Podcast Aviva Nuestros Corazones

El mandamiento más importante

Annamarie Sauter: ¿Amas a Dios?

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Escúchame, tú puedes leer tu Biblia, memorizarla, escuchar Aviva Nuestros Corazones todos los días (espero que lo hagas), puedes hacer todas esas cosas. Puedes ir a la iglesia, diezmar, o hacer una ofrenda doble. Puedes tener todas las características externas de una feminidad bíblica, pero si estas cosas no fluyen de un amor de corazón a Dios, has perdido el punto.

Annamarie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia Saladín.

En varias series este año, Nancy nos ha estado mostrando cuán importante es el Manifiesto de la Mujer Verdadera. Ella nos ha llevado a lo largo del fundamento bíblico de este documento y nos ha hablado acerca de las afirmaciones que contiene. Hoy continuamos con la serie titulada, «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Declaraciones, parte 1».

Nancy: Estoy feliz de que te unas a nosotras al estudio que empezamos hace unos meses acerca del Manifiesto de la Mujer Verdadera. Lo dividimos en secciones a lo largo del año. Si no has escuchado los programas anteriores en los que hablamos del manifiesto, te animo a que vayas a AvivaNuestrosCorazones.com; que vayas a los archivos y escojas las primeras sesiones acerca del Manifiesto, y si no tienes una copia puedes imprimirla desde nuestra página web. Puedes imprimir una copia del brochure o puedes imprimir muchas copias y dárselas a otras mujeres.

Pero hoy vamos a la última sección del manifiesto en esta serie. Permítanme comenzar con una declaración que mencionamos el programa pasado. Dijimos: «Creyendo lo anteriormente expuesto...», lo que hace referencia a todas las afirmaciones de que hemos hablado del manifiesto en los últimos meses.

«Declaramos nuestra intención y deseo de convertirnos en “Mujeres Verdaderas” de Dios. Nos consagramos a cumplir Su llamado y propósito para nuestras vidas. Mediante Su gracia y en humilde dependencia de Su poder, nosotras...»

Y entonces siguen 15 declaraciones que hablan acerca de la intención y el propósito. Esta es la manera en que viviremos lo que creemos que es la verdad.

Vamos a tomar un día para cada una de estas 15 declaraciones durante las próximas semanas para desglosarlas y ver a qué nos estamos comprometiendo. Vamos a mirar la Palabra de Dios y pedirle a Dios que nos dé un mayor entendimiento acerca del compromiso que representan estas declaraciones que asumimos.

La primera declaración en el día de hoy dice:

«Buscaremos amar a Dios nuestro Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas».

Esa es una declaración bastante grande, como todas las demás. Permíteme recordarte, lo que sé que sabes que es verdad, y es que nadie ha llegado ahí. Nadie en nuestra audiencia, comenzando conmigo, está viviendo este mensaje de la manera en que debiera, de la manera en que quisiera, de la manera que lo hará un día por la gracia de Dios. Pero estamos diciendo que esto es a lo que aspiramos. Esto es lo que deseamos que sea una realidad en nuestras vidas. Buscaremos amar a Dios nuestro Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Está el deseo en nuestro corazón.

Esta es una declaración importante porque nos recuerda que la esencia de la feminidad verdadera, no se trata de cumplir con ciertos roles o actuar o verse de cierta manera, sino de ser una mujer cuya vida está dirigida e impulsada por un amor genuino por Cristo. Ese es el corazón de la verdadera feminidad.

  • No es la manera como te vistes
  • No es la manera como hablas
  • No es el trabajo que tienes o que no tienes
  • No es cuántos hijos tienes o no tienes
  • No es tu estado civil

Ser una mujer verdadera de Dios de corazón, es ser una mujer que ama a Dios con todo su corazón.

