Aviva Nuestros Corazones Podcast

El camino hacia un avivamiento

Annamarie Sauter: En una reunión, hablando acerca de diversos temas políticos, Nancy escuchó a alguien decir lo siguiente,

Nancy DeMoss de Wolgemuth: «Nada de eso es la respuesta. Los corazones de las personas tienen que cambiar. Necesitamos un avivamiento. De eso es de lo que tenemos que estar hablando».

Y lo único que pudimos responder fue, «tienes razón».

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

¿No te parece que cada vez que te sientas a ver las noticias escuchas de una nueva tragedia? Oímos de escándalos en los gobiernos, juicios importantes, asesinatos, accidentes… Hoy Nancy te dará esperanza para momentos en los que te sientes abrumada por las malas noticias. Escucha la primera parte de un mensaje titulado, «Un camino para nuestro Dios».

Nancy: Muchas cosas están transmitiendo en las noticias hoy, ¿no es así? Todos los escándalos de los gobiernos...y uno siente como que todo le da vueltas en la cabeza. Y la gente hoy está buscando respuestas, está buscando consuelo, está buscando esperanza. Como pueblo de Dios, este es el momento de mirar hacia arriba de clamar a Dios.

Tenemos que pedirle a Dios que nos dé ojos para ver cómo Él redime este mundo caído, este mundo deshecho, y cómo podemos usar estas tragedias como una oportunidad para que la gente se vuelva a Cristo. Quiero que veamos hoy un pasaje de las escrituras que fue destinado para traer consuelo y esperanza al pueblo de Dios.

Si tienes una Biblia contigo, te animo a ir al libro de Isaías capítulo 40. Esta es la Palabra del Señor, y Dios va a hablarnos a través de este texto hoy. Si decides no escuchar lo que yo digo, no importa. Pero quiero que escuches lo que Dios tiene que decir.

En este pasaje Dios les está dando Su Palabra de esperanza a las personas que están en busca de respuestas, a las personas que buscan consuelo, y creo que este pasaje nos da una idea de lo que el pueblo de Dios puede hacer en un momento como este y de cómo con nuestra vida podemos glorificarlo y contribuir al avance de Su reino. Aún cuando pareciera que el reino de las tinieblas nos rodea tan poderosamente.

Isaías 40:1:

«Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios.Hablad al corazón de Jerusalén y decidle a voces que su lucha ha terminado, que su iniquidad ha sido quitada, que ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados.

Una voz clama: Preparad en el desierto camino al Señor; allanad en la soledad calzada para nuestro Dios. Todo valle sea elevado, y bajado todo monte y collado; vuélvase llano el terreno escabroso, y lo abrupto, ancho valle. Entonces será revelada la gloria del Señor, y toda carne a una la verá, pues la boca del Señor ha hablado» (vv.1-5).

Los dos primeros versículos de este pasaje son introductorios para lo que vamos a hablar aquí hoy. Pero son muy importantes, por lo que no quiero pasarles por encima. Este pasaje comienza con una palabra de consuelo. «Consolad, consolad a mi pueblo». Este es realmente un punto decisivo muy importante en todo el libro de Isaías.

No tenemos tiempo para verlo todo, pero en los primeros treinta y nueve capítulos, si estuvieras leyendo el libro de Isaías, podrías ver en esos treinta y nueve capítulos a Dios confrontando a Su pueblo por sus pecados —pecados de idolatría, inmoralidad e injusticia. Y a lo largo de esos capítulos hay un fuerte tono de advertencia, de juicio.

Al final del capítulo 39, el párrafo que está justo antes del que comenzamos a leer, es realmente una profecía acerca de la la conquista de Jerusalén por medio de Babilonia. Dios profetiza que Su pueblo, la nación de Judá, sería enviada al exilio bajo el dominio de los babilonios.

Luego cuando llegamos al capítulo 40 (el párrafo que acabamos de leer), el tono cambia dramáticamente. Cambia todo el resto del libro, porque el resto de Isaías, tiene un mensaje de consuelo. Leemos la palabra consuelo trece veces desde el capítulo 40 hasta el final del libro, en el capítulo 66. Puedes ver el tema de la bendición, la gracia, la esperanza y la gloria de Dios. Es totalmente diferente a la primera parte, a los primeros treinta y nueve capítulos.

Así que Él dice en el versículo 1: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén» (Isa. 40:1). Esa frase: «Hablad al corazón» se podría traducir literalmente, «habla al corazón. Habla al corazón de mi pueblo». Es el tipo de frase que podrías usar si hablaras acerca de un hombre joven que intenta conquistar a la chica con la que quiere casarse. Y le dices: «Háblale a su corazón. Háblale a su corazón».

