Aviva Nuestros Corazones Podcast

— Reproducción de audio —

El Pentateuco, día 3

Annamarie Sauter: Con nosotras, Margarita de Michelén

Margarita de Michelén: Vemos todas las consecuencias tristes del pecado, pero Dios nunca nos deja ahí, siempre nos da una esperanza y eso es lo que queremos transmitir; que conozcamos que somos pecadoras, que estamos viviendo en un mundo caído, que no podemos esperar perfección, pero que Dios es el Dios de toda esperanza. 

Annamarie Sauter: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Patricia de Saladín: En el día de ayer terminamos viendo las trágicas consecuencias de Génesis 3, de la desobediencia de Adán y Eva, del hecho de que su pecado fue querer hacerse como Dios, conociendo el bien y el mal, usurpando el rol que solo a Dios le correspondía, dando oído a la voz de un consejero que no era Dios, y por eso su perfecta relación con Dios y su intimidad con Dios y entre ellos mismos se perdió. Adán y Eva entonces se hicieron delantales, trataron de cubrirse, Dios los busca y los viste, pero las consecuencias de su pecado permanecerían.

La palabra de Dios se cumple y Dios había dicho «el día que coman del fruto del árbol que yo les mandé que no comieran, ese día morirán». Y aunque no murieron físicamente, inmediatamente comenzaron a morir. Pero sí murieron espiritualmente inmediatamente y en ese sentido en Génesis 3, Dios pronuncia maldición sobre el hombre, sobre la mujer, sobre la serpiente y los echa del huerto del Edén. Los saca y ya vimos que en Génesis 3 hubo una promesa, pero era una promesa para algo que vendría.

Adán y Eva que habían vivido en perfecta unidad, armonía, bendición, en un lugar perfecto con vidas perfectas, ahora estaban recibiendo las trágicas consecuencias del pecado. Aún la tierra requeriría mucho sudor y ardua labor y el mundo ahora sería como su enemigo. El castigo estaba vigente, los seres humanos se habían apartado de Dios y las consecuencias vendrían y qué triste tiene que haber sido para esta primera pareja ver que cuando Dios les concede hijos, les concedió a Caín, a Abel, y me imagino que Eva sabiendo que Dios había prometido que de Su simiente vendría un libertador, consideraría, «wow, ya el libertador vino, quizás uno de mis hijos es, se va a revertir ya la maldición».

Pero no fue así. Sin embargo, lo que vieron fue que el pecado trae muerte. El fin del pecado y el fin de Satanás sobre los seres humanos es traer muerte y esa muerte fue vista por primera vez, en el caso de ellos, en que el hermano mayor mató al menor. Caín mató a Abel, y yo me imagino la tristeza de esta mujer, el dolor de ver que un hijo había matado al otro. Y el punto ahora, con Caín y Abel, es que el pecado trae muerte y que podemos ver a Dios cumpliendo Su palabra y llevando a cabo lo que había dicho.

Estos seres humanos no habían quedado sin advertencia, ellos habían sido advertidos. Maggie, y en este caso que nosotros vemos ese gran dolor, vemos el hecho de que hay pecado, hay juicio de Dios –en el caso del pecado– y vemos las tristes consecuencias en estos primeros hermanos, en Caín y Abel.

Qué me dices con relación a eso, qué crees. Cómo vimos –aún en el caso de ellos– el hecho de que hubo pecado, hubo juicio, pero también se manifestaba esa gracia, esa gracia de Dios.

Maggie: Bueno, creo que la gracia de Dios se manifiesta cuando Dios les concede a ellos otro hijo que es llamado Set. Lo encontramos en Génesis 4: 25 y dice así: «Adán se unió otra vez a su mujer; y ella dio a luz un hijo y le puso por nombre Set, porque, dijo ella: “Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, pues Caín lo mató”».

