, cuando parece que nada bueno está sucediendo, cuando parece que el mal está ganando, ya sea en tu iglesia, en tu familia, en tu trabajo o en nuestra cultura, recuerda que Dios tiene un plan.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «El Cielo gobierna», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de abril de 2026.
¿Alguna vez has observado el pecado evidente que existe en nuestra cultura y te has preguntado si vivimos en la peor época de la historia? En realidad, a lo largo de la historia, el pecado siempre ha estado presente en todas las épocas.
Tal y como dice Eclesiastés, no hay nada nuevo …
Débora de Rivera: Hay algo que Nancy DeMoss Wolgemuth te quiere recordar.
Nancy DeMoss Wolgemuth: Desde nuestra perspectiva terrenal y limitada, cuando las cosas parecen más desalentadoras, cuando parece que nada bueno está sucediendo, cuando parece que el mal está ganando, ya sea en tu iglesia, en tu familia, en tu trabajo o en nuestra cultura, recuerda que Dios tiene un plan.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, autora del libro «El Cielo gobierna», en la voz de Patricia de Saladín. Hoy, 14 de abril de 2026.
¿Alguna vez has observado el pecado evidente que existe en nuestra cultura y te has preguntado si vivimos en la peor época de la historia? En realidad, a lo largo de la historia, el pecado siempre ha estado presente en todas las épocas.
Tal y como dice Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol. Solo hay que pensar en:
- El infanticidio durante la época romana… y en otros momentos y lugares.
- La homosexualidad en Sodoma y Gomorra.
- Las espantosas tradiciones de venganza entre las tribus sudamericanas.
- La codicia y la crueldad practicadas por los monarcas y los líderes eclesiásticos en nombre de la religión.
- La esclavitud por motivos raciales.
- Y, por supuesto, toda una cultura que cree que tiene derecho a asesinar a los bebés no nacidos; bebés que están hechos a imagen y semejanza de Dios.
Durante los próximos días, en Aviva Nuestros Corazones, aprenderemos sobre una madre que vivió una época similar. Ana, la madre del profeta Samuel, es un ejemplo para nosotras de cómo los padres pueden criar hijos piadosos en un mundo hostil.
Aquí está Nancy para comenzar esta serie titulada «La oración de Ana y el poder de Dios».
Nancy: Si me has estado escuchando durante algún tiempo, sabes que la mayoría de mis héroes y heroínas son personas que ya han fallecido.
Y hay muchas personas que admiro mucho que están vivas. Pero a lo largo de los años he escogido obtener fortaleza, comprensión y sabiduría de personas que ya no están entre nosotros, y cuyas vidas fueron probadas y demostraron ser fieles al Señor. Lo que hace que alguien sea realmente un gran hombre o una gran mujer es que, a lo largo del tiempo, permanezca y sea fiel a Dios.
Muchas de las personas que más admiro y que más me han ayudado en mi peregrinaje espiritual son personas cuyas historias leemos en las Escrituras. Por eso me encanta estudiar los personajes de la Biblia.
Y hoy hablaremos de una de ellas, una mujer sobre la que he leído. Probablemente, hayas escuchado su historia muchas veces a lo largo de los años. Pensé que sabía mucho acerca de Ana. Pero en la medida en que estaba en el pasaje, y déjame animarte a que abras tu Biblia en 1 Samuel, capítulo 1, porque ahí es donde conocemos por primera vez a Ana. Aunque ya he leído este pasaje muchas veces, pensé que conocía bien su historia, creía saber mucho sobre Ana; cuando volví a leer el pasaje, me di cuenta de que no la conocía tan bien.
Hay algo que sucede cuando meditas en la Palabra de Dios, cuando pasas tiempo en un pasaje y no lo lees apresuradamente, sino que dejas que se impregne en tu sistema, empapándote de él, que es lo que he estado haciendo. Me he estado sumergiendo particularmente en estos dos primeros capítulos de 1 Samuel.
