Aviva Nuestros Corazones Podcast

Maternidad bajo la providencia de Dios

Annamarie Sauter: «Educando en un mundo hostil». ¿Te sientes así? Jocabed, la madre de Moisés, tiene una lección para ti.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «No vamos a entregarle nuestros hijos al enemigo», fue su forma de pensar. «Vamos a hacer todo lo posible para estar atentas y alertas».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Es tan fácil dejarnos llevar por cómo los que nos rodean hacen las cosas. Esto es así también para los padres. Siguen la corriente de cómo otros crían a sus hijos. Hoy Nancy te desafiará, seas madre o mentora, a asumir tu rol con intencionalidad. Ella continúa en la serie titulada, «Recordando a Miriam».

Nancy: Hace unos días escuché una respuesta bien clara de una madre a quien se le preguntó sobre cuál era su ocupación. Y esto fue lo que ella respondió:

«Me encuentro socializando a dos homosapiens dentro de los valores dominantes de la tradición judeocristiana para que ellos puedan ser instrumentos en la transformación del orden social hacia la utopía teleológicamente prescrita, inherente al mensaje de salvación del evangelio de Jesucristo. ¿Qué haces tú?»

Esa fue su respuesta. Bien, en Éxodo 1 y 2, los capítulos que estamos viendo en estos programas, nos encontramos viendo el impacto transformador que tuvieron cinco mujeres en el mundo; este pasaje nos da los nombres de dos dos de ellas, pero tres de ellas quedan en el anonimato. Ellas tenían el corazón de Dios para la próxima generación y tenían también una visión de lo que Dios puede hacer cuando nos mostramos obedientes y llenas de fe.

Ellas vivieron el propósito del evangelio y el llamado de Dios en sus vidas. Como resultado, hemos sido bendecidas en gran manera, en la medida en que ellas se convirtieron en instrumentos del plan redentor de Dios.

Para aquellas de ustedes que no han podido acompañarlos en el último par de sesiones, permítanme darles un breve bosquejo aquí. Los hijos de Israel son esclavos en Egipto. Faraón había emitido el edicto de que todos los bebés varones debían ser ahogados en el río Nilo.

En medio de todo esto, una mujer de la tribu de Leví (su nombre era Jocabed, aunque no se nos dice en este pasaje) se encuentra embarazada. Ella concibe y da a luz a un bebé varón. Todos los bebés varones estaban supuestos a morir en ese entonces.

Ella mira a su bebé y dice: «Este bebé es precioso, no puedo permitir que muera». Ella no podía entregar este bebé a Faraón. Ella no entregaría el bebé a Faraón bajo ninguna circunstancia.

Ella ejercita su fe, la cual la libra del temor. Ella escondió el bebé durante tres meses. Luego, cuando no pudo esconderlo por más tiempo, colocó el bebé en una canasta en el río Nilo, donde todos los bebés varones estaban supuestos a ser ahogados, y renunció a su hijo.

Ella pudo estar temerosa, pero no lo estaba, porque ella sabía que nuestras vidas no están controladas por la casualidad. Esto me trae de nuevo al tema que mencione al principio de esta serie, el tema de la providencia de Dios. Providencia. Lo he mencionado a menudo, y me encanta vivir bajo la providencia de Dios.

¿Qué es la providencia de Dios? Durante este pasaje, estaremos viendo lo que significa esta palabra. Dios mira hacia adelante. Pro videncia: pro = antes, videncia = visión. Dios tiene visión. Él puede ver las cosas que acontecerán, y Él provee para lo que está por venir, algo que solo Él ve y conoce.

Puedes separar la palabra de esta manera: Pro videncia, providencia de Dios. Él provee para lo que Él sabe que está por venir. Él siempre está orquestando las circunstancias y los eventos de nuestras vidas para ejecutar Sus propósitos.

A medida que continuamos en este recuento de Éxodo 2, quisiera que viéramos las evidencias de la mano proveedora de Dios y de su cuidado hacia nosotras. El asunto con relación a la providencia es que usualmente no podemos verla cuando estamos en medio de las circunstancias. Solo podemos ver esa provisión cuando miramos hacia atrás.

