Podcast Aviva Nuestros Corazones

El feminismo y su impacto en la iglesia, con Sugel Michelén, día 2

Annamarie Sauter: ¿Cuál es la joya más preciosa de una mujer? Con nosotras el pastor Sugel Michelén.

Sugel Michelén: Jóvenes, adultas, ancianas… no dejen que las vanas filosofías de este mundo les roben la joya preciosa de un espíritu afable y apacible que es de grande estima delante de Dios. Esa es la obra de la gracia transformadora de Dios en el corazón de una mujer.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: Hemos visto cómo el feminismo radical se manifiesta en el mundo, pero, ¿cómo se manifiesta esta ideología en la iglesia? Hace poco tiempo, el pastor Sugel Michelén predicó en su iglesia un mensaje muy relevante para los tiempos en que vivimos.

Ayer escuchamos la primera parte de ese mensaje, y hoy escucharemos la segunda parte. Se titula, «El feminismo y su impacto en la iglesia».

Aquí está el pastor Sugel Michelén.

Sugel Michelén: Miguel Ángel, en el fresco que narra la tentación en el techo de la capilla, presenta a Eva tomando del fruto prohibido, y a Adán bajando la rama, porque los dos fueron culpables y Adán fue más responsable. A partir de ese momento, mis hermanos, la sumisión de la mujer y el ejercicio piadoso de la autoridad por parte del hombre, se iba a convertir en una batalla campal por el control en el seno del hogar.

Hablando de las consecuencias que vendrían sobre la mujer por causa de su rebeldía, escuchen lo que Dios le dice a Eva en Génesis 3:16: «A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces (cada vez que una mujer da a luz, tiene que recordar el dolor que se introdujo en el mundo por causa del pecado, pero no solo eso); con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti».

¿Qué significa eso de que el deseo de la mujer será para su marido? Bueno, nosotros tenemos una clave en Génesis 4:7, unos versículos más adelante, porque esas son exactamente las mismas palabras que Dios le dijo a Caín en Génesis 4:7, para advertirle que el deseo del pecado iba a ser controlarlo, pero que él tendría ahora que luchar para enseñorearse sobre el pecado.

¿Qué es entonces lo que Dios está diciendo aquí? Muchos eruditos creen que lo que Dios nos está diciendo en Génesis 3, es que a partir de la caída el deseo de la mujer va a ser controlar a su marido. Ya sea manipulándolo, ya sea buscando la manera de que su autoridad prevalezca en la casa, tu deseo será controlarlo como el deseo del pecado es controlar al hombre. Pero él se enseñoreará de ti. Dice un comentarista:

El deseo de la mujer sería muy parecido al deseo del pecado de dominar a Caín. Ahora la mujer desearía controlar a su esposo, pero ese deseo no elimina la realidad de que Dios le ha ordenado al hombre ser un líder de su hogar. Pero él se enseñoreará de ti. Esa inversión de roles en el hogar y en la iglesia mis hermanos, es fruto de la entrada del pecado en el mundo, el cual es revertido por la obra de Cristo en el corazón del hombre y de la mujer.

¿Qué dice en Tito capítulo 2? «Las ancianas...que enseñen a las más jóvenes...a estar sujetas a sua maridos, que sean cuidadosas de su casa...» Dice: «...para que la palabra de Dios no sea blasfemada» (vv. 5 y 6, parafraseado). «Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, (a los deseos mundanos), vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente...» (vv. 11 y 12, RVR).

Pablo está diciendo, las ancianas, las mujeres deben comportarse de esta manera. Deben enseñar a las más jóvenes a comportarse de esta manera porque esta es la obra de la gracia de Dios en el corazón, eso es lo que hace el evangelio con una mujer pecadora cuando la redime para Cristo.

Y ya vimos el texto de Efesios 5:24: «...las casadas estén sujetas a sus maridos en todo» (RVR), en todo. La mujer debe estar sujeta a su marido como la iglesia está sujeta a Cristo. «Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia...» (v. 23, RVR). Este es el tipo de texto que las feministas evangélicas dicen: «Bueno, no. La palabra cabeza significa otra cosa». No, la palabra cabeza significa cabeza.

El hecho de que una mujer ocupe el oficio del pastorado y la enseñanza en el culto público, es una incoherencia con el diseño de Dios; es una incoherencia con la obra de la gracia en el corazón del pecador por medio del evangelio, y contribuye a la confusión que promueve la ideología de género, independientemente de la motivación que tenga esa mujer.