Y esta declaración donde decimos que «buscaremos amar a Dios nuestro Señor», es fundamental para las declaraciones siguientes. Porque este es el mandamiento más grande de todos. Recuerdas el pasaje en Marcos capítulo 12 cuando uno de los escribas, uno de los líderes religiosos, le preguntó a Jesús: «¿Cuál mandamiento es el más importante de todos?» (v. 28). Cuando pensamos en los mandamientos pensamos, bueno, «los diez mandamientos, ¿cuál escogerá?» Pero los judíos practicantes en aquellos días sabían que había 613 mandamientos en la ley del Antiguo Testamento.

Entonces lo que este hombre estaba preguntando es, «¿cuál de estos 613 mandamientos es el más importante? ¿Cómo puedes seguir 613 mandamientos?» Por cierto, 365 de los mandamientos eran negativos, uno por cada día del año, y 248 eran positivos. Y algunos de estos mandamientos eran considerados mandamientos pesados, o sea mandamientos absolutamente obligatorios. Otros eran considerados mandamientos más ligeros, no eran tan mandatorios ni tan críticos.

Los rabinos podían pasarse horas debatiendo cuáles eran más importantes y cuáles menos. Con ese espíritu fueron a preguntarle a Jesús su opinión. ¿Qué piensas? ¿Cuál es el mandamiento más importante de todos? En Marcos capítulo 12 Jesús responde citando la palabra hebrea shema. Su respuesta viene de la primera palabra hebrea citada en Deuteronomio, que significa «escucha».

Cada judío que estaba escuchando a Jesús ese día estaba muy familiarizado con esa declaración de fe. Cada judío citaba esa declaración cada mañana y cada tarde. Se encuentra en Deuteronomio capítulo 6 versículos 4 y 5. Y eso fue lo que Jesús respondió a la pregunta acerca de, «¿cuál es el mandamiento más importante de todos?»

Jesús respondió en Marcos capítulo 12: «El más importante es...», y ahora Él cita la palabra hebrea shema:

«Escucha (shema), escucha Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es; y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza» (vv. 29-30).

Cuando juntas toda la enseñanza de la Escritura, te das cuenta que este mandamiento agrupa a todos los demás. Es la suma y sustancia de toda la ley, especialmente cuando lo pones junto al segundo mandamiento que Jesús dijo que era amar a tu prójimo como a ti mismo.

Romanos capítulo 13 nos dice que «el amor es el cumplimiento de la ley» (v.10). Si amas a Dios, amarás a los demás. Y si amas a Dios y a los demás, has cumplido la ley entera. Lo que Jesús estaba diciendo es que nuestro primer y principal deber es amar a Dios, amarlo con todo nuestro ser, amarlo de todo corazón. Jesús dijo amarás a Dios con todo tu corazón. Él está hablando de tener un intenso afecto por Dios, y que ese afecto nos motive y nos impulse a hacer todo lo que hacemos.

Él dijo que debemos amar a Dios con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma. El alma es toda la vida. Significa amarlo más de lo que amamos nuestra propia vida, es estar dispuestas a renunciar a todo, incluyendo si es necesario, hasta nuestra propia vida por Dios. Es amar a Dios con toda nuestra alma.

Debemos amar a Dios con toda nuestra mente. Hay un comentario maravilloso escrito por Adam Clark de principios de los años 1800, que tiene un mensaje estupendo en su comentario del pasaje de Marcos capítulo 12. Él dice que aquel que ama al Señor con toda su mente es, y lo cito:

«Aquel que ve a Dios en todas las cosas, que piensa en Él en todo tiempo, que tiene su mente continuamente puesta en Dios, lo reconoce en todos sus caminos, aquel que comienza, continúa y termina sus pensamientos, palabras y trabajos para darle la gloria a Su nombre».

Amar a Dios con toda nuestra mente lo abarca todo.

Luego Adam Clark habla sobre lo que significa amar a Dios con todas nuestras fuerzas. Él dice:

«Esta persona es aquella que ejerce todo el esfuerzo de su cuerpo y alma en el servicio de Dios: aquella que para la gloria de su Maestro, sin importar el trabajo o el costo, sacrifica su tiempo, cuerpo, salud, para honrar a Dios, su Divino Maestro».

