Aviva Nuestros Corazones Podcast

El deseo de controlar

Annamarie Sauter: Tu sexualidad y tu feminidad no son un accidente biológico.

Nancy: El hecho de que seas mujer no es una casualidad. Dios fue intencional cuando te hizo mujer. Dios fue intencional cuando me hizo mujer. Lo hizo con un propósito.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. 

La lectura de hoy de la Biblia es Génesis capítulos 19-22.

A lo largo de este año, te estaremos recordando la lectura bíblica del día, de modo que te unas a nosotras para leer la Biblia durante este año 2020. Si no escuchaste la serie de programas al respecto, te animo a hacerlo. Hazlo a través de nuestro sitio web AvivaNuestrosCorazones.com, buscándola por su título, «Permanezcamos juntas en la Palabra de Dios».

¿Te sientes abrumada por la cantidad de mensajes y pensamientos que te rodean acerca de lo que significa ser mujer? Nancy DeMoss Wolgemuth te ayudará a recordar lo elemental llevándote a la Biblia. Ella da inicio a la serie titulada, «Una visión bíblica de la feminidad».

Nancy: Una de las cosas que me encanta de este ministerio es la oportunidad de leer muchos correos electrónicos que nos envían las oyentes compartiendo sus historias, compartiendo sus corazones, diciéndonos cómo podemos orar por ellas y compartiendo lo que Dios está haciendo en sus vidas.

Muchos de esos correos electrónicos provienen de mujeres, quizásesposas, que una vez caminaron hacia el altar y dijeron: «Sí, acepto», y en ese momento les brillaban los ojos con tantas ilusiones. Tenían todo tipo de sueños, todo tipo de esperanzas, todo tipo de expectativas.

Pero ahora se encuentran sumergidas en el dolor, llenas de tensión y de frustración. Escriben para compartir con nosotros cómo esos sueños románticos que tuvieron como mujeres más jóvenes, se convirtieron en expectativas incumplidas, amarga decepción, enojo y conflicto. Muchas de esas mujeres son amas de casa verdaderamente desesperadas.

Déjame darte un ejemplo. Una mujer escribió:

«Siento que ya no puedo más. Mi esposo se ha quedado dormido frente a la televisión durante tres años, y estoy francamente amargada y llena de odio porque no me ama ni me abraza como debería hacerlo un esposo. Me siento cansada y siento odio, y sé que eso está mal. Golpeo las puertas y hago berrinches, pero no puedo decirle a él por qué estoy tan enojada. Ahora, él –por su parte– dice que está cansado de ser maltratado. Todo lo que él ha hecho durante años es gritar, gritar y asustarme, ¿entonces yo soy la mala? Espero la respuesta de Dios a estas peticiones de oración, pero mientras tanto estoy enojada y cansada».

Otra mujer nos escribió:

«Desde el principio de nuestro matrimonio e incluso antes, el único deseo de mi esposo ha sido satisfacer sus necesidades sexuales. El sexo era y es un ídolo para él. Era muy exigente y se enojaba cuando no sucedía.

Quedé embarazada de inmediato de nuestro primer hijo, y él se enojó por eso. Me obligó a esterilizarme a los 26 años después del nacimiento de nuestro tercer hijo. Quería sexo sin posibilidad de que un niño interrumpiera su placer.

Para ser honesta, en este punto lo odiaba. Era un hombre malhumorado y sarcástico. Sus palabras para mí eran como una espada de doble filo, cortando el hueso y la médula. No tengo recuerdos de que él me edificara en Cristo, sino de que me derribaba.

Si tan solo me hubiera amado, Nancy, amado a mí como a sí mismo y hubiese sido amable conmigo, habría tenido la esposa y el sexo que quería. Como están las cosas ahora no quiero tener nada que ver con él. No sé a dónde ir. Estoy tan profundamente herida por este hombre en quien confié para que me amara y me edificara en Cristo».

Ahora, puede que no te identifiques con los detalles de estas historias, pero tal vez haya algo con lo que puedes relacionarte. Dejame decirte que no son solo las mujeres las que expresan frustración en las relaciones con los esposos o con los hombres. A veces recibimos cartas de hombres que están desahogando su frustración. Este fue un correo electrónico desgarrador que recibí de uno de nuestros oyentes masculinos.

«Soy un esposo realmente frustrado. Reconozco que estoy lejos de ser perfecto. De hecho, para ser justos, voy a enumerar algunos de mis problemas a continuación. Ciertamente tengo un problema con mis pensamientos, y también lucho con la ira. He reaccionado al hostigamiento de mi esposa con mucha dureza, le he puesto muchos sobrenombres y le he dicho que desearía que nunca nos hubiéramos casado, etc., etc.