Lo cierto es que muchas veces Dios en Su soberanía, sí usa instrumentos que Él desaprueba. Por ejemplo, en Filipenses 1:15, Pablo cita el caso de algunos que predicaban a Cristo por envidia. ¿Ustedes creen que Dios puede aprobar que haya personas que prediquen a Cristo por envidia? Que quieran tener una iglesia más grande que la del pastor...Tal. Muchas de estas personas querían ser más notorias que Pablo.

Y aprovecharon, «ahora Pablo está preso, ahora podemos predicar y hacernos de un nombre porque Pablo está atado de manos». Y Pablo decía, «pero, ¿saben qué? Ellos están predicando a Cristo por pretexto o por verdad, «y en esto me gozo y me gozaré aún...» Tal vez Dios estaba usando estos predicadores, que predicaban por envidia, para salvar a pecadores; y Pablo dice, «¿saben qué?, yo me gozo en eso», que Dios muchas veces usa instrumentos inusuales, y hace cosas que son inusuales.

¿No ha pasado un montón de veces en las iglesias, que solteros se casan con inconversos –hermanas, hermanos– y Dios increíblemente y soberanamente convierte al cónyuge incrédulo? Y qué vamos a hacer con eso, esa es una realidad, ¿verdad que sí? Vamos a usar nuestros solteros como método evangelístico, «vayan a casarse con impíos». ¡No! No porque la Biblia lo prohibe. El hecho de que Dios en Su misericordia y en Su bondad use medios inusuales para salvar un pecador, no quiere decir que nosotros tengamos permiso para hacer tal cosa.

Mis hermanos, los textos de las Escrituras que hablan del papel de la mujer en el hogar y en la iglesia, significan lo que significan, y Dios es infinitamente sabio, nosotros no lo somos. Ahora, déjenme decirles algo mis amadas hermanas: el pastorado, el ejercicio del pastorado, no es la única forma en que se manifiesta el feminismo en la iglesia; porque algunas aquí pueden decir, «¡uff, qué bueno! Aquí tenemos sana doctrina, aquí todos los pastores son hombres, yo nunca en mi vida he pensado en pararme en un púlpito». No creas que por eso estás exenta, porque el feminismo tiene manifestaciones que pueden ser muy sutiles.

Hoy se habla mucho del empoderamiento de la mujer, y yo creo que algunas mujeres están tan empoderadas, que no se están dando cuenta del impacto que el feminismo está teniendo en ellas. Mira, mi hermana, cuando tú tratas a tu esposo como si fuera tu hijo, es el impacto del feminismo. Cuando tú irrespetas la autoridad de tu marido, eso es el impacto del feminismo. Cuando tú no te conviertes en una plataforma que ayude a surgir el liderazgo de tu marido sino que lo aplastas, en las reuniones públicas tú eres la que más habla y tu pobre marido tiene que poner un turno para hablar, todas esas son manifestaciones del impacto del feminismo. No solamente ser pastora.

Todos nosotros tenemos que revisarnos a la luz de los roles. ¿Amo yo a mi esposa como Cristo amó a la iglesia? Mi hermana querida, ¿tú estás respetando a tu esposo como la iglesia respeta a Jesús? Porque eso es lo que dice la Escritura. Déjame ponértelo más simple: si yo le hiciera un examen a tus hijos de 5, 7 y 9 años, y les pregunto: «mis hijos, díganme una cosa, ¿quién es que manda aquí?», ellos van a poder decir, «mire pastor, aquí manda mi papá. Ahora, eso sí, ese hombre ama a esa mujer, él ama a mi mamá, y protege a mi mamá y cuida de mi mamá, él no es un abusador pero él es la autoridad, y mi mamá es la ayuda idónea».

¿Tus hijos pueden decir eso?

En cuarto lugar, el ejercicio de los dones no debe limitarse a lo que ocurre los domingos en el servicio de adoración. ¿Por qué yo digo eso? Bueno, porque yo creo que es por no entender esto, que algunas personas no saben cómo pueden poner sus dones en operación en el cuerpo de Cristo, a menos que sean pastoras o predicadoras; a menos que tengan una participación de alguna manera en el culto público o estén en algún ministerio formal de la iglesia.

Este es un problema que no solamente afecta a las mujeres, esto también afecta a los hombres porque no todos los hombres son pastores, ni todos los hombres predican o enseñan en el culto público, pero todos debemos contribuir a la edificación de la iglesia, hombres y mujeres, según los dones que Dios ha dado a cada uno, según la posición en que Dios ha colocado a cada uno.