Por eso es que nosotras necesitamos confiar ahora, cuando no podemos ver lo que Dios está haciendo, sabiendo que un día podremos ver y podremos entender que Dios no estaba ni distraído ni ajeno a lo que acontecía. Él no estaba inactivo. Él tampoco estaba dormitando en Su trono. Él estaba muy involucrado y activo en cada momento, sabiendo qué pasaría y trabajando para proveer.

Así que en Éxodo 2, vemos a la madre, Jocabed, que ha puesto a su hijo en esta canasta a orillas del río Nilo. Versículo 4: «Y la hermana del niño se puso a lo lejos para ver qué le sucedería».

Aquí es donde se nos introduce a Miriam, aunque no se nos da su nombre en este pasaje. Esta es la primera referencia a Miriam, a quien estudiaremos en las próximas sesiones.

Probablemente ella se encontraba entre los siete y los doce años. Ella era una niña, una joven mujer. Veo en ella a una joven niña de carácter despierto y cuidadoso. Ella estaba alerta. Después de todo, ella era primogénita, y nosotras las primogénitas somos responsables, ¿no es así?

Ella está teniendo cuidado de las cosas. Ella es la hermana mayor. Y su instinto, al igual que el de su madre, es el de proteger. A medida que vemos a Miriam en esta escena, de tres que las Escrituras nos presentan de su vida, ella está aprendiendo las primeras lecciones de fe como una joven niña.

Este incidente le dará forma a su vida. Esto va a formar a la mujer en quien ella se convertirá. Al recordar mi vida pasada, pienso en incidentes durante mi niñez donde empecé a ver la mano de Dios obrando; y eso es lo que le está sucediendo a Miriam.

En el versículo 5, somos introducidas a la quinta de estas cinco mujeres que estamos viendo en Éxodo 1 y 2. Las dos parteras, Jocabed, la madre del Moisés, Miriam, la hermana mayor de Moisés, y ahora nos encontramos con la quinta mujer, versículo 5: «Y la hija de Faraón bajó a bañarse al río».

En mis notas coloco una «P» mayúscula justo al lado de este pasaje bíblico. El hecho de que la hija de Faraón, ¿quién era su padre? El mismo que emitió el edicto de que todos los bebés varones debían ser ahogados. Esa hija de ese hombre vino a tomar un baño en ese lugar específico del río en ese el preciso momento.

¿Coincidencia? No lo creo. Providencia. Ella «bajó al río a tomar un baño, mientras las jóvenes que le acompañaban caminaban a la orilla del río. Ella vio esa canasta entre los arbustos». Coloca otra «P» aquí, providencia.

Ella vio esa canasta. El Nilo era un río inmenso, hubiese sido fácil perder de vista algo como eso. Pero Dios tenía a la joven en el lugar perfecto y la canasta por igual en el lugar perfecto. ¿Había flotado? ¿Se había quedado justo en el lugar donde fue colocada? No sabemos. Pero donde fuera que fuese, fue ese el momento preciso en que ella la divisó. Eso es providencia.

«(Ella) envió a su sirvienta quien tomó la canasta». Me parece que hay una providencia aquí, que esta sirvienta no atinó a gritar ni a objetar la disposición de la princesa de que tomara el bebé. Esto fue parte del plan de Dios, que todas las mujeres involucradas en esta parte inicial de la vida de Moisés estuvieran protegiendo su vida en lugar de destruirla.

Versículo 6: «Al abrirla, vio al niño, y he aquí, el niño lloraba». Aquí pongamos otra «P» de providencia. Dios sabía en qué momento debía llorar el bebé para ganar el corazón de esa mujer.

«Ella se compadeció de él». Coloquemos otra «P» de providencia aquí. Las mujeres egipcias no eran educadas para amar a los niños hebreos.

Versículo 7: «Entonces la hermana del niño dijo a la hija de Faraón: Quieres que vaya y te llame una nodriza de las hebreas para que te críe al niño?»

