Podcast Aviva Nuestros Corazones

Dios nunca te abandonará

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy DeMoss de Wolgemuth.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Pienso que una de las promesas más profundas en toda la Palabra de Dios es la que Dios le hizo a Josué cuando dijo: «Nunca te dejaré ni te desampararé.» Hoy vamos a explorar juntas lo que esto significa—en la vida diaria.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Dios está contigo en este momento. Esa es una verdad simple, pero tiene aplicaciones profundas. Aprecia de una nueva manera la presencia de Dios, a medida que Nancy continúa enseñándonos acerca la vida de Josué en la serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 7): Ingredientes indispensables para la vida.»

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Si digo la frase: «No salgas de casa sin ella,» ¿de qué estoy hablando? Quizás muchas de ustedes conocen un comercial de televisión y contestarán que me estoy refiriendo a la tarjeta American Express. Quizás has visto los anuncios y a la gente en todo el mundo en situaciones extrañas y fuera de sus hogares, en lugares apartados, y ellos están perdidos si no tienen su tarjeta American Express con ellos, por lo que el comercial dice: «No salgas de casa sin ella.»

Bueno, he pensado en esa frase y en la tarjeta American Express a medida que he estado meditando en los primeros párrafos del libro de Josué, capítulo 1, los nueve primeros versos. Hemos visto el cambio de guardia, el testigo que Josué recibió de Moisés, y Josué ahora se ha convertido en el líder del pueblo de Dios, para llevarlos a la tierra prometida.

A medida que Dios habla con Josué en estos versículos iniciales, Él le dice que hay dos cosas sin las cuales no debería salir de casa. A medida que leo estos versículos, yo quiero pedirte que elijas cuáles crees que son los dos elementos esenciales que Josué tenía que tener con el fin de tener éxito en este llamado, en esta vocación. Estas cosas se repiten en estos versículos, así que mientras los leo, búscalos, empezando en Josué 1: 1.

«Sucedió después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, que el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Todo lugar que pise la planta de vuestro pie os he dado, tal como dije a Moisés. Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río, el río Éufrates (al este), toda la tierra de los hititas hasta el mar Grande que está hacia la puesta del sol,(el oeste) será vuestro territorio. Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría. Solamente sé fuerte y muy valiente; cuídate de cumplir toda la ley que Moisés mi siervo te mandó; no te desvíes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito dondequiera que vayas. Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche, para que cuides de hacer todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y tendrás éxito. ¿No te lo he ordenado yo? (Dios le dice a Josué) ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.» (vv. 1-9).

Ahora, hay cierta repetición en estos versículos, y yo creo que eso es porque Dios sabe que necesitamos la repetición. Tenemos que escuchar las cosas una y otra vez. He estado meditando en esos versos una y otra vez en los últimos meses, y Dios los ha usado, cuando pienso en el llamado que Dios me ha hecho, para darle a mi propio corazón una fe y una valentía renovadas. Espero que durante estos próximos días mientras hablamos juntas sobre estos versículos, Dios traiga nuevo valor y fe a tu propio corazón en cualquier situación que puedas estar enfrentando en tu vida.

En este pasaje, vemos que hay dos temas recurrentes en la vida de Josué, que también habían estado en la vida de su predecesor, de Moisés. Hay dos cosas sin las cuales no se debería salir de casa. La primera es la presencia de Dios. Iré contigo. No vayas sin Dios. No puedes ir sin Dios. No salgas de casa sin Él. La presencia de Dios.

La segunda es la Palabra de Dios. «Este libro de la ley no se apartará de tu boca, sino que meditarás en él día y noche.» No salgas de casa sin él. Dondequiera que vayas, hagas lo que hagas, si deseas tener éxito y prosperidad, lleva la Palabra de Dios en tu corazón. Medita en ella. Hazlo. Apóyate en ella.

La presencia de Dios y la Palabra de Dios. Dos ingredientes indispensables en la vida de cualquier servidor de Dios. No importa la edad o lo joven que seas. No importa si eres una estudiante o una esposa o una madre o lo que sea que estés haciendo en tu etapa de la vida, necesitas la presencia de Dios y necesitas la Palabra de Dios.