Y tengo que decir que, en las horas que he pasado inmersa en esos versículos, ha surgido un retrato completamente nuevo para mí, y muchas ideas sobre el mensaje de la vida de esta mujer que nunca antes había notado. Ahora estoy muy agradecida por el privilegio de poder compartirlo contigo, con la esperanza de que te entusiasmes tanto como yo con la vida de Ana a medida que avancemos en esta serie.
Comencemos en 1 Samuel, capítulo 1, versículo 1. Y para aquellas de ustedes que no saben quién es Ana, les diré que era la madre de Samuel, quien fue un gran profeta de Dios. Ella era una mujer que deseaba desesperadamente tener un hijo, así que Dios le concedió a su hijo Samuel, quien se convirtió en uno de los grandes líderes de Israel.
Pero hay mucho más en la historia, así que comencemos en 1 Samuel 1:1. Dice: «Había un hombre de Ramataim de Zofim [que es el lugar donde vivía] de la región montañosa de Efraín, que se llamaba Elcana…». Este es un nombre que debes anotar, porque es uno de los personajes principales de esta historia.
Elcana era «hijo de Jeroham, [que era] hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, el efrateo». Entonces, aquí tienes un poco de información sobre los antecedentes, sobre el linaje de Elcana. Versículo 2:
«Elcana tenía dos mujeres: el nombre de una era Ana y el de la otra Penina. Penina tenía hijos, pero Ana no los tenía».
Ahora, al leer este versículo, ya sabes que tenemos un problema. Tenemos un conflicto. El hecho de que haya dos esposas, una con hijos y otra sin hijos… bueno, esa es una receta para el desastre. Vamos a llegar a eso, pero primero quiero darte un poco más de contexto. El versículo 3 nos dice:
«Todos los años aquel hombre [Elcana] subía desde su ciudad para adorar…».
Presta atención a la palabra «adorar», porque se repetirá a lo largo de esta historia. Veremos que el punto central de esta historia es la adoración. El punto central de la crianza de los hijos es que tú misma seas una adoradora y luego enseñes a tus hijos a ser adoradores de Dios.
Este hombre dio el ejemplo. «Todos los años aquel hombre subía desde su ciudad para adorar y ofrecer sacrificios al Señor de los ejércitos en Silo. Allí los dos hijos de Elí, Ofni y Finees, eran sacerdotes del Señor».
Vamos a detenernos aquí. De hecho, vamos a dedicar bastante tiempo a estos versículos porque quiero que comprendamos el contexto. Cuando se estudian las Escrituras, siempre es útil preguntarse: «¿Cuál es el contexto de este pasaje?».
Es particularmente importante comprender la época en la que vivió Ana. En el próximo episodio veremos su familia y su contexto personal, pero primero quiero que veamos el contexto nacional y cultural en el que vivió.
Bueno, hay diferentes palabras que podríamos usar aquí, pero una de ellas que me viene a la mente es «decadencia». No eran buenos tiempos para la nación de Israel. Era la época de los jueces.
Y esta historia encaja con el período del libro de los Jueces, donde «no había rey en Israel; cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus propios ojos» (Jue. 21:25). Era una anarquía; las personas vivían como querían, a su antojo.
Según las fechas, Samuel, el hijo de Ana, nació alrededor del año 1100 a. C. Es decir que, unos 1100 años antes de la llegada de Cristo, Ana vivió, oró, sirvió y fue madre.
Y, por cierto, los acontecimientos del libro de Rut, que también tuvieron lugar durante la época de los jueces, probablemente ocurrieron en los veinte años anteriores. Así que no mucho antes de esto tuvo lugar la historia de Rut, que precede inmediatamente a 1 Samuel en el Antiguo Testamento.
También sabemos que después o durante la vida y el ministerio de Samuel, vino un rey llamado Saúl, y luego le siguió otro rey llamado David. Así que este es el contexto bíblico.
Como nación, Israel estaba pasando por dificultades. Estaba siendo acosada por los filisteos, asediada por los poderosos ejércitos de los filisteos que la rodeaban. Pero lo más importante es que este era un momento de decadencia espiritual en la nación de Israel. La nación había estado en un período de cien años de declive espiritual. Habían llegado a su punto más bajo.