Aquí vemos a Dios en Su fidelidad preservando esa línea de de dónde vendría ese Mesías ya prometido –como vimos en Génesis 3:15. Entonces nosotros vemos que el pecado tiene consecuencias, severas consecuencias. Y todo eso sirve a modo de alerta y de lección para nosotras y para todo el mundo, que dice, «mira aquí está lo que Dios dice. Si tú no lo haces vas a pecar y va a haber tristes consecuencias». Y desde Génesis hasta el último de los profetas, vemos un listado de pecados fruto de esa desobediencia continua del pueblo que Dios había escogido para Sí.

Patricia: ¿Y sabes algo? Queda muy claro en esos capítulos subsiguientes de Génesis 3, que la sentencia de la muerte era la consecuencia del pecado. Fíjense que en Génesis 5, vemos esa primera genealogía, y como consecuencia de que ya los hombres nacían en pecado dice, «fue fulanito de tal y murió, y vivió tantos años y murió, y vivió tantos años y murió, y la palabra se repite, murió, murió, murió». Era como diciendo,«yo yo lo advertí, yo lo dije y las consecuencias están». Y podemos hacer todo lo posible para evitar la realidad de la muerte, pero la muerte es una realidad y es una realidad temible; todos los hombres en realidad temen.

Pero sucedió también que la maldad fue en aumento. O sea, no solamente es que hubo pecado y hay pecado, sino que el pecado va exponenciándose, la maldad va creciendo y llega un punto, cuando llegamos a Génesis 6, que Dios dice que «Él vio y vio que la maldad de los hombres era mucha en la tierra y que todo designio del corazón de los hombres era de continuo solamente el mal», y dice Dios que Él se arrepintió de haber hecho al hombre sobre la tierra y que iba a raer al hombre de sobre la faz de la tierra.

Eso nos habla dice ese Dios tan poderoso que es un Dios justo y que el pecado trae consecuencias y Dios –como dice la Escritura– es muy limpio de ojos para ver el mal y el castigo iba en consonancia con el crimen cometido. La maldad de los hombres era constante e iba creciendo y Dios decide raer al hombre de la faz de la tierra. Pero otra vez vemos el pecado, la muerte, el juicio, pero una vez más vemos la gracia. ¿Dónde vemos la gracia en ese en ese juicio de Dios en el diluvio?

Maggie: Bueno, la vemos cuando Dios arrasa todo, como bien dijiste, pero salva a Noé y a su familia. Y Noé junto con sus tres hijos y las esposas de estos y su esposa son salvados, y entonces, de Sem continúa esa línea. Dios preserva esa línea de donde vendría el Mesias. Eso es asombroso, la maldad no queda impune y el plan de Dios siempre se va a llevar a cabo a como dé lugar porque Dios es el que prevalece siempre.

Eso es algo que tenemos que tener en mente todo el tiempo mientras leemos las Escrituras y veamos que Dios podría mandar otro diluvio, pero siempre hay una esperanza. Dios siempre se reserva un remanente fiel, y podemos ser fieles porque Noé duró 100 años haciendo el arca, sin haber caído nunca una gota de agua fue fiel y perseveró y creyó en la palabra de Dios. Aunque no hubiera ni una nubecita en el cielo hizo lo que tenía que hacer.

Eso nos lleva a entender, «la fe es importante en mi vida cristiana». Aunque no entiendas.

Patricia: Y no vamos a profundizar mucho en este tema del diluvio porque hace tan solo unos días ustedes saben que transmitimos una serie de enseñanzas de Nancy al respecto. Así que si no la escuchaste y quieres saber más acerca de todo este tema de Noé y el diluvio, puedes ir avivanuestroscorazones.com y buscar esta serie.

Pero es importante Maggie que Dios no manda un diluvio porque Él prometió por Él mismo, al final del diluvio con el arcoiris, que jamás destruiría la tierra por agua, por un diluvio otra vez.

Nicole Forgette: Y también fijémonos que el pecado estaba en la tierra unos días después de salir del arca. Entonces eso no fue como, ¿cómo vamos a cumplir la promesa?, sino fue una renovación de Su pacto.

Maggie: Exactamente, así mismo.