Hemos estado en consejería matrimonial desde que nos casamos. Somos miembros de una iglesia que tiene una sólida enseñanza doctrinal. Mi esposa tiene el libro Mentiras que las Mujeres Creen y otros cinco libros para esposas, sobre el matrimonio.

Ella dice que cree en la visión bíblica del matrimonio; sin embargo, ella está constantemente discutiendo conmigo y diciéndome que estoy equivocado en todo. Sé que esto suena como una exageración, pero cuando son 40 o 50 veces al día, parece ser todo el tiempo.

Desde el momento en que entro por la puerta, ella comienza a refutar las cosas que digo. Estoy obligado a hacer todo lo que quiere, o discutiremos durante horas y horas. Ella cree que tiene razón en todo y la mayoría de las veces se niega a considerar mi opinión».

Bueno, ese correo electrónico, como a veces sucede con otros, me hizo llorar. Solo pensé lo triste que es esto. Sabemos que el matrimonio fue diseñado por Dios mismo para ser imagen y mostrar al mundo el increíble amor de Cristo y Su relación redentora con su novia, la iglesia.

Es desgarrador para mí ver cómo el enemigo ha pervertido esa imagen. Él ha distorsionado y destruido el plan creado por Dios para hombres y mujeres. Es desgarrador para mí ver cuán lejos están estas parejas de experimentar en su matrimonio, la unidad y la bendición que Dios quiso que los esposos y las esposas disfrutaran juntos.

Me doy cuenta de que la mayoría de los casos no son tan graves como los que acabo de leer. Sin embargo, en diversos grados, lo que acabamos de escuchar ilustra la batalla de los sexos; ya sea en el matrimonio o fuera del matrimonio, es algo que todos hemos encontrado. Permíteme agregar, que es algo a lo que todos hemos contribuido. No hay partes inocentes cuando se trata de hombres y mujeres que se ofenden, se hacen daño y se lastiman mutuamente.

A veces entramos en esa batalla en nuestras relaciones más cercanas. ¿Por qué lastimamos a los que más amamos? Sabemos que el conflicto y el dolor en las relaciones esposo-esposa son, en última instancia, el resultado del pecado. Ahora, cuando digo que no hay partes inocentes, eso no significa que en cada altercado o en todos los problemas matrimoniales, ambas partes sean igualmente responsables.

A veces puedes tener uno muy piadoso cuya pareja no sigue a Cristo y hace que la vida sea muy difícil. Pero sabemos que en última instancia, todos esos conflictos se remontan a la caída. Las consecuencias del hombre y la mujer diciendo: «Lo haré a mi manera y no a la manera de Dios».

Cuando regresas al relato de Génesis capítulo 3, ves que Adán y Eva hicieron esa elección. Ellos pecaron y luego Dios se acerca y los encuentra escondiéndose de Él, tratando de ocultarse, como si pudieran. Dios le habló a la mujer, le habló al hombre, y le habló a la serpiente. Él les dijo que habría consecuencias por la elección pecaminosa que cada uno había tomado.

Esas consecuencias no fueron solo para Adán y Eva, sino que son consecuencias que experimentamos como mujeres y hombres y en nuestras relaciones hasta el día de hoy. Dios le dijo a Eva en el versículo 16 del capítulo 3 de Génesis: «Tu deseo (esto es, la consecuencia de tu elección) será para (contra) tu esposo».

Los teólogos han hablado mucho acerca de lo que significa esa frase, y esto es lo que creo que es: Dios está diciendo que tendrás el deseo o el impulso de oponerte a tu marido, de controlar a tu marido y de actuar contra él.

Donde tú tenías la intención de funcionar en unidad, una sola carne, en armonía, en paz, en unidad en la relación, ahora habrá una barrera entre ustedes. Tu impulso, tu impulso caído, será tratar de controlar a tu esposo, oponerte a él, actuar contra él. Con el que se supone que estarías en el mismo equipo, terminarán en equipos opuestos.

El final de ese versículo dice que no solo su deseo será para tu marido, sino que «él tendrá dominio sobre ti». Ahora, nuevamente, hay mucha discusión teológica sobre qué significa eso exactamente. La explicación que más me ha ayudado es que cuando dice que él te gobernará, al menos parte de lo que eso significa es que su respuesta hacia ti será con dominio, autoridad, un liderazgo a veces duro y áspero. Él no siempre te conducirá por caminos piadosos. A veces será autocrático, dictatorial o áspero.