Por este amor (este amor a Dios), el alma se dirigirá constantemente a admirar y descansar en Dios, y estará supremamente contenta y satisfecha en Él como Su porción».

¿Entendiste eso? Eso es un resumen de lo que significa amar a Dios con todo nuestro corazón. «Por este amor, el alma se dirigirá constantemente a admirar y descansar en Dios, y estará supremamente contenta y satisfecha en Él como Su porción». El que ama a Dios dice, «si te tengo a Ti, tengo todo lo que necesito. Tengo suficiente. Eres mi porción. Eres aquel a quien me aferraré, a quien admiraré, y en quien descansaré. Estaré supremamente contenta y satisfecha en Ti».

Ahora, obviamente sabemos por la Palabra de Dios que debemos amar a nuestras familias. Que debemos amar a los demás. Debemos amar a aquellos en la comunidad de fe. Debemos amar a aquellos que no son creyentes como Dios lo hace. Pero debemos amarlo a Él por sobre todas las cosas. Y sabes que amar cualquier cosa o a alguien, más de lo que amamos a Dios, es lo que la Escritura llama idolatría. Es quebrantar el primer mandamiento.

Nuestro amor por Él no puede ser con un corazón dividido ni hipócrita. Profesar una cosa y vivir otra. No estamos hablando solamente acerca del respeto y la reverencia a Dios aunque ciertamente esos están incluidos. Estamos hablando acerca de una relación con el Dios del universo que debe ser íntima, personal y afectiva. No solo de estudiar acerca de Él, sino realmente conocerlo y amar a Aquel a quien hemos conocido.

Estamos hablando acerca de algo que es mucho más que solo ir a través de ciertos rituales religiosos o deberes. Escúchame, puedes leer tu Biblia, memorizarla, escuchar Aviva Nuestros Corazones todos los días (espero que lo hagas), hacer todas esas cosas. Puedes ir a la iglesia, puedes diezmar o hacer una ofrenda doble. Puedes tener todas las características externas de la feminidad bíblica, pero si esas cosas no fluyen de un corazón que ama a Dios, has perdido el punto. Eres moralista, pero no tienes una relación con Dios.

Verás, sin amor a Dios, todas las cosas que hacemos para Dios, la maternidad, ser una buena esposa, servir en tu iglesia, ir a estudios bíblicos, enseñar en estudios bíblicos, todas esas cosas se volverán frías, duras vacías, guiadas por el deber… No tendrás gozo. No tendrás libertad. No tendrás plenitud si no eres impulsada y motivada por tu amor a Dios.

El apóstol Pablo lo dice en 1 Timoteo capítulo 1,

«Pero el propósito de nuestra instrucción es el amor, nacido de un corazón puro, de buena conciencia y de una fe sincera» (v. 5).

La meta es el amor. El propósito de nuestra enseñanza en Aviva Nuestros Corazones es que conozcas a Dios y que al conocerlo lo ames.

Al final de la carta a los Efesios en el capítulo 6, Pablo dice: «La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible» (v.24). No con un amor carnal sino con un amor incorruptible, eterno e interminable. Aquellos que aman a Cristo experimentarán una medida fresca de Su gracia.

Ahora como todas sabemos y como Jesús lo recordó a la iglesia en Éfeso, él le dijo, «pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor» (v. 4).

En un punto ellos habían tenido un gran amor por Cristo, pero luego de un tiempo, se alejaron de ese amor. ¿Es esta la realidad de tu vida?

Tu amor por Cristo puede menguar. Puede enfriarse. Y esto sucede a veces sutilmente.

He visto en mi propia vida que por lo general no es de repente. No es un pinchazo y te desinflas, sino que es como una fuga lenta. Luego te detienes a pensar y te das cuenta, «wow, no estoy tan cerca de Cristo como lo estaba en un punto. No lo amo como lo amaba en ese entonces». Quizás ni te habías dado cuenta que había sucedido y es ahí entonces cuando clamamos al Señor y le decimos, «Señor, por favor aviva y restaura ese amor en mi corazón».