¿Saben que un tercio de las personas que Pablo menciona en Romanos 16 –que es un capítulo donde hay muchos saludos– un tercio de las personas que Pablo saluda son mujeres? Léanlo cuando lleguen a su casa. Es obvio que eran mujeres que estaban muy activas, muy activas, en la expansión del reino de Dios. No eran mujeres pasivas. Y eso me lleva a mi tercer encabezado. Ya vimos cómo surgió el feminismo, qué enseña el feminismo, vimos una respuesta bíblica de estos postulados en el mundo evangélico, veamos ahora en tercer lugar, cuáles son las cosas que sí pueden y deben hacer las mujeres para beneficio de su iglesia local.

Bueno, lo primero es que las mujeres deben aprender. Las mujeres deben aprender. Las mujeres cristianas tienen la responsabilidad de crecer en el conocimiento doctrinal de las Escrituras, y la iglesia tiene la responsabilidad de instruirlas. Ahora, yo sé que esto puede sonar muy obvio en el día de hoy, pero en la época en que se escribió el Nuevo Testamento esa era una enseñanza muy revolucionaria. En el tiempo del Señor, las mujeres eran tratadas como seres inferiores, tanto en el mundo grecorromano como, lamentablemente, en la sociedad judía. No por causa de la enseñanza del Antiguo Testamento, sino a pesar de lo que enseñaba el Antiguo Testamento.

Una de las áreas en las que se palpaba esa discriminación, era precisamente en el área de la enseñanza. A las mujeres no se perdía el tiempo enseñándolas. ¿Qué dice Proverbios 1:8?: «Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre». Las mujeres debían conocer la ley para poder enseñarla. Y cuando llegamos al Nuevo Testamento, !uff!, es evidente que el Señor Jesucristo no se amoldó a los prejuicios de su época. Fue a una mujer de Samaria –a una mujer, y de Samaria– que el Señor le impartió la enseñanza más profunda que encontramos en los evangelios acerca de la verdadera adoración.

¿Ustedes recuerdan cuál fue la reacción de los discípulos cuando lo vieron hablando con una mujer? Se sorprendieron porque en aquellos días era una deshonra que un maestro hablara con una mujer en público. Ah, pero nuestro Señor Jesucristo no era así. En Lucas 10:38, no solamente vemos a María sentada a los pies de Jesús como una discípula aprendiendo de la Palabra de Dios, sino que vemos a Jesús alabando a María por su disposición a entender.

«Marta, Marta, María ha escogido la mejor parte», le dice Jesús a Marta. ¿Quiénes fueron los primeros testigos de la resurrección de Jesús? Un grupo de mujeres. El Señor Jesucristo escogió a un grupo de mujeres para ser las primeras en anunciar al resto de los discípulos, este evento fundamental de nuestra fe. De hecho, en el mismo texto en que se prohíbe a la mujer enseñar y ejercer dominio sobre el hombre, Pablo nos dice que las mujeres deben aprender. «Que las mujeres aprendan», dice Pablo, y es un imperativo. Asegúrate Timoteo, de que las mujeres aprendan, las mujeres necesitan aprender teología. Mis hermanas, las mujeres necesitan aprender teología lo mismo que los hombres.

Las mujeres necesitan crecer en el conocimiento de Dios. No lean únicamente libros de familia. Está bien que lo hagan pero no se limiten a eso. Conozcan los atributos de Dios. Ustedes necesitan conocer el evangelio, todas las aristas del evangelio para poder aplicarse el evangelio a sus vidas día tras día y para poder ser ayuda idónea de sus esposos.

Las mujeres necesitan aprender, y eso me lleva a nuestro segundo encabezado, y es que no solamente las mujeres deben aprender, sino que también deben enseñar. Las mujeres deben enseñar. El hecho de que Dios haya limitado a los hombres el oficio pastoral y la enseñanza en el culto público, no quiere decir que las mujeres carezcan de ese don o que no puedan enseñar en otros contextos. Lo que se prohíbe en el Nuevo Testamento es que las mujeres ejerzan la enseñanza de una forma tal, que violenten el esquema de autoridad enseñado por Dios para el hogar y para la iglesia; pero las mujeres deben enseñar.

Deben enseñar a sus hijos y por extensión a los niños en general. Proverbios tiene varios textos sobre eso. El ejemplo de Loida y Eunice. ¿Quienes formaron a Timoteo para llegar a ser el hombre que fue? Su abuela y su mamá, y Pablo le dice: «Timoteo, recuerda lo que te enseñaron tu abuela y tu mamá, porque desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras» (2 Tim. 3:15, parafraseado).