Fuerza, valor, éxito, liberación del desánimo. Todas estas cosas vienen de saber que Dios está contigo y de saber que estás en obediencia a la Palabra de Dios.

En esta sesión y la siguiente quiero que hablemos de la presencia de Dios y lo que significa tenerla en nuestras vidas y lo que ese conocimiento debería hacer en nosotras. Luego, en las siguientes sesiones hablaremos de la Palabra de Dios. La presencia de Dios y la Palabra de Dios.

Ahora, antes de su muerte, Moisés había prometido que Dios estaría con los israelitas al entrar en la tierra prometida. Por favor mantén tu dedo en Josué capítulo 1, porque vamos a volver allí; pero a la misma vez, vamos por un momento unas cuantas páginas atrás, a Deuteronomio, capítulo 31.

En el versículo 3 dice Moisés a los israelitas,

«El Señor tu Dios pasará delante de ti; Él destruirá estas naciones delante de ti y las desalojarás… no temáis ni os aterroricéis antes ellos, porque el Señor tu Dios es el que va contigo. No te dejará ni te desamparará.

Josué es el que pasará delante de ti, tal como el Señor ha dicho.» (vv. 3 y 6) 

Luego, en el versículo 7, Moisés habla a Josué.

«Entonces llamó Moisés a Josué y le dijo en presencia de todo Israel: Sé firme y valiente, porque tú entrarás con este pueblo en la tierra que el Señor ha jurado a sus padres que les daría, y se la darás en heredad. El Señor irá delante de ti; Él estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes.» (vv 7-8.).

Ahora, es interesante que en todo este pasaje vemos dos veces esta conexión entre el hecho de que Dios estará contigo y el hecho de que no debes tener miedo o estar consternada. Es un conocimiento consciente de la presencia de Dios en tu vida, es lo que te mantendrá libre de temor.

Y veremos a medida que vayamos por las escrituras, la frecuencia con la que la presencia de Dios (Yo estaré contigo), está ligada a la liberación del miedo. «No temas, yo estoy contigo.» Si sabes que Dios está contigo, si estás apostando a eso, si eres consciente de ello, si estás confiando en Su presencia, entonces no habrá lugar para el miedo, ni razón para temer.

Sí, hay gigantes en la tierra, pero el Dios que está conmigo es mayor que los gigantes que están en la tierra. Ahora, Josué no solo acababa de oír esa promesa indirectamente por medio de Moisés. En el pasaje que acabamos de leer, Moisés era el que le decía a Josué: «Dios estará contigo."» Pero en este otro en Su bondad Dios mismo habló con Josué amablemente y le prometió: «Yo estaré contigo.»

Volvamos la página a Deuteronomio capítulo 31, verso 23. Esto es, mientras Moisés sigue viviendo. «Entonces Él nombró a Josué, hijo de Nun, y le dijo: Sé fuerte y valiente, pues tú llevarás a los hijos de Israel a la tierra que les he jurado, y yo estaré contigo.» Dios le dice esto a Josué.

Y entonces volvemos a Josué capítulo 1, el pasaje donde empezamos. Ahora estamos ya después que Moisés ha muerto y Dios le dice a Josué: «Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida. Así como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te abandonaré. Sé fuerte y valiente, porque tú darás a este pueblo posesión de la tierra que juré a sus padres que les daría.» (1: 5-6). Leí en un comentario que esa frase, «yo no te dejaré ni te desampararé,» también podría traducirse, «no te dejaré caer ni te abandonaré.» ¿No te gusta esa idea?

«No te dejaré caer ni te abandonaré.» y quizá tú digas: «pero, tengo miedo» Pero es Dios que te dice: «no te dejaré caer ni te abandonaré. Yo estaré contigo.» El versículo 9, Josué, capítulo 1, «¿No te lo he ordenado yo? ¡Sé fuerte y valiente! No temas ni te acobardes, porque el Señor tu Dios estará contigo dondequiera que vayas.»