Ahora volvamos a Miriam. Podemos ver que era una joven que tenía, como decimos, una buena cabeza sobre sus hombros. Ella respondió rápidamente en el momento de crisis. Ella fue una joven muy capaz, y veremos como eso sale a relucir más tarde en su vida. Versículos 8 y 9, dicen:

«Y la hija de Faraón le respondió: Sí, ve. Y la muchacha fue y llamó a la madre del niño. Y la hija de Faraón le dijo a Jocabed, Llévate a este niño y críamelo, y yo te daré tu salario. Y la mujer tomó al niño y lo crió».

Coloca una «P» mayúscula cerca de este versículo. Aquí está la hija de Faraón. Dios impacta el corazón de esta princesa pagana y le da compasión por el necesitado, por este pequeño bebé. Y luego, la madre del bebé termina recibiendo un salario de la casa de Faraón por cuidar a este bebé.

¡No podemos negar el elemento sobrenatural aquí! Humanamente no hubiese sido posible que sucediera todo esto que hemos escuchado. Faraón odiaba al pueblo hebreo. Él estaba determinado a eliminarlo.

Fuera de la providencia de Dios, el desenlace de esta historia hubiese sido muy pero muy diferente. No existía posibilidad humana de que Moisés sobreviviera a esta situación, mucho menos de que su propia madre lo cuidara y recibiera retribución por ello; esto solo fue posible por la providencia de Dios.

Ahora bien, probablemente Jocabed cuidó de su hijo durante los primeros dos o tres años de su vida. Las madres hebreas amamantan a sus hijos hasta que ellos tienen cerca de dos o tres años de edad.

Así que Moisés pasó sus primeros dos años de vida criado en el contexto de una familia de fe, una familia creyente. No tengo dudas de que Jocabed oraba por su hijo, mientras ellos estaban juntos y luego también cuando él se fue a vivir al palacio de Faraón.

Pero mientras ella tuvo a su hijo con ella, ¿no crees que ella le estuvo enseñando acerca de su verdadera identidad? Este es quien realmente eres, hablándole al oído, para que él, aún a su temprana edad, pudiese entender las promesas de Dios, el pacto de Dios, e introduciéndolo al Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

Moisés fue entrenado en la fe hebrea mucho antes de que fuese introducido en la educación egipcia. Al convertirse en un hombre dentro del palacio de Egipto, vemos que esta enseñanza temprana en el regazo de su madre aún estaba allí en su corazón. Aquí se puede apreciar la manera cómo esa primera formación recibida de su madre tuvo una influencia de por vida en él.

Versículo 10: «Cuando el niño creció, ella lo llevó a la hija de Faraón, y vino a ser hijo suyo; y le puso por nombre Moisés, diciendo: pues lo he sacado de las aguas».

Entonces Moisés es su nombre egipcio. La palabra significa literalmente, «sacado». Es un nombre descriptivo en primer lugar, porque él fue sacado del agua. La misma agua que tenía la intención de matar a Moisés se convirtió en su lugar de salvación. El fue sacado de las aguas.

También era un nombre profético, porque ochenta años más tarde, él sería usado para guiar al pueblo de Dios fuera de Egipto a través del Mar Rojo.

¡Qué ironía! Esto es, de nuevo, producto de la providencia, que él hubiese sido rescatado del río por la propia hija de Faraón y luego haber crecido bajo la protección de aquél que quería terminar con su existencia. Faraón había ordenado que todos los bebés varones hebreos fueran ahogados.

Pero en última instancia Dios ordena que todo el ejército de Faraón se ahogue en el Mar Rojo. Y así vemos que Dios está en control. El cielo gobierna.

Ahora, permítanme recordarles que Dios puede trabajar en la vida de sus hijos de manera diferente a la que ustedes esperan. Quiero decir, ¿quién hubiese pensado que la hija del tirano que emitió el edicto para exterminar a todos los bebés varones sería el medio utilizado para liberar a Moisés de este edicto?

¿Qué nos dice esto? Permite que Dios escriba el guión. Permite que Él lo haga a Su manera.

Ahora, como todas sabemos, Moisés creció para ser un gran hombre de Dios, un legislador, un libertador, un líder, un siervo de Dios, un hombre de convicción. ¿No necesitamos hombres como él hoy en día? Necesitamos ese tipo de hombres.