Ahora, es bastante sorprendente que esto ocurra aquí, porque el pueblo de Dios lo ha desechado. Ellos se han vuelto de Él hacia los ídolos. Ellos lo han rechazado. Ellos se han rebelado contra Él. Sin embargo, vemos aquí que a Dios todavía le importa. Dios todavía tiene un plan para Su pueblo. Todavía se acerca a ellos. Él todavía tiene un mensaje de consuelo para ellos, y quiere hablar con el corazón de Su pueblo. Quiere atraerlos.

Y así dice: «Hablad al corazón de Jerusalén». Este es el mensaje, y es un mensaje de esperanza. «Decidle a voces que su lucha ha terminado», la palabra lucha literalmente significa, «dificultad o severas pruebas». «Su iniquidad ha sido quitada» que podría ser traducido: se acabó, su guerra, su iniquidad, su dificultad, sus duras pruebas han llegado a su fin.

Ahora, él acaba de profetizar la venida de la cautividad babilónica. Ni siquiera ha ocurrido. Pero Dios mira hacia delante, y Él dice que está llegando, inclusive antes de que ocurra. ¿Sabes que Dios conoce tus problemas incluso antes de que lleguen a tu vida? Él sabe de la esperanza y el consuelo que Él quiere traerte y de cómo puede poner fin a esas dificultades, cosas que ni siquiera puedes imaginar todavía.

«Su iniquidad ha sido quitada». Literalmente que su pecado había sido «expiado». Esto es un presagio de la cruz de Cristo, donde el pecado del mundo sería expiado. Su pecado es perdonado. Ese era su problema. Es por eso que ella estaba bajo juicio, a causa de su iniquidad. Dios dice: «Sí, habrá escarmiento, habrá castigo, habrá disciplina, pero también habrá perdón por su pecado y por su culpa». Ese es el evangelio en el Antiguo Testamento. Es una buena noticia.

Y gritarle a ella que sí, que «ha recibido de la mano del Señor el doble por todos sus pecados». Ahora, eso no quiere decir que ella recibirá un doble castigo por sus pecados. Lo que significa es que el pago por todos sus pecados será pleno, suficiente. ¿Es esa una buena noticia o no? Es una buena noticia en el Antiguo Testamento. Es una buena noticia para nosotras como creyentes del Nuevo Testamento.

Vemos, pues, a un Dios compasivo que sí castiga a Su pueblo, al pueblo del pacto. ¿Y no te alegras de que lo haga? Conocí una pareja esta noche. No sé toda su historia, pero al parecer es toda una historia. Ellos me decían: «Nosotros le damos las gracias por todas las cosas que Él nos ha dado, y le damos las gracias por todo lo que Él se ha llevado de nosotros, porque Él nos dio todo lo que sabía que necesitábamos, y nos quitó todo lo que sabía que no necesitábamos».

Dios castiga a Su pueblo, pero nunca, nunca, nunca lo abandona. Nunca. Él habla al corazón de ellos palabras de promesa, palabras de esperanza. Él les dice que su tiempo de juicio, que aún no ha ocurrido, está llegando a su fin.

Ahora, recordemos que el consuelo que Dios ofrece a su pueblo antes y ahora, no es algo superficial, ligero, de pensamientos positivos, la clase de mensaje que te hace sentirte bien. Dios nunca ofrece consuelo a aquellos que tengan la intención de permanecer en su pecado. Ellos no deben recibir consuelo. Dios quiere que se sientan miserables hasta que se arrepientan.

Y, por cierto, esto se aplica a ti. Si no tienes intención de arrepentirte, mi oración es que te sientas miserable hasta que lo hagas, que no tengas consuelo. Pero Dios da consuelo a aquellos que están dispuestos a arrepentirse, los que quieren ser restaurados y tener una correcta relación con Él.

Entonces vemos que Judá va a ser enviado a la cautividad en Babilonia a causa de su pecado. Pero Dios, en Su providencia, en Su misericordia, en Su gracia y en Su compasión, anticipa el día en que terminará su cautiverio. Y Dios ya ha hecho provisión para que su pecado sea perdonado. Ya estaba determinado que Cristo vendría al mundo. Mirando hacia atrás podemos ver que Dios había planeado el día en que las dificultades que fueron causadas por su pecado llegarían a su fin.