Patricia: Eso que tú dices, Nicole, el pecado… o sea Noé sale del arca con su familia y no dura mucho tiempo antes de que veamos de nuevo el pecado porque el pecado no quedó ahogado con las aguas del diluvio. Significó como un renovar la tierra para un –vamos a decir– un nuevo comienzo. Fíjate que Dios le dice a Noé otra vez «fructifiquen, multiplíquense y los hombres comienzan a multiplicarse de nuevo. Pero el capítulo 11, en Génesis, nos lleva al punto más bajo en la Biblia hasta aquí.

Cuando el orgullo de los seres humanos sube hasta el máximo y el hombre dice, «construyamos una ciudad con una torre que llegue hasta el cielo». Y me parece oír a la serpiente, «seréis como Dios», otra vez el hombre queriendo ser como Dios. Pero antes de juzgar a Babel y a los constructores de esa torre, debiéramos pasar revista a nuestros propios corazones y ver cuántas veces nosotras queremos elevarnos tan alto, que seamos vistas y que lo que hagamos lleve tanta gloria, que queremos robarle la gloria a Dios y llevarnos la gloria nosotras.

Por eso el orgullo es el pecado que arropa al ser humano y lo ciega porque nos hace querer usurpar el lugar que solo le corresponde a Dios. El hombre quería hacerse famoso y evitar ser dispersado por toda la tierra, pero ¿qué pasó? ¿Qué pasó con la torre de Babel? Es un vívido ejemplo de nosotros. ¿Cómo podríamos ver esto Maggie y Nicole? ¿Cómo vemos que la torre de Babel es un vivido ejemplo de nuestro orgullo pecaminoso, de que buscamos exaltarnos y agrandarnos a nosotras mismas? 

Maggie: Bueno, yo te diría que la torre de Babel fue realmente una maravilla para esa época porque tuvieron que hacer los ladrillos; o sea conllevó mucho trabajo. No es como ahora que tú vas a una fábrica de block y ahí tienes todo para hacer tu edificio bien alto, como lo hacen en el mundo moderno hoy en día.

El punto está, no en que ellos hicieron una torre, sino en por qué la edificaron. La edificaron para sí mismos, no para la gloria de Dios. Entonces, cuando yo quiero hacerme de un nombre, cuando yo quiero soñar algo, buscar algo, obtener algún logro, debo preguntarme cuál es la motivación de mi corazón, porque la versión original de Génesis 6 que leíste dice así: «que la maldad se había multiplicado tanto y que toda forma de pensamiento de su corazón era solamente el mal continuamente».

Entonces Dios arrasa esta raza. Esta raza se multiplica pero sigue con el mismo corazón, con ese corazón que tiende a querer ser orgulloso, soberbio, a querer crear cosas para mí; y entonces estoy olvidando todo lo que hemos visto de Génesis 1 y 2, de que yo fui creada por un Creador, que soy una criatura y que tengo el propósito de glorificar a Dios en esta tierra, no de glorificarme a mí misma.

Cada vez que yo intente hacer algo en mis propias fuerzas, para mí, con egoísmo, sin tener en cuenta a Dios, Dios estorbará mi camino. Si nos ama, nos va a estorbar el camino de alguna manera. Prácticamente veo esa lección de la torre de Babel, que quiso ser una torre como una representación de los cielos y el cielo solo lo puede representar Dios.

Nicole: También vemos que después de esa torre de Babel, cuando están en todas partes porque confundieron el lenguaje, vemos en nuestra historia de todo el mundo que intentaron construir más torres y vemos cómo pirámides y cosas así hace miles de años que fueron el intento también de llegar a Dios.

Patricia: Sí porque, como decía Maggie, Dios ve el corazón. Dios no ve la torre y mientras Maggie hablaba, yo pensaba en nosotras como mujeres que a veces queremos lucir para que todos nos vean como la más grande. Como el cuento, «espejito, espejito, ¿quién es la más bella?» Si es con nuestros hijos, queremos que nuestros hijos destaquen, que sean los máximos en los deportes en la escuela. Si es en mi casa, yo quiero que mi casa sea lo mejor. Y si soy mamá, quiero que sean los más portados, como esa guerra por sobresalir.