Todavía existía una forma de religión, como leemos en estos tres primeros versículos. Había un tabernáculo en Silo, y algunas personas iban allí a adorar y a ofrecer sacrificios. Y, por supuesto, había sacerdotes.
Ahora, vamos a ver que la religión en esa época era solo una formalidad; faltaba el corazón. La mayoría de los adoradores no lo hacían de corazón. Había muchas violaciones de la ley y la Palabra de Dios en la práctica de la fe y la religión del pueblo.
Si pasas un par de páginas hasta 1 Samuel, capítulo 3, en el versículo 1 leerás algo muy importante. Es una descripción de la época, y en la segunda parte de este versículo, dice: «La palabra del Señor escaseaba en aquellos días». Esto quiere decir que había muy poca revelación de quién es Dios.
Cuando no tenemos revelación de quién es Dios, de lo que Él quiere, de Su voluntad y de Su ley, entonces viviremos como queremos. Dirigimos nuestras propias vidas. Y eso es exactamente lo que estaba sucediendo.
Entonces, el pueblo estaba corrompido. Me refiero al pueblo de Israel, el pueblo escogido de Dios, el pueblo que Él había redimido de la tierra de Egipto. Ellos estaban corrompidos, eran inmorales y había vacío de liderazgo, tanto espiritual como nacional. No había grandes líderes piadosos en la tierra, y no los había habido desde hacía mucho tiempo.
Los días de Moisés y Josué habían quedado atrás, y el pueblo estaba solo, como ovejas sin pastor, por así decirlo. Y para empeorar las cosas, no solo no había líderes, sino que los sacerdotes que tenían eran codiciosos. En general, eran arrogantes, corruptos e inmorales.
Elí era el último de su casa o de su línea sacerdotal, pero no vivía totalmente de acuerdo al sacerdocio. Es decir, había cosas buenas y no tan buenas en la vida de Elí. Sus hijos, de los que acabamos de leer, Ofni y Finees, que iban a seguir los pasos de su padre Elí como sacerdotes, eran hombres malvados.
Déjame mostrarte algunos versículos que lo demuestran. En 1 Samuel, capítulo 2, en el versículo 12, dice que «Los hijos de Elí eran hombres indignos». Otra versión dice que eran «hijos de Belial», o sea, hijos del diablo. Actuaban como el diablo. «Eran hombres indignos; no conocían al Señor». Estos eran los sacerdotes, los ministros, los pastores, por así decirlo.
Y el versículo 17 está en medio de un párrafo que describe la avaricia de estos hijos. Dios había ordenado que los sacerdotes pudieran comer lo que sobrara de los sacrificios. Pero en lugar de conformarse con las sobras, exigían que el pueblo les diera el sacrificio desde el principio. Eran avaros. Y esto es solo un resumen de un párrafo aquí en el capítulo.
Se estaban aprovechando del pueblo. Eran avaros. Estaban saqueando al pueblo. ¡Eran los sacerdotes quienes hacían esto! Y el versículo 17 lo resume diciendo: «El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Señor, porque despreciaban la ofrenda del Señor». Esos eran los pastores. Escucha lo que dice el versículo 22:
Elí [su padre] era ya muy anciano; y oyó todo lo que sus hijos estaban haciendo a todo Israel, y cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada de la tienda de reunión [esto es difícil de imaginar, pero así era]».
Esto hablaba de un ritual de fornicación que tenía lugar en los alrededores del tabernáculo.
¿Y sabes lo que hacían los israelitas? Imitaban las prácticas de los cananeos, que tenían estas costumbres religiosas paganas. Los sacerdotes mantenían relaciones sexuales con las mujeres, las prostitutas del templo que se encontraban justo fuera del tabernáculo.
Hoy pensamos que las cosas están mal, pero es importante recordar que en otras épocas en la historia del pueblo de Dios las cosas llegaron a un punto muy bajo. El versículo 25 de 1 Samuel, capítulo 2, dice:
«“Si un hombre peca contra otro, Dios mediará por él; pero si un hombre peca contra el Señor, ¿quién intercederá por él?”. Pero ellos no escucharon la voz de su padre».