Pero permíteme decirte, no hubiese habido un Moisés sin esas cinco mujeres que impactaron y preservaron su vida a temprana edad. Es realmente cierto que la mano que mece la cuna gobierna el mundo. Y allí vemos a esas mujeres siendo instrumentos en las manos de Dios, a las parteras, a Jocabed, a Miriam y a la hija de Faraón.

Ellas tenían diversos orígenes. La mayoría de ellas no tenía ninguna influencia o poder político. La mayoría de ellas no tenía voz ni voto. Ellas no tenían privilegio económico. Pero Dios las usó de una manera significativa.

Faraón vio a los niños como una amenaza y trató de deshacerse de ellos. Pensó que eran innecesarios, prescindibles, desechables. Sin embargo, estas mujeres vieron a los niños como algo preciado, como una bendición que debía protegerse. Incluso la hija de Faraón, una princesa pagana, vio a este niño bajo esa luz.

Estas fueron mujeres que supieron cómo amar. Ellas fueron mujeres de fe. Ellas fueron mujeres que no temieron el intervenir en esa situación. Ellas estuvieron dispuestas a involucrarse.

Ellas desconocían las ramificaciones o las consecuencias a largo plazo de sus decisiones, de su fe y sus acciones. Ellas solo estaban siendo mujeres de fe en un momento en que Dios las llenó de fe.

Ellas estaban siendo dirigidas por Dios aun cuando ellas no se estaban dando cuenta. Ellas solo estaban viviendo lo que Dios puso en sus corazones para hacer. Como resultado, humanamente hablando, estas mujeres cambiaron el curso de la historia.

Observo estas mujeres y pienso, «oh, ellas fueron mujeres verdaderas. Dios, haznos mujeres verdaderas». Hoy día necesitamos de mujeres verdaderas que se involucren en la preservación de la vida y en el avance del reino de Dios en las muchas y diversas maneras que Dios elija hacerlo a través de las mujeres hoy en día.

Escucha, tú no necesitas tener hijos biológicos para desempeñar tu rol de preservar vidas. Aparentemente, las dos parteras no tenían hijos hasta que Dios las bendijo con ellos más tarde. Pero Dios usó a esas mujeres para proteger a los niños de otras personas.

Estoy agradecida por aquellas mujeres solteras que Dios está usando, creando en ellas un interés y un corazón genuinos de alcanzar la próxima generación. No se requiere que seas una anciana. Dios usó a Miriam, una niña. Dios incluso usó a la princesa pagana. Dios puede usar a cualquier persona que esté dispuesta a ser un instrumento en las manos de Dios.

  • El deseo de tener niños
  • Amor por los niños
  • Sentido de responsabilidad
  • Instinto de protección.

Estas son las características de la mujer que Dios usó en ese entonces y la mujer que Dios usa hoy día.

  • Mujeres de coraje y convicción que estén dispuestas a desafiar los movimientos «antiniños», corriente que prevalece en el mundo de hoy día.
  • Disposición, si es necesario, de arriesgar sus propias vidas con el propósito de preservar vidas.
  • Mujeres con temor de Dios por encima del temor a los hombres, y que como resultado no temen a los reyes ni a las leyes injustas.
  • Mujeres creativas
  • Mujeres que son intencionales

Esto requirió planificación y esfuerzo por parte de algunas de estas mujeres. La preservación de la vida de Moisés no ocurrió así porque sí. Dios estaba dirigiendo todos esos hechos.

Pero Jocabed escondió al niño por tres meses. Ella encontró esa arca. Ella se aseguró de que fuera resistente al agua. Ella lo colocó en un lugar estratégico donde la hija de Faraón vendría a encontrarlo. Ella envió a su hija, Miriam, a cuidar de Moisés hasta que fuese encontrado. Todo esto fue intencional.

«No vamos a entregarle nuestros hijos al enemigo», fue su forma de pensar. «Vamos a hacer todo lo posible para estar atentas y alertas».

Pero mientras ellas permanecían vigilantes, alertas e intencionales, ellas también confiaban en Dios, quien haría lo que ellas no podían hacer. Me encanta el hecho de que en este pasaje tenemos las circunstancias más adversas que pudiéramos imaginar en lo relativo al asunto de los niños, no era un gobierno particularmente interesado en ellos; pero podemos ver mujeres que no cayeron en la desesperación, no entraron en pánico y mucho menos estaban temerosas en medio de la situación que vivían.