Ahora, ¿saben por qué Loida y Eunice podían enseñarle las Escrituras a Timoteo? Porque conocían la Palabra de Dios. Lean el Magnificat de María, y van a ver allí la exclamación de alabanza de una mujer joven –porque probablemente María era lo que hoy se conocería como una teenager, una mujer adolescente ya llegando a la edad adulta– que conocía muy bien las Escrituras del Antiguo Testamento.

Las mujeres deben enseñar, y eso es algo que debe ser enfatizado en esta época porque la maternidad está subvalorada, como si las mujeres que se quedan en casa enseñando a los hijos, esas sí que son ciudadanas de segunda categoría en esta sociedad en la que nos ha tocado vivir.

Pero de igual manera las mujeres deben enseñar a otras mujeres. Tito 2:3-5, dice: «las ancianas...deben enseñar a las mujeres más jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas...» Y es interesante que Pablo le dice a Tito, «Tito, tú sabes cómo son los cretenses, malas bestias, mentirosos, ociosos», y en esa sociedad Pablo está diciendo, «las ancianas deben ser reverentes en su porte y deben ser maestras del bien», en esa sociedad.

Pero las mujeres también pueden enseñar a los hombres en ciertos contextos en que la autoridad masculina no sea socavada. Abigail fue el instrumento que el Señor usó para hacer desistir a David de lo que le pensaba hacer a Nabal. ¿Recuerdan 1 Samuel 23, lo que David le dijo a Abigail, cuando ella vino a enseñarle al rey? ¿Recuerdan lo que le dijo a David? «¡Mire!, ¡cállese la boca!» ¿Eso fue lo que le dijo David? «Bendito sea el Señor, y bendita seas tú de Jehová que has venido a estorbarme en el día de hoy».

Apolos, Apolos fue un gran predicador en el Nuevo Testamento. Sin embargo él no tuvo ningún reparo en ser instruido por Priscila y Aquila. Vean en Hechos 18:24-26. Y el texto griego dice que ellos catequizaron a Apolos. Priscila y Aquila, los dos. Comentando acerca de este pasaje dice Matthew Henry: He aquí el ejemplo de una buena mujer, Priscila, que aunque no le es permitido hablar en la iglesia, aún así hace bien en una conversación privada con el conocimiento que Dios le ha dado.

Le doy gracias a Dios por algunas mujeres escritoras que han sido una enorme bendición en mi vida para aprender muchas cosas, han sido mis maestras a través de libros. Eso no socava la autoridad del hombre, es una forma indirecta de enseñar la los hombres. Léanse, La pura verdad, de Nancy Pearcey, léanse el libro, El evangelio feminista, de Mary Kassian. Hay mujeres ahora mismo que están escribiendo libros ¡wow!, que hay que quitarse el sombrero, porque Dios les ha dado ese conocimiento de la Palabra.

Pero en tercer lugar, las mujeres deben ayudar y ejercer misericordia dentro de la iglesia. Si bien es cierto que tanto los hombres como las mujeres deben mostrar misericordia a los necesitados, no es menos cierto que Dios ha dotado a las mujeres de una sensibilidad particular que las hace más aptas para este tipo de ministerio, y tan importantes son en una iglesia los que pastorean, los que dirigen, los que predican, como los que manifiestan el amor, la gracia y la misericordia de Dios, sirviendo a los necesitados.

Dice en Lucas 8:1-3. que mientras el Señor y los discípulos iban predicando el evangelio por las ciudades y aldeas, un grupo de mujeres les servían con sus bienes. Mis hermanos, el Señor Jesucristo fue servido por un grupo de mujeres, y ustedes pueden estar seguros de que habría sido muy difícil –humanamente hablando– para el Señor y los apóstoles, llevar a cabo la tarea que ellos estaban llevando a cabo, sin la ayuda de estas mujeres.

En Hechos 9, vemos el ejemplo de Dorcas, de quien se dice que abundaba en buenas obras. Y cuando Pablo escribe a Timoteo acerca del tipo de viuda que debía ser colocada en la lista de la iglesia, le dice explícitamente, que debía tener testimonio de buenas obras; «si ha criado hijos, si ha practicado la hospitalidad, si ha lavado los pies de los santos, si ha socorrido a los afligidos, si ha practicado toda buena obra...» ¿Se dieron cuenta mis hermanos de las cosas que faltan en esa lista?