Escucha, nuestra lucha, nuestra pesada carga, se terminó; y nuestro pecado es perdonado no porque Dios solo guiñe un ojo o se haga de la vista gorda ante nuestro pecado y nos salve del castigo. No sería justo que lo hiciera. Nuestro perdón ha sido posible solo a través de la obra redentora de Jesucristo, porque Él ha soportado la ira de Dios por nuestros pecados. Por eso, este mensaje de consuelo puede estar en Isaías y a lo largo de la Palabra de Dios.

Esto trae hoy paz y consuelo a nuestros corazones, como lo hizo incluso a la nación de Judá, hace unos 2700 años. Trae esperanza mientras esperamos la consumación final de esa obra redentora cuando se terminen todas las pruebas y dificultades y seamos liberadas de la presencia del pecado. ¿No quieres ver ese día? Yo sé que yo sí.

Veremos el día en que la oscuridad se disipe con la entrada del Rey Jesús que volverá a ser de una vez por todas, la luz del mundo. Así que este mensaje nos da la esperanza y el consuelo que necesitamos hoy. Pero también podemos anticiparlo, porque vivimos en un mundo caído. Todavía estamos rodeadas de desastres. Todavía tenemos bombardeos, tiroteos, secuestros y pecado en nuestros propios corazones. Pero esperamos el día en que Jesús reinará de norte a sur y de este a oeste, en el que todos los males del pasado se corregirán, toda la oscuridad será desplazada, y Su reino será establecido por los siglos de los siglos.

Ahora, llegamos al versículo 3, donde dice: «Una voz clama: Preparad en el desierto camino al Señor; allanad en la soledad calzada para nuestro Dios». Ahora, algunas de ustedes quizás estén familiarizadas con la idea de que en el Antiguo Oriente existía la costumbre de que cuando un rey venía a visitar a los pueblos que vivían en las zonas periféricas, enviaba un precursor con antelación para anunciar su llegada a su pueblo.

Ese mensajero, ese heraldo, prepararía el camino para el séquito del rey. Sería como se dice hoy, «el despliegue de la alfombra roja».

El problema era que en esos días las vías públicas eran casi desconocidas. En muchas áreas no había carreteras en lo absoluto. Y este heraldo, este precursor del rey era enviado junto a un grupo a despejar los obstáculos, para hacer una carretera, una vía para que el rey viniera a visitar a su pueblo.

¿Y viste dónde sería construido ese camino? Mira el versículo, ¿dónde está? Dice que en el desierto. Así que se insta al pueblo de Dios a preparar el camino para la venida del Mesías mediante la construcción de una carretera en el desierto de su corazón, en preparación para la venida, para la visita del Señor.

Ahora, cuando llegamos al Nuevo Testamento, recuerda que en los cuatro evangelios se aplica este pasaje, al ministerio de Juan el Bautista que fue el precursor de Jesús, el Mesías. Por ejemplo en Mateo 3, leemos:

«En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Porque este es aquel a quien se refirió el profeta Isaías, diciendo: Voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor, haced derechas sus sendas» (vv. 1-3).

Así que los evangelios citan directamente el libro de Isaías, que dice que esta profecía tuvo cumplimiento con la llegada de Juan el Bautista, quien vino a preparar al pueblo para la visita del Señor. Y el mensaje de Juan el Bautista era un mensaje de arrepentimiento. Esa es la primera palabra de su mensaje: «Arrepentíos». En preparación para la venida del Rey Jesús a esta tierra, el pueblo de Dios debía remover todos los obstáculos, preparar un camino en sus corazones para Su llegada.

Ahora, en el dia de hoy hay muchas voces clamando, como Juan el Bautista clamó en el desierto. A nuestro alrededor tenemos una gran cantidad de personas que nos dicen lo que creen que es el mensaje y la necesidad de esta hora.

Escuché en línea hace varias semanas una conferencia que se estaba llevando a cabo. Escuché varias de las charlas de esa conferencia. Fue un encuentro anual de políticos y activistas conservadores. Hacían todo tipo de llamados apasionados por menos intromisión del gobierno, mayor oportunidad económica, crecimiento, protección de los derechos de la Segunda Enmienda, la elección de la escuela y otra y otra y otra—cosas con las que algunas de ustedes podrían identificarse.

Yo los escuchaba decir: «Este es el mensaje que necesitamos hoy».

Entonces alrededor de ese tiempo, fui a comer con un hombre de negocios y su esposa que han estado activos en la política estatal y nacional durante muchos años. Estábamos hablando de algunas cuestiones políticas y de las diversas preocupaciones que compartimos en nuestro país, sobre las elecciones y las frustraciones con los diversos partidos políticos.