Josué necesitaba al inicio de su ministerio –él había sido el asistente de Moisés, pero ahora él estaba a cargo, y Josué necesitaba desesperadamente saber que había alguien que estaba a cargo de él, que Dios estaba a cargo y que estaba con él.

  • Josué sabía que no había manera de que pudiera llenar los zapatos de Moisés.
  • Él sabía que no había manera de que pudiera llegar al otro lado del Jordán.
  • Él sabía que no había manera de que pudiera hacer frente a todos esos enemigos del otro lado del Jordán.
  • Él sabía que no había manera de que pudiera cumplir la tarea que se le había encomendado. Recuerda que cuarenta años antes, Josué había sido uno de los espías que habían ido a la tierra. Él había visto la tierra.
  • Él sabía lo gruesas que eran esas murallas alrededor de esas ciudades.
  • Él sabía lo altos que eran esos gigantes que estaban en la tierra prometida. Él los había visto con sus propios ojos.
  • Él sabía que no podía conquistarlos por sí mismo.
  • Él sabía que necesitaba a Dios con él.
  • Él sabía que no tenía ninguna esperanza de éxito, que no tenía oportunidad de sobrevivir, si Dios no estaba con él. Así que Dios le asegura: «Yo iré contigo.»

Creo que esa promesa: «Yo estoy con ustedes», es una de las más grandes promesas que Dios les ha dado a sus hijos. A medida que leemos la Escritura, veremos esta promesa repetida una y otra y otra y otra y otra vez. «Estoy contigo.» «Iré contigo.» «Estoy con ustedes ahora, voy a estar con ustedes después.» Verás que se repite una y otra vez.

A menudo, en momentos de crisis o incertidumbre. Cuando no sabes qué hacer «Yo estoy contigo.» Si tienes miedo. «Yo estoy contigo» Hay una crisis que nos preocupa. «Estoy contigo.»

Permítanme leerles varios versículos que afirman este punto. Son versículos con los que probablemente estarás muy familiarizada. No voy a pedirte que vayas a ellos, pero vamos a tener las referencias en la transcripción de este programa en Aviva Nuestros Corazones.com.  Pero escucha algunos de estos momentos en los que Dios se apareció a sus siervos, muchos de ellos estaban en tiempos de crisis, y les dio esta promesa de estar con ellos.

Pienso en el libro de Génesis capítulo 26, donde Isaac se encuentra con el Señor. Isaac se ha visto obligado a mudarse y está en búsqueda de un lugar seguro donde establecerse. Y Dios viene a él en Génesis 26:24 y le dice: «Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré...» Es como si eso fuera todo lo que necesitara. Eso lo resuelve. Él no tiene que tener miedo nunca más. Dios está con él. El mismo Dios que estaba con su padre Abraham.

Génesis 28:15, Dios le dice a Jacob: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que vayas, y te haré volver a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he prometido.» Entonces vemos que Dios le da la promesa a Abraham, a Isaac y a Jacob.

Escucha, no es suficiente que sepas que Dios estuvo con tus padres, que Dios estuvo con las generaciones anteriores. Es necesario que sepas que Dios está contigo en tu generación hoy. Dios está contigo, y Él da esa promesa a las generaciones sucesivas.

En Éxodo capítulo 3, Dios está llamando a Moisés a dejar su puesto como pastor en el desierto y a volver a Egipto, donde él había crecido, y guiar a su pueblo de la cautividad. Moisés, que ha estado viviendo una vida solitaria más o menos en los últimos 40 años, está aterrado. Él sabe que no puede caminar hasta faraón y decirle: «Deja que estos dos millones de personas se vayan –estas personas que le están sirviendo y que son sus esclavos.» Faraón no le prestaría ninguna atención a él, lo que  él diría, sería «decapítenlo.»