No vemos a esas mujeres ni gritando, ni pataleando, ni llenas de pánico. Las vemos calmadas, determinadas y confiadas, mujeres de coraje.

Hay algo más que noto al observar a estas mujeres. No fue un esfuerzo individual de ninguna de ellas. En la providencia de Dios, Él unió las vidas de estas cinco mujeres.

Ningún ser humano hubiese podido escribir este guión. Nadie hubiese podido orquestar la manera en que estas parteras y Jocabed y Miriam pudieran haberse unido con la hija de Faraón. Solo Dios pudo haber hecho esto.

Pero Dios lo llevó a cabo «para un tiempo como este» (ver Ester 4:14). Esto me dice que hay un valor cuando las mujeres se unen, cuando las verdaderas mujeres de Dios dicen: «Mira, nosotras no podemos hacer esto solas, pero por la gracia de Dios vamos a enlazar brazos y manos y corazones, con quienes tengan nuestros mismos ideales, mujeres con un mismo corazón, para creerle a Dios para un movimiento de avivamiento y de reforma en nuestras vidas, en nuestros matrimonios, en nuestros hogares, en nuestras iglesias y en nuestro mundo».

Esta es una de las razones por las que hemos iniciado el movimiento de True Woman o Mujer Verdadera. Se trata de mujeres verdaderas que se unen en este esfuerzo, no es solo Nancy DeMoss de Wolgemuth, sino que es un esfuerzo de todas nosotras.

Las mujeres verdaderas de Dios dicen: «Caeremos de rodillas para buscar al Señor. Viviremos vidas de fe, en comunión y de manera intencional, creyendo que Dios rescatará nuestra generación y la siguiente de los ataques y asaltos del maligno; que las librará de las ataduras y que las llevará a ser libres para levantar jóvenes que serán a su vez libertadores que Dios usará como líderes, líderes piadosos, en esta generación».

Necesitamos una visión no solamente para nuestra generación sino para la que está en camino. Y necesitamos tener convicciones para no rendir nuestras familias al enemigo, para no capitular a las demandas de la cultura.

El sangriento edicto de Faraón simplemente fue uno de los muchos atentados de Satanás a través de la historia para destruir el pueblo escogido de Dios. Él lo hizo en ese entonces; él lo hace hoy. Él quiere atacar tu familia. Él quiere atacar tu matrimonio, a tus hijos, a tus nietos. Satanás quiere atacar toda la próxima generación.

Satanás estaba tratando de acabar con toda la nación para que Cristo, el Mesías no naciera. Y él quiere acabar con la iglesia de hoy en día. Si no puede exterminarla completamente, entonces él querrá inutilizarla, ponernos en un estante, o atraparnos con tantas cosas del mundo que no podamos tener un impacto en este.

Eso es lo que Satanás quiere hacer para que el evangelio de Jesucristo no se esparza por el mundo. Estamos haciendo un llamado a las mujeres verdaderas de este mundo a unirse para decir: «Nosotras no vamos a permitir que Satanás gane en este mundo. Por la gracia de Dios estamos del lado vencedor, y queremos ver al Rey Jesús reinando y gobernando este mundo».

Escucha esto, cuando Dios determina bendecir a Su pueblo como Él hizo en los tiempos de Moisés, no hay rey ni gobernante que pueda lograr que el plan de Dios fracase. Sea loque sea que el hombre intente hacer para destruir el pueblo de Dios, en última instancia será usado como un instrumento que Dios usará para traerles mayor bendición y para el avance de Su reino.

Faraón tenía un complot para exterminar el pueblo de Dios, pero Dios estaba planeando su emancipación. Pienso que hoy en día estamos muy atentos a las artimañas de cómo el mundo y la cultura están tratando de apagar la vida de la iglesia y silenciar el cristianismo.

Pero tenemos que estar más conscientes del hecho de que Dios está vivo. El Espíritu Santo de Dios se mueve por este mundo, y Él está planeando la emancipación, para la proclamación y la difusión de Su gloria en este mundo.