Así que aquí tenemos, justo en el tercer capítulo de la Biblia, después de dos capítulos increíblemente hermosos acerca de Dios creándolo todo y viendo que todo era bueno y el increíble diseño y la bendición de Dios en Su universo, tenemos la consecuencia de la mujer diciéndole no a Dios y sí a sus propios deseos. Dios dice que esto va a afectar todo en tu vida, comenzando con la única relación humana que había en ese momento, que era con su esposo.

Entonces, el hombre y la mujer que estaban destinados a vivir en unidad y en armonía, Dios dice ahora que nuestro impulso como mujeres será controlar a los hombres, actuar contra ellos. La batalla de los sexos. Él gobernará sobre ti, y a veces de maneras que no son apropiadas.

Durante los próximos días quiero que consideremos un tema teológico importante. Es una de las cosas más contraculturales que hemos tratado en Aviva Nuestros Corazones. Nosotras hemos hablado de esto de diferentes maneras, pero quiero volver a retomar el tema.

Es todo este asunto de la masculinidad y la feminidad bíblica.

  • ¿Cuál era el plan de Dios?
  • ¿Qué salió mal?
  • ¿Cómo quiere Dios que nosotras como mujeres funcionemos?
  • ¿Cuál es la visión de Dios para la feminidad bíblica en relación con nuestras responsabilidades hacia los hombres?

Y compartí los ejemplos con los que comencé al principio para demostrar que este problema teológico es a veces complejo. Hay pasajes de las Escrituras sobre este tema que no son fáciles de entender. Acabamos de mencionar uno de de esos en Génesis, capítulo 3. Pero quiero que veas que este no es solo un problema teológico. Tiene una cara muy personal.

Este es un tema en el que he visto un cambio dramático dentro de la subcultura evangélica en el transcurso de mi vida. Si tienes menos de 40 años y no creciste siendo enseñada en los caminos de Dios, te han enseñado una forma de pensar completamente diferente acerca de lo que enseñan las Escrituras sobre la masculinidad y la feminidad.

Ese cambio dentro de la cultura evangélica ha seguido los pasos al cambio sísmico en la cultura occidental. Los puntos de vista sobre la feminidad y la masculinidad que alguna vez se consideraron radicales, marginales o extremos, se han convertido en la norma, en la corriente principal. Están en el aire que respiramos. Están en todas partes, incluso en la iglesia.

Como resultado, hay una confusión epidémica. Las mujeres están confundidas, también los hombres. Hay desorientación entre hombres y mujeres.

  • ¿Quién soy yo?
  • ¿Qué se supone que soy?
  • ¿Cómo se supone que debo funcionar?
  • ¿Cómo se supone que funcionan estas relaciones?

Las consecuencias son costosas. Lo vemos en los ejemplos que acabo de leer. Esos correos que hemos recibido.

Así que este no es solo un ejercicio teórico. Estamos hablando de las implicaciones en la vida real en nuestros hogares, en nuestras iglesias, en el lugar de trabajo, en nuestra cultura. Estamos hablando de personas reales, de matrimonios reales, de familias reales, niños reales, verdaderos dolores, y en muchos casos, como algunos de los que leímos, dolores muy profundos y desesperación.

El tema de la masculinidad y la feminidad está entretejido en toda la Escritura. Está en la esencia misma de la Escritura. No es una idea de último momento que se le ocurrió a Dios. No es algo que sea intrascendente. Es muy significativo que Dios haya hecho hombre y mujer. Vamos a ver por qué y cómo. Este es un aspecto crucial del plan de Dios en la creación y en la redención.

El potencial de bendición es enorme, si como mujeres reconocemos el plan de Dios y lo aceptamos para nuestras vidas. Y así también los hombres. El enemigo lo sabe y por eso hizo su primera aparición en el jardín del Edén. 

Es por eso que él ha estado apareciendo en nuestras vidas desde entonces, engañándonos a través de la cultura del momento, a través de la literatura, a través de las películas, de la forma en que pensamos, a través de nuestra naturaleza caída. El enemigo quiere robarle la verdad a la iglesia y quiere también robarte la verdad a ti.

Quiero tomar unos momentos en esta primera sesión para compartir con ustedes cómo he llegado a tener esta carga por la masculinidad y feminidad bíblica, en particular la condición de la mujer en la Biblia, porque nuestra misión en Aviva Nuestros Corazones es enseñar a las mujeres y ayudarlas a experimentar libertad y plenitud y abundancia en Cristo.