Ahora, ¿cómo podemos medir nuestro amor por Dios? Me he estado haciendo esa pregunta mientras he estado trabajando en este programa en particular. ¿Cómo sé si amo a Dios? Tendemos a pensar con nuestra mentalidad occidental que el amor es un sentimiento, una emoción. Pero sabemos que tanto amar a Dios como a los demás requiere mucho más que tener buenos sentimientos por Él. Amar a Dios es un estilo de vida que involucra nuestros deseos, nuestros afectos, nuestra voluntad, nuestras decisiones, nuestras prioridades, y se evidencia de muchas maneras distintas.

  • Se evidencia en el hecho de que queremos estar con Él. Queremos pasar tiempo con Él. Estamos dispuestas a renunciar a cosas con el fin de pasar tiempo con Él.
  • Se evidencia en el hecho de que queremos conocerlo mejor.
  • Le obedecemos.
  • Confiamos en Él.
  • Disfrutamos hablar con Él.

Recientemente estuve hablando con un joven que está comprometido y el y su prometida estuvieron separados geográficamente por unos meses. Ambos estaban trabajando y son personas muy ocupadas. Pero él me dijo, «hablábamos una hora o más todas las noches».

Y pensé, «¡wow!, pero, ¿cómo tienen tiempo para hacer eso?» Bueno, ¿sabes cómo tenían el tiempo? Porque estaban enamorados. No es pesado, no era pesado para ellos hablarse, no era un deber. Mi otro pensamiento fue pero, ¿de qué hablan? No les pregunté pero a veces observas a estos jovencitos enamorados y piensas (no es solo una hora; son cuatro o cinco o seis) y piensas, «pero ¿de qué hablan?»

Y entonces por otro lado ves estas parejas que han estado casadas por un tiempo y a veces los ves en restaurantes y parece que no tienen nada de qué hablar. Bueno, una evidencia de estar enamorados, de amar a alguien, es que disfrutas hablar con esa persona.

  • Otra señal, otra evidencia de amar a Dios es que disfrutas lo que Él disfruta, amamos lo que Él ama, odiamos lo Él odia. Nuestros afectos están alineados con los suyos.
  • Otra evidencia de que amamos a Dios es que queremos hablarles a los demás acerca de Él.

Esa pareja que estaba comprometida cuando estaban comprometidos (porque ahora ya están casados), no tenías que forzarlos o rogarles para que hablaran de la otra persona con quienes estaban comprometidos. Estaban felices de hacerlo.

  • Quieres complacer a aquel a quien amas. Si amas a Dios quieres complacerlo.
  • Una evidencia de que lo amas es que estás dispuesta a ponerlo en primer lugar en tu día, en tus prioridades. Otras prioridades tomarán segundo, tercer, cuarto o un lugar distante si amas a Dios de manera suprema.
  • En 1 Juan capítulo 5 leemos que una de las señales de amar a Dios es que amamos a los demás (v. 1). ¿Cómo puedes decir que amas a Dios si no amas a los demás?
  • Otra señal en 1 Juan capítulo 3 es que les damos a otros que están en necesidad (v. 17). Esa es una evidencia de que amamos a Dios y que estamos dispuestas a sacrificar lo que sea por Él.

Hace unas semanas recibí un correo electrónico de una mujer que estaba saliendo con este hombre piadoso de acuerdo a la descripción que ella me dio, y tanto ella como este hombre estaban orando a ver si era la voluntad de Dios que se casaran, Pero ella no estaba segura si su situación era bíblicamente aceptable delante de Dios para buscar un matrimonio debido a un divorcio en el pasado.