Estoy parafraseando la Escritura un poco aquí, pero en Éxodo 3:11, «pero Moisés dijo a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón, y sacar a los hijos de Israel de Egipto? Y Él contestó: v. 12 Ciertamente yo estaré contigo.» es como si Dios estuviera diciendo: «Moisés, ¿qué más necesitas? Si yo estoy contigo, ¿a quién más necesitas? ¿Qué necesitas que ya no tengas? Si Yo estoy contigo, tú tienes todo lo que necesitas para ir a hablar con el Faraón. Yo soy mayor que Faraón, y yo voy contigo.»

En Deuteronomio 20: 1, Moisés dijo a los israelitas,

«Cuando salgas a la batalla contra tus enemigos y veas caballos y carros, y pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos; porque el Señor tu Dios que te sacó de la tierra de Egipto está contigo.»

Moisés había experimentado que Dios era mayor que el Faraón. Dios era mayor que el ejército egipcio. Y ahora Moisés le está diciendo a los hijos de Israel, que a medida que van a la tierra prometida habrá otros ejércitos. Habrá otros reyes malvados y gobernantes. Habrá caballos y carros. A veces serán superados en número. A veces serán burlados. Serán dominados otras veces.

Entonces, ¿qué debes hacer? No tengas miedo. Porque Dios está contigo. El mismo que trajo a sus padres de la tierra de Egipto, Él irá con ustedes a la tierra. Él estará con ustedes. Eso es todo lo que se necesita.

  • Es mayor que el enemigo.
  • Es mayor que el ejército.
  • Ustedes no lo son, pero Dios es más grande y Dios va contigo.

Pienso también en ese pasaje en Jueces capítulo 6, donde Gedeón, con miedo, con temblor, Gedeón asustado fue enviado por Dios, a la batalla contra los madianitas y Dios le iba a dar un plan de batalla muy extraño. Él iría en contra de este enorme ejército de los madianitas con 300 soldados. Ellos eran superados en número inmensamente. Y él respondió: «Ah Señor, ¿cómo libraré a Israel? He aquí que mi familia es la más pobre en Manasés, y yo el menor de la casa de mi padre (yo soy un don nadie). ¿cómo podré hacer esto?  Pero el Señor le dijo: Ciertamente yo estaré contigo...»(Jueces 6: 15-16).

¿Qué más necesitas? No importa lo pequeño que seas, lo poco que seas, lo pequeña que sea tu tribu, lo pequeña que sea tu familia, o que nadie sepa quién eres. ¿Y qué? de hecho «mientras más pequeño seas, más gloria le puedes llevar a Dios,» dice Dios.

La gente sabrá que tú no ganaste esta batalla. Se darán cuenta de que no fue tu poder, tu energía, tu fuerza que hizo esto. Se darán cuenta que fue el poder de Dios.

Llegamos a 2 Crónicas 20:17, donde Josafat es el rey de Judá. Él está hablando al pueblo de Judá que es ahora superado en número sin ninguna esperanza por los ejércitos confederados de Moab y Amón. Josafat le dice al pueblo:

«No necesitáis pelear en esta batalla; apostaos y estad quietos, y ved la salvación del Señor con vosotros, oh Judá y Jerusalén.» No tengan miedo y no desmayen mañana vayan contra ellos y el Señor estará con ustedes

Ahora, ¿cómo Josafat sabía que el Señor iba a estar con él? Dios le había dicho: «Yo estaré contigo.» Y ahora, con la fe que brota en su corazón, Josafat rey le dice a su pueblo que está temblando de miedo: «No tengan miedo. Dios me ha dicho que Él estará con nosotros. Les digo que Dios estará con nosotros cuando entremos en esa batalla. No hay nada que temer.»

Ahora humanamente hablando, él está loco. Humanamente hablando, él perdió el juicio. En términos humanos, el ejército de Judá sería demolido por el ejército de moabitas y amonitas. Pero Dios está con su pueblo. Pero Dios está contigo, Él le dice al ejército a medida que salen. Así que cuando salen a la batalla al día siguiente, recordemos cómo salieron. Cantando canciones de alabanza. Ellos pusieron el coro en la parte delantera del ejército. ¿Cómo te gustaría a ti estar en ese coro? Dios había puesto la fe en sus corazones.