Quiero darles un pequeño vistazo de mi propio caminar como mujer en el ministerio, y tratar de comunicarles por qué creo que es tan importante para nosotras lidiar con las implicaciones de una perspectiva bíblica sobre nuestra masculinidad y feminidad. Mi propia comprensión del llamado de Dios en mi vida como mujer ha sido un viaje personal de muchos años. Ha sido una peregrinación. Es una en la que todavía estoy.

Desde muy joven, realmente desde niña, he tenido una gran pasión por Dios. Fui salva en Cristo a los cuatro años de edad. Cuando tenía seis o siete ya sentía que Dios tenía Su mano en mi vida, que me había llamado, que me había apartado para servirle de alguna manera. No tenía ni idea de cómo sería eso, pero tenía ese deseo apasionado de servir a Cristo.

A lo largo de la escuela secundaria y la universidad enseñaba la Palabra, con frecuencia a niños y jóvenes. Yo era una visionaria. Tenía un corazón para el ministerio, pero hubo muchas veces, honestamente, cuando me sentía algo frustrada y limitada. 

No creo que hubiera podido ponerle palabras o me hubiera atrevido a decirlo en ese momento, pero cuando miro hacia atrás, tuve la sensación de que si hubiera sido un hombre, habría podido hacer más para servir a Dios que lo que podía hacer como mujer.

Cuando tenía 21 años de edad, estaba sirviendo en el equipo de una gran iglesia local, sirviendo en el área de ministerios para niños. Un día, el pastor de esa iglesia vino y me preguntó si estaría dispuesta a comenzar un nuevo ministerio para mujeres en una obra que él estaba iniciando.

Parte de mi responsabilidad consistiría en realizar seminarios para mujeres llamados «La batalla por la familia: el papel de la mujer». Bueno, no le dije esto a él, pero la verdad era que en ese momento ni siquiera estaba segura de que me gustara enseñar a mujeres. ¡Honestamente! No podía imaginarme dar mi vida sirviendo a las mujeres. Quizás me digas: «Eso parece un poco extraño». Pero el Señor guió y ordenó que eso era lo que tenía que hacer y acepté servir como Él había pedido.

Así que en mis 20 y 30 años, traté de hacer lo que me habían pedido que hiciera que era servir a las mujeres, atender a las necesidades espirituales de las mujeres. En el curso de esas conferencias y seminarios y hablando con mujeres, encontré a muchas que habían sido profundamente heridas por hombres y estaban luchando con amargura, resentimientos, temores y temores profundamente arraigados cuando se trataba de sus relaciones con los hombres.

También encontré a otras que tenían poco o ningún marco de referencia de lo que significaba ser una mujer cristiana, desde una perspectiva bíblica. De modo que al ministrar a las mujeres (mujeres heridas, confundidas, desorientadas) me encontré buscando en las Escrituras sabiduría, que es el lugar para buscarla. Ahí es donde obtienes sabiduría. La sabiduría viene del Señor. Le estaba pidiendo a Dios que me ayudara a ayudar a estas mujeres.

Comencé a buscar respuestas a problemas difíciles de la vida relacionados con la feminidad. Cuando lo hice, Dios comenzó a darme una comprensión más profunda de lo que significa ser una mujer, a diferencia de lo que significa ser un hombre. Por qué Dios nos creó como mujeres y lo que significa relacionarnos con los hombres de manera piadosa y saludable. Comencé a descubrir en la Palabra de Dios formas en que podríamos glorificar a Dios como mujeres.

Tengo que decirles que este ha sido un viaje increíblemente liberador para mí. No sucedió de la noche a la mañana, sino durante un período de años. Dios comenzó a liberarme para amarlo como mujer, con todo mi corazón, alma, mente, fuerzas, y para servirle y glorificarlo como una mujer.

Llegué a pasajes muy familiares como el capítulo 1 de Génesis, donde Dios dijo en el versículo 26: «Hagamos al hombre (a la humanidad) a nuestra imagen, a nuestra semejanza… Así creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gén. 1: 26-27).

En el segundo capítulo de Génesis, vemos una explicación un poco más detallada de cómo Dios creó a la mujer, la parte femenina de esta ecuación, y vemos que Dios diseñó a la mujer a la medida, para un propósito específico, para satisfacer una necesidad específica.