Y aún aún en el ministerio muchas veces, que se puede confundir con algo piadoso, quiero llevarme el máximo honor; y es muy fácil a veces disfrazar las cosas y que parezca que es un buen deseo, un deseo piadoso. Pero Dios conoce el corazón y sabe si nuestro corazón está lleno de orgullo. El punto es que Dios no ignora la arrogancia. Dios lo que hizo fue –como tú dijiste Nicole– frustró la torre de Babel y dispersó al ser humano por todas partes.

Se fundaron diferentes naciones e idiomas y así los hombres no solamente estaban apartados de Dios sino apartados unos de otros a través del idioma. Pero estas personas en Babel quisieron una bendición, un nombre, una tierra, una gran nación, y en realidad ellos codiciaron lo mismo que Dios le promete a un hombre. Un hombre que es crucial en la vida de fe, que se conoce como el padre de la fe, y es cuando vemos que un pagano en Ur de los caldeos es escogido por Dios para recibir, de parte de Dios, una promesa, y es Abram que luego se convertiría en Abraham. Abraham es el padre de la fe pero ¿quién fue Abraham? 

Maggie: Hay mucho que decir de Abraham. En primer lugar él mintió dos veces acerca de su esposa. Era un pagano –como bien lo dijiste– de Ur de los caldeos, pero vuelvo y recalco este hecho, «Dios usa las personas que uno jamás utilizaría para llevar a cabo Sus planes». Este caldeo pagano que miente dos veces acerca de su esposa y compromete la pureza de su esposa (en cierto modo), es el hombre que Dios usa para darle la promesa de que en él serían benditas todas las naciones de la tierra y que él sería de bendición.

Y como tú dijiste, el padre de la fe. ¿Y cómo constatamos eso? Él salió sin saber a dónde iba. Él obedeció igual que Noé, «haz el arca», tú no has visto la lluvia. Dios le dice a Abraham, «sal a una tierra que yo te mostraré». Él nunca había ido por ese camino, no la conocía, y él hizo todos sus paquetitos, todas sus cosas y salió a esta tierra prometida sin saber a dónde iba.

Nicole: Y es importante saber también que eso fue antes de la ley. Entonces no fue por obras que ganó el respeto de Dios o ese pacto con Dios. Eso fue a través de la fe y de obedecer lo que Dios dijo en ese momento.

Patricia: Y lo que hemos visto cuando termina Babel y cuando Dios escoge a este hombre para ser el padre de la fe, Abraham, es que la historia continúa; porque Dios es fiel, Dios es fiel a Su promesa, Dios es fiel a Su palabra. Él pudo haber terminado la historia ahí y decir, «ya me cansé, me cansé de los seres humanos». Sin embargo, Dios decide seguir con la historia porque Él es un Dios lleno de gracia y ha determinado llevar a cabo Su plan y Su promesa y restaurar Su reino en la tierra y llevar a cumplimiento todo lo que Él ha dicho.

Por eso podemos confiar, por eso –como decía Nicole– Abraham tuvo fe sin existir ni siquiera la ley porque creyó lo que Dios había dicho. Y ¿cómo nosotras debemos ser mujeres de fe? Debemos creer lo que Dios dice, y en Abraham nosotros vemos –a pesar de como dice la Escritura– que mintió. Claro, esas son evidencias porque vemos dos simientes todo el tiempo.

Recordemos eso, la simiente de la mujer y la simiente de Satanás. Entonces cada uno de estos héroes que comienzan a surgir, Abraham, Isaac, Jacob, José, podrían decir, «esta es la simiente de la mujer que estamos esperando», pero Dios se encarga de decir, «mira cómo pecan. Este pecó, el otro pecó…» Eran hombres de fe pero hombres como tú y como yo, hombres llenos de debilidades.

Y vemos –como tú decías Maggie– que a Abraham, Dios le hace la promesa de un hijo y que en ese hijo de la promesa serían benditas todas las naciones de la tierra. Le promete una tierra, le promete ser una gran nación, y Abraham creyó sin haber hecho –como dice Nicole– ninguna obra. Ahora, la promesa no llegó de una vez, no llegó al otro día, no llegó 9 meses después. El cumplimiento de la promesa tardó 25 años, y por si acaso, cuando físicamente era imposible para ambos para él y para Sara tener un hijo.