Me di cuenta durante los minutos que estuvimos cenando, que mientras varios de nosotros estuvimos hablando, la esposa de este hombre de negocios se notaba muy tranquila. Ella solo se retiró un poco de la conversación. Entonces, de repente, ella saltó de su asiento como si no pudiera soportarlo más. Tomó la palabra y dijo: «Nada de esto es la respuesta. Los corazones de las personas tienen que cambiar. Necesitamos un avivamiento. De eso es de lo que tenemos que estar hablando».

Y lo único que pudimos responder fue, «tienes razón. Ese es el mensaje que necesitamos».

Así que el profeta Juan el Bautista clamó, el profeta Isaías clamó, el mismo mensaje y la misma y más importante prioridad, «Preparen el camino del Señor. Construyan un camino para nuestro Dios».

Ahora, esto nos hace plantearnos la pregunta: ¿Cómo vamos a ir haciendo esto?

El versículo 4 nos da la respuesta. Nos dice: «Todo valle sea elevado, y bajado todo monte y collado; vuélvase llano el terreno escabroso, y lo abrupto, ancho valle».

Creo ver en este versículo una imagen de la preparación que necesitaba ocurrir en los corazones del pueblo de Dios, los obstáculos que necesitaban ser removidos para preparar el camino para la venida del Mesías a la tierra. Necesitaba ocurrir una obra en los corazones y en las vidas de las personas.

Pero creo que también tenemos en esto, ahora que el Mesías ha venido a esta tierra, una carta de ruta para el avivamiento. Son los preparativos que se deben hacer para que Jesús venga a visitar a Su pueblo en un avivamiento.

Si queremos experimentar Su presencia en nuestros hogares, en nuestras iglesias, en nuestra tierra, en nuestro mundo, si queremos experimentar Su presencia que aviva nuestros corazones, tenemos que construir lo que Isaías llama en el capítulo 35 «un camino de santidad». Una senda de santidad. Y eso significa que algunos cambios tendrán que ocurrir.

Hay diferentes temas que tienen que ser tratados.

Echemos un vistazo a estas cuatro cosas que se deben hacer, según dice el versículo cuatro. Permítanme darles algunas aplicaciones posibles de lo que podría ser la construcción de esta calzada en nuestros días. Habrá otras aplicaciones que el Señor pondrá en tu corazón, quizás Él quiere hablarte acerca de cómo preparar una carretera en tu corazón para recibir una visita de su Espíritu en avivamiento.

En primer lugar dice que cada valle tiene que ser elevado. Esa es una imagen de los lugares bajos, zonas poco profundas que deben ser construidas y rellenadas. Las cosas podrían ser diferentes en nuestras vidas. Podrían ser promesas incumplidas, cosas que no se hicieron, cosas que sabíamos que Dios nos había llamado a hacer, pero simplemente no las hemos hecho por falta de una obediencia completa. Podría ser la falta de disciplina espiritual en nuestras vidas, lectura de la Biblia, la meditación, la oración, el ayuno. Tenemos tiempo para Facebook, pero no tenemos tiempo para Su libro. Tal vez ese es un lugar bajo, que necesita ser rellenado.

Aunque no lo creas, soy bastante introvertida. Cuando ves una persona sobre una plataforma como en la que a menudo me puedes ver a mí, piensas, «oh, no, a ella le encantan las multitudes. Le encanta la gente». Bueno, yo nunca he querido ser una persona pública. Nunca he querido ser el centro de atención. Hay tiempos en que he tenido que estudiar tarde en la noche o largos fines de semana. Hay veces en que honestamente he querido una vida más «normal», cualquiera que sea, pero una vida más fácil. En esos valles de desaliento y de duda le pregunto al Señor: «¿Es esto realmente lo que Tú me has llamado a hacer? ¿Puedes recordarme por qué estoy haciendo esto?» Y hay momentos en los que pienso, «¿podrías llamar a otra persona para que haga esto?»

En esos tiempos yo clamo al Señor, y lucho por la gracia, batallo por el gozo, y Él me los da. ¡Gracias Dios! Pero voy a decirles que mucho de lo que hago no es por inclinación natural. Tengo que seguir regresando a Él y dejando que Él rellene los valles de desaliento, para traerme al fresco lugar de la rendición y entonces poder decirle: ¡Sí, Señor! Si esto es lo que implica, si esto es lo que se necesita, Tú te lo mereces. «Y vuelvo a un lugar de dependencia total en Él, y me doy cuenta de que  todo es para Él y es acerca de Él. Por Su gracia, puedo hacer esto». Así que los valles de desaliento necesitan ser rellenados.