Ahora, sin tener que entrar en todos los detalles o las perspectivas bíblicas acerca de todo esto, lo que me encanta de la declaración de ella es que ella dice: «Yo amo mucho a este hombre, pero amo más a Jesús y quiero ser una mujer verdadera». Aquí tenemos una mujer que dice, «realmente amo a este hombre y me quiero casar con él, pero lo que debo y tengo que averiguar es si Jesús quiere que yo me case con él. ¿Soy libre bíblicamente para casarme con este hombre? Porque amo a Jesús mucho más de lo que lo amo a él». Esa es una muestra de un amor verdadero por Cristo.

¿Cuáles evidencias hay de que amas a Dios?

  • ¿Hablas de Él?
  • ¿Lo deseas?
  • ¿Quieres estar con Él?
  • ¿Anhelas conocerlo mejor?
  • ¿Anhelas complacerlo?
  • ¿Dónde está tu corazón?
  • ¿Hacia dónde van tus pensamientos todo el tiempo?
  • ¿Dónde están tus afectos?
  • ¿Cuáles son tus temas de conversación?
  • ¿Qué valoras en la vida?
  • ¿Qué es lo que te importa profundamente?

¿Podemos decir que amamos a Dios si continuamente estamos muy ocupadas como para pasar tiempo con Él, si básicamente lo ignoramos por horas o por días, si no pensamos en Él y lo descuidamos? ¿O si disfrutamos a otras personas o actividades más de lo que lo disfrutamos a Él? Si rehusamos hacer lo que él quiere que hagamos, ¿podemos decir que amamos a Dios?

Bueno, la mayoría de nosotras dice, «realmente no amo a Dios de la manera que necesito hacerlo. Yo quiero amarlo más. Yo necesito amarlo más. ¿Cómo puedo cultivar un mayor deseo y amor por Dios?» Y esa es la pregunta que me he estado haciendo en estas semanas en lo que he estado trabajando en esta serie. Una cosa segura es que no podemos fabricar amor por Dios. «Okay, ¡voy a amar más a Dios!» Así como no puedes fabricar amor por tu esposo o por tus hijos. Es algo que Dios pone en nuestros corazones porque el amor viene de Dios porque Dios es amor.

Así que permíteme decir que tener la intención de amar a Dios es la mitad de la batalla. Hazte a ti misma esta pregunta primero: «¿Realmente quiero amar más a Dios?» Y creo que la mayoría de nosotras diría que sí, «sí, realmente quiero amarlo más. Así que ¿qué puedo hacer?»

Bueno, primero se honesta acerca de tu falta de amor. No trates o no pretendas que realmente amas a Dios cuando las evidencias dicen lo contrario. Dile, «Dios, yo te amo un poco y te amo más ahora que antes, pero te amo mucho menos que en otros tiempos en el pasado y mucho menos de lo que Tú mereces. Quiero amarte más». Pídele a Dios que te dé amor por Él. «Señor, te amo, pero quiero amarte más».

A continuación voy a darles algunas sugerencias prácticas. Rodéate de personas que aman a Dios. Hay algo contagioso sobre el afecto. Ejerce una influencia sobre nosotros cuando vemos personas que aman profundamente. Cuando estoy rodeada de personas que realmente aman a Dios, aumenta mi propio amor por Dios.

Por cierto, si pasas la mayor parte del tiempo rodeada de personas que no aman a Dios y que aman las cosas de este mundo más que a Dios, lo más probable es que ese amor se desvanezca en ti también. Claro, queremos rodearnos de personas que necesitan a Dios. Pero asegúrate que también estás relacionándote con personas que aman a Dios profundamente.

Pienso también, que si quieres cultivar amor por Dios, es importante que apartes tiempo a solas con Él. No hay nada que mate más la intimidad como la multitud, las ocupaciones y el desorden. Periódicamente, necesitamos alejarnos del ruido y de la tecnología. Apagar el celular. Apagar el email. Apagar la televisión. Aléjate y busca al Señor. Si ves que es difícil sacar ese tiempo, anótalo en tu agenda, aparta el tiempo. Haz una cita y mantenla. Toma un día de reposo para tu alma.