Elí intentó corregir un poco a sus hijos, pero ellos no le escucharon. No tenían ningún interés en recibir consejo.
Hace poco me llamó una mujer que estaba muy preocupada por algunas cosas que están sucediendo en su denominación. Estaba llorando al teléfono.
Ella y su esposo ocupan puestos de liderazgo en esta denominación, pero habían visto algunas cosas y ella me dijo: «Muchos de los líderes de nuestras iglesias están motivados por el beneficio personal, la codicia. Hay una falta de integridad».
A lo que le respondí: «Bueno, algunas cosas no han cambiado mucho, ¿verdad?». Esto es lo que leemos en este pasaje.
Hoy tenemos muchos pastores, ministros e iglesias maravillosas. Pero todos podemos señalar situaciones realmente dolorosas en las que nos preguntamos: «¿Qué está pasando aquí?». Y es muy triste y trágico, así que nos preguntamos: «¿Dónde está Dios en esos momentos? ¿Qué está haciendo?».
Bueno, al adentrarnos en la historia de Ana, permíteme decirte que Dios sigue sentado en Su trono y siempre tiene un plan. Dios tiene un plan. Desde nuestra perspectiva terrenal y limitada, cuando las cosas parecen más desesperadas, cuando parece que nada bueno está sucediendo, cuando parece que el mal está ganando, ya sea en tu iglesia, en tu familia, en tu trabajo o en nuestra cultura, recuerda que Dios tiene un plan.
El plan de Dios no se verá frustrado. Dios siempre tiene un remanente. Dios siempre tiene algunas personas que lo aman y le son fieles, independientemente de lo que suceda a su alrededor. Las hay en tu iglesia, tal vez en tu familia, en tu entorno, y tú puedes ser parte de ese remanente.
Dios llama a ese remanente y los aparta, tal como hizo con la nación de Israel, para que sean una luz y reflejen Su gloria en los momentos más oscuros. Y veremos cómo Ana se convirtió en un reflejo de la gloria y la luz de Dios, y cómo Dios utilizó a esta esposa y madre para marcar la diferencia y ser un punto de inflexión en la nación de Israel.
Ahora, hay algunas cosas buenas que decir sobre esta familia. Creo que siempre es bueno empezar por ahí, porque pronto llegaremos a lo malo. Pero sabemos por este pasaje que Elcana descendía de la familia de Leví. Era levita y uno de los pocos de aquella época que se había mantenido fiel a Dios, en su mayor parte. Era un hombre devoto.
Aunque los sacerdotes no eran fieles a Dios, aquí hay un hombre que básicamente dijo: «Yo y mi casa serviremos al Señor. Adoraremos a Dios, aunque nadie más lo haga» (ver Josué 24:15) Y la verdad es que muy pocos lo hacían.
Elcana iba todos los años, posiblemente tres veces al año, que es lo que Dios había ordenado que hicieran los hombres judíos, para adorar a Dios y ofrecer sacrificios según lo establecido en la ley. Y su familia iba con él a adorar. Es un detalle poco significativo, pero no lo pases por alto, porque es un aspecto importante en la vida de una familia: que juntos adoren a Dios.
Y lo repito, por eso es tan importante (y si me lo permiten, quiero decirle esto a aquellas de ustedes que no están casadas); es muy importante que, cuando piensen en la elección de un compañero de vida, le pidan al Señor que les traiga un hombre que sea un adorador de Dios, para que, juntos, puedan adorar al Señor. No te concentres en las otras dieciséis características que te gustan de él si no es un adorador de Dios. Deben poder adorar a Dios juntos.
Este hombre lo hizo, y llevó a su familia con él. En general, esta era una familia piadosa. Era una familia cuya vida y temporadas del año se centraban en su relación con Dios. Eran fieles adoradores de Dios en medio de un ambiente impío.
Ahora, también vamos a ver, mientras buscamos cosas buenas en esta familia, que Elcana amaba a su esposa Ana. Ana tenía un esposo que se preocupaba por ella. Él satisfacía sus necesidades, la mantenía y tenía muchas cosas a su favor en esta familia.