En la batalla entre Dios y Satanás, las mujeres verdaderas podemos jugar un papel clave en el plan de Dios. Faraón, el hombre más poderoso de su tiempo, tuvo un plan que estaba seguro que funcionaria. Pero ese plan fue frustrado por el amor, la fe, y el coraje de cinco mujeres, incluyendo una mujer llamada Jocabed.

Jocabed no sabía cuál sería el papel de Moisés dentro de los planes de Dios, cuál sería su llamado, cuál sería su futuro. Ella solo era una mujer que amaba a su hijo y ejercitó la fe que obró a su favor.

Y aquí hay algo que llamó mucho mi atención: Jocabed no vivió para ver el resultado de su fe; y puede que tú tampoco. Pero no te desanimes. Puedes estar segura de que Dios está escribiendo la historia, y el final será uno que le traiga a Él gran gloria.

Annamarie: Nancy DeMoss de Wolgemuth ha estado describiendo el poder que tiene una madre que confía en Dios y que actúa con valentía. Ella regresará para orar con nosotras.

Quizás te sientes abrumada porque, como madre o mentora, no has visto el resultado de tus oraciones y lágrimas. Escucha el testimonio de una mujer que conoció al Señor producto de las oraciones de su madre.

Esperanza Torres: Mi nombre es Esperanza Torres, vivo en Bogotá, Colombia. Mi mamá, siempre, siempre oraba para que yo volviera otra vez a los pies del Señor. Y yo: no, no quiero, a mí no me gusta eso...una lucha constante de ella, ore y ore y ore para que yo volviera y yo no quería. Hace un año mi mamá falleció; por ese motivo yo regresé a los pies del Señor. Hasta allá tuvo que llegar el Señor para que yo pudiera volver. Para mí ha sido de una gran bendición.

Ahora me arrepiento de no haberla escuchado antes, o de no haber escuchado al Señor, porque la verdad para mí este año ha sido la mayor alegría que he tenido en mi vida. Tengo que aprender más a enseñar a mi hijo, a pesar de que él viene a la iglesia conmigo, pero es un poquito rebelde con la edad que él tiene. Pero yo sé que el Señor, así como escuchó a mi mamá, me va a escuchar a mí, y me está escuchando.

Empecé a escuchar Aviva Nuestros Corazones por mi hermana. Fui a Mexico por ella, porque cuando mi mamá murió ella me dijo, «Espe, escucha este programa», y empecé a escucharlo. Desde ese momento escucho el programa, y para mí, cada día que lo escucho, es un mensaje; Estoy mal en algo, y ese preciso día el Señor me habla por el programa de Aviva Nuestros Corazones. Le doy gracias a Dios por eso y espero nunca más volver para atrás porque ha sido tanta la bendición que he tenido con él.

Yo digo: Dios mío, quiero estar contigo siempre, servirte a ti.

Annamarie: Gracias Esperanza por compartir tu historia con nosotros. ¡Qué Dios te conceda en Su misericordia el deseo de tu corazón!

Ahora, concluyamos nuestro tiempo juntas en oración. Aquí está Nancy de regreso,

Nancy: Señor, te doy gracias por estas mujeres y cómo desempeñaron un papel tan crucial en el drama de la redención, y en Tu plan de redimir a Tu pueblo de la opresión de Egipto por medio de Moisés, el libertador, Moisés el legislador que daría la ley al pueblo de Dios.

Señor, estamos tan emocionadas, a medida que pensamos acerca de cómo Tú quieres usar nuestras vidas para ser parte de este increíble drama de redención, la parte que Tú estás llevando a cabo hoy. Te pedimos que nuestras vidas sean utilizadas de la forma que solo Tú puedes orquestar para atraer a tus escogidos hacia Jesús y ser usados para la liberación y el rescate de los pecadores de la esclavitud del pecado y de Satanás, y traerlos a ellos hacia el reino de la luz.

Oh, Señor, danos visión, fe y coraje para la forma en que Tú quieras usar nuestras vidas como mujeres para un tiempo como este. En el nombre de Jesús te oramos, Amén.

Annamarie: Agradecidos por tu apoyo, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

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