A veces estás en temporadas de la vida cuando esos días de reposo son mayormente minutos cortos aquí y allá. Algunas de ustedes que tienen niños pequeños probablemente no pueden irse por tres días a buscar al Señor. Pero quizás sí por 30 minutos o por 3 minutos. Realmente creo que si tomas el tiempo que tienes Dios te lo multiplicará y te dará más. Él tomara el tiempo que tienes y multiplicará su valor. A veces, quizás, puedas tomar tiempos extendidos.

No estamos hablando acerca de vivir una vida monástica, encerrada. Podemos amar a Dios mientras vivimos nuestras vidas. Pero necesitamos tiempo a solas con Él, cuando meditamos en Su amor por nosotras. Lo amamos a Él, porque Él nos amó primero. Abre su Palabra, permite que Él te muestre Su amor. Ve a la cruz. Déjale que te muestre cuanto te ha amado y luego respóndele.

Trae a la memoria esos tiempos en el pasado cuando el Señor te ha visitado, donde lo has encontrado. Revive esos recuerdos especiales de tu vida. Si quieres amar más a Dios, necesitas identificar las cosas que están compitiendo con Su lugar en tu vida, cosas que se están robando tu pasión, quizás amor por este mundo, amor al dinero, amor por el placer, egocentrismo, amor por ti misma. Pídele a Dios que te ayude a despegarte de esos afectos y que te enfoque en Él.

Permíteme recordarte que es imposible amar a Dios como debiéramos, con todo nuestro ser. No podemos hacerlo. Hemos quebrantado el primer y más grande mandamiento. Nos amamos más a nosotras mismas de lo que amamos a Dios. Y porque hemos quebrantado hemos roto el mayor mandamiento, merecemos el juicio de Dios.

Entonces esta declaración en el manifiesto: «Buscaremos amar a Dios nuestro Señor con todo nuestro corazón», nos recuerda nuestra necesidad de un Salvador, nuestra necesidad de Su gracia. Solamente Jesús guardó la ley perfectamente. Él es nuestro sustituto. Él murió en nuestro lugar. A través de nuestra fe en Él, Su amor por Dios es puesto, es contado, es imputado a nuestra cuenta. Así que podemos amar a Dios con todo nuestro corazón porque estamos vestidas de la justicia de Cristo quien ama a Dios de manera suprema.

Annamarie: La idea central del mensaje de hoy de Nancy DeMoss de Wolgemuth es sencilla pero importante y profunda: Ama a Dios. Ella regresará con nosotras para orar.

Este programa es parte de la serie titulada: «El Manifiesto de la Mujer Verdadera: Declaraciones, parte 1». En unos minutos no es posible cubrir más ampliamente el tema del amor ágape, así que te animo a profundizar en este tema. Hazlo al escuchar una serie clásica de Aviva Nuestros Corazones titulada, «¿Cómo está tu vida amorosa?» Lee las transcripciones o descarga el audio, en AvivaNuestrosCorazones.com. Usa el buscador para encontrar esta serie por su título: «¿Cómo está tu vida amorosa?»

Muchas personas dicen ser cristianas sin realmente haberle cedido a Dios el control de sus vidas. Mañana Nancy desafiará esa forma de pensar y de vivir, mostrándote por qué la rendición es tan importante. No te pierdas este próximo programa de Aviva Nuestros Corazones. Aquí está Nancy para cerrar en oración.

Nancy: Señor, oro que obres en nuestros corazones y nos ayudes a amarte. Ayúdanos a amarte más. Ayúdanos a crecer en amor por ti. Ayúdanos a amarte sobre todas las cosas. Revístenos de Cristo, quien te ama con un amor perfecto y murió para pagar por nuestros pecados, aún el pecado de no amarte. Estamos agradecidas por tu gracia. Aumenta en nosotras ese afecto profundo y sincero por ti, cada día de nuestras vidas. Oro en el nombre de Jesús. Amén.

Annamarie: Abrazando el diseño de Dios para nuestras vidas juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.