Maggie: Me encanta Romanos cuando dice, «Abraham creyó al Dios que llama las cosas que no son como si fuesen». O sea, era imposible. Por eso decíamos anteriormente que toda la realidad de la vida visible o invisible yo tengo que basarla en la verdad; en esa verdad, en ese Dios verdadero. Abraham siendo viejo, sin tener hijos, Dios le promete ser el padre de muchedumbres, y como dices Patricia, ya viejo, Sara estéril, 25 años de una larga espera donde también en ese ínterin sucede algo interesante y tiene que ver con nosotras las mujeres; que nosotras muchas veces queriendo ayudar a Dios lo que hacemos es estorbar Su plan.

Porque Sara al ver que no podía darle hijo, hizo lo que era costumbre en la antigüedad, darle su sierva, pero no era de Ismael que iba a venir esa promesa, era de Isaac que iba a continuar esa línea que hemos ido viendo, Set, Sem, y ahora Abraham. De Abraham sale Israel y así continúa todo eso.

Pero nosotras tenemos que tener muy en cuenta que al igual que Abraham, tenemos que creer en esperanza contra esperanza. Porque nuestro mundo actual muchas veces nos lleva a la desesperanza cuando vemos todo lo que nos rodea, pero tenemos una esperanza que es un fortísimo consuelo y es que todo esto que hemos visto se hizo realidad en Jesucristo, en la persona de Jesucristo.

Entonces es muy alentador repasar todas esas cosas y poder decir: «Señor, ayuda mi incredulidad, incrementa mi fe», porque Dios oye el clamor de los justos.

Patricia: Y algo que a mí siempre me ha llamado la atención de estas primeras páginas del Génesis, es cómo Dios se encarga de mostrar estas familias. Porque Dios, tan pronto Adán y Eva tienen sus hijos, tienen esta familia padre, madre e hijos, y así fueron avanzando. Vemos a Noé y se salvó con toda su casa en el arca. Y luego seguimos viendo estos patriarcas, cada uno con su familia.

No es que me regocije en ver las dificultades de otros, pero no puedo negarles que me da aliento y esperanza y me confronta con la verdad bíblica, con la realidad de vivir en un mundo caído, cuando yo analizo mi propia vida y muchas veces veo conflictos entre nosotros mismos como familia o entre un hijo y otro hijo, entre padres e hijos, y digo es que yo no puedo pretender que de este lado de la eternidad existan las vidas libres de conflicto porque el pecado causa conflicto. El pecado causa división. Ahora, Dios usa a quien él quiere para llevar a cabo Su obra y nosotros no vamos a ser perfectos. No vamos a tener familias perfectas porque aun las personas que Dios usó para formar esa gran nación, los patriarcas, sus familias fueron familias disfuncionales.

¿Vamos a imitar los pecados que llevaron a esas familias a hacer eso? No, imposible. Nosotros anhelamos agradar a Dios con nuestras vidas, nosotros anhelamos andar de una manera digna del evangelio, glorificar a Dios, pero cuando veamos que vienen los conflictos sepamos que son inevitables, que no nos descalifican para servir a Dios. Simplemente tenemos que aprender a manejarlos a la manera de Dios y usarlos para crecer, para madurar y para ser aún más útiles para el Señor y buscar de Dios cómo llevar nuestras familias a que en medio de situaciones difíciles todos lleguemos a darle la gloria a Dios.

Nicole: Y me gusta también ver cómo Dios puede manejar nuestras faltas. Cuando Sara y Abraham, siendo pecadores también, y pecó Agar, Él también la estaba cuidando. Y en el capítulo 16 de Génesis dice que «eres el Dios que ve».

Dios vio a Agar ser abusada por Sara y Abraham y Dios todavía estaba con ella. Y a veces siento como si nadie me viera o que tal vez Dios no me ve, pero tengo que recordar que Dios no es el que tiene el problema de visión sino yo.