Cuando lo vi, comencé a darme cuenta de que mi sexualidad, mi condición de mujer no era un accidente biológico. El hecho de que seas mujer no es una casualidad. Dios fue intencional cuando te hizo mujer. Dios fue intencional cuando me hizo mujer. Lo hizo con un propósito.

Luego, Génesis 1:28 continúa diciéndonos: «Y los bendijo Dios (tanto a hombres como a mujeres) y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sojuzgadla; ejerced dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra».

Dios le dijo al hombre y a la mujer: «Ustedes son bendecidos. Este es su propósito. Este es el diseño que tengo para ustedes. Esto es lo que quiero que hagan. Quiero que trabajen juntos. Y quiero que se complementen entre sí. Quiero que me sirvan y me glorifiquen juntos».

Luego vemos en el versículo 31 de Génesis 1: «Y Dios vio todo lo que había hecho (los árboles, las plantas, los frutos, los animales, los pájaros, los peces, el hombre y la mujer), y he aquí, era bueno en gran manera». Era y es bueno. Durante estos últimos años, Dios me ha dado una nueva visión de la maravilla y la belleza del plan de Dios –el plan de Dios para los hombres y el plan de Dios para las mujeres– y las formas en que son distintos.

Comencé a ver mi feminidad no como una carga, sino como una bendición, como un regalo, como algo que se debe recibir y abrazar. Comencé a ver que mi feminidad es un medio por el cual puedo glorificar a Dios. Es un medio a través del cual puedo reflejar Su imagen. Es un medio a través del cual puedo experimentar la verdadera libertad, plenitud y abundancia como hija de Dios.

En los próximos días queremos explorar cómo se ve esa visión de la feminidad bíblica, y cómo podemos experimentar esa libertad, plenitud y abundancia como mujeres. Déjame decirte que si estás dispuesta a aceptar esa visión, tú puedes evitar mucha de la angustia que leímos en esos correos electrónicos al principio del programa. 

De hecho, hoy hay mujeres que desearían que años atrás hubieran entendido, aceptado, y recibido el llamado de Dios de ser mujeres, como un regalo. Sabes que hay consecuencias que estás experimentando en tu vida y en tus relaciones hoy porque no has aceptado el plan y el diseño de Dios para tu vida como mujer.

Esto es un misterio. Es una maravilla, es una bendición, y es algo que queremos explorar juntas en los próximos días.

Annamarie: Nancy DeMoss Wolgemuth regresará para orar. Ella te ha estado recordando que el hecho de que seas mujer no es casualidad, Dios fue intencional cuando diseñó la feminidad y la masculinidad. Espero que aceptes la invitación a explorar cómo se ve la feminidad bíblica y cómo puedes experimentar libertad, plenitud y abundancia en Cristo al vivir conforme a tu diseño.

En este tiempo donde hay tanta confusión, es muy importante escuchar series como esta, titulada, «Una visión bíblica de la feminidad». Muchas de nosotras hemos creído que la revolución feminista o el libertinaje nos traerán mayor satisfacción y libertad. Sin embargo, no es así, porque perdemos la maravilla y la bendición de nuestro diseño como mujeres. 

Te animo a continuar profundizando en este tema junto a nosotras y sobre todo, a abrazar la verdad de Dios de modo que seas libre de las mentiras del mundo. En nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com, en la transcripción de este programa, podrás encontrar recursos relacionados al mismo. Uno que creo que te será muy útil es el PDF titulado, «Hombres y mujeres: Similitudes y diferencias».

Me imagino que en algún momento te has preguntado, ¿enseña la Biblia que los hombres tienen más valor o son más importantes que las mujeres? Mañana, Nancy abordará esta pregunta. Ahora ella regresa para orar.

Nancy: Señor, solo quiero agradecerte mientras reflexiono sobre mi propio caminar, por la forma en que has abierto mis ojos a la verdad de Tu Palabra y de Tus caminos, cómo has transformado mi corazón y me has dado un sentido de gratitud por Tu Plan, por la maravilla de este. Gracias por tu gracia en mi vida como mujer. Gracias por el privilegio de servir a las mujeres y el privilegio que es hacerlo a través de este ministerio.

Oro para que como mujeres, mientras escuchamos Tu Palabra en estos días próximos, mientras buscamos Tu Palabra, nos des sabiduría, comprensión, entendimiento, y la intuición y nos apresuremos a rendir nuestros corazones y nuestras vidas y nuestras voluntades a Ti y a Tu plan. Que te glorifiquemos como mujeres, Señor, y cumplamos el increíble propósito para el que nos creaste. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Permaneciendo en la Palabra de Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de Las Américas, a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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