Pero había algunos problemas. Había algunas dificultades. Había una gran nube sobre esta pequeña familia piadosa en algunos aspectos.
Y quiero recordarte que todas las familias tienen sus problemas, incluso las familias que consideras líderes espirituales y de las que piensas: Vaya, realmente tienen todo bajo control. Esa familia se lleva tan bien. Esa familia es tan piadosa. Y puede que lo sean, en muchos o en la mayoría de los aspectos; pero no me importa lo piadosa que sea una familia, siempre tiene sus problemas.
Y puede que pienses que incluso te encantaría estar casada con ese buen hombre, o con tu pastor, o algún líder espiritual, o con alguien cristiano a quien escuchas en la radio o en la televisión cristiana o en las redes. Pero, déjame decirte que tú no vives con ese hombre. No sabes cómo es, pero su esposa sí, y viceversa.
Pensamos que algunas mujeres son «mujeres muy piadosas» y las ponemos en un pedestal. Pero no sabemos lo que ocurre dentro de las cuatro paredes de su casa, a menos que estemos dentro de ellas.
Todos los hogares tienen sus problemas y todos los hogares tienen sus pecados. Cada hogar tiene sus fracasos. Y cada hogar tiene sus penas, así que tenemos que aprender a encontrar la gracia, Ana; la gracia de Dios en medio de esas circunstancias y situaciones.
¿Y no es increíble que todas las mujeres, tengan algún motivo de tristeza, algo que carga sus corazones, puedan hablar de eso con otras personas o no? Todas las mujeres que escuchan este programa hoy tienen algo que está cargando sus corazones.
Me sorprende la frecuencia con la que esos momentos de dureza y pesadez tienen que ver con nuestra familia: el matrimonio, los hijos… Ahí es donde residen muchos de nuestros dolores y penas.
Y uno de los problemas evidentes en esta familia es que se trataba de un matrimonio bigámico. El versículo 2 nos lo dice claramente, y me alegro de que las Escrituras no nos oculten estas cosas. Este hombre, Elcana, que era un adorador de Dios, amaba a Dios, era devoto de Dios, pero tenía un problema: tenía dos esposas.
En el mensaje de Charles Spurgeon sobre Ana, cita el consejo del sabio al sultán: «Primero aprende a vivir con dos tigresas, y luego espera vivir felizmente con dos esposas». Creo que esa es una descripción adecuada. Vivir con dos esposas puede ser algo más o menos parecido a vivir con dos tigresas.
En este matrimonio bígamo, que sabemos que no era el propósito ni el plan de Dios, aunque sucedió mucho en el Antiguo Testamento, pero no era lo que Dios había pretendido desde el principio. Cristo lo dejó claro en los Evangelios cuando habló de los matrimonios múltiples, el divorcio y el nuevo matrimonio, que desde el principio no eran lo que Dios había establecido o pretendido.
Dios dispuso que un hombre se casara con una mujer para toda la vida, y dondequiera que encuentres múltiples esposas en el Antiguo Testamento, encontrarás problemas acechando no muy lejos. No es la manera de Dios. Ya sea con dos esposas al mismo tiempo o con una esposa tras otra, matrimonios en serie, divorcios y nuevos matrimonios, no es el plan de Dios.
Dios puede redimir y traer restauración aun en estas situaciones; pero cuando no seguimos Su diseño —un matrimonio fiel y monógamo para toda la vida— nos exponemos al dolor.
En este caso, el matrimonio bígamo fue probablemente el resultado de que Elcana se casara primero con Ana, que aparentemente era su primera esposa y sin duda su esposa favorita. Él definitivamente la amaba, pero ella no había podido tener hijos. Fue un primer matrimonio sin hijos.
En aquellos días, un hombre cuya esposa no tenía hijos solía tomar una segunda esposa con el fin de que le diera hijos para continuar con el nombre y el linaje familiar. Dios nunca lo sancionó. No era el propósito ni el plan de Dios, pero Dios permitió que sucediera y, en muchos casos que podemos recordar del Antiguo Testamento, Dios terminó sacando un gran bien y gloria de eso.