Dios está con nosotros. El campeón y guerrero invisible de nuestra fe. Él es quien va delante de nosotros. Él va en nosotros, con nosotros, a través de nosotros, por encima de nosotros, y a nuestro lado. Él va con nosotros. No tengas miedo.

Puedes leer el mismo tema en todo el libro de Isaías. Permíteme leer algunos versos que son familiares.

Capítulo 41:10,

«No temas, porque yo estoy contigo;

no te desalientes, porque yo soy tu Dios.

Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré,

sí, te sostendré con la diestra de mi justicia» (Is. 41:10).

Capítulo 43:1-2,

«...No temas, porque yo te he redimido...

 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo,

y si por los ríos, no te anegarán;

cuando pases por el fuego, no te quemarás,

ni la llama te abrasará»

¿Cómo caminas a través de las inundaciones, y a través de los incendios? Y la vida tiene incendios e inundaciones en sentido literal, pero muchas veces en un sentido no tan literal y se siente como si todo el mundo estuviera en tu contra. ¿Cómo caminas a través de eso sin miedo? Vas sabiendo que si tú eres una hija de Dios, Dios te ha redimido y ha prometido estar contigo y en ti.

En Jeremías, leemos la misma idea siete veces: «No tengas temor ante ellos, porque contigo estoy para librarte —declara el Señor.» (Jer. 1: 8).

Verás, cuando llegas al Nuevo Testamento, el apóstol Pablo está en la ciudad de Corinto, que se le oponen y es injuriado. En Hechos 18: 9, leemos: «Y por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo:» –puedo imaginar que esta podría haber sido una noche en la que Pablo se fue a dormir muy preocupado. ¿Qué va a pasar? No sabemos, tal vez no podía dormir, pero el Señor se le apareció en una visión y dijo: «No temas, sigue hablando y no calles;» Yo estoy contigo

Soy El que Soy. El Dios que apareció a Abraham, Isaac, Jacob y Moisés y Jeremías e Isaías y Gedeón. Estoy contigo. El mismo Dios. El Dios de tus padres. El Dios que les auxilió, el Dios que llevó a los hijos de Israel a la tierra prometida. Estoy contigo. No temas.

En la segunda carta a Timoteo capítulo 4, Pablo dice: «En mi primera defensa nadie estuvo a mi lado, sino que todos me abandonaron; que no se les tenga en cuenta. Pero el Señor estuvo conmigo y me fortaleció,» (2 Tim. 4: 16-17).

Algunas de ustedes en su situación familiar quizá se sientan abandonadas. Yo recibo correos electrónicos de nuestras oyentes que dicen, «Todo el mundo se ha ido. Nadie está siguiendo al Señor en mi círculo de amigos o mi familia o en mi trabajo. ¿Qué debo hacer? Me siento tan sola.»

Pablo dijo: «El Señor me ayudó y me fortaleció.» Dios estará junto a ti cuando sientas que has sido abandonada y que estás sola. Él te fortalecerá.

Mientras Jesús estaba a punto de ascender al cielo, dijo a sus discípulos:

 «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado;» (¿Cómo harán esto?) «he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.» (Mat. 28: 19-20).

Aquellos discípulos se deben haber sentido un poco como Josué preparándose para entrar en la tierra prometida. ¿Cómo vamos a hacer esto? Los líderes religiosos judíos no están a favor de esta nueva cosa del cristianismo. El gobierno romano no va a estar a favor de ella. ¿Y Tú nos estás diciendo que nos quedemos aquí, que este pequeño grupo de discípulos aterrorizados que se supone que debemos ir y hacer discípulos en todas las naciones? ¿Cómo vamos a hacer eso?

Jesús les dijo: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.» No vas a hacerlo sola. No vas en tu propia fuerza o en tu propio poder. «Tú vas en mi fuerza, en mi nombre, en mi poder, y conmigo en el timón.»