Bueno, hay valles en nuestra cultura. Tenemos una perspectiva de Dios hoy en día muy baja, ¿no es así? Una baja opinión de Su Palabra. Hay casi un analfabetismo bíblico. Hay una falta de conciencia de Dios. Hay un rechazo a la verdad absoluta. Nos hemos sumido en una muy baja moralidad. Creo que algunas de nosotras, quince, veinte, treinta años atrás, no podríamos haber imaginado que estaríamos leyendo algunas de las cosas que estamos leyendo hoy, que están sucediendo justo a nuestro alrededor. Esos son valles que deben llenarse y tenemos que elevar el objetivo, la verdad absoluta de la santa Palabra de Dios y Su carácter. Los lugares bajos, los valles, tienen que ser elevados y rellenados.

Annamarie: Esta es Nancy DeMoss de Wolgemuth con la primera parte de un mensaje titulado, «Un camino para nuestro Dios».

Ella te habló sobre la porción de Isaías que dice, «todo valle sea elevado». Nancy dice que estos valles pueden ser promesas que no hemos cumplido, cosas a las que Dios nos llamó que dejamos a medias. Obediencia incompleta. Te animo a buscar a Dios y Su fuerza, para dar cualquier paso que Él te esté llamando a dar.

Una mujer que decidió dar pasos de obediencia nos compartió lo siguiente:

Rutheruel: Me casé pidiendo la dirección de Dios. Sin embargo, ambos traíamos arrastrando nuestras áreas sutiles de orgullo y sus derivados, a nuestro matrimonio. Llegamos al punto en que era como si fuésemos los peores enemigos, en una batalla constante de ver quién ganaba. El amor se había disipado. Trataba de poner mi mejor cara ante el servicio de Dios, pero luchando en el interior del hogar. Cuando se habló de orgullo y de confesión de pecados, Dios trajo fuertemente una convicción a mi interior de que yo tenía el pecado de ser mandona. Así es, eso era lo que estaba destruyendo mi matrimonio. Había desanimado tanto a mi esposo, y nos había alejado. Nos había puesto como enemigos. Confesé a Dios con muchas lágrimas y convencimiento de pecado, y pedí a Dios que me ayudara a cambiar mi actitud. Vine y le confesé mi pecado a mi esposo y le pedí perdón. Seguí orando que Dios me ayudara con esta área día a día, e hiciera de nuestro matrimonio, un matrimonio extraordinario. Mi esposo pidió que nos sentáramos a orar para comenzar el año y él oró como nunca lo había hecho. Confesó a Dios su pecado de ser áspero conmigo y no tratarme con amor, y me pidió perdón. A raíz de eso nos dimos cuenta de que no íbamos a poder seguir sin la ayuda de Dios, y que necesitábamos orar, ya que tendíamos a caer en las mismas actitudes pecaminosas. A la vez reconocimos que nuestra iglesia local no tiene una reunión de oración, así que mi esposo pidió permiso al pastor de la iglesia, y ahora tenemos en nuestro hogar cada jueves en la noche, una reunión de oración que anhelamos crezca de tal manera que tengamos que abrir el templo porque no va a haber espacio suficiente en nuestra sala.

Annamarie: ¡Nos da mucho gozo escuchar testimonios de la obra de Dios en las vidas de tantas mujeres! Ciertamente Su Palabra es poderosa, y Aviva Nuestros Corazones es solo un medio para que esta llegue a miles de mujeres alrededor del mundo.

¿Has escuchado la historia de cómo nació este ministerio? Bueno, en el año 2008, un grupo de mujeres se reunieron para la primera conferencia True Woman o Mujer Verdadera. Más de 100 mujeres de la República Dominicana asistieron a este evento y fueron grandemente impactadas por lo que Dios hizo allí. Aviva Nuestros Corazones nació a partir de esa conferencia.

Ahora, 10 años después, mujeres de alrededor del mundo se reunirán para la conferencia True Woman '18, titulada «La verdad que te hace libre», ¿harás planes para asistir? Queremos que Latinoamérica esté bien representada y, ¿¡quién sabe lo que Dios puede hacer a partir de esta conferencia?! Confiamos en que Él acercará a muchas más mujeres a Él en los días por venir. Entérate de los detalles de esta conferencia al visitarnos en AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué fue lo último que publicaste en la red social que usas? Si alguien se pasara la semana viendo lo que publicaste, ¿cuál dirían que es tu pasión? Mañana Nancy te mostrará cómo luce el desarrollar pasión por el Señor. Te esperamos aquí, en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Offers available only during the broadcast of the podcast season.

Únete a la discusión