Así que, en esta familia, en última instancia, este matrimonio bígamo dio lugar a competencia, comparaciones, celos, tensión, conflictos y rivalidad. Y hablaremos más sobre esto en el próximo episodio y veremos por qué sucedió todo eso y cómo Dios comenzó a actuar para cumplir Sus propósitos, a pesar de esta situación negativa.
Ahora, voy a detenerme aquí para preguntarte: ¿Cuál es la situación en tu hogar? ¿Cuál es la situación en tu familia que no es ideal? La situación en tu hogar puede ser una nube que se cierne sobre lo que otros pueden pensar que es tu pequeña familia feliz y piadosa. ¿Cuál es el motivo del dolor? ¿Cuál es el motivo de la tristeza? ¿Cuál es el motivo de la frustración?
Tienes un Dios que está dispuesto y es capaz de involucrarse contigo en esa situación y sacar gloria para Él mismo, para Sí mismo de ella. Puede que haya sido por tu propia culpa al pecar, o puede que hayan sido circunstancias sobre las que no tenías control; pero Dios puede, por Su gracia, redimir la situación más desesperada e impotente.
Ahora, puede que Él no cambie todas las circunstancias. El matrimonio de esta historia que vamos a estudiar seguirá siendo bígamo hasta el final. Pero Dios sacará de esas cenizas algo hermoso que le traerá gloria. Esa es la esperanza en esta historia, y más que eso, para ti en este momento. Es la esperanza para tu historia.
Señor, gracias por Tu gracia. Gracias por Tu misericordia. Gracias por soportarnos. Y gracias por cómo anulas y redimes las pérdidas que han sido causadas por nuestros pecados o los pecados de otros.
Señor, ayúdanos a tomar las decisiones correctas para no meternos en este tipo de situaciones. Y cuando nos encontremos en ellas, ayúdanos a recurrir a Ti y a encontrar Tu propósito y Tu plan, y a encontrar la gracia para redimir nuestras vidas y las de quienes nos rodean. Oro en el nombre de Jesús, amén.
Débora: ¿No te alegra que Dios conceda Su gracia, permitiendo que esposas y esposos imperfectos se amen mutuamente para Su gloria? Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado mostrando que así fue en la vida de Ana, la madre de Samuel. Mañana, ella continuará con más detalles de esta historia.
Antes de cerrar el episodio de hoy, quiero recordarte que este mes de abril, en nuestra página web AvivaNuestrosCorazones.com, tenemos un recurso disponible para ti por una donación, se trata del libro «Incomparable».
A lo largo de cincuenta días, Nancy DeMoss Wolgemuth te guiará en un recorrido profundo por la vida, el impacto y las enseñanzas de Jesús, ayudándote a contemplar Su singularidad y a afirmar con convicción que no hay nadie como Él. Que, día tras día, recuerdes esta verdad: Jesús es gloriosamente incomparable.
Visítanos en AvivaNuestrosCorazones.com para hacer tu donación y recibir este recurso. De antemano te damos gracias por apoyar este ministerio; tu generosidad nos permite seguir llevando a mujeres en todo el mundo el mensaje de libertad, plenitud y abundancia en Cristo.
Bueno, ¿alguna vez te ha parecido que las personas piadosas atraviesan por pruebas constantemente mientras que los pecadores tienen mucho éxito? ¿Por qué permite Dios este tipo de injusticias? ¿Y qué tiene eso que ver con Ana?
Nancy: La vida no es justa. ¿Se lo has dicho a tus hijos?
«¡Mamá, no es justo!».
Y tú respondes: «La vida no es justa». Y eso es cierto.
Ahora, Dios es justo y nunca comete errores. Él es bueno. Él es recto. Él es santo. Pero Dios no trata a todas las personas por igual. Muchas veces, Dios no nos da una explicación para nuestras aflicciones, al menos no aquí y ahora.
Débora: Hablaremos de esto el día de mañana. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.
Llamándote a libertad, plenitud y abundancia en Cristo, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.
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