Maggie: Así es. Y haciendo un breve recuento de las consecuencias tristes del pecado, vemos que entrelazadas están todas esas promesas y todas esas esperanzas que como ya hemos dicho es Dios preservando Su plan redentor a pesar de nosotros mismos. Y vemos cómo el Señor les da un hijo a Abraham y a Sara, que es Isaac, pero a su vez Isaac tiene a Jacob y Jacob tiene 12 hijos de dónde nace ese pueblo ya formalmente como nación que es Israel.

Hablando de José, vemos cómo Dios es maravilloso, que de tantas cosas malas saca cosas increíblemente buenas. Lo llevó a Egipto, pasó muchísimo allá, y él perdona a sus hermanos porque lo vendieron como esclavo, y les dice, «esta tragedia tuvo un propósito y fue para traer mucho bien a mi pueblo. Entonces, ¿qué es lo que vemos?

Vemos todas las consecuencias tristes del pecado, pero Dios nunca nos deja ahí y siempre nos da una esperanza. Y eso es lo que queremos transmitir, que reconozcamos que somos pecadoras, que estamos viviendo en un mundo caído, que no podemos esperar la perfección, pero que Dios es el Dios de toda esperanza. Gloria a Dios. Mientras Dios sea Dios, que lo será por siempre, no hay ningún caso imposible de resolver. Y si no lo resuelve nos da la gracia para sobrellevarlo, ese es nuestro maravilloso Dios.

Patricia: Amén y amén.

Annamarie: Aprendiendo a confiar en Dios juntas, Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth es un ministerio de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.

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Sobre los maestros

Nicole Forgette

Nicole Forgette

Nicole Forgette es de Minnesota, pero reside en el norte de Indiana. Ella ama la aventura, especialmente la aventura infinita de conocer a Dios a través de Cristo en Su Palabra. Actualmente es la Gerente de contenido digital en español y Coordinadora de eventos para Aviva Nuestros Corazones. También es miembro de Young Life, un programa de alcance para adolescentes y estudiantes universitarios, a través de campamentos, clubes y desarrollo de relaciones. Disfruta de las aventuras en el medio ambiente, tomar café y tener conversaciones con otros. 

Margarita de Michelén

Margarita de Michelén

Mejor conocida por Maggie, recibió por la gracia de Dios a Jesucristo como su Señor y Salvador en el año 1980. Está casada con Eric Michelén desde 1981. Ambos desde su juventud han servido en Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo. Eric fungió como Diácono por mas de 35 años. Fue maestro de Escuela Dominical y Líder de grupo de parejas. Desde el 2017 forma parte del Cuerpo de Pastores de la Iglesia.

Maggie sirve en cuidado de cuna, como maestra de escuela Dominical, en estudios para damas, y parte del Ministerio de Mujeres. Está apasionada por el estudio y la enseñanza de las Escrituras, y de literatura cristiana. Sirve como voluntaria en el Ministerio de Aviva Nuestros Corazones y está comprometida de todo corazón con proclamar la libertad, plenitud y abundancia en Cristo y la Feminidad Bíblica.

Ambos son padres de cuatro hijos: Patricia, Elisa, Eric Yamil y Yamil Elías. Tres de ellos les han coronado con 7 nietos: Gianmarco, Rodrigo, Gianluca, Kalil, Gianpiero, Andrés y Lucía Amalia.

Patricia Acebal de Saladín

Patricia Acebal de Saladín

Patricia vive en Santo Domingo, República Dominicana. Está casada con Eduardo Saladín, pastor de Iglesia Bíblica del Sola Gracia en Santo Domingo. Le apasiona llevar el mensaje de la feminidad bíblica a las mujeres de habla hispana. Su anhelo es verlas conocer y abrazar la Verdad que las hace libres en Cristo. Sirve en el ministerio de Aviva Nuestros Corazones como la voz de Nancy Leigh DeMoss. Tiene tres hijos adultos, Rosalía (casada con Daniel), Sarah (casada con Nazario) y Eduardo Alfredo (casado con Leticia). Además, Dios le ha regalado seis nietos: Patricia, Daniel, Samuel, Nazario, Said y Noor.

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