Dios le hace la misma promesa a su pueblo hoy. «Nunca te dejaré ni te desampararé» Heb. 13: 5. «No, yo nunca te dejaré. Nunca te dejaré.»

Charles Spurgeon habla de la frase «Nunca te dejaré.» Me encantan sus palabras. Él dice:

No hay nada que puedas desear; no hay nada que puedas pedir; no hay nada que puedas necesitar en el tiempo o en la eternidad; no hay nada que viva o que muera; no hay nada en este mundo ni en el venidero; no hay nada ahora, nada en la mañana de la resurrección, no hay nada en el cielo que no esté contenido en este texto: «Nunca te dejaré ni te desampararé.»

Todo lo que puedas desear o necesitar, ahora, en el futuro, por un tiempo, o por toda la eternidad, se encuentra en esa promesa: «Nunca te dejaré ni te desampararé.»

Ha habido muchas veces en el proceso de dar a luz a Aviva Nuestros Corazones y durante el crecimiento del ministerio y con el paso de los años en que me he sentido, por momentos, muy sola. Ahora, no estoy sola, y Satanás puede usar eso como un arma para conseguir hundirnos emocionalmente para hacernos pensar que estamos solas.

Doy gracias al Señor por las personas que oran, por las personas que motivan, por las personas que apoyan este ministerio de diferentes maneras. Cuando estoy sentada en mi estudio a veces tratando de preparar el material para las próximas grabaciones o algo está sucediendo en el ministerio que es un reto, a veces me siento como si no hubiera nadie aquí que camine a través de esto conmigo.

Hay momentos en que las aguas se ponen un poco turbulentas. Hay momentos en los que se vuelven realmente turbulentas. Lo que estoy compartiendo sé que es verdad en mi vida, pero que también sé que es verdad en la tuya.

Hay tantas veces en las que he pensado para mí misma en aquellos discípulos en ese mar tempestuoso con las olas que se levantaban contra la barca, las olas más altas que el bote, y los discípulos pensando que se iban a ahogar, y he estado pensando, si yo no hubiese sabido que es Jesús quien está en esta barca conmigo, me hubiera desanimado. Yo estaría aterrada. Habría renunciado. Estaría segura de que nos ahogaríamos.

Pero lo que trae paz y estímulo y gracia, confianza y seguridad a mi corazón, lo que me permite dormir bien por la noche, es saber que nunca estoy sola en la barca. No importa qué tan tormentoso o cuán altas puedan ser las olas, no importa cuán amenazada mi barca pueda estar, sé que Jesús está en esa barca. Él está allí conmigo.

Es Su presencia la que me da confianza, la que me libera del miedo, que me permite avanzar sabiendo que esa barca podría hundirse, pero incluso si caigo en esas olas, no estoy sola. Porque Él ha dicho: «Yo estaré contigo.»

Él está contigo hoy en la barca. Está contigo hoy en la tormenta. Tú dirás: «bueno es que yo hoy no estoy en una tormenta» Bueno, pues puede ser mañana, y Él estará contigo en ese momento. «Nunca te dejará ni te abandonará.» No tengas miedo.

Carmen Espaillat: Quizás tú necesitas aferrarte a estas palabras hoy. Nancy DeMoss de Wolgemuth te ha estado mostrando por qué la presencia de Dios es un antídoto para el miedo. El programa de hoy es parte de la serie «Lecciones de la vida de Josué (Parte 7): Ingredientes indispensables para la vida.» Definitivamente no habría sido posible para Josué luchar sus batallas sin la Palabra de Dios y sin la presencia de Dios.

Te invitamos a visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com y ser orientada con muchas enseñanzas que te animarán a aprender más de la Palabra de Dios. Visítanos, escucha los programas y lee los artículos que tenemos allí para ti. Si así lo deseas, puedes también dejar tu comentario al final de la transcripción del programa de hoy. ¡Nos encantaría saber de ti!

Bien, Nancy dice que la presencia de Dios lo es todo. Sin Él no podrás lograr nada, y con Él no puedes fallar. Estudiaremos por qué la presencia de Dios es tan importante, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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