Pablo no dice, «si ha sido una buena pastora». No, el texto enfatiza la crianza de los hijos y las obras de misericordia. En conclusión, no es la corriente de este mundo lo que debe determinar cuál es el papel del hombre y de la mujer en el hogar y en la iglesia. Jóvenes, adultas, maduras, ancianas, no dejen que las vanas filosofías de este mundo les roben la joya preciosa de un espíritu dulce y apacible que es de gran estima delante de Dios. Eso no es temperamental. La mujer dice: «Es que yo no nací con ese temperamento». No, no, no, esa es la obra de la gracia transformadora de Dios en el corazón de una mujer. Un espíritu afable y apacible. Mis amadas hermanas, Cristo vino a rescatarlas de la vana manera de vivir que el mundo promueve y enseña, para que ustedes puedan funcionar de acuerdo al diseño original de Dios, ese es uno de los beneficios colaterales del evangelio.

Cristo las compró con Su sangre para que ahora puedan exhibir como mujeres la gloria del Dios que las creó para ser mujeres. Esa es tu belleza, mi amada hermana, ser mujer. Si hay algo que el mundo, el hogar, y la iglesia necesitan, son creyentes piadosas que asuman con gozo la gloria de la feminidad, sirviendo a Cristo con los dones y talentos que Dios te dio. Mujeres que no sean amazonas, mujeres que con convicción rechacen el feminismo, en su forma más radical, pero también en su forma más sutil.

Yo no critico que una mujer estudie y haga una carrera, pero déjame hacerte una pregunta, ¿en el fondo de tu corazón, si tú decidiste quedarte en casa cuidando tus hijos, y una amiga del colegio tuvo la oportunidad, por la razón que sea, de hacer una carrera, tú te sientes menos? Cuando se encuentran en el supermercado, ella con su maletín de ejecutiva, y tú con el bolso del bebé, ¿te sientes menos?

Miren, hermanos, yo decía al principio que el feminismo es un tsunami, es un tsunami ideológico que está arrasando con todo. Ahora, el problema de esto es cuando esas olas comienzan a penetrar en la iglesia, y ¿saben quiénes están llamadas a ser un muro de contención para que esas olas diabólicas ideológicas no penetren en la iglesia? Son mujeres piadosas que se planten en sus pies diciendo, «yo estoy dispuesta a abrazar con gozo y con convicción el hecho de que Dios me hizo mujer. Ustedes son ese muro de contención, y para el mundo tiene que ser muy evidente que hay una diferencia entre lo que se ve aquí adentro y lo que se ve allá afuera.

Porque Pablo dice: Mujeres, hagan eso «para que la Palabra de Dios no sea blasfemada». Ah, pero ¿saben qué, hombres, varones, masculinos? De la misma manera, el mundo, el hogar y la iglesia, necesitan hombres piadosos que asuman con valentía y convicción el reto de ser hombres, porque es un reto. Maridos que amen a sus mujeres como Cristo amó a la iglesia. Y no olviden lo que Él hizo por ella: morir en una cruz. Maridos que no solo sean intencionales proveyendo económicamente, sino también santificando y protegiendo a sus esposas, como líderes espirituales del hogar.

La iglesia necesita hombres que se sacudan de su apatía, que se sacudan de su comodidad, para servir en la iglesia, en el mundo y en la familia con los dones y talentos que el Señor les dio, hombres que sepan mostrar el carácter de 1 Timoteo 3 y Tito 1, porque eso no se escribió solo para los pastores. No, lo que está diciendo es: «los pastores deben tener estas características, maridos de una sola mujer, sobrios, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar –ese es opcional– no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas.

¿Saben lo que Pablo está describiendo allí? A un hombre piadoso. Es de esos hombres piadosos que se escogen pastores. Pero así deberían ser todos los hombres de la iglesia, con la única excepción de apto para enseñar.

Oh, que el Señor nos conceda mantener en alto la verdad de Su Palabra, no solo a través de lo que decimos, sino a través de lo que modelamos delante de los demás, y sobre todo, delante de nuestros hijos.

Y si este mensaje te ha convencido de pecado –mi hermano, mi hermana– recuerda el evangelio, recuerda la sangre que Cristo derramó en la cruz y que nos limpia de todo pecado. Recuerda la promesa de que si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

El que encubre su pecado no prosperará, el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.

Patricia: Acabas de escuchar al pastor Sugel Michelén, en la segunda parte de un sermón titulado: «El feminismo y su impacto en la iglesia». Si no escuchaste la primera parte, te animo a hacerlo. Encuentra ese primer programa en nuestro sitio web, AvivaNuestrosCorazones.com.

En la Escritura encontramos relatos de sucesos que tuvieron lugar en el desierto. En nuestra próxima serie veremos dos de estos relatos y cómo se relacionan a algunas etapas en nuestras vidas. ¿Por qué permite Dios las dificultades? ¿Cómo podemos crecer a través de ellas? No te pierdas el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Adornando el evangelio juntas,

Annamarie: Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

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